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Marco Porcio Catón

Biografía

Porcio Catón, Marco. M(arcus) Porcius M(arci) f(ilius) Cato. Tusculum (Monte Porzio Catone, al sur de Roma), 234 a. C. – ¿Roma (Italia)?, 149 a. C. Político y militar romano.

Nació en Tusculum en el seno de una familia plebeya propietaria de tierras en la Sabina (Plutarco, Catón el Mayor, 1), que el joven Marco Porcio Catón heredó pronto por la temprana muerte de su padre.

En esas fincas pasó su juventud hasta entrar en el Ejército, como su padre y su abuelo, y desarrollar posteriormente una larga carrera política protegido inicialmente por Lucius Valerius Flaccus (Plutarco, Catón, 3), con quien llegaría a compartir el consulado.

Ese firme apoyo, y el de personajes como Caius Claudius Marcellus y Quintus Fabius Maximus harían de este homo novus una de las figuras claves de la Roma del siglo ii a. C. Contrajo matrimonio en dos ocasiones, primero con Licinia y luego con Salonia; de estos matrimonios tuvo sendos hijos varones, llamados respectivamente Marcus Porcius Cato Licinianus y Marcus Porcius Cato Salonianus (Plutarco, Catón, 24).

Cicerón le convirtió en protagonista en Sobre la vejez (De senectute) —en donde figura con ochenta y tres años de edad (Cicerón, Sobre la vejez, 10, 32)—, y de ahí proceden algunas pinceladas biográficas imprescindibles para situar su nacimiento y los primeros pasos de su carrera (Cicerón, Sobre la vejez, 4, 10).

Gracias a ellas se sabe de la protección que le brindó Quintus Fabius Maximus, a quien acompañó como tribuno militar en Sicilia el año 214 a. C. y con quien participó en la toma de Tarentum (Tarento, Italia) el año 209 a. C. en el marco de la Segunda Guerra Púnica (Plutarco, Catón, 2-3).

Marco Porcio Catón alcanzó el rango senatorial el año 204 a. C. como cuestor (quaestor), y se reunió en Sicilia con Publius Cornelius Scipio Africanus (Escipión el Africano, el mayor) antes de pasar a África; escandalizado de la gestión económica de Escipión volvió a Roma para denunciar el comportamiento del general, lo que provocó el envío de unos tribunos para investigarle (Plutarco, Catón, 3, 5). Cinco años más tarde, en el 199 a. C. alcanzó la edilidad como aedilis plebis en razón de su origen; y al año siguiente, el 198 a. C., la pretura como pretor de Cerdeña (praetor Sardiniae), caracterizándose su gestión por un estricto régimen financiero y reduciendo los gastos de administración (Plutarco, Catón, 6, 1-3; Tito Livio, Historia de Roma [ab urbe condita], 32, 27, 2-4).

Con cuarenta años de edad accedió al consulado en el 195 a. C. y fue enviado a Hispania para dirigir la guerra ese año (Plutarco, Catón, 10, 1; Apiano, Guerras Ibéricas, 39-41), cuya intensidad hacía aconsejable la presencia de un cónsul. El Ejército que Catón llevó a la Península Ibérica y con el que desembarcó en Ampurias (Apiano, Guerras Ibéricas, 40; Tito Livio, 34, 8) estaba formado por dos legiones y quince mil aliados, es decir, unos veintiséis mil soldados, que se unieron a las dos legiones que operaban en Hispania con otros trece mil soldados, al mando de Publius Manlius y Aulus Claudius Nero. Aplicando el régimen de austeridad de que había hecho gala durante su pretura, Catón despidió a los abastecedores de trigo al Ejército, intentando poner en práctica el principio de que la guerra debía alimentarse a sí misma, es decir, que el Ejército tenía que obtener sus propios recursos en el terreno (Tito Livio, 34, 9); en la práctica, esto suponía aplicar a los indígenas un impuesto del 5 por ciento sobre las cosechas de grano.

Catón sabía que la riqueza en metales preciosos de Hispania podía financiar la guerra (Plutarco, Catón, 10) y que incluso le permitiría incorporar mercenarios, como prueba el que ofreciera doscientos talentos a los celtíberos que quisieran unirse al Ejército romano.

Impuso un tributo sobre las minas de hierro y plata del nordeste peninsular (Tito Livio, 34, 21), seguramente entonces ya explotadas por compañías de publicanos, y llegó a conocer una importante explotación de sal, como cuenta Aulio Gelio (Noches Áticas, 2, 22, 29) recogiendo un fragmento de los perdidos Origines escritos por el propio Catón (vid. infra).

De hecho, es probable que durante su permanencia en Hispania en el año 195 a. C. Catón reorganizara el sistema de explotación minera. Aún en Ampurias, Catón recibió a los tres legados del reyezuelo ilergete Bilistages, que pedían la ayuda romana para evitar el asedio de sus plazas fuertes (Tito Livio, 34, 11). En esta primera etapa de su actuación sometió al dominio romano a los pueblos situados al norte del Ebro, llegando a vender a muchos indígenas como esclavos; al mismo tiempo, un gran número de ciudades hubieron de demoler sus murallas (Appiano, Guerras ibéricas, 41; Plutarco, Catón, 11). En la Baetica la actuación de Catón se concentró en debilitar la fuerza de los turdetanos privándoles de los mercenarios celtíberos, a los que se ofreció un incremento de la paga por pasarse al lado romano (Plutarco, Catón, 10, 2); más tarde combatiría también en territorio celtibérico (Tito Livio, 34, 19). De la dureza de la guerra y de la importancia de las victorias da idea la relación de Livio (34, 46) sobre el botín que Catón llevó a Roma: 25.000 libras de plata no trabajada, 103.000 denarios, 540 libras de argentum oscense y 1400 de oro.

Esa victoria le permitió el año 194 a. C. celebrar el triunfo en Roma como procónsul (Tito Livio, 34, 46, 2-3); no es descartable que ese mismo año participara como legado a las órdenes del cónsul Titus Sempronius Longus en las campañas en la Galia (Plutarco, Catón, 12, 1-2).

El año 191, en su condición de tribuno militar, acompañó al cónsul Manius Acilius Glabrio a la campaña en Grecia contra Antiochus y los Etolios (Plutarco, Catón, 12, 2; Cicerón, Sobre la vejez, 10, 32) e incluso visitó Atenas; de hecho, fue el encargado de volver a Roma para anunciar la victoria en la batalla de las Termópilas (Plutarco, Catón, 12-14; Tito Livio, 36, 17-18 y 36, 21, 4-8); dos años después, el 189 a. C., volvió a ser enviado a territorio etolio con Marcus Fulvius Nobilior.

Su elección para ocupar la censura el año 184 no fue bien vista por muchos senadores, los unos por considerarle indigno del puesto como homo novus y los otros temerosos de su actuación en esta magistratura (Plutarco, Catón, 16, 1-6; Tito Livio, 39, 40-41); de hecho, si se le conoce como Catón el censor es porque su severidad en este puesto haría trascender su fama más allá de su tiempo al haber revisado la situación legal de los senadores Lucius Quinctius Flaminius y Lucius Cornelius Scipio Asiaticus —el hermano de Escipión el Africano, el mayor—, cónsules de los años 192 y 190 a. C. respectivamente, y haber promovido su expulsión de la cámara (Plutarco, Catón, 17-19). Después de la censura, Catón mantuvo una intensa actividad en el Senado de Roma, pero se mantuvo alejado de los puestos de designación de la administración romana; el año 153 a. C. fue enviado a Cartago a mediar en la disputa entre esta ciudad y Massinissa por el control de ciertos territorios y hay que ver su mano tras la exigencia romana del año 151 para que la capital bárquida fuera demolida, lo que le convierte en la práctica en instigador de la Tercera Guerra Púnica (149-146 a. C.). Aún el año 149 a. C. actuó como defensor de la provincia Lusitania contra las acciones del gobernador Servius Sulpicius Galba (Valerio Máximo, Hechos y dichos memorables, 8, 1, 2; 8, 7, 1). Al final de su carrera tenía la condición de augur, aunque no se sabe desde qué fecha.

Escribió un manual sobre la administración de las propiedades rurales y la relación con los esclavos que en ellas trabajaban (Sobre Agricultura), una historia hoy perdida sobre el origen de las ciudades itálicas con especial atención a Roma (Origines), un buen número de Discursos sólo conocidos fragmentariamente y que se extienden a lo largo de toda su vida política, unos Consejos (praecepta) dirigidos a su hijos, etc. (vid. infra). Casi todos estos textos se han perdido, con excepción del tratado de agricultura y algunos fragmentos de otras colecciones. Quintiliano (Instituciones oratorias, 3, 1, 19) le consideró incluso el primer retor romano y es probable que escribiera algún texto sobre la formulación de la oratoria.

Appiano dijo de él que era austero, sufrido y de fácil y elocuente oratoria (Apiano, Guerras ibéricas, 39); Plutarco repitió estos elogios (Plutarco, Catón, 1) y Livio los confirmó añadiendo su severidad (Tito Livio, 39, 40); con todos ellos la antigüedad ha trasmitido una imagen de Catón en la que el principal componente es su pretendido antihelenismo, fundamentado en hechos como su petición de que abandonara Roma la famosa embajada de los filósofos atenienses del año 155 a. C. (Plutarco, Catón, 22). Sin embargo, no hay que olvidar que después de la toma de Tarento se formó con Nearchos, un pitagórico que le introdujo en la cultura griega, y que más tarde estudió la oratoria de Demóstenes y el estilo de Tucídides (Plutarco, Catón, 1); al final de su vida, Cicerón le hizo declarar su interés en la literatura griega (Cicerón, Sobre la vejez, 11, 38). Sin embargo, su apego a las viejas tradiciones de los antepasados y a las costumbres romanas le llevaron a extender una imagen personal de disciplina, austeridad y laboriosidad (Plutarco, Catón, 4) que supuestamente chocaba con las prácticas pretendidamente más licenciosas de la cultura griega; un choque que en realidad no debió de ser más que un argumento para defender el modelo cultural romano frente a contaminaciones externas pero de ningún modo una expresión de antihelenismo.

 

Obras de ~: Sobre Agricultura (c. 150 a. C.); Sobre el ejército (De re militari; perdida); Orígenes (Origines; en 7 libros; perdida. Cf. M. Chassignet, Caton. Les Origines. Fragments, Paris, Les Belles Lettres, 1986); Consejos dirigidos a su hijo (Praecepta ad filium; se conserva un fragmento en Plinio, Historia natural, 29, 13–14); Leyes relativas a los sacerdotes y augures (De lege ad pontifices auguresque spectanti; perdida); Poema sobre las costumbres (Carmen de moribus; perdida); Discursos políticos (conocidos en parte por fragmentos; Cicerón indica que había unos 150).

 

Bibl.: R. Helm y A. Schulten, Fontes Hispaniae Antiquae III. Las guerras del 232 a 154 a. C. Barcelona, Universidad, 1935; T. R. S. Broughton, The Magistrates of the Roman Republic I-III, New York-Atlanta, American Philological Association, 1951-1986, vol. I, 1951, págs. 261, 307, 327, 330, 339, 344, 354-355, 363, 374, 419 y 460; vol. II, 1952, pág. 606; vol. III, 1986, pág. 170; H. H. Scullard, Roman Politics 220-150 B. C., Oxford, University Press, 1951; “M. Porcius Cato Censorius”, en Paulys Realenciclopädie der Classischen Altertums-wissenschaft (RE), vol. XXII.1, Stuttgart, Alfred Druchenmüller, 1953 (2.ª ed. 1970), col. 108-165, n.º 9; D. Kienast, Cato der Zensor. Persönlichkeit und seine Zeit. Mit einem kritisch durchgesehenen Neuabdruck der Redefragmente Catos, Heidelberg, Quelle & Meyer, 1954; J. M.ª Blázquez, “El impacto de la conquista de Hispania en Roma (218-154 a. C.)”, en Estudios Clásicos, 7 (1962), págs. 1-29; J. Martínez Gázquez, La campaña de Catón en Hispania, Barcelona, Ariel, 1974; G. Fatás, “Hispania entre Catón y Graco”, en Hispania Antiqua, 5 (1975), págs. 269-313; R. C. Knapp, Aspects of the Roman experience in Iberia 200-100 B.C., Valladolid, Universidad, 1977; A. E. Astin, Cato the Censor, Oxford, Clarendon Press, 1978; R. C. Knapp, “Cato in Spain, 195/194 B.C. Chronology and Geography”, en Studies in Latin Literature and Roman History, II, Bruselas, Latomus, 1980, págs. 21-56; J. M.ª Blázquez, “El papel de los Pirineos según las fuentes clásicas”, en VV. AA., Congreso Internacional de Historia de los Pirineos. Cervera 1988, Madrid, 1991, págs. 37- 75; A. M. Eckstein, “Phisis and Nomos: Polybius, the Roman and Cato the Elder”, en P. Cartledge, P. Garnsey y E. S. Gruen, Hellenistic Constructs, Berkeley, University of California Press, 1997, págs. 175-198; M. Jehne, “Cato und die Bewahrung der traditionellen Res publica. Zum Spannungsverhältnis zwischen mos maiorum und griechischer Kultur im zweiten Jahrhundert v. Chr.”, en G. Vogt-Spira y B. Rommel (eds.), Rezeption und Identität. Die kulturelle Auseinandersetzung Roms mit Griechenland als europäisches Paradigma, Stuttgart, Franz Steiner, 1999, págs. 115-134; H.-J. Gehrke, “Marcus Porcius Cato Censorius”, en K.-J. Hölkeskamp y E. Stein-Hölkeskamp (eds.), Von Romulus zu Augustus: Grosse Gestalten der römischen Republik, Munich, C. H. Beck, 2000, págs. 147-158; J. Navarro, “El impacto del helenismo en la aristocracia romana: cinco ejemplos para una época (196-146 a C.)”, en Memoria y Civilización, 5 (2002), págs. 39-76.

 

Juan Manuel Abascal Palazón