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Joaquín Ignacio Mencos y Manso de Zúñiga

Biografía

Mencos y Manso de Zúñiga, Joaquín Ignacio. Conde de Guendulain (VIII). Pamplona (Navarra), 6.VIII.1799 – 20.I.1882. Político y literato.

Hijo de una de las familias de la vieja nobleza navarra, cuyas alianzas matrimoniales había logrado emparentarla con lo más selecto de la nobleza de dicho reino, fueron sus padres Joaquín Mencos Eslava y Manuela María Manso de Zúñiga Areizaga. Su padre ocupó diversos cargos locales durante la administración napoleónica, lo que no fue obstáculo para que se le encomendaran responsabilidades tras la restauración fernandina.

Su padre y su cuñado, el marqués de Vesolla, fueron próceres del reino.

El 28 de abril de 1828, se casó con Concepción Elío Leyzaun, hija del capitán general Francisco Javier Elío, quien fue fusilado en Valencia en 1822 acusado de actividades en contra de la Constitución. Tras el fallecimiento de su esposa, se casó con María del Pilar Ezpeleta y Aguirre Zuazo, hija del teniente general José María de Ezpeleta y Enrile, conde de Ezpeleta de Beire, y de María de las Nieves de Aguirre Zuazo y Acedo, duquesa de Castroterreño. Su hijo Joaquín María Mencos y Ezpeleta fue senador por derecho propio entre 1894 y 1896.

Las relaciones familiares de Joaquín Ignacio Mencos son una auténtica telaraña que afecta a numerosos prohombres de la política navarra y de la española. Su tío Manuel Manso de Zúñiga y Areizaga Villarreal estaba casado con Ana María Ezpeleta, por lo que era concuñado de Pedro Agustín Girón, marqués de las Amarillas y duque de Ahumada. También era tía suya María Isabel Ximénez Navarro y Hurtado de Mendoza, hija de los condes de Rodezno, y casada con Fausto María Elío Enríquez de Navarra, marqués de Vesolla.

Una hermana de su padre, Dolores, estaba casada con Luis Domingo Contreras Girón, marqués de Lozoya.

Su tío José María Mencos, brigadier, estaba casado con Mariana Fernández de Córdoba, tía de Luis y Fernando Fernández de Córdoba. Fausto Elío Jiménez Navarro, diputado navarro, era primo suyo.

Sus primeros estudios los realizó en Pamplona, junto con sus primos, bajo la dirección de Alberto Lista, quien le instruyó en Matemáticas, Historia, Lenguas y Literatura, a cuyo cultivo se aficionó en dicho período.

A través de su maestro conoció a Manuel José Quintana, quien se hallaba preso en la ciudadela navarra.

Miembro de una familia de larga dedicación a la política, Mencos intervino activamente en ella desde su juventud. Participó en las Cortes Generales del reino de Navarra correspondientes a los años de 1817-1818, como representante del brazo militar. En ellas se mostró contrario al traslado de las aduanas del Ebro. Posteriormente ocupó puestos de responsabilidad local y provincial.

Al producirse la sublevación de 1820, Mencos mostró ciertas reticencias hacia la nueva Constitución.

Formó parte de la Milicia Nacional, que en Navarra actuó como freno de los grupos revolucionarios que capitaneaba Espoz y Mina. Las tensiones políticas en que se debatía Navarra, le indujeron a trasladarse a Madrid el 3 de noviembre de 1821, en donde frecuentó las clases del Ateneo que impartía Alberto Lista. Permaneció en la capital hasta marzo de 1825, razón por la cual fue testigo de la vida política madrileña del Trienio Liberal, hecho que pesó notablemente en su adscripción al moderantismo.

Aunque afincado en Pamplona durante los últimos años del reinado de Fernando VII, realizó viajes a Zaragoza (1826), Andalucía (1827), Madrid (1830) y Cataluña (1832-1833).

En 1831, resultó vencedor en un premio de poesía sobre el “cerco de Zamora por el rey don Sancho II”, convocado por la Real Academia Española. Fernando Corradi recibió el accésit.

En 1833 formó parte del Ayuntamiento de Pamplona, que estaba compuesto mayoritariamente por partidarios de don Carlos. Toda la familia Mencos jugó un importante papel en el apoyo de la opción isabelina en Navarra. El Ayuntamiento le eligió el 3 de febrero de 1834 para representarle en la Diputación en sustitución de Joaquín Lecea, cuyas proclividades carlistas eran más que evidentes, por lo que formaba parte de la Diputación navarra que fue condenada a muerte por Zumalacárregui a principios de 1834. A mediados de dicho año era designado como unos de los pudientes encargados de proponer las personas que debían elegir los procuradores.

La posición de su familia en el bando liberal, hizo que Mencos fuese asumiendo papeles cada vez más importantes.

La Diputación le comisionó a Madrid para discutir con el Ministerio de Hacienda cuestiones relacionadas con atrasos de contribuciones, al tiempo que el general Quesada le encargaba que instruyese al Gobierno sobre la situación de la sublevación. Una vez en la capital, protestó asimismo contra el principio uniformador que implicaba la convocatoria de Cortes del Estatuto Real, de acuerdo con las instrucciones que tenía de la Diputación.

En el verano de 1834 regresó nuevamente a Madrid, con ocasión del destierro de su padre, orden que fue inmediatamente revocada. Durante su estancia en la corte realizó gestiones para la Diputación, a la que seguía perteneciendo, y cultivó su afición a la literatura escribiendo en El Artista, cuyos directores eran Eugenio Ochoa y Federico Madrazo. El 17 de mayo de 1835 presentó la dimisión. Regresó a Pamplona en la primavera de 1836 al objeto de preparar las elecciones convocadas por el Gobierno Istúriz y en las que resultó elegido diputado por Navarra, con el apoyo del general Luis Fernández de Córdoba.

En julio de dicho año volvió a Madrid para participar en las labores legislativas. Estando en Segovia le sorprendió la sublevación de los sargentos de La Granja.

La inestable situación del país le aconsejó permanecer en Madrid, hasta el verano de 1837, en que se trasladó a Francia ante el temor de ser víctima de las iras de los progresistas. Su auto-exilio duró algo más de un año, y en octubre de 1838 se encontraba nuevamente en Madrid.

A finales de 1839 regresó a Navarra para participar en la batalla electoral, siendo elegido diputado. Es indudable que tuvo cierta influencia en la determinación de la política moderada de esos meses de inestabilidad política en el país. Dicha legislatura estuvo dominada por la discusión de la Ley de Ayuntamientos que tanto influjo tuvo en la evolución de los acontecimientos. Al cerrarse las Cortes, regresó a Navarra, en donde, tras la renuncia de la Reina Gobernadora, se gestaba un levantamiento en favor de María Cristina.

Su casa era sede de una tertulia de signo moderado, a la que asistían algunos militares desafectos a Espartero, como el general O’Donnell. Mencos asegura que no participó en los preparativos de la sublevación de 1841 a pesar de que estaba al corriente de ellos, sin embargo los amotinados le designaron para presidir la Diputación, restableciendo la existente en julio de 1836. De esta forma se convirtió en la máxima autoridad política de la sublevación en Navarra.

Para huir de la represión posterior pasó a Francia, regresando tras la sublevación anti-esparterista de 1843.

La Reina le nombró gentil hombre de Cámara con ejercicio en premio de su fidelidad. Poco después era elegido alcalde de Pamplona (1844) y en octubre del mismo año diputado por Navarra en las Cortes que discutieron la nueva Constitución. En 1849 la Reina le nombró senador vitalicio. Dos años más tarde, durante el período en que el marqués de Miraflores fue ministro de Estado, le encomendó formar parte de la comisión de límites con Francia, que fracasó en su intento por llegar a una solución.

En 1853, Mencos decidió apoyar al Gobierno de Sartorius, con el fin fundamental de contener los principios revolucionarios, pero tras el enfrentamiento entre Gobierno y Senado, Mencos optó por una retirada temporal de la política. En esta actitud se mantuvo durante el Bienio Progresista. Para huir de la epidemia de cólera se trasladó a Francia, en donde permaneció varios meses.

Su mayor compromiso con la política tuvo lugar en 1858, cuando Javier Istúriz le llamó a desempeñar el Ministerio de Fomento (15 de enero de 1858), en el que estaba acompañado por su pariente Fermín Ezpeleta, que desempeñaba la cartera de Guerra. La presión de la Unión Liberal y las disensiones en el gabinete provocaron su disolución. A partir de este momento Mencos se dedicó exclusivamente a su actividad senatorial, pues el período de gobierno de la Unión Liberal significó para él un claro alejamiento de la actividad política.

Repuesto Narváez en la presidencia del Consejo de Ministros, se le nombró miembro del Consejo de Instrucción Pública, siendo director general del ramo Severo Catalina. La disolución del Partido Moderado afectó también a Mencos, que se negó a apoyar al Gobierno de González Bravo. Tras la Revolución de 1868, continuó siendo fiel a Isabel II, de quien era uno de sus consejeros y se negó a aceptar la nueva situación derivada de los sucesos revolucionarios.

Resultó elegido diputado en 1836, 1840 y 1844. Fue senador vitalicio desde 1849 hasta 1868, y desde 1877 hasta su muerte. Durante su actividad parlamentaria intervino varias veces en defensa del sistema foral de Navarra.

Estuvo en posesión de los siguientes honores y títulos nobiliarios: conde de Guendulain (VIII) y del Fresno de la Fuente, marqués de la Real Defensa, barón de Bigüezal, alcaide perpetuo hereditario de los Reales Alcázares de Tafalla, gentilhombre de Cámara con ejercicio, caballero maestrante de Sevilla. El 25 de febrero de 1864 le fue concedida la Grandeza de España de 1.ª Clase unida al título de conde de Guendulain. Estaba en posesión de la Gran Cruz de Carlos III (30 de julio de 1852). Individuo de número de la Real Academia Española: honorario (3 de noviembre de 1836), supernumerario (24 de enero de 1839) y de número (14 de mayo de 1840).

 

Obras de ~: El cerco de Zamora por el Rey D. Sancho II de Castilla. Poema premiado por la Real Academia Española, Madrid, Imprenta Real, 1833; “Inés o guerras civiles de Navarra en 1452 [poema]”, en Revista de Madrid, I (1841) (3.ª serie), págs. 413- 435; Discurso que con ocasión de la apertura del curso escolástico de 1848 a 1849 en el Instituto provincial de 2.ª Enseñanza y de 1.ª clase de Pamplona leyó el M. I. Sr. D., Pamplona, F. Erasun y Rada [1848]; “Memoria leída por el Sr. Presidente [de la Asociación Euskara] el Excmo. Barón de Bigüezal en el Batzarre de 11 de julio de 1880”, en Revista Euskara (RE), II (1880), págs. 212-216; “Romances históricos. El príncipe de Viana, octubre del año de 1452”, en RE, III (1880), págs. 289-298 [también en Euskal Erria, XVII (1887), págs. 333-336, 364-369; y parte en Boletín de la Comisión de Monumentos históricos y artísticos de Navarra, XI (1920), págs. 33-36]; Memorias de D. Joaquín Ignacio Mencos, Conde de Guenduláin 1799-1882, Pamplona, Diputación Foral de Navarra, 1952.

 

Fuentes y bibl.: Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores, Condecoraciones, leg. 175; Archivo del Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo, leg. 5438; Archivo de la Real Academia Española, Exps. personales, 20-8; Archivo del Senado, leg. 211, exp. 1; leg. 210, exps. 1 y 2; Servicio Histórico Militar, Exps. personales, rollo 34, leg. M-5; Archivo del Congreso de los Diputados, Serie documentación electoral, 17 n.º 5, 19 n.º 21, 24 n.º 52 y 26 n.º 13.

J. Iturralde Suit, “El Conde de Guendulain (apuntes biográficos)”, en RE, V (1882), págs. 373-384; Marqués de Molins, Noticia biográfica del Excmo. señor don Joaquín Mencos, Conde de Guendulain, de la Real Academia / leída en sesión de la misma por el Marqués de Molins, Madrid, Imprenta de Manuel G. Hernández, 1882; E. Urrutia, “Galería biográfica de vascos ilustres. Joaquín Ignacio Mencos”, en Euskalerriaren alde, VII (1917), págs. 568-569; H. Juretschke, “El siglo xix visto por un navarro isabelino”, en Arbor, XXVI (1953), págs. 314- 322 (comentario de las memorias); VV. AA., Diccionario biográfico de los Parlamentarios de Vasconia (1808-1876), Vitoria, Eusko Legebiltzarra, Parlamento Vasco, 1993; V. Herrero Mediavilla (ed.), Archivo Biográfico de España, Portugal e Iberoamérica, München, K. G. Saur, 2002, edición I ficha 417 fotogramas 277-279; ficha 591 fotogramas 100-101; edición II ficha 584 fotogramas 74-97.

 

José Ramón Urquijo Goitia