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Francisco Sánchez de la Fuente

Biografía

Sánchez de la Fuente, Francisco. Sevilla (o, según algunos, “un pueblo del Arzobispado de Sevilla”), c. 1440 – Córdoba, IX.1498. Presbítero, canonista, doctor en Decretos, canónigo, deán, embajador de los Reyes Católicos, inquisidor general adjunto, obispo de Ávila y de Córdoba.

Hijo del bachiller Miguel Sánchez de la Fuente, “sujeto —dice Matute y Gaviria— de gran autoridad en Sevilla, y principal bienhechor del Monasterio de San Isidro del Campo”.

Fue colegial en el de San Bartolomé de Salamanca, y la primera fecha cierta que se posee sobre él es la del 4 de junio de 1458, en que tomó posesión de una beca en dicho Colegio (equivalente a: “tomó el hábito”, según F. de las Heras, 2004), en el cual se licenció en Cánones. Su vida como tal colegial aparece en la Historia [...], de F. Ruiz de Vergara (1766), basada en actas y manuscritos de dicho Colegio Viejo, donde, después de decir que se licenció en Cánones agrega: “Parece que el Doctor Francisco Sánchez de la Fuente”, y como doctor aparece citado siempre después, aunque F. Fita dice que era “Doctor en decretos” (pág. 342). El citado Ruiz de Vergara lo elogia por haber sido elegido con un poder para comprar la tercera parte del lugar de Vidola, otorgado el 26 de diciembre de 1460, ante el notario Pedro Alfonso de Salamanca, acto celebrado en la capilla, ante diez licenciados y consiliarios (el poder, en el cajón 8, legajo 8, n.º 17).

Su primer destino fue el de provisor y canónigo de la Catedral de Zamora, en el cual se hallaba todavía en 1483, al tiempo que los Reyes Católicos introdujeron la Inquisición en Castilla y el 30 de enero de 1484 formaban parte del Tribunal de Ciudad Real Francisco Sánchez y otro colegial de San Bartolomé: el licenciado Pedro Díaz de Costana, quienes concurrieron, desde el 29 de noviembre de 1484, a una junta de inquisidores que se tuvo en Sevilla, “para dar orden en algunas cosas tocantes en el modo de proceder en las causas de los Hereges” (Ruiz de Vergara, 1661); hoy se diría que era una reunión coordinativa. En el año 1485 pasó al Monasterio de Guadalupe, pues aunque el prior fray Nuño de Arévalo era inquisidor de Guadalupe “y su Puebla”, ante la gravedad del foco de judaizantes falsamente conversos, incluso algún monje jerónimo, recibió la ayuda en todo el gran proceso del doctor Francisco Sánchez y del licenciado Pedro Sánchez, todo ello muy bien investigado por F. Fita (1883). La estadística de sentenciados es “imponente” (Fita, pág. 285): cincuenta y tres quemados vivos, y otros veinticinco en estatua, más otros cuarenta y seis difuntos, desenterrados de lugar sagrado y quemadas sus cenizas, amén de dieciséis condenados a cárcel perpetua y confiscación de bienes. Todo ello “da idea de la importancia del foco” (Ladero Quesada).

Quedóse Francisco Sánchez en Sevilla como racionero, comenzando una carrera de nombramientos y permutas en diversas catedrales. Así, permutó su cargo en Sevilla por un canonicato en Salamanca, de donde regresó a Sevilla en enero de 1491 para tomar posesión de una canonjía, aunque poco después pasó a la Catedral de Toledo con el alto cargo de deán de la misma.

Conquistada Granada por los Reyes Católicos, pronto se restableció su Iglesia Catedral y en el mismo año de la conquista, 1492, ya se encontraba el doctor Sánchez como deán de la citada Catedral granadina, sin abandonar el deanato de Toledo (costumbre de esta época era poder compartir dos cargos eclesiásticos en distintas diócesis). Una vez puesto en orden el nuevo Cabildo, y ya bien conocido por los Reyes Católicos, lo propusieron al papa Alejandro VI (el setabense Rodrigo de Borja) como obispo de Ávila, ejerciendo este episcopado justamente tres años, entre el 23 de enero de 1493 y el 22 de enero de 1496, por traslado al obispado de Córdoba, como se dirá.

Pero su primer cargo episcopal no impidió que los Reyes Católicos, “teniendo muy experimentadas las grandes prendas de prudencia, integridad y destreza en manejar los negocios más importantes” (J. Gómez Bravo) que adornaban a Sánchez de la Fuente, lo nombraron su primer embajador ante el rey Carlos VIII de Francia, al objeto de que restituyera el Rosellón y la Cerdaña buscando en primer lugar la concordia, aunque so amenaza de guerra. Volvió el embajador con el éxito de la plena restitución territorial de ambos condados a la Corona de Aragón, mediante capítulos de concordia firmados en Tours el 19 de enero de 1493 por el rey francés y el embajador extraordinario de los Reyes Católicos (J. Tello Martínez). Sin embargo, según algunos historiadores, parece que el Rey de Francia cedió sin ningún problema porque estaba más interesado en la conquista de Nápoles. “A fin de estar más libre en su expedición a Italia”, apostilla la Enciclopedia Espasa (vol. LII, 1926).

En 23 de julio de 1494 el papa Alejandro VI por su bula Dudum per felicis nombró cuatro inquisidores generales, entre ellos al obispo de Ávila Francisco Sánchez. “La duda que nos ocurre de cómo pudo ser en el año 1494 Inquisidor General, viviendo aún Thomàs de Torquemada la resuelve Salazar en la Casa de Lara, lib. 11, fol. 486: que por la mucha edad de D. Fr.

Thomàs de Torquemada determinaron los Reyes Católicos governaran la Inquisición General con título de Inquisidores Generales quatro Prelados [...] lo que confirmó el Papa Alexandro VI por su Breve de 23 de Junio de 1494, la que cita el Martyrologio Hispano, tom. 2, fol. 834” (Ruiz de Vergara, 1766). En el siglo xx se les nomina inquisidores generales adjuntos (Pérez Villanueva, Escandell Bonet, Historia de la Inquisición en España y América, 1984, vol. I: 217).

Volvió el obispo Sánchez de la Fuente a Ávila y, a poco menos de dos años, por agradecimiento de los Reyes Católicos, fue propuesto por éstos al mismo Pontífice ya citado como obispo de Córdoba, tomando posesión el jueves 29 de diciembre de 1496.

El deán de Guadix presentó, como procurador del nuevo obispo, la bula y carta de los Reyes, que obedeció el Cabildo, dándole posesión con la solemnidad que se acostumbraba. No obstante, el nuevo obispo de Córdoba continuó en su cargo de inquisidor general adjunto. “Muy poco tiempo gozó el obispado de Córdoba de este gran Prelado, pues murió por Septiembre de 1498. Tanto le estimaba la Catolica Reyna, que no pudo contener las lágrimas, quando tubo la noticia de su muerte. Parece que se enterró su cuerpo junto a la puerta del Sagrario antiguo, donde se le dice un responso después del Aniversario” (J. Gómez Bravo: 387).

 

Obras de ~: (ms. desapar.) Monasterio de Guadalupe, s. f. (desapar.).

 

Bibl.: A. de Cianca, Historia de la vida, invención, milagros y translación de S. Segundo, primero Obispo de Ávila y recopilación de los Obispos sucessores [...], Madrid, Luis Sánchez, 1595, fol. 96v.; L. Ariz, Historia de las grandezas de la ciudad de Ávila, vol. I, Madrid, Luys Martinez Grande, 1607, fol. 48v.; G. González Dávila, Theatro eclesiástico de las ciudades e iglesias cathedrales de España. Vida de sus Obispos y cosas memorables de sus Obispados. Ávila [...], Salamanca, Imprenta de Antonio Ramírez, 1618, págs. 286-287; A. de Qvintanadveñas, Santos de la Civdad de Sevilla, y su Arçobispado [...], Sevilla, Francisco de Lyra, 1637, pág. 39; G. González Dávila, Theatro eclesiástico de las Iglesias Metropolitanas y Cathedrales de los Reynos de las dos Castillas. Vidas de sus Arzobispos y Obispos [...], vol. II, Madrid, Pedro de Hormay Villanueva, 1647, págs. 286-287; F. Ruiz de Vergara y Álava, Vida del Ilustríssimo Señor Don Diego de Anaya Maldonado, Arzobispo de Sevilla, [...] y noticias de sus Varones Excelentes, Madrid, Diego Díaz de la Carrera, 1661, págs. 117-118; Historia del Colegio Viejo de S. Bartholomé, Mayor de la celebre universidad de Salamanca [...], Primera Parte [...], Madrid, Andrés Ortega, 1766, cap. XIX, págs. 171-173; J. Gómez Bravo, Catálogo de los Obispos de Córdoba, y breve noticia histórica de su Iglesia Catedral, y Obispado [...], Cordoba, Oficina de D. Juan Rodríguez, 1778, págs. 385-387; J. Tello Martínez, Cathálogo sagrado de los obispos [...] de Ávila, 1788 (ed. crítica, Ávila, Institución Gran Duque de Alba, 2001, “Paragrapho 64”, pág. 185); J. Martín Carramolino, Historia de Ávila, su provincia y Obispado, vol. III, Ávila, J. Aguado, 1873, pág. 89; J. Matute y Gaviria, Hijos de Sevilla señalados en santidad, letras, armas, artes ó dignidad, Sevilla, Oficina de el Orden, 1887, págs. 289-291; F. Fita (SI), “La Inquisición en Guadalupe”, en Boletín de la Real Academia de la Historia, n.º 23 (1893), págs. 283-343; M. Méndez Bejarano, Diccionario de escritores, maestros y oradores naturales de Sevilla y su actual provincia, vol. II, 1.ª parte, Sevilla, Tipografía Gironés, 1923, n.º 2393, pág. 374; VV. AA., Enciclopedia Universal Espasa europeo-americana, vol. LII, m-1926, pág. 396, y vol. LIII, 1927, pág. 1220; B. Llorca (SI), Bulario pontificio de la Inquisición española en su período constitucional (1478-1525) según los fondos del Archivo Histórico Nacional, Roma, Pontificia Università Gregoriana, 1949, n.os 44-45, págs. 179-184; F. J. Martín García, Guía de la Ciudad de Ávila, Ávila, Cámara Oficial de la Propiedad Urbana, 1969, pág. 127; J. Pérez Villanueva y B. Escandell Bonet (dirs.), Historia de la Inquisición en España y América, Biblioteca de Autores Cristianos, vol. I, Madrid, Centro de Estudios Inquisitoriales, 1984, págs. 217, 324, 329 y 341; F. de las Heras Hernández, Los Obispos de Ávila. Su acción pastoral [...], Ávila, Imagen Gráfica, 2004, págs. 137- 138; M. Á. Ladero Quesada, La España de los Reyes Católicos, Madrid, Alianza, 2005, pág. 323.

 

Fernando Rodríguez de la Torre