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Carmelo Alonso Bernaola

Biografía

Alonso Bernaola, Carmelo. Ochandiano (Vizcaya), 16.VII.1929 – Madrid, 5.VI.2002. Compositor.

Nació en el seno de una familia de largas raíces vascas, aunque con alguna ramificación castellana. Entre sus primeras vivencias estuvo la fascinación ante las manifestaciones musicales del entorno, entre ellas, las actuaciones de la Banda de Ochandiano. La huella que en su sensibilidad infantil dejaban los sones de las músicas populares escuchadas, pronto fue sustituida por otros sonidos bien distintos: los de los bombardeos de Ochandiano al estallar la Guerra Civil. El abuelo paterno de Carmelo —Facundo Alonso— había participado activamente en la propagación del socialismo en Vizcaya y, cuando el niño contaba ocho años, la familia se instaló en Medina de Pomar (Burgos), donde transcurrió una segunda e importante etapa de su formación. A los catorce años formaba parte de un trío y de la Banda de Música de Medina de Pomar y tocaba en fiestas y celebraciones populares. De forma espontánea e intuitiva, componía para ocasiones concretas: dianas, pasacalles, marchas, serenatas... En 1944, comenzó sus contactos en Burgos, donde se instaló la familia poco después. Allí estudió armonía con Domingo Amoreti, maestro de capilla de la catedral y director del Orfeón Burgalés, y clarinete con Manuel Martín.

En 1949, obtuvo la plaza de segundo clarinete en la Orquesta Sinfónica de Burgos, conjunto de vida efímera. Cumplió el servicio militar como músico de banda. En viajes esporádicos a Madrid, Bernaola trabajó con Tomás Blanco la armonía y el contrapunto hasta que, en febrero de 1951 y a petición propia, fue destinado a la Banda del Ministerio del Ejército en la capital de España, en donde terminó de cumplir sus deberes militares y se instaló. Bernaola revalidó lo aprendido en música examinándose en el Conservatorio, centro en el que prosiguió estudios oficiales, aunque sin dejar de recibir clases particulares de Tomás Blanco y del clarinetista Antonio Mesanza. La estabilidad económica solamente se la podía dar el clarinete y, así, en 1953, opositó y obtuvo una plaza en la Banda Municipal de Madrid. Por entonces, cursaba en el Conservatorio el último año de Armonía, con Enrique Massó. En el mismo centro cursó contrapunto y fuga con Francisco Calés, historia de la Música con José Forns y composición con Julio Gómez, obteniendo importantes premios al acabar su carrera.

Importancia singular tuvo su aprendizaje con Julio Gómez, uno de los más destacados maestros españoles de la primera mitad del siglo xx, quien distinguió a Bernaola con su mayor afecto y estimación.

Antes de concluir sus estudios oficiales en el conservatorio, Bernaola ya había producido alguna obra digna de mencionar, como Canciones, el Trío-Sonatina, la Música para quinteto de viento y las Tres piezas para piano, obras coincidentes en varios elementos: música tonal, expresividad muy espontánea, planteamiento formal académico y reminiscencias de aires populares. Poco después, Bernaola empezó a conocer el método dodecafónico schoenbergiano a través del compositor chileno Gustavo Becerra. Por otra parte, Bernaola no fue ajeno a vagas influencias de la música de Bartók, Stravinski y, sobre todo, Hindemith.

Ello se hace patente en el primer Cuarteto de cuerda, en el que muestra decisión de dar un paso estético comprometido aportando una obra que tímidamente pretende superar las ataduras de la música tonal. Tras haber sido sometido a revisión, el Cuarteto le reportó el Premio Nacional de Música.

El año 1959 fue el de su boda con María del Carmen Ruiz y el nacimiento de su hija Cecilia, a la que seguirían Liliana (1961), Carmelo (1965) y Gonzalo (1970). En el mismo, año asistió a los cursos de Tansman y Jolivet en Música en Compostela y obtuvo el Gran Premio Roma que le posibilitaría viajar a la capital italiana, donde los Bernaola llegaron en febrero de 1960 como huéspedes de la Academia de Bellas Artes de España en Roma. Durante dos años, Bernaola asistió a las clases de composición del maestro Goffredo Petrassi, entró en contacto con músicos como Panni, Evangelisti o Peixinho, acudió a los cursos de Darmstadt y pasó por Viena, Venecia y París. Asistió a lecciones de Messiaen, Stockhausen, Boulez... y especialmente de Bruno Maderna. En la Academia Chigiana de Siena recibiría enseñanza de música cinematográfica y de dirección orquestal que serían de gran utilidad para su futuro profesional, en las clases de Francesco Lavagnino y Sergiu Celebidache.

La música de este período se abre con el Piccolo concerto, concluido en Roma en 1960, cuya forma deriva del concerto grosso dieciochesco. Progresando en la modernización del lenguaje sonoro, seguirían Constantes y la Sinfonietta progresiva, partituras que prepararon el camino a la Superficie n.º 1, la obra que marca el acceso de Bernaola a la madurez compositiva: el lenguaje resulta más nuevo, pero, sobre todo, más personal; la sustancia musical, la forma y los procedimientos aparecen como un todo unitario; el concepto tradicional de “tema” es sustituido por el de “superficie sonora”: las yuxtaposiciones y superposiciones de estas superficies van a generar el juego de tensiones y relajaciones inherente al discurso musical.

En abril de 1962, Bernaola regresó a Madrid. Si el ambiente musical oficial seguía por derroteros conservaduristas, es cierto que tomaban cuerpo nuevas inquietudes y se hacían notar los talentos jóvenes en determinados círculos. La Orquesta Nacional acababa de dar Radial de Luis de Pablo y el año anterior había ofrecido —en medio de un gran tumulto— las Cinco microformas de Cristóbal Halffter. Esta tímida apertura hacia la “vanguardia musical” avanzaría poco después con los Festivales de Música de América y España, la Bienal de Música Contemporánea, los conciertos Alea... La música de Carmelo Bernaola estaba presente en estas manifestaciones, como correspondía a su valor y a su potencia innovadora. En el mismo 1962, compuso su primera obra para gran orquesta, Espacios variados, que se estrenó, con marcada división de opiniones, en el Palau de la Música de Barcelona.

Espacios variados inaugura una etapa compositiva en la que, de modos muy diferentes, siempre va a estar presente la aleatoriedad, es decir, un cierto grado de indeterminación abierto a la intervención activa de los intérpretes de manera que los resultados de una obra varíen de una a otra interpretación.

Así se suceden Morfología sonora para piano solo, Superficie n.º 3 para grupo o Mixturas (obra inspirada en la plástica de Lucio Muñoz) para orquesta de cámara, como si el compositor necesitara ensayar estos procedimientos de flexibilización de la escritura en las distintas agrupaciones instrumentales posibles. En cuanto a las composiciones del segundo lustro de los sesenta, destacan Heterofonías para orquesta; Traza para percusión; Continuo para piano; Músicas de cámara, premiada por Juventudes Musicales de Madrid en 1967; Polifonías para cuarteto de madera y quinteto de cuerda...

Por entonces había comenzado Bernaola su actividad como compositor de música para el cine, el teatro y la televisión. Más de cien bandas sonoras de películas, alrededor de cincuenta producciones teatrales, ocho series de televisión más programas y sintonías para este mismo medio constituyen el abundante trabajo de Bernaola en el campo de las músicas aplicadas.

El sólido prestigio alcanzado supuso para Bernaola su pronto nombramiento como profesor de Música Cinematográfica de la cátedra de Historia y Estética de la Universidad de Valladolid, los Premios del Círculo de Escritores Cinematográficos (1967, 1969 y 1972) y el Nacional de Música Cinematográfica (1969 y 1973), que culminaron en el Premio Goya a la mejor música cinematográfica (1989) y en la Medalla de Oro de la Academia del Cine Español (2002).

Carmelo Bernaola alcanzó su plena madurez e indiscutido prestigio de maestro en la década de los setenta en la que su generación se asentó después de haber abierto una trascendental brecha estética por las que ya venían caminando compositores más jóvenes.

El Conservatorio de Madrid creó una clase de Nuevas Técnicas Compositivas y nombró profesor, entre otros, a Carmelo Bernaola, quien ha sido uno de los maestros más importantes para las nuevas promociones de compositores. Fue nombrado también catedrático interino de Armonía, puesto que ejerció durante cinco cursos e impartió clases en los cursos Manuel de Falla (Granada) y Música en Compostela.

Finalmente, fue director y catedrático de composición del Conservatorio de Vitoria, centro que relanzó en la década de los ochenta con la denominación de Escuela de Música Jesús Guridi.

Su aportación compositiva de los setenta se abre con la espléndida Oda für Marisa. Por encargo del XX Festival de Granada y en homenaje a Ataúlfo Argenta, compuso Relatividades. En 1972, Bernaola concluyó Impulsos para gran orquesta, encargo de la Dirección General de Radiodifusión. Vino después la Sinfonía en Do, encargo de la Orquesta Nacional de España, obra en la que el autor establece diversos guiños con la tradición sinfónica. Las Negaciones de Pedro fueron encargo de la Semana de Música Religiosa de Cuenca y Ayer soñé que soñaba, de la Fundación Juan March para un homenaje musical a Antonio Machado en el centenario de su nacimiento. Una obra de gran repercusión en la carrera de Bernaola fue Villanesca (1978), escrita por encargo de Radio Nacional de España (RNE) con destino a los conciertos de la Radio Holandesa y que figura entre las primeras de la actual música española en la línea de recrear músicas pretéritas en el seno de obras propias: Villanesca es un homenaje al compositor renacentista español Francisco Guerrero, alguna de cuyas Villanescas espirituales tomó Bernaola como punto de partida para su obra. Dos encargos de RNE con motivo de su quincuagésimo aniversario dieron resultados muy notables en los campos de la música de cámara y sinfónica, respectivamente: A mi aire y la Sinfonía n.º 2.

En 1981 Bernaola homenajeó a Bartók con el trío Béla Bartók-I Omenaldia, para clarinete, violín y piano, que el propio compositor estrenó en lo que fue su última aparición pública como clarinetista. Anotemos, del segundo lustro de los años ochenta, las brillantes Variaciones concertantes que compuso para la Orquesta Sinfónica de Euskadi, Nostálgico para piano y orquesta, Juegos concertantes para violín y cuerdas y Abestiak para orquesta, obra ésta de 1989 que, junto con la mencionada Villanesca y un posterior Tiento (1999), conforma la trilogía bernaoliana de homenaje a la música española del pasado personificada en los maestros Guerrero, Antxieta y Aguilera de Heredia.

Las décadas de los ochenta y noventa estuvieron llenas de premios y reconocimientos públicos de los méritos artísticos de Bernaola: Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (1987), Premio Nacional de Música (1992), ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (1993), Medalla al Mérito Artístico del Ayuntamiento de Madrid (1993), Premio de Bellas Artes de la Fundación Sabino Arana (1993), doctor honoris causa por la Universidad Complutense de Madrid (1997)..., honores a los que habría que unir una interminable lista de cariñosos homenajes que Carmelo Bernaola recibió en 1989 y 1999, coincidiendo con sus aniversarios sexagésimo y septuagésimo.

Entre su amplia producción de los años noventa destaca la magnífica Sinfonía n.º 3, estrenada en Parma en 1991, Rondó para orquesta, ¡Tierra!; Clamores y secuencias, bellísima obra para violonchelo y orquesta; Piezas caprichosas, nueva obra concertante con protagonismo del violín o la gran cantata Euskadi- Canto al Euskera, hondo homenaje del compositor a sus raíces vascas. Muy especial significación cobró el estreno en 1998, en el Teatro Real, del ballet La Celestina, con música de Bernaola, argumento de Adolfo Marsillach, coreografía de Ramón Oller e interpretación del Ballet Nacional y la Sinfónica de Madrid dirigida por José Ramón Encinar. Al estreno, en julio de 2001, de su última gran obra orquestal —Fantasías, encargo del L Festival de Granada—, el maestro Bernaola, hospitalizado, no pudo asistir. Era el comienzo de su fin. Víctima de la enfermedad hepática que se le habían diagnosticado unos años atrás y que quebrantó duramente su salud a partir de aquel momento, Carmelo Alonso Bernaola falleció en Madrid el 5 de junio de 2002. Entre los últimos laureles que habían recibido su música y su persona figuran importantes premios, como el de Creación Artística de la Fundación Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) y el de Música Española de la Fundación Guerrero. Tras su muerte, la Diputación Foral de Vizcaya concedió a Bernaola el título de Bizkaitar Argia (Ilustre de Vizcaya), la máxima distinción con la que dicha institución reconoce el valor de sus hijos predilectos.

Por el valor de su aportación compositiva y por su incidencia en nuestro panorama musical y cultural, Bernaola es, sin duda, uno de los grandes artistas de la España de la segunda mitad del siglo xx.

 

Obras de ~: Tres piezas para piano, 1956; Espacios variados, 1962; Heterofonías, 1965; Oda für Marisa, 1970; Relatividades, 1971; Impulsos para gran orquesta, 1972; Negaciones de Pedro, 1975; Villanesca, 1978; Sinfonía n.º 2, 1980; Béla Bartók-I Omenaldia, 1981; Abestiak, 1989; Sinfonía n.º 3, 1990; Rondó para orquesta, 1992; ¡Tierra!, 1992; Clamores y secuencias, 1993; Euskadi-Canto al Euskera, 1995; La Celestina, 1996; Piezas caprichosas, 1997; Tiento, 1999; Fantasías, 2001.

 

Bibl.: T. Marco, Carmelo A. Bernaola, Madrid, Dirección General del Patrimonio Artístico y Cultural, 1976; A. Iglesias, Bernaola, Madrid, Espasa Calpe, 1982; J. Padrol, J. L. Guarner, F. Llinás, J. L. Téllez, B. Martín Patino y A. Giménez-Rico, Evolución de la Banda Sonora en España: Carmelo Bernaola, Alcalá de Henares, Festival de Cine de Alcalá de Henares, 1986; J. L. García del Busto, “Alonso Bernaola, Carmelo”, en Diccionario de la Música Española e Hispanoamericana, t. I, Madrid, Sociedad General de Autores y Editores, 1999, págs. 318-327; J. L. García del Busto, Carmelo Bernaola. La obra de un maestro, Madrid, Sociedad General de Autores y Editores, 2003.

 

José Luis García del Busto Arregui