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Beato Francisco de Jesús, María y José

Biografía

Palau y Quer, Francisco. Beato Francisco de Jesús, María y José. Aytona (Lérida), 29.XII.1811 – Tarragona, 20.III.1872. Carmelita descalzo (OCD), predicador, publicista, fundador, beato.

Hijo de una familia humilde de labradores formada por el matrimonio José Palau y Antonia Quer, fue el séptimo de nueve hermanos. Recibió la primera instrucción religiosa en la iglesia parroquial de San Antolín y las primeras letras en la escuela pública de la localidad. En 1825, cuando contaba catorce años, se trasladó a Lérida, acogido en casa de su hermana Rosa, casada allí un año antes. En la capital completó los estudios primarios y sintió las primeras inquietudes vocacionales. Solicitó ingresar en el Seminario Diocesano al comenzar el curso correspondiente a 1828-1829. Gracias a una beca de “porcionista”, pudo seguir los estudios de Filosofía y Teología en aquel centro eclesiástico durante los años 1828-1832. Al concluir el curso de 1831-1832 renunció a la beca e interrumpió los estudios de la carrera sacerdotal.

Francisco Palau llegó al convencimiento de que estaba llamado a la vida religiosa, en concreto al Carmelo Teresiano. Ingresó como postulante en el Convento de San José de Barcelona el 23 de octubre de 1832 y vestía el hábito religioso el 14 de noviembre del mismo año, adoptando el sobrenombre de Francisco de Jesús, María y José. Concluido el año de prueba, emitía la profesión religiosa el 15 de noviembre de 1833. Las circunstancias políticas de la nación no le permitieron vivir la vida conventual regular a causa de los acontecimientos revolucionarios de 1835. El día 25 de julio de este año era incendiado el Convento de Barcelona y expulsados sus religiosos, lo mismo que los de otros monasterios. A los pocos días, Francisco Palau, junto con otros compañeros, era conducido a la prisión barcelonesa de La Ciudadela. Liberado a mediados de agosto, buscó acomodo por diversos lugares, hasta que se trasladó en marzo de 1836 a la casa paterna de Aytona. Recibió la ordenación sacerdotal el 2 de abril del mismo año en la Catedral de Barbastro, de manos del obispo de la diócesis Santiago Fort Puig.

Poco tiempo después se establecía en Lérida e iniciaba una intensa actividad apostólica por diversas diócesis de Cataluña, como “misionero apostólico”, en dependencia de las autoridades eclesiásticas especialmente designadas por la Santa Sede para la zona carlista. La definitiva derrota militar de los seguidores de Don Carlos en Berga (julio de 1840) incidió decisivamente en el futuro de Francisco Palau. Temiendo posibles represalias de los vencedores, pasó la frontera francesa con su hermano Juan y siete compañeros el 21 de julio de 1840, dirigiéndose a Perpiñán. Alternó sus actividades en la ciudad con la vida solitaria en la cueva de Galamus, cerca del pueblecito de Lesquerde, y en la composición de libro titulado Lucha del alma con Dios, que publicó en Montauban en 1843. Sintiéndose poco seguro en aquella zona, se trasladó a un lugar más alejado de la frontera española.

Fijó su residencia, a primeros de 1843, en el castillo de Montdesir, muy cerca del Santuario mariano de Nuestra Señora de Livron, en el municipio de Caylus (Montauban). Allí mantuvo un tenor de vida solitaria junto con algunos compañeros a quienes dirigía espiritualmente, llegando a constituir una especie de comunidad religiosa. La hostilidad de las autoridades civiles y eclesiásticas contra el género de vida del grupo por él dirigido aumentó durante su ausencia, con motivo de un viaje a España en 1846-1847. A su regreso, en marzo de 1857, se retiró con sus compañeros a Cantayrac, lugar solitario perteneciente al municipio de Loze. En 1849 inició los trámites para nacionalizarse en Francia, pero no llegó a ultimarlos, ya que las circunstancias le aconsejaron desistir de su propósito y volver a España. Así lo hacía en la primavera de 1851, llegando a Gerona el 18 de abril. Un mes más tarde se presentaba al obispo de Barcelona, Costa y Borrás, quien le acogió en su diócesis y le concedió amplias facultades nombrándole “director de ejercicios del Seminario”, con residencia en el “colegio episcopal”.

Establecido definitivamente en Barcelona, comenzó a cumplir sus compromisos en el Seminario al tiempo que ayudaba en su ministerio al párroco de la iglesia de San Agustín. A los pocos meses organizó en aquella parroquia una actividad catequética a la que puso el nombre de “Escuela de la Virtud”, comenzando a funcionar el primer domingo de adviento, 16 de noviembre de 1851. El prestigio adquirido por la “Escuela de la Virtud” y su notoria incidencia en la vida religiosa de Barcelona inquietaron a los elementos anticlericales de la ciudad, que la atacaron en la prensa y con todos los medios a su alcance. La implicaron falazmente en las revueltas sociales surgidas en Barcelona en marzo de 1854, y lograron que las autoridades civiles la clausuraran el 31 del mismo mes. A causa de las falsas acusaciones lanzadas contra el director, éste era castigado con el confinamiento por tiempo indefinido en la isla de Ibiza, para donde salió el 9 de abril de 1854.

Pasó los primeros meses en la capital de la isla, pero se retiró luego a Els Cubells, lugar solitario perteneciente al pueblo y parroquia de San José, alternando la vida solitaria con cierta actividad apostólica en diversos lugares de la isla. Durante el tiempo de su confinamiento escribió una historia apologética de su actuación en Barcelona, que apareció en Madrid en 1859, con el título La Escuela de la Virtud vindicada. En mayo de 1860, recobraba la libertad para trasladarse a la Península, gracias a una amnistía general concedida por el Gobierno. Cuando se hallaba ya en la Península, el 15 de junio del mismo año de 1860, se publicaba una Real Orden en la que se reconocía la inocencia de Francisco Palau y de la “Escuela de la Virtud”. Con la libertad recobraba también la fama de la que injustamente había sido privado.

Después de un viaje a Madrid, donde permaneció el mes de agosto, ocupado en asuntos no del todo esclarecidos, inició un período de predicación por las Baleares, comenzando por Palma de Mallorca y siguiendo por Menorca. La acogida favorable de parte de los obispos de las islas le animó a retomar antiguos proyectos fundacionales. El 27 de noviembre de 1860, el prelado de Mallorca le nombraba director espiritual de los ermitaños de San Honorato de Randa a petición de los mismos interesados, que atravesaban una delicada crisis de identidad. Gracias a su acertada orientación, recobraron en poco tiempo su antiguo esplendor, integrándose en la obra fundacional que Francisco Palau ponía en marcha con la primera comunidad masculina establecida en Vallcarca (Barcelona). Pocos meses más tarde, a primeros de 1861, reunía la primera comunidad femenina en Ciudadela (Menorca), a la que siguieron otras en Barcelona, Ibiza y en el alto Aragón: Salas Altas, Estadilla y Graus (todas en Huesca).

Durante los años 1861-1864, al mismo tiempo que se ocupaba de estos asuntos fundacionales, se dedicó con intensidad a la predicación por pueblos y ciudades, especialmente Madrid, Barcelona, Palma de Mallorca, Ibiza, Lérida y Tarragona. Alternó sus correrías apostólicas con períodos de absoluto retiro en Vallcarca (Barcelona), donde había fijado su residencia, San Honorato de Randa, Els Cubells (Ibiza) y especialmente en El Vedrá (Ibiza). A partir de 1864, su actividad de predicador adoptó la modalidad más comprometida de “misiones populares”. Solicitado por los respectivos obispos las llevó a cabo en Ibiza y Barcelona durante los años 1864 y 1865, obteniendo extraordinarios resultados tanto en el campo religioso como en el social. A través de esta actividad apostólica contactó Francisco Palau con gentes enfermas y abandonadas de la sociedad. Acudían a él como a instancia suprema para resolver su situación frecuentemente dramática, al ser abandonadas por la propia familia.

La afluencia de enfermos y marginados a su residencia de Vallcarca fue aumentando considerablemente desde mediados de 1865. Muchos estaban desahuciados por todos los médicos consultados, por lo que algunos fueron considerados energúmenos y tratados como tales. Esta actividad le acarreó a Francisco Palau fuerte oposición de muchos sectores de la sociedad e incluso de la curia barcelonesa, que llegó a prohibirle la práctica de los exorcismos públicos o solemnes. Obedeció a las indicaciones de sus legítimos superiores eclesiásticos, pero continuó con su asistencia a los enfermos recogidos en Vallcarca, preparando a tal efecto, y con ayuda de sus familiares y amigos, un pequeño dispensario donde eran atendidos los más necesitados y abandonados.

Convencido de la bondad de su causa y preocupado únicamente por la situación lastimosa de aquella gente marginada, Francisco Palau viajó a Roma con el fin de exponer al papa Pío IX su situación y pedir la bendición para su obra. Llagaba a la capital italiana el 8 de diciembre de 1866 y presentaba el día 18 en el Vaticano la documentación sobre los “energúmenos” y exorcismos. Aunque no tenía intención de esperar el resultado de sus gestiones, otros motivos le aconsejaron prolongar la estancia en Roma. A partir de 1868 inició la publicación de un semanario político religioso titulado El Ermitaño, en el que se proponía combatir la marea antirreligiosa desatada de manera especial a raíz de la revolución de septiembre del mismo año, la “septembrina”. El primer número apareció el 5 de noviembre de 1868 y el último en 1873, un año después de su muerte. Decidido a defender sus ideas y sus actuaciones en Vallcarca, emprendía otro viaje a Roma a primeros de 1870 para informar a los lectores de El Ermitaño de lo que se trataba en el Concilio Vaticano I y para presentar a los padres conciliares una propuesta sobre la implantación del exorcistado como ministerio permanente en la Iglesia.

En lugar de disminuir, fueron en aumento las dificultades y oposiciones a su sacrificada labor en Vallcarca. Tras un registro policial de los locales donde se atendía a los enfermos, siguió el cierre de los mismos y la detención de Francisco Palau y sus colaboradores, el 29 de octubre de 1870. Aunque se le concedía libertad provisional pocos días después, se iniciaba un proceso judicial contra él, acusado de practicar ilegalmente la medicina. Un año más tarde se dictaba sentencia favorable a su inocencia y a la de sus colaboradores.

Estas ocupaciones y problemas no le habían impedido proseguir su obra fundacional abriendo nuevas comunidades. En febrero de 1872 visitaba las comunidades de Aytona y Lérida, trasladándose desde allí, el día 20, a la localidad de Calasanz (Huesca) para animar a las religiosas que asistían a los contagiados de una epidemia. Tras un breve descanso en Barcelona, viajaba a Tarragona, donde llegaba enfermo el 10 de marzo. Fallecía allí diez días después, rodeado de las hermanas que componían la última fundación establecida en aquella ciudad.

El 20 de marzo de 1951, al cumplirse los 75 años de su tránsito, se abría el proceso diocesano de beatificación en Tarragona, clausurándose el 20 de marzo de 1958. El 15 de abril del mismo año se iniciaba el proceso apostólico. Aprobados sus escritos por Pablo VI el 21 de diciembre de 1968, Juan Pablo II promulgaba el decreto sobre las virtudes heroicas el 10 de noviembre de 1986. Dos años después era beatificado por el mismo Papa el 24 de abril.

Obras de ~: Lucha del alma con Dios, Montauban, Imprenta de Forestié, 1843; Catecismo de las virtudes, Barcelona, Imprenta de los Hermanos Torras, 1851; Escuela de la virtud vindicada, Madrid F. Gamayo, 1859; Mes de María, o sea flores del mes de mayo, Barcelona, Imprenta de Pablo Riera, 1862; La Iglesia de Dios figurada por el Espíritu Santo en los Libros Sagrados, Barcelona, Est. Tipográfico de Narciso Ramírez y Rial, 1865; El Ermitaño, semanario político religioso, Barcelona, Librería de Font, 1868-1873; Mis relaciones con la Iglesia, ed. por E. Pacho, Roma, Carmelitas Misioneras, 1977 (ed. facs. Burgos, Monte Carmelo, 2004); Cartas, ed. por C. Pérez Milla, Roma, Carmelitas Misioneras Teresianas, 1982 (Obras selectas, intr., notas y ed. de E. Pacho, Burgos, Monte Carmelo, 1997).

 

Bibl.: A. de la Virgen del Carmen, Vida del R. P. Francisco Palau Quer, O.C.D. (1811-1872), Barcelona, Imprenta Imperio, 1933; G. de Jesús Crucificado, Brasa entre cenizas. Biografía del R. P. Francisco Palau y Quer (1811-1872), Bilbao, DDB, 1956; E. Pacho (dir.), Francisco Palau, una figura carismática del siglo xix, Burgos, Monte Carmelo, 1972; (dir.), Francisco Palau e Ibiza, Barcelona-Burgos, Monte Carmelo, 1981; O. Bosch, Amour et service de l’Eglise du Père François de Jéesus-Marie-Joseph, Montuaban, Ateliers de Moustier, 1983; E. Pacho, Francisco Palau. Una pasión eclesial, Roma, 1986; F. Malax (dir.), Misionero a la intemperie, San Sebastián- Vitoria, Ediciones el Carmen, 1988; E. Pacho (dir.), Palau-Quer “88”, Burgos, Monte Carmelo, 1988; VV. AA., Francisco Palau. Beatificado, Roma, Carmelitas Misioneras, 1988; Beatificación. Francisco Palau. Memoria, Roma, Carmelitas Misioneras Teresianas, 1992; E. Pacho, Francisco Palau y Quer, Tipología y experiencia de Iglesia, Burgos, Monte Carmelo, 1993; Estudios Palautianos, Burgos, Monte Carmelo, 1998; G. della Croce, Francesco Palau y Quer, Carmelitano, apostolo, scrittore, mistico, Milano Mimep-Docete-Padri Carmelitani, 2002.

 

Eulogio Pacho Polvorinos