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Póstumo

Biografía

Póstumo. Imperator Caesar Marcus Cassianius Latinius Postumus Augustus. ?, ¿c. 210-220? – Mogontiacum, Mainz (Alemania), V-VI.269. Emperador romano.

De origen oscuro según Eutropio (Breviario, 9, 9, 1), Marcus Cassianius Latinius Postumus —no Cassius Labienus Postumus como le llama Aurelio Víctor (Libro de los Césares, 33, 8)— fue general de las tropas romanas en la Galia durante el gobierno de Valeriano (253-260) y quizá gobernador de una de las dos Germanias según la Historia Augusta (Los 30 tiranos, 3, 9) que le llama dux de los territorios limítrofes transrenanos y Galliae praeses.

Con el respaldo de sus tropas se separó de la disciplina de Roma y del emperador Galieno a mediados del año 260 tras el asesinato de Salonino, el hijo del emperador Galieno y Salonina. Se proclamó emperador (Aurelio Víctor, Epítome, 32, 3; Historia Augusta.

Los 30 tiranos, 3, 2-4) en Colonia Aggripina (Köln, Alemania), dando comienzo a una etapa histórica que se ha dado en llamar el Imperio Galo (260-274), que comienza con los diez años del reinado de Póstumo (Historia Augusta. Los 30 tiranos, 3, 4; Eutropio, Breviario, 9, 9, 1) —pese a que Orosio (7, 22, 10) los restringe sin razón a siete— y que concluiría el año 274 a la muerte de Tétrico II. Ese Imperio Galo bajo dominio de Póstumo incluiría las Galias, Britannia y una parte de Hispania.

Póstumo combatió durante diez años tanto a las tropas indígenas que amenazaban la frontera romana por el norte como a las tropas leales a la Roma de Galieno, con quien se enfrentó el año 265. Durante su mandato adoptó los modos y costumbres de la Corte romana e incluso aceptó ficticiamente los nombramientos como cónsules y la entrega de la potestad tribunicia (tribunicia potestas) como si de un emperador legítimo se tratara. Fue asesinado por sus soldados en mayo o junio del año 269.

Según la Historia Augusta, que elogia decididamente la labor de Póstumo, éste “fue recibido con alegría por todo el ejército y por todos los Galos, y se entregó a la reorganización de las Galias” (Historia Augusta. Los 30 tiranos, 3, 4); aunque la crítica moderna es cauta en la interpretación de este pasaje, existe un cierto consenso sobre la importante contención de la presión germánica que hicieron los monarcas galos y sobre el apego que mostraron a las instituciones y cultos tradicionales de Roma, llegando a considerarse el imperio galo como pieza necesaria para el trabajo de unificación administrativa de Diocleciano. Buena prueba del énfasis que Póstumo y sus sucesores pusieron en este papel de contención de los pueblos germánicos es el altar de Augsburgo, en que se narra la victoria contra los Semnones y Juthungos gracias a los soldados de Raetia y Germania, siendo Póstumo imperator y Honoratianus cónsul, el 24 y 25 de abril del 260 d. C.

De esta obra de reorganización que anuncia la Historia Augusta es buena prueba su primera emisión de antoninianos, que presenta la leyenda SALVS PROVINCIARVM y que incluye una imagen del Rhenus bicornis de Virgilio como dios fluvial, en la que se puede considerar la primera imagen del Rhin como frontera natural en la moneda romana. La imagen de Póstumo como Restitutor Galliarum sólo tiene un precedente histórico en la figura de Agrippa, que unos años después de la muerte de César llevó a cabo las labores de conquista final y de control efectivo de aquellos territorios; pero Póstumo no sólo quería aparecer como el RESTITVTOR GALLIAR(um) que anuncian sus monedas, sino que pretendía extender su labor de reorganización a otras provincias, entre las que se incluirá Hispania.

Esta misma atención a las provincias meridionales será visible aún el año 269 en los áureos de Laeliano, que asocian la leyenda TEMPORVM FELICITAS a la imagen de Hispania que se había introducido en el monetario de Adriano. Si a esto se unen los testimonios epigráficos, debe considerarse que la Península Ibérica no fue un apéndice en el territorio gestionado por el Imperio Galo sino una parte sustancial del mismo.

Desde finales del siglo pasado no ha dejado de hacerse referencia a la curiosa alusión al consulado de Póstumo y Victorino en una inscripción de Cofiño (Parres, Asturias. CIL II 5736), que fecha este texto en el año 268 d. C. La estela es uno de los argumentos principales para justificar la adscripción de la Hispania Citerior al reino secesionista de Póstumo junto a los miliarios a su nombre de Ircio (Miranda de Ebro, Burgos), Errekaleor (Vitoria, Álava) y Guadix (Granada); a esta serie se podría añadir quizá el pedestal circular encontrado en el Albaicín granadino en el siglo xvi, cuya titulatura podría también permitir la adscripción a Póstumo (CIL II²/5, 621 = II 2072 = 5505), aunque debe tenerse en cuenta que se trataría en este caso de la única evidencia de su gobierno en la Baetica.

Un pedestal en honor de Galieno descubierto en Mérida prueba que al menos Lusitania estaba sujeta a este Emperador el año 261 d. C. y un buen número de inscripciones de Claudio II (Valencia, Sagunto, Barcelona, Martos, etc.) evidencian que durante su reinado la Península retornó a la estructura administrativa de Roma, por lo que la etapa en que Hispania estuvo fuera del control itálico debe restringirse al período transcurrido entre el año 262 y mediados del 268 d. C.

Ahora bien, las evidencias del dominio de Póstumo se encuentran dispersas en puntos extremos de la Citerior (Asturias, Álava, Burgos, Zaragoza y Granada), pese a lo cual no parece que existiera una especial vinculación con el Monarca que, en todo caso, no ha dejado más evidencias epigráficas que las citadas.

 

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Juan Manuel Abascal Palazón