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Probo

Biografía

Probo. M(arcus) Aurelius Probus. Sremska Mitrovika (antes Sirmium) (Serbia), 19.VIII.232 – 9.X.282. Emperador de Roma.

Hijo de un individuo llamado Maximus o Dalmatius, de escasa fortuna familiar, fue uno de los príncipes de origen ilirio. Su biógrafo en la Historia Augusta lo describió como un hombre lleno de virtudes, eficaz en su servicio al Estado, con probada experiencia militar, justo y bondadoso.

Por la corta duración de los reinados de sus predecesores, sirvió a las órdenes de varios príncipes. Podría haberse convertido en tribuno durante el reinado de Valeriano. En la Historia Augusta (Scriptores Historiae Augustae [SHA], Vita Probi, 4, 1-2) se reproduce una supuesta carta que el Emperador habría escrito a su hijo Galieno, alabando las virtudes del joven Probo como un modelo a seguir, así como otra misiva al prefecto del pretorio justificando su promoción por sus méritos personales (SHA, Vita Probi, 4, 3 y ss.).

En el reinado de Aureliano, llegó a afirmar su biógrafo que el Monarca quería convertirle en su sucesor (SHA, Vita Probi, 7, 1). Bajo el gobierno de Tácito, se ocupó de las operaciones militares en las fronteras y fue responsable de las provincias orientales, un cargo que rebelaba el grado de confianza de la que gozaba junto al Príncipe.

Durante el verano del año 276 (¿julio?), a la muerte de Tácito, Probo fue nombrado Emperador por el Ejército cuando se encontraba en oriente. Su relación con los soldados parece haber sido buena, debido a su experiencia en los campamentos y también al modo en que habría tratado a los hombres, mediante la disciplina y el trabajo continuado y con una generosa recompensa del botín de guerra.

Probo asumió el gobierno de Roma cuando el Imperio estaba en serias dificultades. Inmerso en una crisis política permanente, diferentes pueblos aprovecharon esta debilidad para amenazar las provincias fronterizas.

De oriente a occidente había sublevaciones. El Príncipe viajó, a lo largo de su reinado, por todo el territorio del Imperio, restableciendo el orden. Primero fue a su patria, en donde estaba el 5 de mayo del año 277. Inmediatamente se dirigió a la frontera del Rin, en donde los germanos habían traspasado la frontera, penetrando un gran número de ellos en territorio romano.

Según la versión de su biógrafo (SHA, Vita Probi, 13, 6-8), se apoderó de sesenta ciudades y mató a cuatrocientos mil bárbaros, pasando al otro lado del Rin para establecer allí campamentos que garantizaran en el futuro la seguridad de las ciudades galas más próximas a la frontera (años 277-278).

A continuación se dirigió hacia oriente, poniendo paz en varias provincias. Primero en Raetia, luego en el Ilírico derrotando a los sármatas, luego en Tracia firmando la paz con los pueblos sublevados (SHA, Vita Probi, 16, 1 y ss.). Al llegar a oriente (Zósimo, 1, 69, 1 y ss.), sofocó una sublevación en Isauria (Asia Menor). En la frontera oriental del Imperio, restauró la relación con los partos, quienes, según la Historia Augusta (SHA, Vita Probi, 17, 1 y ss.) le habrían ofrecido la paz por el terror que les infundía. En África, derrotó en Egipto a una sublevación de los Blemios y otros pueblos desde Libia a Cartago. Como consecuencia de toda esta actividad militar, desde octubre de 279 Probo añadió a su titulatura los sobrenombres de Gothicus maximus, Germanicus Maximus y Parthicus o Persicus.

A su vuelta a occidente, todavía se detuvo en la frontera danubiana, en donde las sublevaciones de diferentes pueblos afloraban de vez en cuando. Realizó allí una importante labor de reparto de tierras y establecimiento de colonos, una iniciativa sin duda encaminada a estabilizar la región con contingentes de población fieles a Roma.

Su biografía (SHA, Vita Probi, passim) relata cómo Probo llevó a cabo algunas iniciativas encaminadas a reactivar algunos sectores económicos. Así, por ejemplo, permitió que se plantaran viñedos en diversas provincias: Galia, Hispania, Bretaña, Pannonia, Moesia y África (Eutropio, 9, 17, 2; Aurelio Víctor, 37, 3). En Sirmium, su ciudad natal, puso al Ejército a trabajar en obras de desecación de terrenos y construcción de canales. En Egipto, los soldados también se dedicaron a la construcción de grandes obras públicas y a la extensión de las tierras de cultivo, una medida que sin duda contribuyó a garantizar el abastecimiento de trigo a la ciudad de Roma. A su vuelta a la Urbe, celebró su triunfo (a finales de ¿281?).

En la Península Ibérica, el reinado queda documentado por un miliario de Lisboa y una inscripción honorífica de Itálica (Santiponce, Sevilla).

A pesar de la estrecha relación de Probo con los soldados orientales, el Príncipe acabó sucumbiendo a las ingerencias políticas del Ejército. Las diferentes fuentes que contaron la vida de este Monarca coincidieron en señalar dos motivos principales para la retirada de este apoyo (SHA, Vita Probi, 20, 1 y ss.; Eutropio, 9, 17, 3; Aurelio Víctor, 37, 3): en primer lugar, los numerosos trabajos de infraestructura a los que los soldados tuvieron que hacer frente en las provincias por iniciativa imperial; en segundo lugar pero como causa primordial, las palabras atribuidas a Probo, a propósito de que en un futuro no muy lejano ya no sería necesario el Ejército. Esta referencia en particular habría demostrado la existencia de un proyecto global para el imperio que pasaría por la reorganización provincial en materia de seguridad y de desarrollo económico que, si atendemos a la Historia Augusta, habría transformado la estructura del Estado romano, hasta entonces una imparable máquina de guerra. En otoño (¿septiembre/ octubre?) del año 282, Probo fue asesinado por los soldados en su ciudad natal, Sirmium. Sufrió damnatio memoriae (el borrado de su nombre) auque más tarde fue divinizado. Se le dedicó una inscripción funeraria en Sirmium, que decía: “Aquí yace el emperador Probo, que es verdaderamente probo, vencedor de todos los pueblos bárbaros, vencedor también de los tiranos” (SHA, Vita Probi, 21, 4). La referencia a los “tiranos” evocaba los episodios de intentos de usurpación que el Príncipe sufrió a lo largo de su reinado, protagonizados respectivamente por: Bonosus y Proculus, muertos en Colonia Agrippina (Colonia, Alemania) en 280; y Saturnino, el gobernador de Syria (Zósimo, 1, 66, 1) ejecutado en oriente en 281. Cuando murió, Probo había ocupado cinco veces el consulado, todas ellas entre los años 277 y 282.

 

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María Pilar González-Conde