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Eduardo Barriobero y Herrán

Biografía

Barriobero y Herrán, Eduardo. Torrecilla en Cameros (La Rioja), 29.VI.1875 – Barcelona, 7.II.1939. Abogado, político, escritor y periodista.

Cursó el bachillerato en Logroño y estudios de Derecho en Zaragoza. Allí se sintió atraído por las doctrinas republicanas de Francisco Pi y Margall. Concluidos sus estudios, se dirigió a Madrid, donde preparó y ganó las oposiciones al Registro de la Propiedad. Su destino fue San Martín de Valdeiglesias. Conoció allí a Araceli González, con la que contrajo matrimonio.

Tuvieron dos hijos, Eduardo (nacido en 1899) y José (1902). Para ese año, el matrimonio había fracasado.

Barriobero rechazó el modelo de vida tradicional que se le presentaba y retornó a Madrid para seguir nuevos rumbos.

Desde 1901, participó en Madrid en actividades políticas y literarias. Colaboró con Madrid Cómico y dirigió Germinal (1903), revista en la que dió entrada a escritos anarquistas. Sufrió prisión por vez primera por manifestarse en favor de las cigarreras despedidas de la Fábrica de Tabacos (1904). Publicó en Alma Española, revista radical. Perseguido por la policía, se exilió en Francia. Conoció a Nicolás Estévanez Murphy y sobrevivió traduciendo clásicos franceses. Su regreso a España coincidió con la catástrofe del Tercer Depósito (1905), que dejó trescientas víctimas. Se manifestó e ingresó en prisión.

Cuando recobró la libertad, participó en los actos del tricentenario del Quijote, dentro de una corriente de interpretación libertaria. En 1906 colaboró en Revista Contemporánea y publicó un folleto sobre el “anarquismo científico” en defensa de José Nakens, director de El Motín, por el atentado contra Alfonso XIII. Fue detenido y, una vez en prisión, conoció a Ferrer Guardia. En diciembre dirigió una carta a España Nueva en contra de la pena de muerte y en 1907 se integró en la Asociación Libre de Abogados.

Comenzó así otra etapa en su vida y en su compromiso político, centrada en la práctica forense y en la actividad política.

En 1908, participó en mítines contra la “ley de las cadenas” o proyecto antiterrorista de Maura. Escribió en Acracia, editada en Barcelona. Se convirtió en abogado defensor de causas célebres: Herminio Cerrillo (1908), Juan Macías del Real (1910), Emilio Renduelos y los sindicalistas asturianos (1910- 1911) o Juan Jover (1911). Mantuvo su colaboración en publicaciones periódicas radicales como Tierra y Libertad o El Radical y dirigió La Palabra Libre (1910-1911).

Su afiliación a la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), en 1912, supuso un mayor grado de compromiso social y una orientación progresiva hacia el anarquismo. Prestó asistencia gratuita a obreros represaliados, tanto en Madrid como en provincias: Juan Ferrer Farriol, Luis Bulffi, el anarquista Rafael Sancho Alegre (1913). Asimismo realizó actividades en el comité pro-presos y defendió a los agraristas gallegos (1917). Dirigió en 1914 la “revista enciclopédica de Derecho” Juris. Presidió actos masones en Zaragoza. En 1915, volvió a participar en actos conmemorativos del aniversario del Quijote y colaboró en el rotativo barcelonés El Federal. En 1917 fue consejero del Gran Oriente Español. En 1918 consiguió acta de diputado por Valverde del Camino (Huelva).

Dirigió El Parlamentario (1918-1919), que en ese tiempo adoptó una línea beligerante contra caciques, conservadores y monárquicos. Colaboró también con El Comunista de Zaragoza, de tendencia sindicalista anarquista.

Como intelectual y como hombre público, destacó su incorporación activa a asuntos candentes de la vida nacional desde las laderas del republicanismo y del anarquismo. En 1920, intervino en asuntos parlamentarios con motivo de los “sucesos de Zaragoza”.

Se incorporó a la redacción de Hoy, de Madrid, y dirigió en Sevilla La República. Tuvo bufete abierto en Madrid y en Barcelona, donde actuó como pasante Joan Casanovas, futuro presidente del Parlamento catalán.

Se encargó de la defensa de Joan García Oliver, joven anarquista y futuro ministro de Justicia, actuación por la que fue encarcelado. Su actuación en el Partido Republicano Federal no le resultó satisfactorio.

Renunció al acta de diputado e incrementó su actividad forense. Actuó en 1921 en Barcelona, en la defensa de los anarquistas que asesinaron a Dato; en 1922 en Zaragoza, en la defensa de los procesados en el caso de Hilario Bernal, y en Orense, en el caso del asesinato del cacique de Verín.

La dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) fue un período muy duro para Barriobero. Denunció la pérdida de derechos cívicos y sufrió prisión en más de diez ocasiones, lo que no le impidió continuar con la defensa de sindicalistas —García Oliver en Barcelona o Paulino Díez en Sevilla— ni seguir escribiendo con asiduidad. Su novela Como los hombres (1923) fue secuestrada y reeditada en numerosas ocasiones.

Se convirtió en el primer traductor español de Rabelais.

En 1925 se integró en la redacción del Diario del Pueblo y fue detenido, un año después, en los episodios de la sanjuanada y seguidamente en la conspiración del verano de 1927. Recuperó la libertad en 1928, pero su salud quedó mermada. En 1929, colaboró en el proyecto editorial de la Compañía Ibero- Americana de Publicaciones (CIAP), a la que —entre 1929 y 1932— aportó íntegra la colección “Quevedo, anécdotas y decires”, compuesta por veintisiete volúmenes. En 1930, se hizo cargo de la defensa de los encausados en el proceso del “Puente de Vallecas” e intervino en favor de su amigo Vallina, deportado a Estella por Mola.

En 1931, fue elegido presidente del Partido Republicano Federal y obtuvo acta de diputado por Oviedo. Sus discrepancias parlamentarias con Azaña fueron continuas. Ese mismo año comenzaron sus colaboraciones en La Tierra, que se prolongaron hasta 1935. En 1932 formó parte del Comité Ejecutivo de la Alianza de Izquierdas. Protestó ante Azaña y Casares Quiroga por los deportados —entre ellos, Durruti y Ascaso— del Buenos Aires. Participó en mítines por toda España y defendió a cenetistas aragoneses y catalanes.

En 1933, la tragedia de Casas Viejas elevó la tensión parlamentaria entre Barriobero y Azaña. Pronunció el discurso fúnebre de Hildegart, defendió a cenetistas de La Rioja (1933-1934) y colaboró en La libertad, de Madrid, que se convirtió en diario republicano.

Abandonó la masonería por su politización y mostró las claves de su abandono en su obra La Francmasonería (1935): su negativa a conceder grados a Portela Valladares y su oposición al ingreso de Azaña.

La rebelión franquista pospuso el nombramiento de Barriobero como presidente de la Sala de lo Criminal.

Le reclamaron entonces desde Barcelona para que impusiera el modelo de Justicia Revolucionaria.

Se convirtió en abogado jefe de la Oficina Jurídica y Ángel Samblancat presidió la Audiencia de Barcelona. Contó con la oposición de la Generalitat y de la Ezquerra, por lo que en febrero de 1937, cuando el anarquismo había comenzado a perder poder en Cataluña, fue destituido. En 1938 cayó enfermo y fue detenido. Ingresó en la cárcel Modelo, de donde pasó al Hospital de San Pablo.

Permaneció allí más de un año, con la falsa acusación de evasión de capitales. Fue liberado y, dando ejemplo de integridad moral, se negó a huir a Francia, por lo que finalmente fue denunciado y detenido.

Su fusilamiento —el 7 de febrero de 1939—, doce días después de la caída de Barcelona, inició la política sistemática de represión franquista basada en el terror intimidatorio y en la eliminación de personajes republicanos destacados. Importantes figuras de la milicia popular, de la intelectualidad, de la política o del ejército, que no habían huido, fueron ejecutadas —Besteiro, Hoyos y Vinent—.

Otras fueron detenidas en Francia y entregadas por el gobierno de Vichy o por los alemanes —Juan Peiró, Companys, Zugazagoitia—. Sólo en el Campo de la Bota de Barcelona, lugar que acogió en 2004 el Fórum de las Culturas, fueron ejecutadas 1.704 personas entre 1939 y 1952. Eduardo de Guzmán en su libro Nosotros, los asesinos (1976), testimonia las ejecuciones en Madrid.

Excluyendo la veintena de manuscritos inéditos, Eduardo Barriobero fue autor de más de trescientos impresos y de centenares de escritos en publicaciones periódicas, boletines sindicales y políticos, álbumes o folletos diversos.

 

Obras de ~: Lo que debe saber todo buen republicano. Definición de la República como institución, desarrollo de los principios de libertad, igualdad y fraternidad, Madrid, Graphos, 1903; Cervantes de levita. Nuestros libros de caballería. Dos ensayos de crítica, Madrid, Vicente Balmaseda, 1905; D. José Nakens. Su carácter. Sus antecedentes. Su intervención en el asunto Morrals. Algunos apuntes acerca del anarquismo, Madrid, Emilio González, 1906; Vocación: novela documentaria, Madrid, Librería de Pueyo, 1909; Defensa de Rafael Sancho Alegre en la causa que se le siguió por el delito de regicidio frustrado, Madrid, Juan Pueyo, 1913; El proceso de Cullera y la represión inquisitorial en España, Madrid, Imprenta Artística Española, 1914; De Cánovas a Romanones: la bancarrota nacional. Apuntes para el estudio de algunos de nuestros actuales problemas, Madrid, Viuda e Hijos de Pueyo, 1916; Chatarramendi el optimista o la policía de Botaratoff: novela, Madrid, Juan Pueyo, 1922; F. Rabelais, Gargantúa y Pantagruel [...], traducidas y recompuestas de las ediciones más auténticas [...] anotadas y comentadas por ~, Madrid, M. Aguilar Editor, 1923, 3 ts.; Consulta e informe sobre el proceso Dato, Madrid, Imprenta Pueyo, 1923; El proceso de Altos Hornos, Madrid, Imprenta J. Pueyo, 1923; N. Machiavelli, Breviario de un hombre de Estado: instrucciones a un embajador y algunas obras inéditas hasta el día, trad. de ~, Madrid, Mundo Latino, 1928; F. Dostoiewsky, El bufón, el burgués y otros ensayos, vers. cast. de ~, Madrid, G. Hernández y Galo Sáez, 1929; Los viejos cuentos españoles, Madrid, Mundo Latino, 1930; Don Emilio Cautelar, Madrid, Colón, 1930; F. Marie Arouet (Voltaire), Ensayo sobre la poesía épica y el gusto de los pueblos, trad., pról. y notas de ~, Madrid, Mundo Latino, 1930; Los delitos sexuales en las viejas leyes españolas, Madrid, Mundo Latino, 1930; L. de Samosata, Los amores. El banquete. Subasta de filósofos. La danza (Diálogos de Luciano de Samosata), trad., pról. y notas de ~, Madrid, Mundo Latino, 1931; Legislación electoral. Ley electoral de 8 de agosto de 1907 para diputados a Cortes y concejales, Madrid, Galo Sáez, 1931; Legislación hipotecaria, Madrid, Galo Sáez, 1931; Manual del Jurado, Madrid, Galo Sáez, 1931; Palabras de un incrédulo. El problema clerical en el Parlamento, Madrid, Galo Sáez, 1931; El libro de la fiesta nacional. Preceptiva, cronistas, censores, Madrid, Mundo Latino, 1931; Toda la legislación agraria de la República, Madrid, Galo Sáez, 1933; Toda la legislación sobre accidentes de trabajo en la industria y en la agricultura, Madrid, Galo Sáez, 1933; Un tribunal revolucionario. Cuenta rendida por el que fue su Presidente, Barcelona, Confederación Nacional del Trabajo, 1937; Escritos autobiográficos (marzo de 1937-enero de 1939) [en J. Bravo Vega (ed.), Actas del Congreso Internacional “Eduardo Barriobero y Herrán: sociedad y cultura radical. 1932: los sucesos de Arnedo”, Logroño, Universidad de La Rioja, 2002]; “Catálogo de escritos”, en J. Bravo Vega, Eduardo Barriobero y Herrán (1875-1939): una nota sobre su vida y escritos, Madrid, Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo, 2002, págs. 41-74.

 

Bibl.: J. Bravo Vega (ed.), Actas del Congreso Internacional “Eduardo Barriobero y Herrán: sociedad y cultura radical. 1932: los sucesos de Arnedo”, op. cit.; J. Bravo Vega, “La vanguardia silenciada: Eduardo Barriobero”, en Archipiélago Literario (suplemento de El Día) (Tenerife), 19 de febrero de 2002; Eduardo Barriobero y Herrán (1875-1939): una nota sobre su vida y escritos, op. cit.; “Eduardo Barriobero, primer traductor español de Rabelais (con un apéndice sobre las traducciones españolas de Rabelais)”, en M.ª J. Salinero e I. Iñarrea (eds.), El texto como encrucijada. Estudios franceses y francófonos, vol. II, Logroño, Universidad de La Rioja, 2003, págs. 513- 524. “La obra literaria de Eduardo Barriobero”, en Cuadernos Hispanoamericanos, 647 (mayo de 2004), págs. 29-40.

 

Julián Bravo Vega