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Luisa Sigea

Biografía

Sigea, Luisa. Toledana. Tarancón (Cuenca) c. 1522 - Burgos, 13.X.1560. Políglota, dama latina y escritora.

Luisa Sigea nació en Tarancón (antiguo reino de Toledo, de ahí el sobrenombre) hacia 1522. Aunque la crítica tradicionalmente situaba su nacimiento hacia 1530, esto no es posible cuando se atiende a la biografía de su padre. Diego Sigeo o Sigeu era de origen francés (Sygée), aunque estudió en Alcalá con los grandes maestros humanistas de comienzos del siglo xvi. Se instaló en Toledo como preceptor al servicio de María Pacheco, esposa del comunero Juan de Padilla, y con ella y junto a otros criados huyó de España a Portugal en febrero de 1522. Una vez allí, continuó junto a su señora, hasta que en 1530 entró al servicio de la casa de Braganza como preceptor de los hijos del duque D. Jaime junto a los que siguió hasta 1549.

No es posible determinar cuándo se trasladó la familia de Diego Sigeo a Portugal, aunque se puede creer que sería a tiempo para que las hijas, Luisa y Ángela, recibieran una detenida atención paterna. La educación que con los años mostraron sus hijas y que les sirvió para ganarse la vida solo pudo ser obtenida en el seno familiar, puesto que no existían centros femeninos en los que adquirirla. Las teorías humanistas en boga en Italia desde mediados del siglo xv preconizaban para las doncellas un currículum latino reducido, ya que estaban excluidas de la vida pública y profesional, aunque algunas de ellas se formaron por encima de estas limitaciones. En España la generación femenina anterior a Luisa, la que florece a finales del Cuatrocientos y tiene en Isabel la Católica su modelo, había puesto en alza la educación latina en la Corte.

Recuérdese que dominar el latín lo suficiente para escribir epístolas había sido el único motivo por el que Lucio Marineo Sículo había incluido en su Epistolarum familiarum libri XVII (Valladolid, 1514) a varias “doncellas sabias”, como Juana Contreras, Ana Cervató y Lucía de Medrano.

Para Diego Sigeo, como para otros eruditos, se hacía evidente que, a través de una alta educación latina, las mujeres podían obtener un provecho social o ventajas económicas nada desdeñables, en particular en un medio cortesano. Seguramente con esta perspectiva in mente y contando con la inteligencia de sus dos hijas, Diego puso mucho empeño en su formación, de la que tanto Luisa como Ángela se beneficiaron. Por lo que se deduce de las noticias conservadas, su educación atendió sobre todo a dos aspectos que refuerzan la hipótesis de que las ambiciones del padre se habían puesto en la Corte: la música y las lenguas clásicas.

Según los coetáneos, ambas llegaron a ser dos músicas virtuosas, si bien en este aspecto destacó siempre Ángela; y a la inversa, mientras que las dos dominaban el latín y el griego, los conocimientos de Luisa en este terreno eran superiores y los fue ampliando con el estudio constante a lo largo del tiempo, añadiendo el hebreo, el árabe y el siríaco, además de lenguas modernas como el portugués, el francés y el italiano.

La publicidad para rentabilizar de estos conocimientos no se hizo esperar. En 1540 Luisa envió a Roma a través de un tal Britonius (no Jerónimo de Brito, sino el humanista italiano Girolamo Britonio, según aclararon Américo da Costa Ramalho y Eugenio Asensio), una carta en latín al pontífice Pablo III y en 1542 fue llamada al servicio de la Corte portuguesa como “moça de câmara” de la reina Catarina.

Los pagos hechos a “donna Luisa de Sygea, latina”, 16.000 reis anuales, figuran en los Livros de moradía de la reina entre 1543 y 1552, año éste en que se libran 25.000 reis a Diego Sigeo para el casamiento de su hija. Su servicio directo, no obstante, no fue a la reina, sino a su sobrina la Infanta María de Portugal, que entretenía su interminable condición de novia más rica y apetecida de Europa con una corte literaria donde reunía a un buen número de doncellas eruditas, entre las que se encontraban Luisa y Ángela, Joana Vaz o Paula de Vicente.

Esta etapa cortesana fue la más fructífera de la vida de Luisa Sigea. Ella afirma en su carta a Felipe II que fue maestra de latín de la infanta (lo que no se ajusta a los datos cronológicos) y Britonio la describe tañendo la lira y cantando en la corte, a la par que elogia sus poemas griegos y latinos. Desde luego debía gozar de un alto aprecio, ya que recibía en pago bastante más que otras damas latinas (Joana Vaz cobraba 10.000 reis en 1550) y gozó de ciertos privilegios para escribir sus obras. Por otro lado, no se deben olvidar las muchas relaciones que le tuvo que proporcionar la vida cortesana, parte de ellas serían con los eruditos y poetas que frecuentaron el pazo de la infanta, según estudió Carolina Miachaëlis de Vasconcelos; otras, con gentes del poder, según dan muestra precisa algunas cartas: las dirigidas al Papa en 1546 y 1547; la que envió a Pompeo Zambeccari, nuncio en Portugal, para agradecerle el regalo de las obras de Vittoria Colonna; y al embajador de Hungría.

Sus dos obras mayores fueron compuestas en este período. En 1546, cuando estaban en curso negociaciones con vistas a un posible matrimonio entre la acaudalada infanta y el recientemente viudo Felipe II, Sigea dedicó a su señora el poemita latino Syntra. En él, con la esperable carga de erudición clásica, describe el bosque de Sintra y el encuentro que la autora tiene con una ninfa que sale del lago. Ella, por designio de Jove, le anuncia la próxima boda de su princesa con un cetro que regirá el orbe. La profecía no se cumplió y los altos designios que junto a su señora se prometía la autora, no llegaron a realizarse. De mayor envergadura es su segunda obra, un diálogo datado en 1552: Duarum virginum colloquium de vita aulica et privata. Es en la dedicatoria a la infanta donde se entrevé una faceta poco frecuente de su vida cortesana, porque le reconoce el tiempo concedido para el estudio, la disponibilidad de un lugar para hacerlo y el acceso a su biblioteca (musaeum) y a sus mejores libros.

Con estos medios, sus fatigas y las vigilias dice haber aumentado allí el caudal de sus conocimientos con los que rinde su obra. El coloquio versa sobre las diferencias entre la vida en la Corte y la vida retirada, tema que la autora conocía muy de cerca, sin embargo su propósito está en demostrar su dominio de la erudición y de la retórica del género, medio imprescindible para obtener reconocimiento de estudiosa entre otros humanistas, de modo que prescinde del recurso a la propia experiencia.

En 1552, Luisa Sigea se casó con el burgalés Francisco de Cuevas y según se dijo recibe por ello 25.000 reis. Se suele leer en los estudios sobre la autora que su esposo era un hombre de buena familia, pero pobre, según las hipótesis basadas en la correspondencia de Luisa, que insiste una y otra vez en su falta de medios económicos. Sus cartas a María de Hungría (1557) para que la aceptara a su servicio en Valladolid; a Felipe II, con una síntesis de su vida y ofreciéndose para su nueva esposa (1559); a Honorato de Juan, preceptor del príncipe Carlos (1559); o al obispo de Limoges, Sebastien de l’Aubespine (¿1560?), para que mediara a su favor, parecen apuntar a un estado de necesidad económica y de tristeza que desembocó en su muerte. La documentación ha demostrado que estas epístolas deben mucho a la retórica de la petición.

Francisco Cuevas, el marido de Luisa Sigea, pertenecía a una destacada estirpe de Burgos. Uno de sus antecesores había sido alcalde mayor de la ciudad en 1501 y Diego, cuñado de Luisa, fue canónigo de la catedral. Según los documentos exhumados por Sira Garrido, Francisco fue criado de Juana I de Castilla, en calidad de “ayuda de copa”, cargo por el que recibió emolumentos hasta la muerte de la reina en 1555, y por sus servicios el nuevo rey le hace merced de una pensión vitalicia anual de 10.000 maravedís a partir de 1556.

No se sabe en qué circunstancias se conocieron los futuros esposos, aunque Sira Garrido ha apuntado que pudo ser a través de los cruces de delegaciones en las negociaciones de la boda entre la Infanta y Felipe II. En todo caso, parece que, después de la boda, Luisa siguió sirviendo en la Corte portuguesa y no fue hasta 1555, seguramente por el cambio de circunstancias en la situación de su esposo, cuando ella se trasladó a Burgos. Al año siguiente, Francisco Cuevas pasó casi sin transición al puesto de “secretario spañol de su magestad”, que le proporcionó en 1556 un salario de 92 libras, 13 sueldos y 4 dineros en ocho meses y por el que cobró hasta 1558. Él mismo, en una carta de petición de empleo (c. 1558-1560), explica que le mandaron ir a servir a la reina de Hungría de secretario y a la de Francia de contador “y que también sirviese Luisa Sigea, su mujer, por las habilidades que tiene y por haber enseñado a la Infanta de Portugal”. Estos datos coinciden en lo fundamental con las cartas que Luisa envió a la Reina de Hungría en 1556 y en 1557 (según la datación de Prieto Corbalán) para excusarse de no estar todavía a su disposición y prometiéndole que irá lo antes posible. La situación familiar y algunas indisposiciones por el embarazo de Luisa debieron de incidir en estos retrasos, porque Juana, su hija, fue bautizada en Burgos el 25 de agosto de 1557. Quizás entonces tuvo aún la ocasión de volver a ver a la infanta María, cuando se reunió con su madre, Leonor de Austria, reina viuda de Francia, y con su tía, María de Hungría, en Badajoz en enero de 1558. En ese encuentro podemos visibilizar la red familiar con la que se entretejía la vida cortesana de Luisa Sigea.

El 10 de octubre octubre de 1558 falleció María de Hungría y el matrimonio Cuevas se encontró otra vez cesante. Eso no significa que quedasen ayunos de todo ingreso, pues el testamento asigna a los cónyuges una pensión anual total de 150.000 maravedís, 56.250 a Luisa y 93.750 a su esposo, que se suman a los 10.000 que éste recibía desde 1556. Se deben situar, pues, a partir de entonces los esfuerzos epistolares del matrimonio por obtener nuevos empleos en la Corte.

Francisco envía una carta a Felipe II (s. d.) en que demanda “asiento en su casa o en la del príncipe o algún oficio en la corte, conforme a su calidad y habilidad”; Luisa llama a varias puertas, empezando también por el Rey a comienzos de 1559. Sus gestiones más intensas parece que fueron realizadas desde Toledo, donde encontró una ocasión inmejorable con la reunión de las Cortes de Castilla el 22 de febrero de 1560 para reconocer al príncipe Carlos como heredero. Allí escribió a Sébastien de l’Aubespine, embajador de Francisco II, en febrero para que se dirija en su nombre a la reina Isabel de Valois; al mismo en marzo para que en la Corte se tomase una decisión sobre su caso; a Honorato de Juan, preceptor del príncipe Carlos, en abril, con igual pretensión y a éste le dice haber enviado unas líneas también a don García de Toledo, ayo y mayordomo mayor del príncipe. Refleja bien su posición y relaciones el hecho de que todas estas epístolas sean eruditas, en latín, dirigidas a hombres poderosos y que, por el contrario, no parezca haber empleado (quizá sólo sea que no se han conservado) la vía más habitual entre las mujeres, que era la conexión clientelar con damas de la aristocracia, sobre todo cuando sus miras estaban puestas en la casa de la nueva reina Isabel de Valois, que se estaba organizando a principios de ese año y que dirigía la condesa de Ureña como camarera mayor.

Sin haber alcanzado sus pretensiones de servicio cortesano, Luisa Sigea volvió a Burgos, donde falleció el 13 de octubre de ese año. Se insiste en que murió en la pobreza y de melancolía, aspectos ambos poco creíbles. Si se refiere a lo primero, hay que atender a la existencia de ingresos y sobre todo a la posición de la familia de su marido en Burgos. De hecho se observa que Francisco Cuevas, después de la muerte de Luisa, mantuvo una trayectoria económica ascendente, pues se convirtió en correo mayor de la Universidad de Mercaderes (desde 1571) y en 1580 pudo dotar a su única hija, Juana, con 6.375.00 maravedís más otro millón en ajuares, según los cálculos de Ismael García Rámila. De esta hija se acordó también la infanta María en su testamento (1577) y le otorgó una renta vitalicia. En cuanto a las causas de la muerte de Luisa, es cierto que varias de las cartas de 1560 mencionan sentimientos de tristeza, miedo o desesperanza ante la situación. Achacarlo a razones económicas no dejaba de ser propio de la retórica del género, sin embargo, como destaca María R. Prieto, hay que recordar que Luisa Sigea era una mujer de una vasta cultura, que se reconocía como una intelectual y que probablemente no se conformaba con una vida apartada del mundo cortesano en el que había pasado toda su vida adulta y donde había brillado con luz propia. En cuando a que fuera este ánimo la causa directa de la muerte, es más realista considerar que se trataba de una mujer que rondaba los cuarenta años y que en la época era una edad con la que cumplía razonablemente su esperanza de vida.

A diferencia de la mayoría de escritoras españolas de la Edad Moderna, Luisa Sigea gozó en su tiempo de fama y reconocimiento. La mencionan ya en fecha muy temprana Lucio Marineo Sículo (1530), Juan Vaseo (1552), García Matamoros (1553) o Alfonso Fernández de Madrid (1556), además de eruditos que la conocieron en la Corte portuguesa, como Girolamo Britonio o André de Resende. Sin embargo, en estas y otras citas posteriores (Juan Pérez de Moya, Francisco de Pisa, Guillaume Postel, etc.) lo que se admira es su erudición clásica, inaudita en una mujer, su prodigioso dominio de varias de las lenguas antiguas y de la elocución, pero no se hace mención de sus obras. Después de su muerte, el padre de Sigea promovió la edición de Syntra, que se publicó en París en 1566, con la intervención de Jean Nicot, embajador de Francia en Portugal entre 1559 y 1561 y arropado por un extenso conjunto de poemas latinos laudatorios o de epitafios a la autora. El librito no debió de pasar de una difusión muy reducida, porque no lo cita ninguno de quienes la elogian, que sí se refieren con frecuencia a su carta en cinco lenguas dirigida al Papa. Esa fama hubo de ser la causa de que en la segunda mitad del siglo xvii saliera a su nombre un poema erótico titulado Satyra sotadica de arcanis amoris et veneris, cuya autoría real fue desvelada y ampliamente tratada por Allut.

Luisa Sigea fue una excepción en su tiempo en varios aspectos. Perteneció a una minoría de mujeres altamente educadas, pero fue casi la única que, empleando medios de autopromoción, encontró una salida profesional para rentabilizar económicamente esa educación en los mismos entornos cortesanos que los humanistas, y, como ellos, creó algunas obras literarias que han sobrevivido; además contó con el reconocimiento de sus coetáneos y una inmediata fama posterior de erudita. No existió en todo el siglo xvi español ninguna otra mujer que presente un perfil similar.

 

Obras de ~: Syntra Aloisiae Sygeae Toletanae aliaque eiusdem, ac nonnullorum praeterea doctorum virorum ad eandem epigrammata: quibus accessit Pauli III P. M. epistola de singulari eius doctrina, ac ingenij praestantia. Tumulus eiusdem ab Andrea Resendio, & Claudio Monsello concinnatus, Parisiis, Dionysij a Prato, 1566, 4.º, 8 hs. (Londres, The British Library, 11408.f.42) (ed. y estudio de P. Allut, Aloysia Sygea et Nicolas Chorier, Lyon, N. Scheuring, 1862; trad. de M. Menéndez Pelayo, Estudios poéticos, Madrid, Imprenta Central a cargo de V. Saiz, 1878, págs. 95-101; luego reproducida en M. Serrano y Sanz, Apuntes para una biblioteca de escritoras españolas desde el año 1401 al 1833, t. II, Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1905, págs. 405-407); Duarum virginum colloquium de vita aulica et privata, Manuscrito, s. xvi, 1552, 4.º, 125 h., datado en Lisboa, 1552; Toledo, Biblioteca Provincial, Signatura Borbón-Lorenzana, n.º 335 (ed. de M. Serrano y Sanz, op. cit., t. II, págs. 419-471; ed., estudio y trad. al francés de O. Sauvage, Dialogue de deux jeunes filles sur la vie de cour et la vie retraite (1552), París, Presses Universitaires de France, 1970).

Poesías. En latín, incluidas en Sintra; dos poemas en castellano (ed. de M. Serrano y Sanz, op. cit., t. II, págs. 407-08).

Cartas. Ludovicae Sigeae toletanae foeminae eruditissimae epistolae ad varios misiae, manuscrito, siglo xix, Madrid, Biblioteca Nacional (BNE), ms. 18672-98 [olim, PV Fol 35]; y Madrid, BNE, ms. 18673-7 [olim R-176] (hay copia de esta carta suelta en BNE, R- 3076); Cartas familiares de la S. Loysa Sygea, manuscrito siglo xvi, Londres, British Library, Add. 9939 [ed. de A. Bonilla y San Martín, “Clarorum hispaniensium epistolae ineditae”, en Revue Hispanique, VIII (1901), págs. 181-308, en págs. 280-308; estudio, ed. y trad. al francés de L. Bourdon y O. Sauvage, “Recherches sur Luisa Sigea”, en Bulletin des Études Portugaises, XXXI (1970), págs. 33-176].

Todas las ediciones, menciones coetáneas y estudios críticos en BIESES, Bibliografía de escritoras españolas (http://www.uned.es/bieses).

Bibl.: C. Michäelis de Vasconcelos, A infanta D. Maria de Portugal (1521-1577) e as suas damas, Porto, Tip. A. Vapor de Arthur José de Souza & Irmão, 1902, págs. 38-42; C. Alferes Pinto, A infanta Dona Maria de Portugal (1521-1577). O mecenato de uma princesa renacentista, Lisboa, Fundação Oriente, 1998, págs. 148-153; S. L. Garrido y Marcos, Luisa Sigea toledana, tesis doctoral, Madrid, Universidad Complutense de Madrid, 1955 (inéd.) (Madrid, UCM, T-729); I. García Rámila, “Nuevas e interesantes noticias, basadas en fe documental, sobre la vida y descendencia familiar burgalesa de la famosa humanista, Luisa de Sigea, la “Minerva” de los renacentistas”, en Boletín de la Institución Fernán González, XXXVIII, 144 (1958), págs. 309-321; XXXVIII, 145 (1959), págs. 465-492; XXXVIII, 147 (1959), págs. 565-593; A. da Costa Ramalho, “A propósito de Luísa Sigeia”, en Humanitas [Coimbra], XXIXXII (1960-1970), págs. 403-414 (reed. en sus Estudos sobre o Século xvi, Lisboa, Imprensa Nacional-Casa da Moeda, 19832, págs. 185-197); E. Asensio, “El italiano Britonio cantor de la Lisboa de D. João III”, Arquivos do Centro Cultural Português, V (1972), págs. 546-559 (luego en Estudios portugueses, Paris, Fundação Calouste Gulbenkian, págs. 243-257); A. M. Alves, “Comunicazione e silenzio in un dialogo umanistico (A porposito di Luísa Sigea)”, en Il dialogo filosofico nel ‘500 europeo, Milano, Franco Angeli, 1990, págs. 123-154; I. Rada, “Profil et trajectoire d’une femme humaniste: Luisa Sigea”, en Images de la femme en Espagne aux xvie et xviie siècles. Des traditions aux renouvellements et à l’émergence d’images nouvelles, París, Publications de la Sorbonne, 1994, págs. 339-349; E. V. George, “Sly Wit and Careful Concession: Luisa Sigea’s Dialogue on Court Versus Private Life”, en Studia Philologica Valentina, 4, 1 (2000), págs. 173-192; S. Miguel-Prendes, “A specific case of the Docta Foemina: Luisa Sigea and Her Duarum virginum colloquium de vita aulica et privata”, en Acta conventus neo-latini abulensis. Proceedings of the Tenth International Congress of Neo- Latin Studies. Avila 4-9 August 1997, Tempe, Arizona, Arizona Center for Medieval and Renaissance Studies, 2000, págs. 449- 458; E. V. George, “Luisa Sigea (1522-1560): Iberian Scholar- Poet”, en Women Writing in Latin: From Roman Antiquity to Early Modern Europe, III, Nueva York, Routledge, 2002, págs. 167-187; S. Thiemann, “Weibliche Rede gegen männliche Ordnung? Zu Luisa Sigeas Duarum virginum colloquium de vita aulica et privata”, en Varietas und Ordo. Zur dialektik von Vielfalt und Einheit in Renaissance und Barok, Stuttgart, Franz Steiner Verlag, 2003, págs. 59-73; Vom Glück der Gelehrsamkeit. Luisa Sigea, humanistin im 16. Jahrhundert, Göttingen, Wallstein Verlag, 2006; “Das Leben als Erzählung. Zur Problematik biographischen Schreibens am Beispiel der spanischen Humanistin Luisa Sigea (1522-1560)“, en Querelles- Net. Rezensionszeitschrift für Frauen- und Geschlechterfors-chung (Berlin) (März 2006), en http://www.querelles-net.de/forum/ forum18/index.shtml; M. Martínez Góngora, “Poesía, melancolía y subjetividad femenina: la humanista Luisa Sigea”, en Neophilologus, 90, 3 (2006), págs. 423-443; M. R. Prieto Corbalán, Luisa Sigea y su mundo. El epistolario latino, tesis doctoral, Sevilla, Universidad, 2003 (Madrid, Akal, 2007).

 

Nieves Baranda Leturio