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Vincencio Squarzafigo Centurión y Arriola

Biografía

Squarzafigo Centurión y Arriola, Vincencio Bernabé. El Puerto de Santa María (Cádiz), 11.VI.1670 – Madrid, 21.VIII.1737. Lexicógrafo y bibliófilo, primer secretario de la Real Academia Española.

Hijo de Lorenzo Squarzafigo Centurión y Juana María de Arriola, desciende por vía paterna de una de las familias de banqueros genoveses que empezaron a instalarse en Cádiz, por razones comerciales, especialmente a partir del Quinientos. Los Squarzafigo empezaron a instalarse en Cádiz a partir de 1600 y tuvieron su máximo esplendor con el reinado de Felipe III, precisamente con uno de sus más ilustres representantes, Vicenzo Squarzafigo Giustiniani, padre de Lorenzo y abuelo de Vincencio, casado con María Centurión y Marín. Pero este apogeo fue desapareciendo a partir de la bancarrota de 1627, ya siendo rey Felipe IV. En cuanto a la línea materna, gracias a ella, heredó el título de Señor de la Torre del Pasaje, en la provincia de Guipúzcoa. Fueron sus abuelos por esta línea el almirante Asensio Arriola de Alzate, caballero de la Orden de Santiago, y Ana María de Coronios Laredo.

Squarzafigo fue llamado a pertenecer al grupo inmediatamente posterior de fundadores de la Real Academia Española, a partir de su constitución oficial, el 3 de agosto de 1713. Fue su primer secretario, nombrado ese mismo día —firma como tal el Acta de la primera sesión académica— y ratificado, tras la aprobación real de la Academia, el 7 de octubre de 1714. Fue también su primer tesorero, nombrado el 29 de diciembre de 1723. Como secretario —cargo al que estaba destinado, según José Casani, “porque en sus conocidas prendas, y curiosa aplicación se aseguraba la puntualidad pretendida, así en escribir los acuerdos de la Academia, como en archivar los papeles, y tenerlos prontos siempre que fuesen menester”— se encargó de la redacción de las Actas de las correspondientes juntas académicas y de la custodia y gestión de lo que constituyó el germen de la biblioteca de la docta institución.

La contribución de Vincencio Squarzafigo a la obra por la que fue creada, en primera instancia, la Real Academia Española fue valiosísima. Aparte de las cuestiones de intendencia, necesarias para el feliz cumplimiento de la misión de elaborar un diccionario de la lengua española a la manera de los que ya existían para la francesa y la italiana (gracias al empeño de sus respectivas Academias), colaboró en la redacción de la planta del Diccionario de autoridades (1726-1739), se encargó de la redacción de los artículos de varias combinaciones de letras y de las voces pertenecientes a las matemáticas. Asimismo, y en relación con lo anterior, realizó el vaciado de numerosos textos para que sirvieran como autoridades de las voces definidas, entre ellos la obra de Alfonso X el Sabio, don Juan Manuel y Miguel de Cervantes, así como la Historia natural y moral de las Indias (1590) del padre José de Acosta, la Conveniencia de las dos monarquías (1612), del padre Juan de la Puente, el Retrato del buen vasallo (1677), de Francisco Pinel y Monroy, la Pragmática de tasas (1680), la Mística ciudad de Dios (1694) de la madre María de Jesús de Agreda o Lima fundada o conquista del Perú (1732), de Pedro Peralta y Barnuevo. Además, en muchas ocasiones, de él procedía la inclusión de algún nombre a la lista de autoridades manejada por los académicos para la redacción del Diccionario; de ahí que en la aceptación de gran parte de la nómina de autores y obras manejados por los académicos para la confección de la obra desempeñara un papel muy importante, por encima del resto de los miembros de la corporación.

No queda aquí su labor al frente del Diccionario de autoridades. Vincencio Squarzafigo no dudó en aportar autoridades concretas para defender su posición ante determinadas cuestiones formales o de significado; revisó gran parte de las colaboraciones de sus compañeros académicos, como la transcripción de las autoridades; corrigió las pruebas de imprenta, y, en definitiva, estuvo en todo momento al cuidado de la edición, a excepción del tomo sexto (1739), pues falleció antes de su aparición.

En cuanto a su obra, se atribuye a Vincencio Squarzafigo la traducción, del francés al español, de una Vida de Elio Seyano, editada en Barcelona en 1621, es decir, cincuenta años antes de su nacimiento, por lo que parece deberse más bien al abuelo —el famoso banquero— o a su tío —otro hermano de Lorenzo Squarzafigo que se llama como él—. Suya es también la copia manuscrita que hizo en 1729 de la edición de Juan de Burgos de Los doce trabajos de Hércules (1499) de Enrique de Villena y el Tratado de la vida bienaventurada (1499) de Juan de Lucena, conservada en la Real Academia Española. Por lo demás, hay que destacar el hecho de que Squarzafigo se erige como el primer historiador de la Academia con su trabajo “La academia española [...]”, publicado en 1715; se erige, además, como uno de los más férreos defensores de la aplicación de un criterio etimológico en el establecimiento de una ortografía de la lengua española y, por tanto, en la consiguiente lematización de las voces del Diccionario de autoridades, gracias a su inédita Disertación, leída en la junta celebrada el 26 de mayo de 1718.

Y todo ello en consonancia con los planteamientos propios de la Academia, presentes en los preliminares y en la planta misma del Diccionario, según los cuales la docta institución entendió el etimológico como el criterio principal que debía guiar el establecimiento de la ortografía.

Su actividad al frente de la Secretaría y la Tesorería de la Academia no pareció granjearle la amistad de muchos académicos, sobre todo porque “no fue dócil de carácter”, como adivina Fernando Lázaro Carreter. Su carácter de célibe y su delicada salud quizás contribuyeron a ofrecer de sí cierta imagen de misántropo. Sin embargo, quizás en determinados aspectos haya que considerar esa falta de docilidad como el resultado de aplicar de modo estricto su sentido de la justicia y de la responsabilidad, que le hacía arremeter contra todo aquello que no correspondía a lo que era su derecho, pero tampoco sin olvidar sus responsabilidades. El caso es que los académicos, como responso tras su muerte, lo castigaron con la nota escueta que aparece en el Acta de la junta académica de 23 de agosto de 1737: “Hízose por la Secretaría presente la muerte de nuestro Académico el Sr. D. Vincencio Squarzafigo”. A su muerte, los cerca de mil ejemplares de su biblioteca pasaron a manos de la docta institución, lo que constituye el germen de su biblioteca, junto con la adquisición previa de los fondos de Lorenzo Folch de Cardona, en 1732, y los de Gonzalo Machado, en 1733, así como las donaciones de instituciones y particulares y los libros que el propio Vincencio Squarzafigo fue adquiriendo en el desempeño de su labor como secretario. No obstante, como dice Zamora Vicente, a partir de la adquisición de sus libros, “la Academia fijó una cantidad en sus presupuestos para adquisición de libros. [...] Y a la vez, se redactó el primer reglamento para la organización y vida de la biblioteca”.

 

Obras de ~: Compendio historial del origen, antigüedad y milagros de la imagen de Nuestra Señora de Buen Aire, patrona del reino de Cerdeña / escribiale don Vicencio Squarzafigo y Arriola; sácale a luz don José Fernández de Caldevilla, Madrid, Manuel Ruiz de Murga, 1696; “La academia española [...] [Fundación de la Real Academia Española]”, en Fundación y Estatutos de la Real Academia Española, [Madrid], Imprenta Real, 1715, págs. 3-10; “Al excelentísimo señor Don Mercurio Antonio López Pacheco Acuña Manrique Silva Girón y Portocarrero [...] [Dedicatoria]”, en Relación de las exequias que la Real Academia Española celebró por el Excelentísimo Señor Don Juan Manuel Fernández Pacheco, Marqués de Villena, su primer Director y Fundador, Madrid, Francisco del Hierro, 1725, págs. [1]-[4]; Disertación académica en que se pretende probar que, para el más perfecto conocimiento de las voces, es conveniente arreglar la ortografía de ellas a sus orígenes, s. l., 1728 (inéd.); Los doce trabajos de Hercules copilados por Don Henrique de Villena, aplicados a los doce estados del mundo, y un tractado de la vida bienaventurada compuesto por Juan de Lucena. “Copióse este libro a la letra de su original y está corregido conforme a él por don Vicencio Squarzafigo Centurión y Arriola, académico y secretario de la Academia Española”, s. l., 1729 (inéd.).

 

Bibl.: [J. Casani], “Historia de la Real Academia Española”, en Diccionario de la lengua castellana [...] [Diccionario de autoridades], t. I (A-B), Madrid, Francisco del Hierro, 1726, págs. IX-XLI; [M. de Villegas y Oyarvide], Eloxio en la Muerte del Señor Don Bicencio Escuarzafigo Centurión y Arriola, s. l., 1737 (inéd.); E. Cotarelo y Mori, “La fundación de la Academia Española y su primer Director, don Juan Manuel Fernández Pacheco, Marqués de Villena”, en Boletín de la Real Academia Española, I (1914), págs. 4-38 y 89-127; F. Lázaro Carreter, Crónica del Diccionario de autoridades (1713- 1740): discurso leído el día 11 de junio de 1972, en el acto de su recepción, por el Excmo. Sr. Don Fernando Lázaro Carreter y contestación del Excmo. Sr. Don Rafael Lapesa Melgar, Madrid, Real Academia Española, 1972; D. Fries, “Limpia, fija y da esplendor”. La Real Academia Española ante el uso de la lengua (1713-1973), Madrid, Sociedad General Española de Librería, 1989; A. Zamora Vicente, “Letras mayúsculas. Siglo xviii”, en Historia de la Real Academia Española, Madrid, Espasa Calpe, 1999, págs. [63]-107; E. Bomant Gercia, Orígenes de la Real Academia Española: génesis, redacción y difusión del Diccionario de autoridades, tesis doctoral, Madrid, Universidad Autónoma, 2001 (inéd.); M. Freixas Alás, Las autoridades en el primer Diccionario de la Real Academia Española, tesis doctoral, Universitat Autònoma de Barcelona, 2003 (en http:// www.tdx.cesca.es/TDX-0611104-150443/).

 

Francisco M. Carriscondo Esquivel

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