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Xavier Vilanova Montiú

Biografía

Vilanova Montiú, Xavier. Barcelona, 1.VIII.1902 – París (Francia), 8.V.1965. Médico, catedrático, dermatólogo.

Realizó sus estudios en la Facultad de Medicina de Barcelona, licenciándose en 1923. Su padre y maestro, el doctor Pelayo Vilanova i Massanet, fue uno de los grandes dermatólogos de finales del XIX en Barcelona y el que, sin duda, más influyó en su vocación por la Medicina. Como no podía ser de otra forma, y más en esa época, la influencia paterna le llevó decididamente hacia la dermatología, y acabada la carrera, marchó a París al Hospital de Saint Louis, lugar de referencia entonces de la dermatología mundial. Allí trabajó con los grandes maestros de la especialidad mundial en esos momentos como Leon Lortat-Jacob y Jean Darier en la vertiente clínica, y en histopatología cutánea con Achille Civatte. Más tarde, acudió en Estrasburgo a la Clínica Universitaria Dermatológica dirigida por Lucien Marie Pautrier donde complementó su formación. Esta formación francesa marcaría de alguna forma su vida teniendo a lo largo de ella una enorme relación con todas las mejores escuelas francesas, referencia obligada de la dermatología mundial. Por ella, sería reclamado con frecuencia para discutir no sólo problemas clínicos, sino los nuevos conceptos y clasificaciones que se iban imponiendo en las décadas posteriores A su vuelta, realizó su tesis doctoral sobre Acción del acetato de talio en el tratamiento de las tiñas. Conseguido el grado de doctor en 1928, se desplazó a Colombia para trabajar en la Leprosería Aguas de Dios, lo cual le dio unos conocimientos y experiencia en esta enfermedad que tendrían sus frutos en su trabajo en Barcelona. En 1942 ganó, por oposición, la Cátedra de Dermatología de la Facultad de Medicina de Valladolid. Dos años después, por concurso de trasladado, obtuvo la de la misma denominación en Valencia y, más tarde, la Cátedra de Dermatología de Barcelona sucediendo en ella a Peyri i Rocamora, uno de los médicos más importantes e influyentes de su tiempo, el cual había creado una magnífica organización en su Cátedra digna de admiración por parte del claustro y los alumnos.

El reto era, pues, importante y Vilanova no se quedó corto ya que su trabajo y labor fue de gran relevancia en consonancia con su predecesor en la Cátedra.

En 1952 creó la Escuela Profesional de Dermatología, una auténtica novedad en el campo de la enseñanza postgraduada, cargada de un ambiente de trabajo excepcional. Gran clínico con enormes y sólidos conocimientos, no concebía la clínica si no iba de la mano de una investigación rigurosa siempre basada en la observación y el planteamiento de una hipótesis de trabajo. Fue además un gran docente que enseñaba lo que sabía y no lo que leía en los libros y que no había visto, como solía decir. Su capacidad de comunicar era de gran altura y sus clases atraían no sólo a estudiantes, sino también a muchos médicos. Inmediatamente se rodeó de un amplio grupo de colaboradores reconociéndose su labor en todos los ambientes médicos y sociales. Su capacidad de crear escuela fue realmente uno de sus aspectos más relevantes y de ella salieron un sinfín de dermatólogos de enorme prestigio no sólo en la medicina catalana, sino en la medicina española y extranjeras. Algunos de sus discípulos han ocupado destacados responsabilidades en la universidad española y entre ellos sobresalen Felipe de Dulanto y Escofet, Joaquín Piñol y Aguadé, José Cabré Piera y José María de Moragas, todos ellos catedráticos, de los cuales Piñol le sucedería en la Cátedra de Barcelona.

Sus contribuciones fueron varias y de índole diversa.

Sus trabajos en oncología dermatológica fueron de gran interés. Aisló nuevas entidades, como el querato-acantoma, y advirtió del origen vascular del melanoma juvenil. Otro de los campos donde sus estudios dejaron huella fue en las leismaniosis cutáneas, donde hizo una de las descripciones más minuciosas de los cuadros anatomopatológicos del botón de Oriente y en particular de sus formas sarcoideas. En cuanto a sus trabajos sobre lepra, aportó una descripción original, la del histiocitoma leproso, una forma distinta del leproma entonces bien conocido. Igualmente estudió exhaustivamente las formas polineuríticas de dicha afección a las cuales hasta ese momento no se le había concedido la importancia precisa. Otra aportación fue una descripción original del llamado phrynoderma hipotireósico. Delimitó también la vasculitis o hipodemitis nodular migratriz que es conocida en la literatura internacional con el nombre de “enfermedad de Vilanova”. Esta descripción le consagró y no existió congreso nacional o internacional donde no fuera invitado para exponer su experiencia sobre esta enfermedad. Considerado como un consumado experto por la Organización Mundial de la Salud, ésta le facilitó la introducción de la prueba de Nelson en Cataluña.

Entre sus muchas publicaciones, sobresalen las relativas a la Porfiria crónica del adulto de la cual tenía una extraordinaria experiencia y al Tratamiento de la blenorragia dos piezas maestras de su época de la misma forma que fueron relevantes sus aportaciones sobre otros tipos de porfirias, el acné vulgar, las leismaniosis o las acrodermatitis enteropática. Como parte de su ingente labor, tradujo el Manual de Dermatología (Barcelona, 1945) de Norman Tobias, libro de consulta obligada por los especialistas de su época.

Junto a esta intensa actividad como publicista, cabe destacar su contribución y dedicación a los trabajos de la Real Academia de Medicina de Barcelona, de la que fue tesorero durante el bienio 1964-1965, y en la que ingresó como académico de número en 1952 con el discurso Importancia de la Dermatología en Medicina Industrial, un tema poco estudiado por esos años, discurso que fue contestado por el académico Frederic Corominas i Pedemonte. Fue además académico de número de la Real Academia de Medicina de Valencia, miembro correspondiente de la Academia de Medicina de Francia, miembro del Consejo de Venereología y Treponematosis de la Organización Mundial de la Salud, miembro fundador del Colegio Ibero-Latino-Americano de Dermatología y presidente y presidente de honor de la Academia Española de Dermatología. Le fue concedida, entre otras muchas distinciones, la Medalla Vianna del Brasil.

 

Obras de ~: “Blenorragia Tratada con penicilina”, en Actas Dermosifiliográficas (AD), 36 (1944), págs. 709-721; “Contribución al estudio de las formas clínicas e histológicas de los epiteliomas superficiales” y con J. Esteler y J. Guillén, “Lepra tuberculoide”, en AD, 37 (1945), págs. 263-269 y 115- 130, respectivamente; “Contribución al estudio clínico e histológico de los epiteliomas superficiales cutáneos”, en AD, 45 (1951), págs. 43-52; con J. Piñol, “Contribución al estudio de las porfirias crónicas”, en AD, 45 (1952), págs. 496-527, 585-614; con J. A. Piñol, “Hypodermite nodulaire subsigue migratrice”, en Annales de Dermatologie et Syphiliographie, 83 (1956), págs. 369-404; con J. Monfort, “La lepra en Barcelona”, en AD, 50 (1959), págs. 338-346; con J. M. Moragas y F. Fradi, “Acrodermatitis enteropática”, en AD, 52 (1961), págs. 12-24; con J. M. Moragas, “Síndrome de Rothmund-Thomson-Bloom”, en AD, 53 (1962), págs. 3-23; con J. A. Piñol, “Estudios citoquímicos en el melanoma”, en AD, 55 (1964), págs. 655-688.

 

Bibl.: A. Llopis “Visita al profesor Vilanova”, en Destino, 1220 (24 de diciembre de 1960), págs. 25-26; J. Cabre Piera, “In Memoriam Xavier Vilanova Montiú”, Medicina Clínica, 44, (1965), págs. 370-374; C. Bonmati, “El saber y sentir dermatológico del profesor Vilanova Montiu”, en Medicamenta, año XXIV, n.º 423 (1966), págs. 36-37; J. Piñol I Aguadé, “Semblanza del profesor Xavier Vilanova i Montiú”, en Anales de Medicina y Cirugía, 232, (1973), págs. 135-162; J. M. Calbet i Camarasa y J. Corbella i Corbella, Diccionari Biogràfic de Metges Catalans, vol. III, Barcelona, Editorial Rafael Dalmau, 1983, págs. 166-167; J. Corbella, Història de la Facultad de Medicina de Barcelona. 1843-1985, Barcelona, Fundación Uriach, 1996, págs. 314-315; M. Díaz-Rubio, 100 médicos españoles del siglo XX, Madrid, You & Us, S.A., 2000.

 

Manuel Díaz-Rubio García