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Francesc Santponç Roca

Biografía

Santponç Roca, Francesc. Barcelona, 1.X.1756 – 11.IV.1821. Médico, ingeniero.

Nieto de farmacéutico e hijo de médico, Francesc Santponç nació en Barcelona en 1756. Después de una formación inicial en el Seminario Episcopal, por tradición familiar, cursó estudios de Medicina en la Universidad de Cervera, que había de completar posteriormente en Barcelona, Huesca. Viajó a Montpellier, Toulouse y París, donde amplió sus estudios de Medicina y recibió cursos de Física, Matemáticas y Mecánica. Muy pronto había de empezar a manifestar un especial interés por la mecánica aplicada. En 1784, y en colaboración con Francesc Salvá, y con el carpintero Pere Gamell, Santponç inventó una máquina para agramar el cáñamo y el lino, una operación que permitía separar las fibras textiles de la parte leñosa de la planta. Entre 1786 y 1792, leyó en la Real Academia de Ciencias Naturales y Artes de Barcelona unas memorias sobre obras hidráulicas, la fuerza animal y la eólica (del viento), y sobre las leyes mecánicas de diferentes medios de transporte.

En 1789, fue nombrado revisor de la Dirección de Estática e Hidrostática de la Academia, y fue su director en 1799. Dedicó buena parte de su talento al estudio de instrumentos científicos para la medición de las condiciones del aire y del agua (termómetros, barómetros, densímetros) y al diseño y fabricación de diversas máquinas. Disertó en público sobre las virtudes o defectos de varias máquinas para elevar pesos, sobre los molinos de viento, como alternativa a la energía hidráulica hasta entonces hegemónica, o sobre una máquina de vapor llamada de Savery que constituía un paso clave en el desarrollo de ese nuevo tipo de energía.

Entre 1804 y 1806, en colaboración con el fabricante de indianas (tejidos estampados de algodón) Jacint Ramon, Santponç lideró la construcción de tres máquinas de vapor. Su trabajo quedó reflejado en un documento de Santponç titulado “Noticia de una nueva bomba de fuego”, probablemente una memoria leída en la Academia de Ciencias de Barcelona, y que ha sido recuperada por el historiador Jaume Agustí. En ella, Santponç realizaba un recorrido histórico por los antecedentes de las llamadas bombas de fuego, y justificaba la importancia de esos inventos del pasado para el desarrollo de futuras máquinas. Su narración se remontaba a la simple máquina de Papin de finales del siglo xvii, pasando por las de Savery y Newcomen, para llegar hasta las patentes de James Watt en las últimas décadas del siglo XVIII.

En su proyecto, se trataba de construir tres máquinas: una de tipo Newcomen para extraer el agua de las minas, intentando mejorar algunos de los problemas asociados a ese tipo de máquinas (accidentes, explosiones, y el precio de carbón mineral). La segunda máquina a construir era de James Watt de doble efecto, a pequeña escala experimental, que posteriormente se había de convertir en la tercera, un modelo análogo de doble efecto, pero a gran escala. Los objetivos de Santponç se plasmaban en su “Noticia” en los términos siguientes: “Con los expresados medios de usar de la grande potencia de la bomba de fuego, podrá cualquier maquinista aplicarla a infinitos ramos de industria, para sacar agua, hilar, cardar, peñar, tejer, torcer, devanar, beneficiar minas, tirar metales, moler granos, y otras materias, limpiar puertos, llenar o desaguar diques, profundizar canales de navegación, y en una palabra aplicarla a infinitos otros objetos importantes. Yo espero que la sencillez y corto número de piezas con que la bomba de vapor de registro, que presento a la nación española, ejecuta sus operaciones, ha de tener un influjo decidido a favor de nuestra industria nacional; a lo menos puedo decir que éste ha sido el objeto y fin de mis desvelos”.

A pesar de lo ambicioso del proyecto inicial, éste sólo fue aplicado con éxito a la elevación de aguas subterráneas, con el agravante de la invasión napoleónica de 1808 que interrumpió todo el trabajo. De hecho, la aplicación real de esas nuevas máquinas a los ingenios textiles de Ramón ha sido puesta en duda por los historiadores.

Según la “Noticia”, la intención del empresario era: “[...] la construcción de una bomba de fuego que deseaba tener en su casa para cardar, hilar, subir agua y ejecutar otras operaciones en su fábrica conforme había oído decir que lo ejecutaba la famosa máquina de Manchester en Inglaterra”. Sin embargo, aunque la máquina de doble efecto parece que sobrevivió a la guerra, la falta de carbón asequible y el recelo de los algunos fabricantes la convirtieron en un objeto sin utilidad práctica.

Habría que esperar a la década de 1830 para tener constancia de las primeras aplicaciones concretas de máquinas de vapor a la industria en Cataluña. A pesar de ello, la aportación de Santponç es de un gran valor histórico, y demuestra el alto grado de conocimiento de la nueva energía del vapor cómo en Barcelona en los primeros años del siglo XIX. La transferencia del saber tecnológico desde Gran Bretaña y Francia se había producido.

Además de su consolidación pública como experto en mecánica, Santponç nunca renunció a ejercer como médico. En 1804, fue nombrado vicepresidente de la Academia Médico-práctica de Barcelona, una institución que había sido fundada en 1770, como complemento del trabajo de los médicos universitarios con variados programas encaminados a la promoción de la salud pública. En ese contexto, Santponç trabajó y leyó memorias científicas sobre el magnetismo y sus aplicaciones medicinales, que se creían muy prometedoras desde finales del siglo XVIII, así como las terapias con electricidad.

En 1786, y en colaboración con Francesc Salvá elaboró un plan topográfico de las aguas minerales de Cataluña, una actividad que se reforzaba con frecuente correspondencia con la Société Royale. Santponç trabajó también en el análisis químico de aguas minerales medicinales, otro de los temas de gran interés en esa época. En el siglo XVIII, una vez recuperados, los textos hipocráticos sobre los aires, las aguas y los lugares, se atribuía a estos factores una influencia muy notable en la aparición de epidemias y enfermedades, de manera que había que tener en cuenta la meteorología, el clima, la vegetación de la región, o las estaciones del año como parte inseparable de la práctica médica. La Société confeccionaba tablas de las observaciones meteorológicas, datos útiles para analizar posibles cambios bruscos de las condiciones ambientales que pudieran explicarlos problemas sanitarios.

Se trataba de herramientas clave para el desarrollo de las topografías médicas, que tanto habían de influir en Santponç y en los miembros de la Academia médico-práctica barcelonesa.

En 1787, leyó una memoria premiada por la Société Royale de París —una institución de referencia para la Academia médico-práctica— por su eficaz respuesta al problema de: “Indagar cuáles son las causas de la enfermedad aftosa llamada comúnmente muguet, millet, blanchet, a la cual están sujetos los niños, con especialidad cuando se reúnen en los hospitales desde el primero hasta el tercero o cuarto mes de su nacimiento, cuáles son sus síntomas, cuál su naturaleza, su preservativo y modo de curarla”.

En 1804, Santponç ocupó la Cátedra de Matemáticas que tenía la Academia de Ciencias de Barcelona como parte de sus actividades docentes. En 1806, fue nombrado director de la Escuela de Estática e Hidrostática, conocida también como Escuela de Mecánica, que la Junta de Comercio de Barcelona. Dos años más tarde, el día 2 de enero de 1808, se inauguraba oficialmente la Escuela con la vocación de difundir sus conocimientos a hacendados, labradores, propietarios, artesanos, navegantes o incluso rectores de parroquia, para que pudieran conocer, entre otras, las máquinas recientemente inventadas para elevar agua a la superficie y así poder irrigar los campos de cultivo, o aplicar los principios de la mecánica a las herramientas usadas por los artesanos, o a la navegación. En aquella época, la llamada mecánica racional aplicaba el cálculo infinitesimal a sólidos ideales. Estudiaba cuerdas vibrantes, vigas, o la rigidez o la elasticidad de los cuerpos. Se intentaba demostrar la aplicabilidad de la física de Newton a cualquier cuerpo terrenal o celeste.

Santponç seguía el newtonianismo, pero, pretendía darle a sus estudios de mecánica un cariz claramente aplicado y utilitario. En sus propias palabras: “no se trata de formar newtones, sino artistas, fabricantes y hacendados útiles que puedan discurrir con solidez y fundamento”.

Santponç habría de convertir esa Escuela en una plataforma de difusión de los fundamentos de la mecánica, de los saberes mecánicos de los artesanos y de los ingenieros de la primera industrialización, así como del desarrollo matemático de las tres leyes de Newton aplicadas al estudio de diversos objetos físicos reducidos a unas cuantas variables idealizadas.

Lamentablemente, sin embargo, justo después de la inauguración, la invasión napoleónica de 1808 interrumpió los planes de trabajo, que no se reanudarían plenamente hasta 1814. En 1813, al igual que hicieron otros miembros de esa generación de médicos ilustrados catalanes desde su exilio intelectual ante la ocupación francesa, Santponç publicó algunos textos programáticos: Sobre las Escuelas de Mecánica, Sobre las reformas de la medicina militar. Se trataba de panfletos de reforma educativa ligados al proyecto liberal de las Cortes de Cádiz, al que se sentía muy unido.

En 1814, se reanudó la actividad de la Escuela de Mecánica. Las clases de Estática e Hidrostática se completaron además con la reapertura del llamado Gabinete de Máquinas bajo la dirección de Gaietà Faralt, otro de los expertos mecánicos de la ciudad. Esa especie de museo de máquinas que tenía un referente real en el Gabinete de Máquinas de Madrid, fue de gran utilidad para la docencia de Santponç. Contaba con reconstrucciones de máquinas agrícolas y textiles, con herramientas artesanas, algunos instrumentos científicos, planos y dibujos de ingenios para gravar, pintar, estampar, elevar aguas, cargar y descargar barcos, y también el esquema de una máquina de vapor de doble efecto.

Santponç practicaba una enseñanza de la Mecánica poco matematizada o teórica, y muy basada en las demostraciones prácticas. Era un seguidor de la obra del ingeniero francés Gaspard Riche Prony, Nouvelle Architecture Hidraulique, publicada en París entre 1790 y 1796, y había asimilado buena parte de los grandes inventos de la revolución industrial inglesa a través de la literatura francesa de la época. También adaptó el llamado método tecnográfico, desarrollado en l’Ecole Polytechnique para la enseñanza, que consistía en la elaboración de cuadros sinópticos con las principales definiciones, los conceptos básicos y las leyes de la mecánica Como libro de texto, Santponç tradujo el Traité Elémentaire de Mécanique et hidrodinamique (1784) del abate Saurí, profesor de Matemáticas en la Universidad de Montpellier, a partir del cual elaboró sus Principios de Mecánica.

En 1815, Santponç empezó su intensa colaboración con la revista de la Junta de Comercio de Barcelona, Memorias de Agricultura y Artes, en la que se erigió como le máximo responsable de la parte de mecánica, y donde colaboraba mensualmente comentando las innovaciones mecánicas que le llegaban del extranjero, sobretodo de Francia. En 1816, Santponç publicó allí precisamente en un artículo de la citada revista su testamento intelectual sobre las máquinas de vapor y su participación en la construcción de las mismas, donde narraba con todo detalle la historia de los ingenios del vapor, sobretodo centrado en la aportación de James Watt, y el papel de Agustín de Betancourt en la transferencia de esa tecnología. Publicó también varios trabajos sobre nuevas máquinas, puentes, ferrocarriles e inventos diversos.

Se imprimían 500 ejemplares de cada número mensual Memorias de Agricultura y Artes. Solían contener copias, traducciones de invenciones ajenas adaptadas a los problemas locales concretos. Muchas de las máquinas reproducidas en forma de grabados en las Memorias eran expuestas en el Gabinete de Máquinas.

Buena prueba del interés de Santponç por la asimilación de las novedades tecnológicas extranjeras era por ejemplo su intención aplicar la máquina de vapor a la navegación en Cataluña, tal como lo mostraba en su artículo en Memorias de Agricultura y Artes en 1817: “En una época feliz en que afortunadamente se fija la atención en Cataluña a proporcionarnos canales de riego y de navegación [...] parece ser ya una obligación del Redactor de la parte de Mecánica de este periódico el proporcionar y difundir cuantas luces y cuantos descubrimientos se presenten en cualquiera parte del mundo, que puedan ser útiles a nuestra navegación interior”.

El final de la revista, en 1821, coincidió con una importante epidemia de fiebre amarilla en la ciudad, uno de los problemas de salud pública que tanto habían preocupado a Santponç desde su atalaya de la Academia Médico-Práctica. En mayo de 1821, la sección de mecánica de las Memorias se abría con un preámbulo de Cristóbal Montiu encargado de llenar esa parte de la revista ante la muerte del admirado “Doctor Santponç”.

 

Obras de ~: Principios de Mecánica. Obra útil a los artistas, fabricantes, hacendados, Barcelona, Sierra y Martí, s. f.; con F. Salvá Campillo, Disertación sobre la explicación y uso de una nueva máquina para agramar cáñamos y linos, Imprenta del Real, Madrid, 1784; Análisis de las aguas minerales de Gavá en el Principado de Cataluña / por el Dr. D. Francisco Sanponts [...], Viuda Piferrer, Barcelona, 1791; “Noticia sucinta del origen y progresos de la máquina de vapor”, en Memorias de Agricultura y Artes (MAA), 3, 1816, págs. 81-96 y 125-143; Discurso inaugural que con motivo de adoptarse el método de enseñanza llamado technografico en la escuela gratuita de mecanica de la Real Junta de Gobierno del Comercio del principado de Cataluña dixo Francisco Sanponts [...], Barcelona, Dorca, 1816; Tabla general de los mapas technograficos arreglados para el uso de la escuela gratuita de mecanica de la Real Junta de Gobierno del Comercio de Cataluña; por Francisco Sanponts, Barcelona, Dorca, 1816; “Navegación interior. Descripción de un barco movido por una máquina de vapor, empleado en Inglaterra para la navegación de ríos y canales”, en MAA, 4 (1817), págs. 89-96; “Descripción de un barco para navegar por los canales por medio de remos volantes movidos por el vapor”, en MAA, 6 (1818), págs. 38-48; con J. Coromina Faralt, Máquina para agramar cañamos y linos [...] D. Franco. Sanpons la dibujo, Barcelona, 1819; “Perfecciones añadidas a las máquinas de vapor y medio de construirlas sin émbolos por Mr. Moult”, en MAA, 12 (1821), págs. 90-96; J. Iglésies, “La Real Academia de Ciencias Naturales y Artes en el siglo XVIII”, en Memorias de la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona, 3.ª época, n.º 707 (1964).

 

Bibl.: A. Ruiz Pablo, Història de la Real Junta Particular de Comercio de Barcelona (1760-1847), Barcelona, Cámara de Comercio, 1919; J. M.ª López Piñero et al., Diccionario histórico de la Ciencia moderna en España, vol. II, Barcelona, Península, 1983, págs. 301-303; J. Agustí Cullell, Ciència i Tècnica a Catalunya en el segle XVIII. La introducció de la màquina de vapor, Barcelona, Institut d’Estudis Catalans, 1983; C. Puig-Pla, “L’establiment dels cursos de mecànica a l’Escola Industrial de Barcelona (1851- 52). Precedents, professors i alumnes inicials”, en Quaderns d’Història de l’Enginyeria, 1 (1996), págs. 127-196; “El gabinete de máquinas, la escuela de mecánica y la cátedra de maquinaria de la Junta de Comercio de Barcelona (1804-1850)”, en J. L. García Hourcade et al. (coords.), Estudios de Historia de las Técnicas, la Arqueología Industrial y las Ciencias, Salamanca, Junta de Castilla y León, 1998, págs. 211-222; A. Nieto-Galan y A. Roca-Rosell (eds.), La Reial Acadèmia de Ciències i Arts de Barcelona en els segles XVIII i XIX. Història, ciència i societat, Barcelona, IEC-RACAB, 2000; A. Nieto-Galan, La seducción de la máquina. Vapores, submarinos e inventores, Madrid, Nivola. Novatores, 2001.

 

Agustí Nieto-Galán