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José Augusto Sánchez Pérez

Biografía

Sánchez Pérez, José Augusto. Madrid, 30.XI.1882 – 13.XI.1958. Científico, historiador.

Hijo de un catedrático del Instituto de Segunda Enseñanza de Zaragoza y auxiliar de la Universidad de esta ciudad, Mariano Sánchez Bruil, la niñez de José Augusto Sánchez Pérez se desarrolló en Tarragona, en cuyo Instituto su padre obtuvo una plaza al poco de nacer su hijo. Fue precisamente su progenitor, amigo y colaborador de Julián Ribera y de Pablo Gil, con quienes publicó en 1885 un libro titulado Textos aljamiados, quien le enseñó, siendo un niño, los alfabetos griego y árabe, iniciándole así en el estudio de estas lenguas, que junto al latín (que perfeccionó, una vez terminados sus estudios secundarios, recibiendo un curso particular de Miguel Asín Palacios), tanto le servirían en sus investigaciones históricas posteriores.

No obstante tales comienzos, eligió estudiar Ciencias, cursando la licenciatura de Ciencias Exactas en la Universidad de Zaragoza. El grado de doctor lo obtuvo en Madrid en 1905, con una tesis de Matemáticas titulada Cuaternios, bicuaternios y enecuaternios. Sin embargo, atraído por los estudios arabistas desestimó la investigación matemática original y se matriculó en el curso que explicaba en Madrid Asín Palacios y comenzó a trabajar en el Centro de Estudios Históricos de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. De hecho, empezó a estudiar la ciencia árabe antes de doctorarse, como explicó en la introducción de uno de sus últimos trabajos, el libro La ciencia árabe en la Edad Media (1954), donde escribió, al tiempo que revisaba el conjunto de su carrera: “Orientado y ayudado por mis íntimos amigos los eximios arabistas don Francisco Codera, don Julián Ribera y don Miguel Asín comencé mis investigaciones en el año 1902 y tuve a mi disposición sus tres magníficas bibliotecas particulares. Acogido amablemente por los Reverendos Padres Agustinos de la Biblioteca de El Escorial he estudiado todas las obras de Matemáticas árabes y no árabes que en ella existen. A la bondad de mi gran amigo don Pedro Longás y otros archiveros debo muchísimas notas tomadas en las secciones de ‘Raros’ y ‘Manuscritos’ de la Biblioteca Nacional. Si en mi labor existe algún mérito es únicamente el de la constancia, pues teniendo diariamente a mi disposición las bibliotecas de Codera, Ribera y Asín no puede extrañar el acopio de nombres y datos que he podido reunir al cabo de cincuenta años de asidua labor”.

En 1908 comenzó su carrera docente, al obtener una Cátedra de Matemáticas en el Instituto de Enseñanza Media de Baeza, del que pasó, por traslado, al de Jaén en 1910, y de éste, en 1914, al de Guadalajara, terminando finalmente en el Instituto Escuela de Madrid (promovido por la Junta para Ampliación de Estudios), al que se incorporó cuando fue fundado en 1918. Sus intereses docentes se manifestaron de diversas formas; así, en 1920 fundó una revista mensual titulada Recreo Escolar, de la que aparecieron trece números, y en 1943 publicó el libro Divertimentos matemáticos.

Instalado en la capital, en 1933 se incorporó como profesor eventual a la Escuela Superior Aerotécnica dirigida por Emilio Herrera, donde dio clases de Geometría Analítica.

Como se puede observar, Sánchez Pérez se movió al mismo tiempo en círculos matemáticos, docentes e históricos. Buena muestra de cómo combinó los, por ejemplo, dominios matemáticos e históricos son los artículos que escribió en revistas profesionales matemáticas, en los que abordaba temas históricos. Una muestra es el que apareció en el n.º 4 del 1.er volumen (1911) de la Revista de la Sociedad Matemática Española (asociación de la que fue secretario en 1934), en el que analizó la vida y obra de Chéber Benaflah. En esta misma revista publicó otros artículos biográficos sobre científicos españoles, como, entre otros, Leonardo Torres Quevedo o José Echegaray.

Su primer trabajo histórico de envergadura apareció en 1914: el libro Partición de herencias entre los musulmanes del rito malequí, en el que transcribió dos manuscritos aljamiados de la biblioteca del Centro de Estudios Históricos, encontrando la clave (perdida hacía siglos) para poder descifrar una tabla que permitía efectuar rápidamente y con sencillez cualquier división de herencias con arreglo al código musulmán de sucesiones. En la biblioteca del Monasterio de El Escorial estudió más de un centenar de manuscritos matemáticos árabes, comenzando con uno que contenía el Álgebra de Abenbéder, que tradujo y transcribió en notación moderna, incluyendo al publicarlo (1916) una gran cantidad de notas y un estudio sobre la historia de la ciencia en España en el que señaló —muy posiblemente pensando, para negarlo, lo que José Echegaray había sostenido en 1866 en su discurso de entrada a la Real Academia de Ciencias de Madrid— que, “si bien es cierto que en España no nació ningún rival de Newton, Leibniz, Mac-Laurin, Copérnico, Lagrange ni Abel, tampoco puede negarse que en ella vieron la luz obras de Alfonso el Sabio, de Pérez de Moya, de Hortega y Cedillo, de Martínez Silíceo y Gaspar Lax. Si porque estos matemáticos no fueron genios comparables a aquéllos, hubiera de negarse la existencia de la Matemática española, caeríamos en igual absurdo que si negásemos la Geografía de España por la sola razón de que no tenemos cordilleras como el Atlas, ríos como el Missisipí, cataratas como las del Niágara, volcanes como el Vesubio o lagos como los de Suiza”. Comentando estas palabras, el también historiador de la matemática (además de novelista y periodista) Francisco Vera escribió: “Son tan admirables, son tan justas, son tan elocuentes estas palabras del señor Sánchez Pérez, que el mejor comentario es leer otras, también suyas, cuando luego de citar la tesis de Echegaray, reproducida por el Sr. Rey Pastor, de que no tenemos derecho a enorgullecernos con las glorias de los árabes españoles, dice: ‘Nosotros afirmamos, por el contrario, y se puede demostrar sin esfuerzo, que en la historia de las Matemáticas en España ha de incluirse también aquella época de esplendor, cuya gloria se reconoce, aunque regateándosela a España para dársela al pueblo musulmán; no se quiere que la ciencia sea española, y se la denomina árabe, como si en aquella civilización de los siglos viii al xv no corriera sangre española por las venas de todos los matemáticos hispano-musulmanes que nos han legado tantas obras de su ingenio, inexploradas hasta la fecha”.

Utilizando también otros manuscritos árabes de la Biblioteca Nacional, en 1921 publicó una de sus obras más importantes: Biografía de matemáticos árabes que florecieron en España, que la Real Academia de Ciencias de Madrid premió en un concurso de 1917.

También premiada por esta corporación fue su monografía sobre Las matemáticas en la Biblioteca de El Escorial, publicaba en 1929, que constituye un repertorio bibliográfico indispensable para reconstruir la historia de las matemáticas en España. En 1918, año que fue elegido miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia, apareció en la editorial Calpe otro de sus libros, La Agricultura de Abuzacaría.

Sánchez Pérez sostuvo a lo largo de toda su carrera que existían abundantes materiales para reconstruir la historia de las matemáticas en España, y nadie hizo entonces más que él por identificar y estudiar tales fuentes. Consciente de la importancia de promover la historia de la ciencia española como disciplina, en 1934 fue uno de los fundadores de la Asociación Nacional de Historiadores de la Ciencia Española (en la lista de los veintiún fundadores, él ocupaba el número once). De hecho, participó de manera destacada en el primer congreso (1934) de aquella asociación, que estuvo dedicado a estudiar la ciencia española del siglo xvii, con una intervención en la que presentó una panorámica general de la historia de la matemática del siglo xvii, fuera y, sobre todo, dentro de España. Coherente con el espíritu que animaba a sus trabajos, terminaba su intervención manifestando: “Cuando tengamos hecha nuestra Historia, descubriremos a los extranjeros lo que es España y su historia, porque no nos conocen [...] Yo creo haber aportado mi grano de trigo al granero, señalando los matemáticos del siglo xvii que se esforzaron en que no se detuviera el progreso científico en el suelo español”.

El 2 de mayo de 1934 fue elegido miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, leyendo su discurso de entrada el 20 de junio del mismo año. Como tema eligió la biografía y contribuciones del matemático portugués Juan Bautista Labaña (1555-1624), personaje al que le había introducido en 1900, mientras era estudiante en la Universidad de Zaragoza, uno de sus profesores allí, el matemático Zoel García de Galdeano. De hecho, como Sánchez Pérez reconoció en su discurso, entonces comenzó su “afición a la Historia de las Ciencias”. Además de estudiar a Labaña, en su discurso incluyó un apéndice con una extensa “Bibliografía sobre Relatividad”, como homenaje a José María Plans y Freire, a quien sucedió en la Academia. Fue también miembro correspondiente de la Academie International pour l’Histoire des Sciences.

A partir de 1939, con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas sustituyendo a la Junta para Ampliación de Estudios, encontró ayuda en sus investigaciones en el Instituto de Estudios Africanos del Consejo. De hecho, bajo el sello editorial del CSIC aparecieron sus libros: La aritmética en Babilonia y Egipto (1943), La aritmética en Grecia (1947), La aritmética en Roma, India y Arabia (1949) y La ciencia árabe en la Edad Media (1954).

Aunque su prestigio se debe sobre todo a sus trabajos en historia de la ciencia, también contribuyó al campo de la literatura y el folklore. Preparó ediciones críticas de las obras de Vélez de Guevara —El diablo cojuelo, El asombro de Turquía y El ollero de Ocaña (Editorial Aguilar, 1946, 1960)—, y antologías de Cuentos populares (1942), El culto mariano en España (1943), Supersticiones españolas (1948) y Cuentos árabes populares (1952). Otro de sus intereses fueron los temas aragoneses: entre 1900 y 1906 colaboró con la Revista de Aragón escribiendo en ella una serie de relatos costumbristas, y en 1956 publicó el libro El reino de Aragón.

 

Obras de ~: “Chéber Benaflah”, en Revista de la Sociedad Matemática Española, 1 (1911), págs. 113-120; Partición de herencias entre los musulmanes del rito malequí, Madrid, Publicaciones de la Junta para Ampliación de Estudios, 1914; Compendio de Álgebra de Abenbéder, Madrid, Publicaciones de la Junta para Ampliación de Estudios, 1916; Biografías de matemáticos árabes que florecieron en España, Madrid, Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, 1921; Las matemáticas en la Biblioteca de El Escorial, Madrid, Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, 1929; “El libro de las Cruces. Una obra astrológica que Don Alfonso X, Rey de España, mandó traducir del árabe”, en Isis, 14 (1930), págs. 77- 132; Monografía sobre el matemático portugués Juan Bautista Labaña, discurso de entrada en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, Madrid, 1934; “La matemática”, en Estudios sobre la ciencia española del siglo xvii, Madrid, Asociación Nacional de la Ciencia Española, 1935, págs. 596-633; La aritmética en Babilonia y Egipto, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), 1943; Divertimentos matemáticos, Madrid, Talleres Gráficos Montaña, 1943; La aritmética en Grecia, Madrid, CSIC, 1947; La aritmética en Roma, India y Arabia, Madrid, CSIC, 1949; La ciencia árabe en la Edad Media, Madrid, CSIC, 1954.

 

Bibl.: J. M.ª Torroja Miret, “Contestación al discurso de J. A. Sánchez Pérez”, Madrid, Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, 1934; F. Vera, Los historiadores de la matemática española, Madrid, Victoriano Suárez Editor, 1935, págs. 98-103; J. García Rúa, “José Sánchez Pérez”, en Gaceta Matemática, 9 (1959), págs. 3-5; V. Navarro Brotons, “Sánchez Pérez, José Augusto”, en J. M.ª López Piñero, Th. F. Glick, V. Navarro Brotons y E. Portela Marco (eds.), Diccionario histórico de la ciencia española en España, vol. II, Barcelona, Editorial Península, 1983, págs. 297-299; R. Pérez Gómez, “Estudio preliminar” a la ed. facs. de J. A. Sánchez Pérez, Biografías de matemáticos árabes que florecieron en España, Granada, 1995, págs. vii -xix ; “Sánchez Pérez, José Augusto”, en VV. AA., Enciclopedia Universal Ilustrada, vol. LIII, Madrid, Espasa Calpe, pág. 1234; “José Augusto Sánchez Pérez”, en GEA OnLine (Gran Enciclopedia Aragonesa).

 

José M. Sánchez Ron