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Abraham Seneor

Biografía

Seneor, Abraham. Abraham Señero. Segovia, c. 1412 – c. 1493. Cortesano y rab mayor de Castilla, consejero real, alguacil mayor de Segovia, contador mayor.

Es considerado uno de los más prominentes cortesanos y hombres de negocios judíos de Castilla en el período previo a la expulsión, cuyo ascenso en la esfera política se inició en el reinado de Enrique IV en que intervino como recaudador de impuestos.

En 1473, cuando se estaba decidiendo la cuestión sucesoria al Trono entre los partidarios de doña Isabel y los de doña Juana, Seneor, que en ese momento era arrendador general de rentas y alguacil mayor de la aljama de Segovia —al que había sido promovido en 1468, en reconocimiento por los numerosos servicios prestados a la Corona—, junto con el converso Andrés Cabrera, tomaron la importante decisión de entregar a aquélla la ciudad, el alcázar y el tesoro real —frente al marqués de Villena, decantado por la causa de la Beltraneja—, al tiempo que persuadían a Enrique IV de que se reconciliara con su hermana. Desde entonces su suerte estuvo ligada a la futura Soberana.

Isabel I premiaría a ambos con largueza: Cabrera sería recompensado con el marquesado de Moya, mientras que Seneor, hombre eficaz y piadoso —que invirtió en la causa isabelina, antes y después de la guerra, más de dos millones de maravedís, lo que le permitió un juro perpetuo de 100.000 maravedís anuales (1475)—, era distinguido con el título de rab mayor (1476) y asesor fiscal en los tributos abonados por esta minoría. Además, nuestro personaje integrará, junto a fray Hernando de Talavera, los cardenales Mendoza y Cisneros, Gutiérrez de Cárdenas, Gonzalo Chacón y el citado Cabrera, el selecto corpus de consejeros de la Reina, muy dada a contrastar pareceres antes de resolver cualquier asunto político de entidad.

Este apoyo era lógico, en cuanto que dentro de su programa político se encontraba el restablecimiento del orden y la restauración del Ordenamiento de 1432, que promoviera Álvaro de Luna con el respaldo del Consejo Real —pactado previamente con los interesados—, que reconocía un status legal a las comunidades judías. Esta situación, tenida por satisfactoria, se mantuvo hasta 1487, cuando las aljamas hispanas comunicaron a sus correligionarios establecidos en Roma su bienestar bajo el gobierno de Monarcas tan “justos y caritativos”.

Los judíos desempeñaron un papel de suma importancia —se deben sumar al rab las figuras de Vidal Astori (tesorero), Mayr Melamed, Samuel Abulafia (suministro de tropas), Abraham y Vidal Bienveniste e Isaac Abravanel (banqueros)— en la construcción de la nueva Monarquía. Por otro lado, su presencia en el rabinato mayor no era una mera delegación real, ya que gozaba de un gran prestigio entre las colectividades hebreas, lo que le permitió unificar unos criterios mínimos en la administración de justicia —ya que actuaba de instancia de apelación—, y aseguraba cierta eficacia en la asamblea de procuradores. Aunque algunas fuentes hebreas contemporáneas se alzan contra él, asegurando que no era hombre de fe y que su designación no se hizo con el concurso de sus administrados, protegió a sus correligionarios de algunos excesos cometidos por los monjes o la Inquisición, incluyendo la redención de los judíos cautivos de Málaga.

Asimismo, cuando se creó la Hermandad General, que plasmaba un esfuerzo largamente madurado de dotar al reino de un Ejército interior permanente, se le colocó en el equipo de dirección financiera —en el que también intervinieron Alonso de Quintanilla y Gabriel Sánchez—, siendo nombrado tesorero mayor el 18 de marzo de 1488. Tuvo como socio en gran parte de sus empresas a su yerno Mayr Relamed, quien, desde 1478, disfruta de nombramientos reales y cuenta con importantes privilegios compartidos por toda la familia, como la licencia para portar joyas y vestidos de seda y grana.

Presionados por los Monarcas, que asistieron como padrinos, el 15 de junio de 1492, a punto de concluir el plazo fijado por el Edicto para que los judíos abandonaran la Península, tanto él como sus familiares más cercanos —incluido su yerno— decidieron adoptar el bautismo —así lo refiere el Cronicón de Valladolid— en el monasterio de Guadalupe. Abraham adoptó el nombre de Fernando Núñez Coronel, resucitando unos apellidos que pertenecían a la más antigua nobleza castellana. Días más tarde, fue designado regidor de Segovia, miembro del Consejo Real y contador mayor del príncipe de Asturias, además de conservar las empresas fiscales que manejaba de antaño.

Sus hijas, Isabel y Francisca, fueron dotadas con juros perpetuos, llegando a contarse entre sus descendientes a sor María Jesús de Ágreda.

 

Bibl.: F. Baer, Die Juden im Christlichen Spanien. Erster Teil. Urkunden und Regesten. I. Aragonien und Navarra, Berlín, Akademie Verlag, 1929; E. Schmueli, Don Isaac Abravanel and the expulsion of the jews from Spain, Jerusalem, Bialik Institute, 1963; L. Suárez Fernández, Documentos acerca de la expulsión de los judíos, Valladolid, Aldecoa, 1964; La Expulsión de los judíos de España, Madrid, Mapfre, 1992; R. Barkai (dir.), Chrétiens, musulmans et juifs dans l’Espagne médiévale De la convergence´à l’expulsion, Paris, Les Éditions du Cerf, 1994; A. Alcalá (ed.), Judíos, sefarditas, conversos: la expulsión de 1492 y sus consecuencias, Valladolid, Ámbito, 1995; R. Goetschel, 1492, l’expulsion des juifs d’Espagne, Paris, Maisonneuve et Larose, 1996; Y. T. Assis y Y. Kaplan (ed.), Jews and Conversos at the time of the expulsion, Jerusalem, The Zalman Shazar for Jewish History, 1999; N. Roth, Conversos, Inquisition, and the expulsion of the Jews from Spain, Madison-London, University of Wisconsin Press, 2002; E. de Diego, El último Rabino Abraham Señero, el amigo de Isabel la Católica, Zaragoza, Aneto, 2002.

 

Miguel Ángel Motis Dolader