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Alfonso II de Portugal

Biografía

Alfonso II de Portugal. El Gordo. Coimbra (Portugal), 23.IV.1185 – 25.III.1223. Rey de Portugal.

Hijo del rey Sancho I y de doña Dulce de Aragón, nació en Coimbra el 23 de abril de 1185, siete meses antes del fallecimiento de su abuelo, el rey Alfonso I.

Desde muy joven sufrió una grave enfermedad, endémica en la Edad Media, que constituía una variante de la lepra. Se casó en 1208 con doña Urraca de Castilla, hija de Alfonso VIII de Castilla y de su mujer Isabel de Inglaterra.

A pesar de su enfermedad, la política de este monarca se caracteriza por una intransigente defensa del principio de los derechos y de la autoridad de la Corona.

Para tal fin estriba su poder en el apoyo de los clérigos imbuidos de las doctrinas que informaban de las teorías romanistas difundidas a partir de la Escuela de Derecho de Boloña. Entre los principales mentores de esta ideología destacaban los cancilleres Gonzalo Mendes y Julian Pais. Una importante facción de la nobleza concedió su apoyo a la Corona, con la plena convicción de que este apoyo les podría garantizar la manutención de las posiciones ganadas. Uno de los principales partidarios de Alfonso II es su mayordomo Pero Anes da Novoa, cuya acción destaca a partir de 1217.

Esta orientación política se manifestaba claramente en la reunión de la nobleza y del clero de 1211, la cual se realiza en Coimbra. Al parecer, aquí resulta la publicación de la primera colactánea de leyes que impone la centralización del poder de la Corona, con el objetivo de coartar los abusos e imponer la autoridad del monarca como garantía del normal funcionamiento de las instituciones. Entre los dispositivos legales aprobados se establece la sustitución de los actos de violencia por la subordinación a las determinaciones forenses, a la que la propia Corona se subordinaba.

A su vez se coartaban los abusos cometidos por las órdenes religiosas, las cuales pretendían imponer sus privilegios a determinadas áreas territoriales en las que sus derechos no se aplicaban.

En este reinado, y con aplicación a partir de 1220, se ponen en práctica los inquéritos, cuyo objetivo presupone reprimir abusos en lo tocante a la apropiación de haciendas ajenas a sus presumibles propietarios.

Las confirmaciones puestas en práctica entre 1116 y 1121 se generalizan como actos normales de la administración pública, de modo que la posesión de muchos bienes vuelve a ser propiedad de la Corona.

El rey tuvo muchos conflictos con sus hermanas Teresa, Sancha y Mafalda, a las que impuso el pago de derechos sobre tierras que habían heredado de su padre. De igual modo, les impuso el nombramiento de alcaldes en los castillos que les pertenecían. Indignadas, sus hermanas solicitaron la intervención del rey de León Alfonso IX y se quejaron al papa Inocencio III. El arbitraje del monarca leonés tuvo consecuencias positivas. Pero la queja de Alfonso II al Papa dio origen a que el Pontífice determinase que las infantas procediesen a la entrega de las villas y de los castillos a la Orden de los Templarios; asimismo, dictaminó que las infantas pagasen los derechos reales, considerando que en el testamento de su padre ninguna cláusula las libraba de ese compromiso.

Las hermanas del monarca rehusaron obedecer el veredicto papal, pero tuvieron que subordinarse a la sentencia de Honorio III. Hasta 1223 no quedó resuelto el conflicto, acabándose por imponer la voluntad del monarca. Fueron nombrados como titulares alcaldes de los castillos, nobles de la estricta confianza del rey, del mismo modo que sus hermanas tuvieron que pagarle todos los derechos a favor de la Corona.

El carácter autoritario del monarca tiene como consecuencia que muchos nobles portugueses se exilien en León y desde aquí organicen expediciones militares contra Portugal, lo que ocurre en 1212, 1220 y 1222. Los resultados hubieran podido ser funestos para la Corona portuguesa de no ser por el carácter apacible de Alfonso IX. Otra cuestión que facilitó la vida al rey portugués resultó de los conflictos habidos entre Alfonso VIII de Castilla y Alfonso IX de León.

El desenlace ocurrido en Navas de Tolosa con la derrota de los almohades provoca la rápida desagregación del imperio musulmán. El tratado de Coimbra de 11 de noviembre de 1212 entre los tres Alfonsos (de Portugal, de Castilla y de León) abre el camino para una mayor estabilidad peninsular entre los reinos cristianos.

En 1217 los portugueses reconquistan Alcácer do Sal sin que participara en el combate Alfonso II, posiblemente debido a su enfermedad. En esta operación intervinieron los cruzados. A lo largo de su vida, según lo comprueban los itinerarios, el monarca reparte su vida entre Santarém y Coimbra. Falleció el rey el 25 de marzo de 1223, con casi treinta y ocho años de edad. Vivió un reinado de cerca de doce años agitados por cuestiones internas con una gravedad acentuada.

Al morir, con todo, dejó a su heredero Sancho II un reino bien delimitado en sus fronteras, con una autoridad del Estado que supo imponerse a todos los que se oponían a un sistema político fuerte y centralizado.

 

Bibl.: L. Gonzaga de Azevedo, História de Portugal, introd. de D. Maurício, vol. V, Lisboa, Biblión, 1942; A. Brandão, Cronicas de D. Sancho I e D. Afonso II, introd. de A. de Magalhães Basto, Porto, Civilização, 1945; Crónica de Sete primeiros Reis de Portugal, ed. crítica de C. da Silva Tarouca, vol. I, Lisboa, Academia Portuguesa da História, 1952; J. Veríssimo Serrão, História de Portugal, vol. I, Lisboa, Verbo, 1977; A. Herculano, História de Portugal, notas críticas de J. Mattoso, t. I, Lisboa, Bertrand, 1980; J. Mattoso, História de Portugal, vol. II, Lisboa, Círculo de Leitores, 1993.

 

Humberto Baquero Moreno