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José Rivafrecha y Jordán

Biografía

Rivafrecha y Jordán, José. José Campeche. San Juan (Puerto Rico), 23.XII.1751 – 7.XI.1809. Pintor, músico, tallador, arquitecto y bibliófilo.

Conocido históricamente como José Campeche, el “primer pintor puertorriqueño”, nació José de Rivafrecha y Jordán, nombre por el cual nunca se identificó, en la casa número 47 de la calle de la Cruz, en San Juan, Puerto Rico, el 23 de diciembre de 1751.

Fue bautizado en la Santa Catedral Metropolitana Basílica Menor de San Juan Bautista de Puerto Rico el 6 de enero de 1752.

La madre de José Campeche fue María Jordán y Marqués, natural de la ciudad de La Laguna en las Islas Canarias, hija de Maths. Jordán y Mara Marqués.

Su padre fue Tomás Campeche y Rivafrecha (1707- 1780), natural de San Juan, Puerto Rico, esclavo liberto e hijo de Miguel de la Cruz, identificado como Miguel Campeche en el Libro 5 de Entierro, folio 38, de la Catedral de San Juan, y de María de la Encarnación Rivafrecha, identificada como esclava del canónigo Juan de Rivafrecha de la Catedral de San Juan.

Tomás Campeche y Rivafrecha ejerció el oficio de dorador, restaurador de imágenes, adornista y pintor, y compró su libertad por una suma de 1000 reales, pagados al canónigo Juan de Rivafrecha, al casarse con María Jordán y Marqués en 1734. El matrimonio de Tomás Campeche y Rivafrecha y de María Jordán y Marqués tuvo dos hijas, Lucía y María Loreto, y tres hijos, José, Miguel e Ignacio, de los cuales José era el menor. El taller de Tomás Campeche y Rivafrecha se encontraba en la residencia familiar, una de dos edificaciones de dos plantas de las cuales llegó a ser propietario el antiguo esclavo, en adición a un solar vacío, todos ubicados en la calle de la Cruz. Según Cayetano Coll y Toste, historiador y escritor puertorriqueño, y comendador de la Orden de Isabel la Católica, esto debió de influir “en el ánimo de su hijo para inducirle al cultivo del arte pictórico”.

Alejandro Tapia y Rivera, caballero de la Real y Distinguida Orden de Carlos III y primer biógrafo de José Campeche, escribe en su obra Vida del pintor puerto-riqueño José Campeche, publicada por la Junta de Fomento y Comercio de Puerto Rico en 1855, que, a lo largo de su niñez, José Campeche solía realizar figuras en barro en su tiempo de ocio, las cuales llegaron a tener demanda por compradores locales que en ellas reconocían cualidades admirables y apreciables en técnica y calidad artística. Relata Tapia y Rivera, “[c]uéntase que era tál su habilidad instintiva en el diseño que tenía por costumbre dibujar con carbones o con yeso, en las aceras de su calle, figuras de santos i retratos de personas mui conocidas en la ciudad, siendo tal la semejanza i la animación de sus contornos, que los que pasaban no podian ménos que admirarse, desviándose algunos instintivamente para no profanar con su huella, como decian, las imájenes de aquellos santos que parecían inspirar cierto respeto i veneración... ¡I el dibujante, autor de tales prodijios, era tan solo un adolescente!”.

Cursa el joven José Campeche Latinidad y Filosofía en el convento dominico de la ciudad de San Juan, donde se destaca como “uno de los jóvenes que mas talento y aplicación mostraban en el estudio”, según el regente de estudios fray Manuel José Peña. Aficionado por el arte musical, la lectura y la anatomía, se destaca en el oboe, la flauta y el órgano, comienza a construir su biblioteca, en la cual colecciona obras tales como publicaciones de las cartas de Antonio Rafael Mengs y volúmenes de El museo pictórico y escala óptica de Acisclo Antonio Palomino de Castro Velasco, y cursa anatomía privadamente, estudios científicos que aplica a la práctica del desnudo. Siendo esta una época en la cual en Puerto Rico existen tan sólo dos escuelas de primeras letras —una en San Juan y otra en la Villa de San Germán— y a pesar de la falta de museos y bibliotecas, resalta Tapia y Rivera que la existencia de José Campeche “transcurrió en un pais reciente y bastante apartado aun del orbe de las ciencias y de las artes” pero que “salia frecuentemente de la ciudad a copiar el cielo y los campos de Puerto Rico”. Añade Coll y Toste que “[h]uerfano de medio ambiente apropiado para desenvolverse con fecunda plentitud” y “[n]o habiendo escuelas de dibujo y menos de pintura en el pais, para la época que Campeche se formaba, su genio artistico lo suplió todo y surgió el pintor cristiano”.

Defínase así la primera de dos épocas que categorizan la obra pictórica de José Campeche; primera época en la cual, sin mentor o guía, “falta de obras originales y eminentes en que estudiar el camino del acierto”, como escribe su primer biógrafo, desarrolló teorías propias de color y habilidad en la práctica de degradación de tintas, durante sus salidas diarias al campo “en pos de la naturaleza expresiva y lozana– bajo el cielo de los trópicos cerros, flores, yerbas, arbustos y rios. Arracando a la naturaleza el secreto de las formas y la gracia de las proporciones, anotaba con cifras intelegibles para el variado colorido de las nubes, el matiz del iris, y el diáfano y cuasi indefinido tinte de las auroras”. Realiza mayormente obras de temas religiosos para parroquias y casas particulares, así como retratos de gobernantes, obispos, militares y personajes conocidos dentro de la sociedad sanjuanera. Trabaja principalmente a menor escala, copiando estampas de composición compleja como ayuda en el desarrollo de técnica iconográfica y fisionómica, y elabora fórmulas propias en la representación de rasgos faciales que fueron convirtiéndose en elementos invariables de su estilo hasta su última obra.

En el dibujo, desarrolla técnicas puras y correctas en relación a líneas, sombra y contorno, aunque éstas sean vistas retrospectivamente como amaneradas, minuciosas, aminituradas, demostrando poca espontaneidad y atrevimiento. Sobre el desenvolvimiento de José Campeche durante esta primera época autodidacta, desconociendo los resortes del arte pictórico de las escuelas cortesanas, responde Coll y Toste que “[no] podemos exijirle, por tanto, la valentía de los pinceles revolucionarios de un Velázquez o un Murillo, pesadilla y tormento de sus discípulos. Menos aún, el modernismo de un Gericalt ó un Fortuny”.

Con el destierro de Luis Paret y Alcázar (1746- 1799) —pintor de Cámara del infante Luis Antonio de Borbón—, a Puerto Rico entre 1775 y 1778 por el monarca reinante Carlos III, florece la segunda época de José Campeche el pintor. Sentenciado a la isla de Puerto Rico después de haberse visto implicado en las actividades desatinadas del infante Luis, incurriendo así en la desgracia del rey Carlos III, y ya reconocido como el segundo pintor de España después de Francisco José Goya y Lucientes, éste introduce a José Campeche al colorido del rococó, resultando en un marcado cambio en las obras de Campeche a partir de este momento. Parece Campeche, después de su encuentro con Paret y Alcázar en las calles de San Juan, soltar el pincel y suavizar con el estilo barroco sus obras, que continúan siendo principalmente místicas y retratos, comisionadas por figuras prominentes de Puerto Rico, y ahora extendiéndose a pedidos desde Cuba y Venezuela. Sobre el encuentro entre el pintor Campeche, hijo de esclavo liberto en la isla de Puerto Rico, y Luis Paret y Alcázar, pintor de Cámara de la corte de España, Tapia y Rivera resume, “¡Feliz momento para nuestra isla aquel en que el monarca deportó a estas playas al hombre cuyo consejo, erudición y gusto ya formado habían de traerle la influencia benigna del proceso!”. Declara Coll y Toste que “Pare[t] fue para Campeche lo que el Perusino para Rafael”.

Durante esta segunda época, usó José Campeche, con preferencia al lienzo, planchas de cobre y maderas del país como la caoba, y trabajó obras medianas o grandes en tamaño. Utiliza ingredientes de alta calidad para barnizar sus cuadros y toma cuidado en la confección de colores: un sutil colorido de rosáceos, grises y el azul dieciochesco y borbónico. En su taller, junto a sus hermanos Miguel e Ignacio y su sobrino Silvestre Andino Campeche, se realizan series de imágenes cristianas, en especial de la Virgen del Belén, protectora de la ciudad de San Juan luego de los acontecimientos de La Rogativa en 1797, y comisionada por numerosas residencias particulares de la ciudad de San Juan. Obras destacadas son Retrato del Brigadier Don Ramón de Castro con vistas al campamento y fortificaciones de la plaza (1800), obra en la que se encuentra el primer paisaje puertorriqueño y el único entre las obras de Campeche, y Juan Pantaleón Avilés (1808), obra en la que un niño de dos años, nacido sin brazos y llevado desde el pueblo sureño de Coamo —tercer pueblo fundado en la isla después de San Juan y San Germán— hasta la Catedral de San Juan para ser confirmado, es pintado por Campeche al solicitarlo el obispo Juan Alejo Arizmendi y La Torre.

Destácase José Campeche también como arquitecto y tallador, habiendo tallado los retablos de la Basílica Menor de la Virgen de la Monserrate en el pueblo de Hormigueros, el altar mayor de la Iglesia de Santa Ana en San Juan, el altar mayor de la Iglesia Parroquial de Bayamón, y habiendo proyectado la pescadería de la capital, un cuartel militar y la erección de los catafalcos para las exequias del papa Pío VI y el rey Carlos III en la Catedral de San Juan. Realiza también los planos delimitando los partidos de los pueblos de Loíza, Fajardo y Humacao. Ocupa, hasta su muerte, el cargo de maestro de capilla de la Catedral de San Juan.

Al retornar Luis Paret y Alcázar a España en 1778, tras haber cumplido tres años de destierro en la isla de Puerto Rico, recomienda a José Campeche como pintor a la Corte Española. Sobre esta y otra oferta, Tapia escribe, “Distinguiéndose este artista por un patriotismo exajerado. En cierta ocasión se le ofrecieron 1,000 guineas para que pasase a Lóndres, a perfeccionar sus conocimientos i las rehusó. Poco después el rei de España le ofreció hacerlo pintor de su real cámara si se trasladaba a Madrid, i tampoco aceptó esa oferta”.

Coll y Toste añade, “¡Cuán útil le hubiera sido su estancia en Madrid con los grandes alientos que poseía para el arte pictórico! Tal vez hubiera seguido á Goya con mejor fortuna que muchos de sus discípulos”.

Permaneciendo en San Juan, según Tapia, José Campeche “[l]evantábase de madrugada, oía misa en el convento de los padres dominicos, y dirigiéndose luego á las afueras de la ciudad, permanecía algunas horas en observación de la naturaleza. De vuelta en su casa, pasaba el día encerrado en su gabinete de trabajo hasta que llegaba la tarde, comía con su familia, y salía a dar otro paseo”. De esta manera, llega el taller de José Campeche a completar de cuatrocientas a quinientas obras; ciento veintidós de las cuales han sido atribuidas —ya que Campeche no solía firmar ni datar sus obras— y que se conservan hoy en Puerto Rico, España, Cuba, Venezuela y en las Antillas, principalmente.

Muere José Campeche el 7 de noviembre de 1809.

Según el libro 10 de entierro, folio 27 vuelto, de la Catedral de San Juan, es sepultado el 8 de noviembre de 1809. Sin haber pisado tierra que no fuera la de la isla de Puerto Rico, reside en la misma casa, numero 47 de la calle de la Cruz, desde su natalicio hasta su muerte. Fue proveedor principal de sus hermanas, Lucía y María Loreto, que, al igual que él, permanecieron solteras a lo largo de sus vidas. Biógrafos han publicado que la muerte del “inimitable pintor José Campeche” fue a causa de los químicos de la pintura que utilizaba en sus obras, pero se le atribuye la muerte a una enfermedad contagiosa. Por esta razón, como era la costumbre de la época, todas sus pertenencias —la extensa colección de libros que poseía dentro de su biblioteca, su amplia colección de estampas de diversos países, y los contenidos de su taller, incluyendo cientos de dibujos y toda obra sin terminar o allí guardada— fueron incinerados.

Son inicialmente sepultados los restos del pintor puertorriqueño, que en vida fue de “buena estatura, un tanto delgado y ágil de miembros [...]”, en el Convento Real de Santo Tomás de Aquino, aunque actualmente descansan en la Iglesia de San José en San Juan, Puerto Rico.

 

Obras de ~: Fray Lorenzo Pizarro, c. 1770; Gobernador Dufresne, c. 1780; Esposa del Gobernador Dufresne, c. 1780; San Juan Bautista, c. 1780; Exvoto de la Sagrada Familia, c. 1780-1790; Retrato de un Capitán General, c. 1782-1786; Serie Retrato de Dama, c. 1782-1786; Retrato de Doña María Catalina de Urrutia, 1788; Virgen de la Soledad de la Victoria, c. 1782-1789; Anunciación, 1782; Amazona, retrato ecuestre de una joven, c. 1785-1790; San Felipe Benicio, 1786; Don Miguel Antonio de Ustáriz, c. 1789-1792; Benditas Ánimas del Purgatorio, c. 1790; San Salvador de Horta, c. 1790; San Sebastián, 1790; Retrato de un letrado eclesiástico, c. 1790; El Naufragio de Don Ramón Power y Giralt, c. 1790; Inmaculada Concepción, c. 1792; Inmaculada Concepción, c. 1790-1795; San Juan Bautista, c. 1790; San Juan Bautista, 1792; Retrato de Dama, c. 1792; San José y El Niño, 1794; Doña María de los Dolores Gutiérrez del Mazo y Pérez, c. 1796; Serie de Vírgenes de Belén, c. 1797; La Piedad, 1797; Hijas de Don Ramón de Castro, 1797; San Juan Nepomuceno, c. 1798; Retrato del Brigadier Don Ramón de Castro con vistas al campamento y fortificaciones de la plaza, 1800; Retrato de un desconocido, c. 1800; La Visión de San Francisco, 1801; Sacra Conversación, 1802-1809; Obispo Arizmendi, 1803-1805; La Inmaculada Concepción, 1804; Retrato de Santiago Flores, c. 1804; Retrato de un Naturalista, c. 1805; Retrato de un Caballero, c. 1805; Retrato de un joven Oficial de Infantería, c. 1805; La Visión de San Simón Stock, 1806; Anunciación, 1807; La Visión de San Simón Stock, 1808; Retrato del Niño Juan Pantaleón Avilés de Luna Alvarado, 1808; Agnus Dei, 1806-1809; La Virgen de los Dolores, s. f.; La Reina de los Ángeles, s. f.; El sitio de los ingleses, s. f.; El Nacimiento, s. f.; El Ángel Caído, s. f.; La Virgen del Rosario, s. f.; La Sacra Familia, s. f.; Obispo de San Francisco de la Cuerda, s. f.; Visión de San Antonio, s. f.; San José, s. f.; La Virgen del Carmen, s. f.; La Virgen de la Merced, s. f.; Santo Domingo en Soriano, s. f.; Casulla de San Ildefonso, s. f.; San Ildefonso, s. f.; Gobernador Jan Dabán, s. f.; José Mas Ferrer, s. f.; San Miguel en lucha con el espíritu de las tinieblas, s. f.; San Esteban, s. f.; Retratos de los Reyes Carlos 4to, María Luisa y Fernando 7mo, s. f.; La Dolorosa, s. f.; Retrato del D. Francisco Oller, s. f.; Retrato del D. Bernardo Oller, s. f.; Descendimiento, s. f.; Galería de Retratos de Obispos de la Isla de Puerto Rico del Palacio Episcopal, s. f.; Retrato de D. Manuel Andino, s. f.; Retratos de la Familia Pasalagua y Deluque, s. f.; San Felipe Neri, s. f.; El Nacimiento (Convento San Francisco), s. f.; Concepción (Convento San Francisco), s. f.; Concepción (Convento Santa Rita), s. f.; La Penitencia (Convento Santa Rita), s. f.; Retratos de la Familia Power, s. f.; Retratos de la Familia O’Daly, s. f.; Retratos de la Familia Andino, s. f.; Retratos de la Familia Vizcarrondo, s. f.; La Virgen de las Mercedes del Presbiterio Estarache, s. f.; San Ramón, s. f.; San Juan de cuerpo entero, s. f.; Dibujo de ambas caras un peso colonial español de la época de Carlos IV, s. f.; Autoretrato (perdido), s. f.; Retablo de la Basílica Menor de la Virgen de la Monserrate, Hormigueros, s. f.; Altar Mayor de la Iglesia de Santa Ana, San Juan, s. f.; Altar Mayor de la Iglesia Parroquial de Bayamón, Bayamón, s. f.

 

Bibl.: A. Tapia Y Rivera, Vida del Pintor Puerto-Riqueño José Campeche, San Juan, Est. Tipográfico de D. J. Guasp, 1855; J. Cortés, Diccionario Biográfico Americano, París, Tipografía Lahure, 1875, pág. 103; C. Coll y Toste, Boletín Histórico de Puerto Rico, t. III, San Juan, Tipografía Cantero Fernández y Cía., 1916; E. Fernández García, El Libro de Puerto Rico, San Juan, El Libro Azul, 1923, pág. 963; C. Rosa-Nieves y E. Melón de Días, Biografías puertorriqueñas: perfil histórico de un pueblo, Sharon, Connecticut, Troutman Press, 1970; L. Géigel de Gandía, La genealogía y el apellido de Campeche, San Juan, Instituto de Cultura Puertorriquena, 1972, doc. II-VII, XVXVI; R. Taylor, “El Artista”, en José Campeche y su tiempo, San Juan, Museo de Arte de Ponce, 1988, págs. 83-106.

 

Yeidy Luz Rosa Ortiz