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Pedro de Cardona

Biografía

Cardona, Pedro de. ¿Cardona? (Barcelona), p. m. s. xii – ?, 26.VI.1183. Noble, canónigo, abad, can­ciller real, arzobispo de Toledo, cardenal de la Iglesia romana, jurista.

Hijo del vizconde Ramón Folch y de Sibilia de Ur­gell, hija de Armengol, conde de Urgell que había prestado servicios al rey castellano Alfonso VII. Clé­rigo secular, estudió Derecho Civil y llegó a graduarse de doctor en dicha disciplina, ejerciendo la enseñanza en algún centro de estudios, tal vez, del sur de Fran­cia. Alcanzó una canonjía en la iglesia catedral de Vic. En unión con el arzobispo de Tarragona destacó como árbitro en el litigio surgido entre el obispo de Barcelona y el prior del monasterio de Santa María de Estany sobre los derechos de las capillas de San Celoni y Sabadell.

Nombrado abad de la colegiata de Santa María de Husillos en la iglesia de Palencia, uno de los bene­ficios castellanos más codiciados, entró en relación con el reino de Castilla, donde llegó a desempeñar el cargo de canciller del rey Alfonso VIII. Según Ju­lio González (1960), estuvo al frente de la Cancillería Real desde el 23 de julio de 1178 hasta el 4 de agosto de 1182.

Vacante la sede toledana por muerte del arzobispo Cerebruno, Alfonso VIII hizo saber al cabildo de To­ledo su deseo de que la futura elección recayese sobre su canciller, aunque haciendo constar que les dejaba plena libertad de decisión. Pedro de Cardona se ha­llaba a la sazón en la curia romana y allí se dirigieron los compromisarios designados por la mayor parte del cabildo; llevaban además cartas fehacientes del Rey fe­chadas el día de Navidad del año 1180. Alejandro III descubrió sus grandes dotes personales, como se des­prende de una carta suya de 16 de julio de 1181. En ella da cuenta de que lo había ordenado de subdiá­cono con el propósito de retenerle en la curia romana, pero, al llegar los compromisarios de Toledo provis­tos de documentos del Rey y del cabildo de Toledo, les permitió ejecutar la misión que les habían enco­mendado y así lo eligieron arzobispo de Toledo con el conocimiento del Papa, aunque contra la voluntad del electo. El Papa confirmó la elección, la cual de­bió de realizarse en la primavera de aquel año. Según Juan Francisco Rivera (1969), nunca llegó a ser con­sagrado. Volvió a Toledo una pequeña temporada en­tre abril y mayo del año 1182 y poco tiempo después abandonó la cancillería del Rey de Castilla. Segura­mente a fines del mismo año fue nombrado cardenal por el papa Lucio III con el título de San Lorenzo in Damaso. En aquel tiempo no existían arzobispos re­sidenciales que ostentaran el cargo de cardenales por­que éstos eran considerados clérigos de la Iglesia ro­mana y debían fijar su residencia en la curia romana, por lo cual se supone que Cardona debió de resignar el arzobispado de Toledo.

Su pontificado toledano es uno de los más cortos que se conocen en el episcopologio toledano. Murió el 26 de junio de 1183, unos seis meses después de su elevación al cardenalato.

Pedro de Cardona debía de ser un hombre de gran valía personal y de gran competencia como jurista. Se le atribuye una traducción grecolatina de dos consti­tuciones del Código de Justiniano, que han sido pu­blicadas.

 

Bibl.: J. González, El reino de Castilla en la época de Al­fonso VIII, vol. I, Madrid, Escuela de Estudios Medievales, 1960, pág. 936; J. F. Rivera. La Iglesia de Toledo en el siglo xii (1086-1208), vol. I, Roma-Toledo, Iglesia Nacional Española-Diputación Provincial, 1966, págs. 200-202; J. F. Rivera, Los arzobispos de Toledo en la Baja Edad Media (s. xii-xv), To­ledo, Diputación Provincial, 1969, págs. 31-33; B. Alonso, “Cardona, Pedro de”, en Q. Aldea Vaquero, T. Marín Martínez y J. Vives Gatell (dirs.), Diccionario de Historia Eclesiástica de España, vol. I, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto Enrique Flórez, 1972, pág. 352; A. García García, Derecho común en España. Los juristas y sus obras, Murcia, Universidad, 1991.

 

Ramón Gonzálvez Ruiz