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Gil Carrillo de Albornoz

Biografía

Carrillo de Albornoz, Gil. Talavera de la Reina (Toledo), 1579 – Roma (Italia), 17.XII.1649. Car­denal, arzobispo, embajador en Roma, miembro de la Inquisición.

Nació en Talavera de la Reina (Toledo) en 1579, en el seno de una ilustre familia. Era hijo del licenciado Francisco de Albornoz, caballero del hábito de Cala­trava, y de Felipa de Espinosa, sobrina del cardenal Espinosa, presidente del Consejo de Castilla e inquisidor general. Realizó estudios de Derecho civil en el Colegio Mayor de Oviedo de la Universidad de Sala­manca. Fue oidor de las Chancillerías de Granada y Valladolid, regente del Consejo Real de Navarra y su virrey y capitán general, arcediano de Valpuesta en la catedral de Burgos y miembro del Consejo de la Su­prema y General Inquisición.

A instancias de Felipe IV fue nombrado cardenal por el papa Urbano VIII, el 30 de agosto de 1627. A su vez, el Monarca, en 1628, le concedió el arcedia­nato de Écija y una canonjía en la catedral de Sevilla. Se trasladó a Roma, donde, el 6 de julio de 1630, re­cibió el capelo cardenalicio y se le otorgó el título de Santa María in Vía. (Más tarde, en 1643, se le asignó el título cardenalicio de San Pedro in Montorio.) Po­cos meses después, el 23 de septiembre de 1630, fue promovido al arzobispado de Taranto (Italia), aun­que residió habitualmente en Roma. Fue consagrado obispo en esta ciudad, en la basílica de Santa María la Mayor, el 6 de octubre de 1630, por el cardenal Gaspar Borja Velasco, obispo de Albano (Italia), asis­tido por Benito Baaz, obispo de Umbriatico (Nápo­les), y por Martín de León Cárdenas, OESA (Ordo Eremitarum Sancti Augustini), obispo de Trivento (Italia).

Como experto en temas jurídicos, colaboró eficaz­mente en la solución del duro enfrentamiento que se produjo entre Madrid y Roma, con motivo de la protesta formulada por el cardenal Borja al papa Urbano VIII y en la que se hicieron solidarios todos los cardenales españoles. El cardenal Albornoz re­dactó un Memorial, estructurado en diez puntos, que entregó al conde-duque de Olivares, sobre los abusos que se cometían en la curia romana y en la nunciatura española en materia de coadjutorías con futura suce­sión, resignas de curatos y de beneficios, concursos en la provisión de beneficios, pensiones, dispensas matri­moniales, expolios y testaferros. Este memorial fue la base de los que posteriormente, en 1634 y 1636, pre­sentaron al Papa los embajadores españoles Pimentel y Chumacero.

Durante los años 1634 y 1635 desempeñó el cargo de gobernador de Milán, organizando la defensa de Lombardía contra la invasión francesa. En 1637 re­nunció al arzobispado de Taranto para poder dedi­carse, según se le pedía desde España, al servicio de los intereses españoles en Roma. A comienzos de este año tomó parte activa en los festejos organizados en Roma con motivo de la elección del rey de los roma­nos. Por entonces visitó en Bolonia el Colegio Mayor de San Clemente para estudiantes españoles de Teología y Derecho, fundado en 1364 por el cardenal y arzobispo de Toledo, Gil de Albornoz, interesándose por la asistencia de alumnos españoles a este colegio y sugiriendo una serie de medidas tendentes a conti­nuar con tan larga y fructuosa tradición.

A finales de 1638 fue incorporado al Consejo de Estado. En Roma, después de la salida del cardenal Borja, desempeñó las funciones de representante de España en el Sacro Colegio Cardenalicio y ante la cu­ria romana. Habiendo fallecido Urbano VIII, parti­cipó en el cónclave en el que resultó elegido Inocen­cio X, al frente del partido hispanoimperial, siendo portador del secreto del Rey católico y presentando públicamente el veto al cardenal Sacchetti. En 1645, el cardenal Albornoz quedó al cargo de los negocios en curso en la curia romana al salir de Roma el em­bajador español, conde de Siruela. En 1648 volvió a desempeñar la embajada española, gozando de fama de gran experto en estos menesteres. En 1649 se le concedió licencia para venir a España y se le enco­mendó ordenar todos los papeles al duque del Infan­tado, nuevo embajador en Roma.

Murió en Roma, el 19 de diciembre de 1649, a los setenta años de edad y veintidós de cardenalato, siendo depositado su cuerpo en la iglesia de Santa Ana del Quirinal hasta su posterior traslado a Toledo. Dejó como heredero de sus bienes al monasterio cisterciense de la Encarnación, de Religiosas Bernardas, de su ciudad de Talavera de la Reina, y a sus testa­mentarios, los cardenales Cueva y Lugo, les legó un cuadro y una pareja de caballos, respectivamente. Las religiosas del monasterio de la Encarnación acogie­ron los bienes del testamento y dispusieron para su enterramiento un sarcófago, elevado hoy día varios metros sobre el nivel del suelo, en el muro derecho de la nave mayor, a la izquierda de la puerta princi­pal. Entre sus bienes conservan también un retrato del cardenal.

 

Obras de ~: Memoria de lo que se ha de suplicar a su san­tidad (Archivo Histórico Nacional, Estado, 1819); Memorial del cardenal Albornoz por el colegio de San Clemente de Bolonia (Archivo General de Simancas, Estado, 3003); Cartas sobre la provisión de las iglesias de Cataluña que pretendían los franceses (Archivo General de Indias, Estado, 3007, 1643).

 

Bibl.: L. Cardella, Memorie storiche de’ cardinali della S. R. Chiesa, VI, Roma, Stamperia Pagliarini, 1793; P. Gau­chat, Hierarchia Catholica medii et recintioris aevi, IV, Mün­chen, Sumptibus et Typis Librariae Regensbergianae, 1935, pág. 327; B. Cuartero y A. de Vargas-Zúñiga, Índice de la colección Salazar, vol. VIII, Madrid, Real Academia de la His­toria, 1953, n.os 15446-15447; J. I. Tellechea, “Los ‘Elogia pontificum et cardinalium’ de Teodoro de Ameyden. Notas acerca de los papas y cardenales del Seiscientos (1600-1655) en sus relaciones con España”, en Cuadernos de Trabajo de la Escuela Española de Historia y Arqueología en Roma, 7 (1955), págs. 201, 208-209; Q. Aldea Vaquero, “Iglesia y Estado en la España del siglo xvii (Ideario político-eclesiástico)”, en Mis­celánea de Comillas, vol. 19, n.º 36 (1961); J. Goñi, “Carrillo de Albornoz, Gil”, en Q. Aldea Vaquero, T. Marín Martí­nez y J. Vives Gatell (dirs.), Diccionario de la Historia Eclesiástica de España, suplemento I, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto Enrique Flórez, 1987, págs. 113-115; V. Guitarte Izquierdo, Episcopologio Español (1500-1699), Españoles obispos en España, América, Filipinas y otros países, Roma, Instituto Español de Historia Eclesiás­tica, 1994, pág. 969; A. Fernández Collado, Obispos de la provincia de Toledo, 1500-2000, Toledo, Instituto Teológico San Ildefonso, 2000; M.ª D. Neira, Monasterio Cisterciense de la Encarnación, Talavera de la Reina (Toledo), Publicaciones Españolas, 2002.

 

Ángel Fernández Collado