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Alonso Deza

Biografía

Deza, Alonso. Alcalá de Henares (Madrid), 12.II.1530 – Toledo, 29.I.1589. Teólogo jesuita (SI) y escritor.

Era ya maestro en Artes cuando entró en la Compañía de Jesús en Alcalá de Henares en 1558; además de bachiller en Teología en esa ciudad complutense y haberse empleado por espacio de tres años para obtener el grado de doctor. En realidad, no contaba con ningún contacto con los jesuitas, salvo la asistencia a algunos de sus sermones. Hizo los ejercicios espirituales, como era habitual, en el Colegio de Alcalá.

Por entonces estaba opositando a una cátedra de artes y se tenía por seguro que él la iba a ganar. Una inestabilidad de salud aceleró su entrada en la compañía y la renuncia a su carrera universitaria. Tres meses duró su segunda probación en el noviciado de Simancas, el primero de España, todavía en vida de Ignacio de Loyola, aunque cuando Alonso Deza estuvo allí, gobernaba la compañía el segundo prepósito general Diego de Laínez. Por entonces el noviciado de Simancas se hallaba a punto de ser cerrado.

Poco tiempo después leía Teología en el mencionado Colegio de Alcalá. Habrían de discurrir, a partir de entonces, veintitrés años desde 1559. Fue elector por la provincia de Toledo en la Congregación General IV de 1581, en que fue elegido el napolitano de treinta y ocho años Claudio Aquaviva. Formó parte de la comisión para la elaboración de la Ratio Studiorum, la carta magna pedagógica de la compañía. Un documento que habría de ser probado y reelaborado a partir de la experiencia. En 1587 asistió a la Congregación de procuradores. Para entonces ya había sido nombrado prepósito de la casa profesa de Toledo, uno de los primeros domicilios que se establecieron de este tipo en la asistencia de España, después de que lo hubiese dispuesto la Congregación General II en 1566. Eran casas dedicadas al perfeccionamiento del grado de los profesos, que se mantenían únicamente de limosnas.

Como teólogo fue muy distinguido, especialmente fuera de la Compañía de Jesús. Su maestro fue el dominico fray Pascual Mancio de Corpus Christi, el cual afirmó de Alonso de Deza que se trataba de uno de los más destacados teólogos que había conocido en el mundo universitario: “Una de las mejores piezas de España en letras”. Tanto Martín de Azpilcueta como el también dominico fray Domingo Báñez, lo consideraron uno de los más adecuados comentaristas de santo Tomás. Sin embargo, divergía del doctor Angélico en lo que se refería a la doctrina de la concepción inmaculada de la Virgen María. Como experto en la teología de santo Tomás de Aquino, Aquaviva le pidió que analizase las doctrinas que eran mantenidas por los jesuitas en sus cátedras. Alonso Deza consideró que la compañía, en el magisterio, se estaba apartando del doctor Angélico, siendo menester una imposición acerca del mismo, salvo en la mencionada cuestión mariana de la concepción inmaculada. Le satisfacía a este jesuita que su informe fuese examinado por otros importantes miembros de la compañía. Roberto Bellarmino, por iniciativa de Aquaviva, consideró la adopción de un tomismo estricto como una medida no excesivamente beneficiosa, difícil, casi imposible y nunca necesaria.

Precisamente, el tomismo estricto de Deza y sus lecciones extensas le acarrearon su relevo en la cátedra, a pesar de haber sido conocido como el “maestro de los maestros”. Fue un profesor polémico que generó más de una controversia. Así, cuando en 1567 acudían numerosos oyentes a sus lecciones, el rector de la Universidad de Alcalá prohibió la asistencia a las mismas, aunque al mismo tiempo los estudiantes consiguieron una provisión real que anulaba esa disposición. Años después, en 1574, el prepósito general Everardo Mercuriano le mandó ordenar sus lecciones y enviarlas a Roma. Una medida que Alonso Deza no aceptó, pues consideraba que carecía del tiempo para realizarlo y que su latín era insuficientemente elegante. El camino fue pedir a Mercuriano que acudiese a alguno de sus discípulos que vivían en Italia y que ya ocupaban cátedras en aquellas universidades.

En la importante controversia de la gracia o de auxiliis, continuó lo dispuesto por el mencionado dominico y maestro suyo, fray Pascual Mancio, lo que habría de ser prólogo de lo desarrollado posteriormente por Luis de Molina. Deza, además, se mostró como un destacado conocedor en Sagrada Escritura y Patrística, en lo que respecta a la teología positiva. No era sólo un profesor insigne, sino que destacó como predicador, confesor y hombre de gobierno dentro de la compañía. Felipe II acudió a él, en la consulta que debía realizarle acerca de su legitimidad a aspirar o aceptar la corona portuguesa, tras la desaparición de su sobrino Sebastián I en Alcazarquivir. En su respuesta, el jesuita se mostró partidario del uso de las armas en esta empresa política para atajar los sectores de oposición. Una postura por la cual le criticaron otros jesuitas habituales en la reflexión política, como Pedro de Ribadeneira.

En su labor como publicista, Deza tradujo a la lengua latina seis tratados escritos por Francisco de Borja.

Sus manuscritos teológicos se conservaron en Alcalá y en el Colegio Imperial de Madrid, hasta que fueron expulsados del mismo los jesuitas en 1767. Se mostró García de Loaysa, arzobispo de Toledo, muy interesado de contar con una copia de las mismas para la Biblioteca de San Lorenzo de El Escorial. Ribadeneira le consideró en su Catálogo de escritores de 1608 como una de las autoridades teológicas más citadas por los discípulos que habían pasado por las aulas leyendo sus lecciones. Nicolás Antonio subrayó una actitud muy elogiosa hacia él en su Bibliotheca. Precisamente, este último le atribuye el libro acerca De la oración mental, supuestamente publicado en Lima. José Eugenio Uriarte dudó de su existencia. Según afirma Nieremberg en su biografía incluida en la serie de “Varones Ilustres”, el prestigio de Alonso Deza lo quiso ver Felipe II coronado, al ofrecerle la sede primada, disposición a la que se negó el teólogo jesuita.

 

Obras de ~: Opuscula quaedam pia illustrissimi viri Francisci Borgiae Gandiae Ducis, Salamanca, apud haeredes Mathiae Gastii, 1579; “De nimia professorum theologiae opinando libertate cohibenda”, en Collectanea de Rationem Studiorum Societatis Iesu (1588-1662), Monumenta Paedagogica, 7, Roma, Institutum Historicum Societatis Iesu, 1992, vol. 141, págs. 57 y ss.; De la oracion mental, qui Limae Indorum editus fuit (cfr. Nicolás Antonio, op. cit., pág. 21).

 

Bibl.: P. Ribadeneira, Catalogus scriptorum Religiones Societatis Iesu, Antvuerpiae, ex officina Plantiniana, 1613 (2.ª ed.), págs. 10-12; J. E. Nieremberg, Vidas ejemplares y venerables memorias, Madrid, por Alonso de Paredes, 1647; B. Alcázar, Chrono-Historia de la Provincia de Toledo y elogios de sus varones ilustres, vol. I, Madrid, por Juan García Infanzón, 1710, pág. 355; N. Antonio, Bibliotheca Hispana Nova, Madrid, apud Joachinum de Ibarra Typographum Regium, 1783, pág. 21; A. Astrain, Historia de la Compañía de Jesús en la Asistencia de España, vol. II, Madrid, Razón y Fe, 1914, págs. 61-62; C. Dalmases y J. F. Gilmont, “Las obras de San Francisco de Borja”, en Archivum Historicum Societatis Iesu, 30 (1961), págs. 125-179; F. B. Medina, “Deza, Alonso”, en Ch. E. O’neill (S.I.) y J. M.ª Domínguez (S.I.) (dirs.), Diccionario Histórico de la Compañía de Jesús. Biográfico-Temático, Roma-Madrid. Institutum Historicum, S.I.-Universidad Pontificia Comillas, 2001.

 

Javier Burrieza Sánchez