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Oliva Sabuco de Nantes Barrera

Biografía

Sabuco de Nantes Barrera, Oliva [Miguel]. Alcaraz (Albacete), 2.XII.1562 – Madrid, c. 1622. Escritora.

Según el libro de bautismos de la parroquia de la Santísima Trinidad de Alcaraz, el 2 de diciembre de 1562 nació Luisa Oliva Sabuco de Nantes Barrera, hija del bachiller Miguel Sánchez-Sabuco y Peña Rubio y de Francisca de Cózar. No existe unanimidad sobre el segundo apellido de su padre, Miguel Sabuco, al que algunos textos otorgan el apellido materno de Álvarez.

Sus apellidos de Nantes y Barrera proceden de quienes fueron sus testigos de pila bautismal. Era la menor de seis hermanos y se desposó con Acacio de Buedo, el 26 de diciembre de 1585. Durante su juventud, Oliva Sabuco recibió una sólida formación humanística de su maestro, el prestigioso profesor de Gramática y Retórica Pedro Simón Abril, que en 1583 se incorporó a la Universidad de Zaragoza. Su padre, Miguel Sabuco, había nacido probablemente en Alcaraz, y en 1563 se sabe que fue elegido síndico y procurador de la ciudad.

El 7 de octubre de 1590 fue nombrado también letrado de la misma ciudad. Su hermano Alonso, tío de Oliva, ejercía como boticario. Constituían, por tanto, una familia amplia y bien situada e influyente de la ciudad manchega. El hecho de que Oliva Sabuco figure como autora de la Nueva filosofía de la naturaleza del hombre (1587) hizo pensar durante largos años en una autoría real de Oliva, hasta que ésta comenzó a ser cuestionada por algunos investigadores a comienzos del siglo xx. Aunque la cuestión no puede darse por zanjada, a partir de los datos y las conjeturas aportados por J. Marco Hidalgo (1903) y por Bernardo Marcos (1923), se viene aceptando como hipótesis más verosímil que el verdadero autor de la obra fuera su padre, el bachiller Miguel Sabuco, el cual pudiera haber utilizado el nombre de su hija para evitar complicaciones con el Tribunal del Santo Oficio.

De la biografía de Miguel Sabuco existen pocos datos.

Era bachiller en Filosofía y ejercía de boticario, síndico y letrado de Alcaraz, aunque no se ha podido documentar su fecha de nacimiento ni sus títulos académicos. Probablemente había nacido en aquella ciudad manchega. Se sabe que vivió en Alcaraz entre 1550 y 1595, y durante esa etapa fue uno de los personajes más relevantes y populares de la ciudad. No obstante, con toda certeza, su posición intelectual se encontraba al margen de la ciencia académica y sus conductos habituales de comunicación, y todo hace pensar que carecía de vinculaciones con entornos científicos más oficiales.

Se han escrito muchas páginas sobre la Nueva filosofía de la naturaleza del hombre y su importancia histórica, puesto que la obra despertó el interés de amplios sectores de la historiografía española desde la Ilustración. A menudo ha estado envuelta por cierta polémica ligada a la autoría y también a la heterodoxia de algunas de sus ideas, especialmente en el dominio de la filosofía y de la medicina. La gran originalidad que presentan algunos aspectos de la obra, el hecho de que estuviese firmada por una mujer, su amplia difusión y la importancia histórica capital que le otorgaron algunos ilustrados españoles dieron origen a múltiples conjeturas y no pocas contradicciones. A lo largo del siglo XIX, los debates en torno a la tradición científica e intelectual española dieron relevancia a la Nueva filosofía en el contexto de la erudición bio-bibliográfica, reivindicativa de una larga tradición filosófica española.

La obra tuvo una amplia difusión desde que viera la luz su primera impresión en 1587. Fue objeto de reediciones sucesivas durante cuatro siglos; en 1588 apareció una primera reedición que fue censurada y tachada por el Tribunal del Santo Oficio. Lo mismo sucedió con otra edición posterior de 1622, que vio la luz en lengua portuguesa. La edición de 1728 iba acompañada de un elogio del célebre médico Martín Martínez, aunque también fue expurgada. Posteriormente, en la Biblioteca de Ribadeneyra, se reprodujo una versión fragmentaria del original; en 1847 se editó la parte más conocida de la obra, correspondiente a la psicología de las pasiones, y se hizo a partir del texto correspondiente a la edición de 1728. Ya en la segunda mitad del siglo XIX se encuentra una edición en 1873, otra en París (1886) y ese mismo año otra en Madrid (1886). Todas ellas se centraban en los tratados que se refieren a las pasiones. Todas estas ediciones demuestran la amplia difusión que desde el siglo XVI ha tenido la Nueva filosofía de la naturaleza del hombre, obra que se ha seguido editando en castellano hasta la actualidad, como un clásico de la cultura renacentista española.

Desde el punto de vista de la filosofía natural y de la historia de la medicina, la obra de Sabuco contiene varios aspectos destacables. En primer lugar, representa una refutación radical de los contenidos científicos del galenismo, en un momento muy temprano, en el que, si bien se hacían sentir las primeras críticas, la doctrina galénica era el fundamento principal de los saberes y las prácticas de la medicina en todo el mundo occidental.

Puede afirmarse, pues, que las concepciones biológicas, la imagen del cuerpo y la idea de la salud poseen una originalidad insólita para los textos filosóficos y médicos de su tiempo. En segundo lugar, Sabuco aportaba una incipiente concepción psicosomática de la salud, de la enfermedad y de la terapéutica, sin precedentes durante la tradición anterior, en la que la dimensión psicológica de los fenómenos fisiológicos y de las enfermedades ocupaba una posición fundamental.

Por último, cabe destacar que la Nueva filosofía contiene la primera formulación conocida de la doctrina del succus nerveus, una aportación que sería objeto de reivindicación por parte de la historiografía nacionalista española desde la Ilustración, frente al mismo concepto empleado por parte de los grandes creadores de la doctrina iatroquímica del siglo XVII, como Thomas Willis o Sylvius, a quienes se ha atribuido habitualmente la paternidad de esta doctrina.

En síntesis, la Nueva filosofía de la naturaleza del hombre de Sabuco contiene rasgos de una importante originalidad y constituye un verdadero manifiesto contra el galenismo, fuertemente influenciado por el platonismo y por las ideas médicas de Celso, de quien se ofrecen numerosas citas a lo largo del texto.

La obra está dividida en siete tratados, entre los cuales posee especial interés para conocer sus concepciones filosófico-naturales el titulado Vera medicina y vera filosofía, oculta a los antiguos, en dos Diálogos [...]. Se encuentran aquí varios capítulos de carácter alegórico, en los que se plantea la tradicional analogía entre el cuerpo humano y el cosmos (Del microcosmo, que se dice mundo pequeño, que es el hombre), donde el alma aparece directamente vinculada al cerebro, “miembro divino, y capaz de todos los movimientos del cuerpo”. Elementos astrológicos y una concepción del sistema nervioso como eje de la vida ofrecen una original visión fisiopatológica, en la que encontramos la imagen alegórica del cuerpo humano como árbol invertido: “El hombre se dixo árbol al rebés, por la similitud que tiene con el árbol, la raíz arriba, y las ramas abaxo. La raíz es el cerebro, y sus tres celdas de médula anterior, media y posterior”. Esta imagen justificaría la existencia de un jugo nervioso, el succus nerveus, el cual desde el cerebro alcanzaría todas las partes del organismo y distribuiría los alimentos y la vitalidad. Equivale a la savia de los vegetales, con unas funciones fisiológicas más complejas, como las que corresponden al reino animal. El sistema fisiológico de Sabuco es, como puede verse, de una gran simplicidad. A partir del humoralismo clásico otorgaba la máxima y casi única relevancia al cerebro y al sistema nervioso central, en detrimento de los demás órganos: ni estómago, ni hígado, ni corazón desempeñarían otro papel que no fuera secundario para la función nutritiva, vivificadora y coordinadora del cerebro.

Tampoco otorgaba mayor relevancia a conceptos metafísicos que eran clave en el sistema galénico y en la biología aristotélica, como los de anima o spiritus.

En su visión de las enfermedades, Sabuco tendía a identificar el proceso patológico con la alteración del flujo normal y equilibrado del humor absorbido y distribuido por el cerebro. Sin embargo, otorgaba una gran importancia a las pasiones y a los movimientos del alma en el origen de las enfermedades, es decir, a los procesos psicológicos y los sentimientos. El título III del primer tratado de la Nueva naturaleza [...] se titula “Del enojo y pesar. Declara que este afecto del alma, enojo y pesar, es el principal enemigo de la naturaleza, y éste acarrea las muertes, y enfermedad de los hombres.” Siguen otros capítulos consagrados al efecto saludable o patógeno de la tristeza, del miedo, del amor y del deseo, del placer y de la alegría, de la desconfianza, del odio, de la enemistad y otras emociones. Los afectos del alma pueden plantear un conflicto entre alma y cuerpo, entre soma y psique que se manifiesta, según Sabuco, en los síntomas de las enfermedades, en la locura e incluso acaban provocando la muerte.

Su idea del contagio de las enfermedades hace compatible su imagen del cuerpo humano con la idea de la alteración patológica del aire, predominante en la época prebacteriológica. Igual en las epidemias, en las fiebres como en el mal de ojo, es el aire alterado y corrompido el que penetra en el cuerpo y altera, retiene o expulsa desordenadamente los humores naturales. En el “Coloquio de auxilios, o remedios de la vera medicina, con los quales el hombre podrá entender, regir y conservar la salud”, plantea como idea directriz de toda terapia el objetivo fundamental de recuperar la relación armónica entre alma y cuerpo, alterada como consecuencia de la enfermedad. Por eso toda terapia debe combatir los sentimientos negativos para la salud y favorecer la alegría, el contento, el placer, la esperanza o la ilusión. De ahí que la palabra sea la principal arma terapéutica del médico, el “mejor medicamento”, según Sabuco, sin olvidar remedios complementarios como la música, a la que dedica un interesante capítulo titulado “De la música, la qual alegra y afirma el cerebro y da la salud a toda enfermedad”. Su pensamiento médico está plagado de elementos astrológicos y sus concepciones embriológicas se oponen a la tradición aristotélica, en la medida en que no atribuye a la sangre el origen de la materia generativa, sino que la identifica con el succus nerveus. A diferencia del galenismo, tampoco expresa idea alguna a favor de la superioridad de la simiente del varón respecto a la de la hembra. La fecundación es fusión de ambas simientes, la del varón y la de la hembra.

La posición intelectual de Sabuco, al margen del mundo académico y con una actitud crítica frente a la medicina galénica y al aristotelismo, ofrece un magnífico exponente de la apertura ideológica y la presencia de determinadas corrientes intelectuales en la sociedad española del quinientos, ajenas a los modelos y estereotipos de la ciencia académica más ortodoxa. Con independencia de que, en la simplificación que lleva a cabo de la fisiología galénica, algunos estudiosos de su obra hayan querido ver un antecedente de la doctrina iatroquímica del succus nerveus, su obra presenta aspectos de particular interés. Uno de ellos es la visión alegórica del cuerpo humano, basada en una metáfora agraria que no entra en contradicción con la perspectiva microcósmica y la introducción de concepciones astrológicas. La otra —y tal vez la más original— es su visión psicopatológica de la enfermedad y la propuesta de una terapia psicológica basada en la palabra y en la música, en la que se deja ver también la influencia del platonismo.

Por último, la Nueva filosofía de la naturaleza del hombre de Sabuco incorporaba también concepciones mecánicas y elementos procedentes de la tradición alquímica, que muestran, una vez más, cómo estas corrientes ajenas a la escolástica y a la tradición medieval habían ido ganando terreno a lo largo del siglo XVI. Todo ello ha hecho de Sabuco y de su Nueva filosofía de la naturaleza del hombre un referente significativo de la cultura española renacentista, de la talla de Gómez Pereira o Juan Huarte de San Juan.

 

Obras de ~: Nueva filosofía de la naturaleza del hombre, no alcanzada de los grandes filósofos antiguos, la qual mejora la vida y salud humana, Madrid, P. Madrigal, 1587 (ediciones posteriores en 1588, 1622, 1728, 1847, 1886, 1888).

 

Bibl.: B. J. Feijoo, Teatro Crítico Universal, Pamplona, 1784- 1785; L. Sánchez Quintanar, La Biblioteca Médica Hispano- Lusitana, vol. IV, fols. 131r.-153v. [ms. c. 1843]; Sánchez Ruano, Doña Oliva Sabuco de Nantes: su vida, sus obras, su mérito literario, Salamanca, 1867; J. M. Guardia, “Philosophes espagnols. Oliva Sabuco”, en Revue Philosophique, 22 (1886), págs. 42- 60 y 272-292; J. Marco Hidalgo, Biografía de Doña Oliva Sabuco, Madrid, 1900; “Doña Oliva Sabuco no fue escritora”, en Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 7 (1903), págs. 1-13; B. Marcos, Los grandes filósofos españoles. Miguel Sabuco (antes Doña Oliva), Madrid, Biblioteca Filosófica, 1923; M. Menéndez Pelayo, La ciencia española, Madrid, 1953; L. S. Granjel, La doctrina antropológico-médica de Miguel Sabuco, Salamanca, Seminario de Historia de la Medicina, 1956; J. L. Abellán, Historia crítica del pensamiento español, Madrid, 1979; A. Martínez Tomé, Introducción a la Nueva Filosofía de la naturaleza del hombre, Madrid, Biblioteca Nacional, 1981; A. Martínez Vidal, “Los orígenes del mito de Oliva Sabuco en los albores de la Ilustración”, en Al-Basit, 13 (n.º 22) (1987), págs. 137-151; J. L. Barona, Sobre medicina y filosofía natural en el Renacimiento, Valencia, Universitat, Seminari d’Estudis sobre la Ciència, 1993; J. L. Barona, “El cuerpo alegórico, claves renacentistas para una interpretación de la naturaleza humana”, en Medicina e Historia, n.º 42 (1993).

 

Josep Lluís Barona Vilar