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Ibn Sa'id al-Magribi

Biografía

Ibn Sacīd al-Magribī. Abū l-Ḥasan cAlī b. Mūsà al- cAnsī. Granada, 30 ramadán 610 H./12.II.1214 C. – Túnez, 11 šacbān 685 H./2.X.1286 C. Literato andalusí, antólogo, historiador y geógrafo.

Suele apodársele “el andalusí” (al-Andalusí), “el granadino” (al-Garnāṭí), “el alcalaíno” (al-Qac: por “Qalcat b. Sacīd”) y “el del Occidente islámico o Magreb” (al-Magribí). Fue el miembro más célebre de una familia andalusí muy ilustre, los Banū Sacīd, lo cual resultó esencial para su formación y actividades: los Banū Sacīd eran árabes qaḥṭāníes, de procedencia yemení, y descendían de un Compañero del Profeta llamado cAmmār ibn Yasīr. Un primer cAbd Allāh b. Sacīd se instaló en al-Andalus cuando la conquista musulmana, entrando con las tropas de Mūsà ibn Nuṣayr, en el siglo VIII. Llegaron a sobresalir en una fortaleza que fue llamada “Qalcat Yaḥṣub” y “Qalcat Aštalīr”, hasta que ellos mismos le pasaron su nombre, y adoptó el de “Qalcat b. Sacīd”, que aparecerá castellanizado como “Alcalá de Benzayde”, y acabará por adquirir, tras su definitiva conquista por Alfonso XI en 1341, su denominación de “Alcalá la Real”, por la que sigue conociéndose esta ciudad jiennense, recordada por Ibn Sacīd, en al-Mugrib, como: “roca de al-Andalus, se aferra a los broches del cielo para lograr las primicias de la gloria y de la majestad, y es rábita de guerra santa y castillo de magnates y nobles...”.

La importancia de los Banū Sacīd se manifiesta en la extensa memoria conservada sobre su linaje, con referencia hasta a 14 ascendientes directos de nuestro autor, que así se llamaría: cAlī hijo (ibn) de Mūsà hijo de Muḥammad hijo de cAbd al-Malik hijo de Sacīd hijo de Jalaf hijo de Sacīd hijo de Muḥammad hijo de cAbd Allāh hijo de Sacīd hijo de al- Ḥasan hijo de cUðmān hijo de Muḥammad hijo de cAbd Allāh hijo de Sacīd, enlazando ya con el citado compañero del Profeta cAmmār; incluso señala Ibn Sacīd, en su autobiografía (al-Mugrib, I, parte sobre Egipto) que el cadí de Málaga Ibn cAskar dedicó un opúsculo a la genealogía de los Banū Sacīd; y varias fuentes mencionan una obra del propio Ibn Sacīd sobre la historia de su familia y región (titulada: al-ālic al-sacīd fī tārīj bayti-hi wa-baladi-hi), que hoy parece perdida. Además de esa ascendencia directa, reflejada en sus apellidos, la familia proliferó en otras ramas, y sobre varios de sus miembros quedan noticias en las fuentes árabes. Entre los inmediatos antecesores de nuestro autor, están su padre Mūsà b. Muḥammad (muerto en 1243), su abuelo Muḥammad b. cAbd al-Malik (fallecido en 1193), y su bisabuelo cAbd al-Malik b. Sacīd (muerto en 1194).

Los Banū Sacīd destacaron en la vida política, administrativa y cultural. Fueron gobernadores de “su” Qalcat o Alcalá de Benzayde, más o menos independientes según las épocas y los avatares andalusíes, y ejercieron otros cargos gubernativos en Granada, Sevilla y Algeciras, e incluso fuera de al-Andalus. El padre de nuestro cAlī b. Sacīd, llamado Mūsà, fue valí de Algeciras, allí nombrado por el emir murciano Ibn Hūd, alzado contra los Almohades desde 1228; cAlī b. Sacīd lo menciona en al-Mugrib: “cuando Sevilla volvió a poder de Ibn Hūd, nombró a mi padre valí de Algeciras, donde permanecimos algún tiempo gozando de una vida inolvidable que recuerdo con nostalgia”, y así lo encomia en un verso propio: “Me otorgó Dios un tiempo, que, / si otro, después, aún me complaciera, / mi alegría ya sólo sería fingida.”

cAlī b. Sacīd acompañó, así pues, a su padre en Algeciras, colaborando con él e incluso sustituyéndolo en sus funciones cuando su progenitor fue designado gobernador de Sevilla, hacia 1231, también por el emir Ibn Hūd, cuya muerte en 1238 determinó la partida de al-Andalus de nuestro autor y de su padre, seguramente con más familiares, en 1240-1241; hecho político decisivo, ante la situación de conflictos internos y la pérdida de las fronteras andalusíes, pero siempre añoró Ibn Sacīd su tierra, llegando a mostrarse arrepentido de su emigración y afirmando que “sólo se reconoce el valor de algo, cuando se pierde”.

cAlī b. Sacīd nació en Granada, como él mismo declaró, la noche de la Fiesta de la Ruptura del ayuno del año 610, es decir el 12 de febrero de 1214 y murió en Túnez, 11 šacbān 685 H./2 de octubre de 1286, aunque algunos autores indican otras fechas, tanto para su nacimiento como para su muerte. Las fuentes árabes le califican de “literato” (al-adīb), “historiador” (al-mu’arrij) y “gramático” (al-naḥwī), señalando que estudió con grandes sabios como al-Šalawbinī, Ibn cUṣfūr, al-Dabbāg y al-Aclam al-Baṭalyawsī. De hecho, recibió la esmerada educación que por status le correspondía, en el gran centro cultural que todavía era la Sevilla almohade y postalmohade, donde transcurrió su juventud, mientras la tierra familiar de “Alcalá de Benzayde” pasaba varias veces del dominio musulmán al cristiano, durante aquella primera mitad del siglo XIII.

Ya indicamos que cAlī b. Sacīd y su padre Mūsà partieron de al-Andalus en 1240-1241, inseguros tras la muerte del emir Ibn Hūd, al que sirvieron; recorrieron el Magreb (Ceuta, Fez, Salé, Marrakech) y Túnez; luego peregrinaron a La Meca y en octubre de 1241 llegaron a Alejandría, donde quedó su padre mientras él acudía a El Cairo, aunque tornó a Alejandría al morir su padre, con 67 años, en marzo de 1243. Nuestro autor volvió a El Cairo, buscando el apoyo de diversos personajes, hallando un mecenas generoso y culto en Mūsà b. Yagmūr (1203-1265), gobernador y chambelán en la capital egipcia. En el mismo 1243, Ibn Sacīd le dedicó su Libro de las banderas de los campeones, en cuyo prólogo ensalza a su protector. El sultán le autorizó la consulta de la Biblioteca real, y a leer y escribir se dedicó con afán, no sólo en Egipto sino en Siria, donde pasó tres años junto al gran literato Ibn al-Adīm.

En 1249, realiza su segunda peregrinación a La Meca, y se encamina luego a Damasco, frecuentando la corte del sultán al-Mucaẓẓam. En 1250, marcha a Emesa, Mosul y Bagdad, visitando a sabios, bibliotecas y poderosos; desde Basora va a Arrayan, y de nuevo a La Meca. En 1254, va a Túnez, y sirve al sultán al-Mustanṣir. En 1267, vuelve a Oriente, pasa por Bagdad y entra en Irán. Hacia 1276, regresa a Túnez, y vuelve al servicio de al-Mustanṣir, para morir diez años después. En su vida destacan sus periplos en busca del saber y la composición de obras. Metódico y claro, fue según su biógrafo el visir granadino Ibn al-Jaṭīb “la joya central del collar que forma su familia, el más sabio de su tierra, la perla de su país, autor y compilador, gran viajero, personalidad original, buen informador, extraordinario en su peregrinar por el mundo, en frecuentar a los poderosos, disfrutar de grandes bibliotecas, y en acopiar interesantes datos acerca del Oriente y el Occidente”.

En referencias generales se le llegan a adjudicar 400 obras (?), aunque los estudiosos sólo alcanzan a reunir y distinguir unos cincuenta títulos diferentes de obras suyas, de las cuales sólo están mejor o peor localizadas en manuscritos, y editadas y/o traducidas la decena de obras de Ibn Sacīd que señalaremos en la bibliografía final, además de sus poesías clásicas y popularizantes (moaxajas). Identificar mejor sus obras es uno de los aspectos que sobre Ibn Sacīd siguen pendientes: ¿lo titulado al-Bad’ -manipulado por un copista conocido- fue parte o procede de su Baṣṭ / Ŷugrāfiya?; dos denominaciones separan al-Mušriq y de al-Mugrib, luego reunidas como “Firmamento del anhelo abarcando el ornato de la lengua árabe y conteniendo los dos libros de al-Mušriq.... y al-Mugrib(Falak al-arab al-muī bi-ulà lisān al-carab al-mutawī calà kitābay al-Mušriq fi ulà al-Mašriq wa-l-Mugrib fī ulà al-Magrib”; ¿es la Našwa una parte del Qid, o mejor dicho: qué representa éste en relación con su titulado “resumen” (Ijtiṣār al-qid)?: puede que no sea su resumen, sino de Maābi al-ẓulam, o que Ibn Sacīd denominara igual dos obras diferentes.... Ante la muy posible alta duplicidad de designaciones, en varios casos evidente, lo correcto sería considerar que Ibn Sacīd compuso poco más de una decena, contando con alguna perdida, de la que sólo quede su título.

Su principal actividad fue la de crítico y antólogo de la literatura, sobre todo de poesía, de cronista y la de geógrafo. El interés de sus aportaciones reside, precisamente, en la forma de combinar la antología literaria con datos históricos y geográficos, a veces de gran valor, como cuando inserta noticias tomadas del gran cronista cordobés Ibn Ḥayyān que no se encuentran en otras fuentes, como el largo capítulo sobre los jueces de Córdoba en el siglo XI. Destaquemos que Ibn Sacīd es reconocido por la amplitud y sutileza de su producción literaria, su capacidad para culminar la secular y magna obra familiar de al-Mugrib, su eximia presentación de lo andalusí en el Magreb y en Oriente, y su interés por ese Oriente del que también se ocupó por escrito.

En el campo de las antologías literarias, se han conservado de Ibn Sacīd las siguientes obras: al-Guūn al-yānica; Ijtiār al-qidḥ al-mucallà; Kitāb rāyat al-mubarrizīn; al-Mugrib [parte I: Egipto y parte II: al-Andalus]; al-Muqtaṭaf; al-Mušriq fī ajbār al-Mašriq; cUnwān al-murqiāt wa-l-muṭribāt. En el campo histórico, nos quedan: su historia de los árabes y de la Península Arábiga antes del Islam: Našwat aṭ-ṭarab; y quizás la “Historia” (Tārīj kabīr / Tārīj ṣagīr), en un manuscrito, copiado en Granada en 1300, con un resumen de la historia de los Almohades y unos Anales (desde 1224-1240). Y en el de la geografía: un tratado sobre la localización en latitudes de varios lugares, sobre todo de la Península Ibérica y el Magreb; J. Vernet ha valorado esta obra, conservada en siete manuscritos (en Londres, San Petersburgo, Turquía, Leiden, París y Oxford), prueba también de su interés.

Ibn Sacīd había nacido unos meses después de la terrible derrota almohade-andalusí en Las Navas de Tolosa, en 1212, y creció recibiendo sus funestas consecuencias para las fronteras de al-Andalus, por ejemplo la primera conquista castellana de Alcalá de Benzayde, precisamente, y entre otras plazas, por Alfonso VIII, en 1213-1214, manteniéndola la Orden de Calatrava hasta 1219... Las oscilaciones fronterizas menguaron el poder local de los Banū Sacīd, los Benzayde. Ante todo aquello, nuestro autor se apuntó a la acción de los antólogos salvadores de la memoria literaria, pero a la vez, con un raro pero no inhabitual distanciamiento, evita en sus escritos enfrentarse del todo a la realidad, y prefiere seguir refiriéndose a un al-Andalus eternizado en sus límites clásicos de la época omeya, siempre que de las regiones y ciudades elegidas, estén o no conquistadas en su siglo XIII, procedan memorables literatos andalusíes. La geografía política se transmuta en recuerdo artístico para marcar unos confines simbólicos e inmutables de al-Andalus.

En el propósito, sobre todo implícito, de salvar la materia poética andalusí incide la gran obra colectiva de los Banū Sacīd, ultimada por cAlī b. Sacīd, en 1243 (copiándola en manuscrito, conservado en El Cairo, de su puño y letra, en 1247-1248), en el volumen dedicado a al-Andalus en la amplia antología titulada Libro extraordinario sobre las galas [var.: los poetas] del Occidente [islámico]: Kitāb al-mugrib fī ḥulà [garā’ib] l-Magrib, obra que incorporó el, hoy —como tal— perdido, “Libro prolijo sobre los méritos [lo extraordinario] del Occidente [islámico]”: Kitāb al-mushib fī faā’il [garā’ib] al-Magrib de al-Ḥiŷārī (muerto en 1155), que compuso este “Libro prolijo” durante los meses en que residió en Alcalá de Benzayde, bajo el mecenazgo de los Banū Sacīd. De hecho, fue cAbd al-Malik b. Sacīd, bisabuelo de nuestro autor, quien encargó ese “Libro prolijo” a su autor, además de añadirle materiales, como también hicieron otros Banū Sacīd: Aḥmad y Muḥammad (éste, abuelo de nuestro autor), y también Mūsà, su padre, antes de que lo ultimara nuestro cAlī b. Sacīd, que indica (citado por García Gómez, El libro de las banderas, L I) haber él mismo “escrito este ejemplar y completado el Kitāb al-falak... que se subdivide en dos: al-Mušriq fī ḥulà al-Mašriq (“El brillante, sobre las galas de Oriente”) y al-Mugrib fī ḥulà al-Magrib (“El extraordinario, sobre las galas del Occidente”). Bástele a al-Andalus, como gloria en esta materia, la composición de un libro como ése, por seis personas distintas, en un período de ciento quince años, pues termina en el año 645 [de la Hégira = 1247-1248]”. De al-Mugrib no se conoce hoy ningún manuscrito completo; el ya citado códice autógrafo conservado en la Biblioteca Nacional de El Cairo sólo contiene partes relativas a Egipto y a al-Andalus. De él se obtuvo copia en el siglo XIX, gracias al interés del Académico Francisco Codera. Hay que resaltar, también, la aportación de E. García Gómez editando y traduciendo magistralmente el resumen de al-Mugrib, titulado Libro de las banderas de los campeones.

La extensa obra de al-Mugrib, ultimada por Ibn Sacīd, es la más valiosa entre sus antologías literarias, sobre todo de versos, clasificados por los lugares de origen de los poetas, con más o menos pinceladas geográficas e históricas. Tal tipo de antologías fueron apareciendo en al-Andalus desde comienzos del XII, tras las grandes y ya sucesivas pérdidas territoriales, y tampoco es casualidad que en pleno siglo XIII cundan de tal forma y extensión, pues están relacionadas “genéticamente” con la mengua espacial y todas sus consecuencias, y suscitadas por el designio salvador al menos de la memoria cultural andalusí, intención que produjo, entre otras, esta antología de al-Mugrib.

Si en los antólogos del siglo XII primaba la urgencia trágica de salvar la producción cultural andalusí, ahora en el siglo XIII, la nostalgia se impone sobre el drama; Ibn Sacīd ya no declara explícitamente la tragedia fronteriza como motor de sus antologías, aunque su propósito salvador actúe implícitamente, pues el drama ha sido idealizado y traspasado de añoranza. Una prueba de la concepción idealizada del territorio andalusí nos la da Ibn Sacīd en la división territorial que plantea en al-Mugrib, y que, todavía en pleno siglo XIII, sitúa en al-Andalus a Toledo (conquistada en 1085), a la Marca Superior (Zaragoza fue conquistada por Alfonso I, en 1118), a Lisboa (en 1147), a Tortosa (en 1148), a Valencia (en 1238), a Badajoz (en 1230), incluso a Córdoba (en 1236), viendo el mismo Ibn Sacīd todo esto, antes de su partida de al-Andalus, en 1241, siete años antes de la conquista de Sevilla por Fernando III.

Ibn Sacīd ofrece, sobre al-Andalus, una división territorial original, empezando por Córdoba, aunque ya no era el centro principal, e incluso había sido también conquistada por Fernando III antes de que nuestro autor ultimara el Mugrib.

Distingue tres áreas en la Península Ibérica: Oeste, Centro y Este, formadas por lo que él llama “reinos” (mamlaka), en número de dieciséis, constituidos, sólo en los casos de Córdoba y Sevilla, por “coras”, en un esfuerzo de sistematización que —de modo significativo— no extendió al resto, excepto en el caso de Játiva, denominada “cora” (dentro del “reino” de Valencia), recurriendo para todo el resto al más fácil expediente de mencionar, sin más clasificación interior, las ciudades y castillos, de cada enclave, cuando en ellos hubiera destacado algún personaje, de quienes procura citar más o menos versos.

Señala siete “reinos” al oeste de al-Andalus: Córdoba (con las coras de Córdoba, Porcuna, Alcocer, Almodóvar, Moratalla, Cuzna, Belalcázar (Gāfiq), Écija, Cabra, Estepa y Lucena); Sevilla (con las coras de Sevilla, Carmona, Sidonia, Morón, Qalcat Ward, Arcos, Osuna, Tarifa, Algeciras, Ronda, Niebla y Huelva); Badajoz, con las ciudades de Mérida, Badajoz, Évora y Trujillo, y varios castillos; Silves, con las ciudades de Silves, Santamaría [del Algarve], Loulé y Cacela, y alquerías; Beja, con la ciudad de Beja y el castillo de Mértola; Lisboa, con esa ciudad, y Cintra y Santarem; A continuación, y descolocado, el “reino” de Málaga, citándose en él las ciudades de Málaga (Rayya), Vélez, Bizmiliana y Lamāya.

Otros cuatro “reinos” “en el centro de al-Andalus”: Toledo (con las ciudades de Toledo, Talavera, Guadalajara, Talamanca, Madrid, el “fuerte” de Calatrava y la alquería de Maqueda); Jaén (Jaén, y otras ciudades como Quesada, Úbeda, Baeza, Baza, más castillos); Ilbīra (Granada) (con las dos capitales, Elvira, y luego Granada, Priego y Loja, entre sus ciudades, y varias alquerías y castillos), y Almería (con Pechina, Almería, las ciudades de Berja y Andarax, y castillos).

Al Este, los “reinos” de: Tudmīr (Murcia) con Murcia, y las ciudades de Mula, Villena, Elche, Alicante, Lorca y Orihuela, más castillos y alquerías. Valencia, con la capital, Valencia, algunos castillos y alquerías, más “la cora de Játiva” y “la jurisdicción de Denia”. Tortosa y la Sahla (Albarracín); y la Marca [Superior], donde destacan las ciudades de Zaragoza, Tudela y Tarazona, Lérida, Huesca y Medinaceli, más alguna alquería, y, finalmente, el “reino” de Mallorca, con referencias a Mallorca, Menorca e Ibiza.

La atención concedida a nuestro cAlī b. Sacīd dentro de su cultura árabe, y desde su mismo siglo XIII, se manifiesta en el número proporcionalmente alto de manuscritos que de sus obras se conservan. Si descontamos alguna atribución dudosa, como la de al-Bad’, por los recelos que provoca su códice único conservado en la Bodlein Library (vid: al-Gunaym, 2006, págs. 49 y 74), como también la de al-Ḥulla al-siyarā’ (ms. copiado en 1284, Biblioteca Nacional de El Cairo), resulta que hoy por hoy se conocen unos treinta manuscritos, más o menos completos, repartidos por diversas bibliotecas, correspondientes a las obras de Ibn Sacīd tituladas: Baṣṭ / Ŷugrāfiya; Guūn; Ijtiār al-qid; Mugrib y Mušriq; Muqtaṭaf; Našwa; Rāyat; y cUnwān, cuyas referencias bibliográficas se relacionarán a continuación.

Obras de ~: Baṣṭ al-arḍ fī l-ūl wa-l- carḍ (Kitāb al-Ŷugrāfiya), s. l., s. f. [ed. de J. Vernet, Tetuán, 1958; trad. de J. Vernet, “Marruecos en la Geografía de Ibn Sacīd al-Magribí”, en Tamuda, I (1953), págs. 245-263; “España en la Geografía de Ibn Sacīd al-Magribí”, en Tamuda, VI (1958), págs. 307-326 (reprod. en sus De cAbd al-Raḥmān I a Isabel II. Recopilación de Estudios, Barcelona-Bellaterra, 1989, págs. 351-371]; Kitāb al-Ŷugrāfiya li-Ibn Sacīd, s. l., s. f. (ed. de I. al- cArabí, Beirut, 1970; reimpr. Argel, 1984); al-Guṣūn al-yānica fī maāsin šucarā’ al-mi’a al-sābica, s. l., s. f. (ed. de I. al-Ibyārī, El Cairo, 1954; 2.ª ed., 1968); Ijtiṣār al-qidḥ al-mucallà, s. l., s. f. (ed. de I. al-Ibyārī, El Cairo, 1959); Kitāb rāyat al-mubarrizīn: El libro de las banderas de los campeones, s. l., s. f. (ed., trad. y est. de E. García Gómez, Madrid, Instituto Valencia de Don Juan, 1942; reimpr. con nuevo pról., Barcelona, Seix Barral, 1978; ed. de N.A. M. al-Qāī, El Cairo, 1973; ed. M.R. al-Dāya, Damasco, 1987; trad. de A. J. Arberry, Moorish Poetry: a Translation of the Pennants, an Anthology compiled in 1243 by the Andalusian Ibn Sacīd, Cambridge, 1953); al-Mugrib fī ḥulà l-Magrib, [parte I: Egipto], s. l., s. f. (ed. de Z. M. Ḥasan, El Cairo, 1953); [parte II: al-Andalus], s. l., s. f. (ed. de Š. Ḍayf, El Cairo, 1953-1955, 2 vols.; reimprs. en 1978 y 1980); [ed. de E. Lévi-Provençal, en Arabica, 1 (1954), págs. 219-224; ed. de J. al-Manṣūr, Beirut, 1997, 2 ts.]; al-Muqtaṭaf min azāhir al-ṭuraf, s. l., s. f. (ed. de S. Ḥanafī, El Cairo, 1983, y ed. en la tesis doctoral de A. M. al-ūmā, Granada, Universidad de Granada, 1984); al-Mušriq fī ajbār al-Mašriq, ms. N.º 2532 en la Biblioteca Nacional de El Cairo; Našwat aṭ-ṭarab, s. l., s. f. (en F. Trummeter, Ibn Saids Geschichte der Vorislamischen Araber, Stuttgart, 1928; ed., trad. parciales con estudio por M. Kropp, Die Geschichte der 'Reinen Araber' vom stamme Qaḥṭān aus dem Kitāb Našwat aṭ-ṭarab fī tārīj ŷāhiliyyat al-carab, tesis doctoral, Universidad de Heidelberg, 1975, 2 ts.; ed. de M. cAbd al-Raḥmān, Ammán, 1982, 2 ts.); cUnwān al-murqiāt wa-l-muṭribāt, El Cairo, 1286/1869 (ed. y trad. de A. Mahdad, Modèles de vers à danser et à rire, Argel, 1949; Beirut, Dār Ḥamd, 1973); Tārīj kabīr / Tārīj ṣagīr (“Historia grande / pequeña”), s. l., s. f. [posibles pasajes en un ms. identificado por E. Fagnan, “Un fragment d'une chronique d'Ibn Said”, en Revista crítica de Historia y Literatura (Madrid) (octubre de 1896), págs. 336-338; Poesías, en metros clásicos y en moaxajas, conservadas en varias fuentes.

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María Jesús Viguera Molins