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Pompeyo Trogo

Biografía

Pompeyo Trogo. Narbonense, 40 a. C. – ¿Roma? (Italia), p. s. I. Historiador galo.

Sus antepasados procedían de la Galia. El abuelo sirvió a Pompeyo. El padre desempeñó un cargo de confianza con César. Fue, de joven, amigo de Tito Livio. Escribió sobre botánica y zoología, siguiendo a Aristóteles y a Teofrasto. La obra perdida, cuarenta y cuatro libros titulados Historias Filípicas, es una historia universal no referida sólo al Imperio Romano, que completaba la Historia de Tito Livio. En las Historias expresa conceptos sobre Imperios ya desaparecidos vigentes, en la época de Augusto. Las líneas fundamentales están expresadas en función de Roma.

Trata brevemente la historia de Oriente y de Grecia (libros 1-6) hasta el siglo IV a. C. Los libros 7-40 se dedican a la historia del Mediterráneo Oriental en estrecha relación con Macedonia, de aquí el título que el autor puso a su obra, y de los reinos de los Diádocos hasta su incorporación al Imperio Romano. Con mucha habilidad cambió las disgresiones de Herodoto y de Teofrasto. El libro 41 se refiere a los pueblos periféricos del Oriente, especialmente al Imperio Parto. También a Bactriana y a la India. Sólo contempla los reinos en sus relaciones con Roma. En el libro 43 narra la historia más antigua de Roma, hasta Tarquinio Prisco. El encuentro de Roma con Galia y con Macedonia dio lugar a la unión del Oeste. La historia universal termina en el último libro con la historia de Hispania y del norte de África. El estilo es muy personal y novedoso, como en la polémica contra Salustio y contra Livio, por sus conversaciones mantenidas con éstos sobre historia. Las Historias Filípicas se han perdido. Se conserva sólo un epítome de Justino, autor que se cree que vivió a comienzos del siglo III.

La concepción universalista de Pompeyo Trogo ha influido mucho en la Antigüedad Tardía y en la Edad Media, especialmente por su idea de la translación del Imperio.

La concepción de la Historia de Pompeyo Trogo es totalmente nueva en la historiografía. Para el historiador galo, la historia es una sucesión de imperios universales caracterizados por una política expansionista que va de Este a Oeste. Esta concepción ya se encontraba en Herodoto, en Ctesias, en Diodoro, en Dionisio de Halicarnaso y en la perdida obra de Emilio Sura. La novedad de Pompeyo Trogo fue colocar al final de este proceso histórico a Roma y a Partia.

Dentro de esta evolución histórica colocó los diferentes pueblos. Roma no ocupó el centro de la Historia.

La perspectiva histórica no es la romana. El protagonismo lo ocupan pueblos desconocidos para los romanos.

Los cambios políticos se debían a las virtudes de los hombres y a los vaivenes de la fortuna. La fortuna había mimado siempre a Roma. El estilo de la obra es también literario. La fecha de composición de las Historias Filípicas es la época de Augusto, sin poder precisarse más.

Para la historia de Grecia, las fuentes utilizadas por Pompeyo Trogo fueron excelentes: Herodoto, Tucídides, Eforo, Teopompo y Filarco. En la vida de Alejandro Magno se rastrea la tradición de Clitarco y de Calístenes. Las fuentes para la historia de los Diádocos son: Jerónimo de Cardia, además de Clitarco y de Duris de Samos. Para Pirro siguió a Jerónimo de Cardia y a Próxeno. Para el Occidente mediterráneo, consultó el historiador galo a Timeo, Eforo, Antíoco, Teopompo y a Filisto.

En la historia de la Magna Grecia se rastrea el influjo de Eforo, de Timeo, de Fabio Píctor y de Varrón. Para los partos acudió a Timágenes, a Posidonio de Apamea y a Apolodoro. También acusa el influjo de Jerónimo de Cardia y de Timágenes para la historia helenística y la historia del Oriente hasta la conquista romana.

Igualmente, para la historia del Oriente, al final, pudo recoger datos orales de su familia. Pompeyo Trogo utilizó las fuentes según los períodos históricos que narró, buscando siempre los historiadores más próximos a los sucesos. Siguió en la narración de lo histórico la tradición helenística. Es la única Historia Universal escrita por un autor no cristiano, antes que la redactada por Orosio, que usó el Epítome de Justino.

Los fragmentos recopilados de Pompeyo Trogo por Justino no son muchos, pero son importantes para conocer la idea que entre los contemporáneos de Augusto se tenía de Hispania. Se ha supuesto que el historiador galo se basó en Posidonio, que a su vez aprovechó la descripción de Turdetania hecha por Asclepíades de Mirlea.

La alabanza de Hispania es la siguiente: “Hispania cierra los confines de Europa y también será el final de esta obra. Los antiguos la llamaron primero Hiberia, por el río Hibero, después Hispania, por Híspalo.

Situada entre África y Galia, está limitada por el estrecho del Océano y por los montes Pirineos. Si bien es más pequeña que ambas tierras, es también más fértil que una y otra; pues ni se calienta, como África, por un sol abrasador, ni, como Galia, está azotada por los continuos vientos, sino que, en medio de una y otra, de una parte por su moderado calor, de otra por sus lluvias bienhechoras y oportunas es fecunda en toda clase de frutos, hasta el punto que por la abundancia de todos sus productos no sólo provee a sus propios habitantes, sino también a Italia y a la ciudad de Roma. De aquí, en efecto, no sólo sale gran cantidad de trigo, sino también de vino, de miel y de aceite. No sólo ocupa un puesto importante el mineral de hierro, sino también sus rebaños de veloces caballos. Y no sólo hay que elogiar los productos de la superficie de la tierra, sino también la abundante riqueza de sus minerales escondidos. Además hay gran cantidad de lino y esparto y ninguna tierra es sin duda más rica en minio.

En ella el curso de los ríos no es torrencial y arrollador, de modo que causen perjuicios, sino que es lento y riegan las viñas y los campos; además, en los estuarios del Océano son abundantes en peces, y los más también ricos en oro, que arrastran sus arenas. Solamente está unida a la Galia por la cresta de los montes Pirineos; por todas las demás partes está rodeada en círculo por el mar. La forma del país es casi cuadrada, si no fuera porque, al aproximarse las costas del mar, se estrecha en el Pirineo. La extensión de los montes Pirineos es de seiscientos mil pasos. La salubridad de su clima es igual en toda Hispania, porque el aire que se respira nunca está infectado por la espesa niebla de los pantanos.

A esto se añaden las brisas marinas, que soplan continuamente hacia todas partes y, penetrando por toda la provincia, limpian el aire de la tierra y proporcionan a sus hombres una extraordinaria salud.

”El cuerpo de sus hombres está preparado para el hambre y la fatiga y su espíritu para la muerte. Todos son de una dura y rigurosa sobriedad. Prefieren la guerra a la inactividad y, si les falta un enemigo fuera, lo buscan en su propia tierra. A menudo mueren a causa de las torturas por su silencio sobre las confidencias a ellos hechas: hasta tal punto para ellos es más fuerte su preocupación por el secreto que por la vida. Se elogia también la firmeza de aquel esclavo que en la guerra púnica, habiendo vengado a su amo, empezó a reír en medio de las torturas y venció la crueldad de los verdugos con su serena alegría. Es un pueblo de viva agilidad y espíritu inquieto y para la mayoría son más queridos sus caballos de guerra y sus armas que su propia sangre. No preparan ningún festín para los días de fiesta. Después de la segunda guerra púnica aprendieron de los romanos a bañarse con agua caliente” (traducción de J. Castro).

Comienza la descripción señalando que Hispania es el finisterre de Europa, que primero se llamó Iberia y después Hispania, nombre derivado del nombre de un rey: Hispano. Etimológicamente carece de verosimilitud.

El nombre de Iberia no tiene nada que ver con el río Ebro, sino con el mito que los griegos situaron en la Cólquida, actual Georgia, que se refería a Heracles. Hispalo es un mítico rey fundador de Híspalis (Sevilla), hijo de Heracles.

Primero Iberia sería la desembocadura del río Tinto, y después, por extensión, las tierras del interior. El nombre de Hispania aparece ya usado por el historiador Tito Livio con ocasión de la Segunda Guerra Púnica. Procede de los analistas romanos.

Señala los límites de Hispania que son África, Galia y los montes Pirineos. Hispania, para Pompeyo Trogo, tiene una unidad desde los Pirineos hasta el estrecho de Gibraltar. Esta unidad geográfica de Hispania procede, muy seguramente, de Posidonio de Apamea. Estrabón no fue consultado por Pompeyo Trogo, pues la fecha de aparición de la Geografía es posterior.

No es cierta la afirmación del historiador galo de que sea más pequeña que la Galia. No es tan calurosa como África, ni está azotada por los vientos como Galia.

Es tan fértil que suministra a Italia y a Roma productos de todo género, en lo que coincide con Estrabón, pero sólo referido a Turdetania. Pompeyo Trogo lo afirma en general de toda Hispania. Produce en abundancia cereales, vino, miel, aceite, hierro, metales y veloces caballos, como también indica Estrabón.

Es la tierra más fértil del mundo en lino, en esparto y en minio. Los ríos no son torrenciales, lo que perjudica las tierras, sino lentos, y riegan los campos. Es también rica en pescado en los estuarios. Esta riqueza de pescado maravilló a Estrabón. La forma de la superficie de Hispania es cuadrada. La extremidad es el cabo de San Vicente. Da la longitud de los Pirineos.

Considera a Hispania un país sano. Los vientos marinos penetran en el interior. Esta afirmación sólo es aplicable a las costas. Afirma que los hispanos tienen los cuerpos preparados para las privaciones y los trabajos, y el ánimo para la muerte, lo mismo afirma Silio Itálico (I, 225) de los íberos. Prefieren la guerra al ocio, en lo que coincide con Estrabón, que escribió que una característica de Hispania es la lucha continua de unas tribus contra otras. En los tormentos no descubren a los que puedan perjudicar a alguien, y recuerda el caso de un esclavo durante la Segunda Guerra Púnica. Se refiere, muy probablemente, al esclavo que asesinó a Asdrúbal. Caracteriza a los hispanos de veloces en la carrera y de ánimo inquieto.

Para muchos, los caballos de las guerras y las armas son más queridos que los parientes. En la guerra Lusitana (155-136 a. C.), que fue una guerra de guerrillas, los lusitanos utilizaban la caballería para sus desplazamientos.

Los celtíberos, en la guerra de Numancia (154-133 a. C.) emplearon mucha caballería. La paz con los romanos no se logró en varias ocasiones porque los romanos exigían la entrega de las armas. Livio (XXXIV, 17) afirma que los hispanos no concebían la vida sin armas. Los vetones, según Estrabón (III, 4, 16) creían que se debe guerrear o no hacer nada.

La conquista romana de Hispania duró desde el 218 a. C. al 19 a. C. Esta duración tan larga se debió al carácter guerrero de sus habitantes. Los grandes banquetes comunitarios están atestiguados para los pueblos del norte (Str., III, 3, 7) y entre los lusitanos (Diod., XXXIII, 7, 7). Esta alabanza de Hispania es importante por ser la primera que se hace en la Antigüedad.

Es la base de la alabanza de Plinio el Viejo, con que termina su Historia Natural en la parte que se refiere a Hispania; de la de Claudio Claudiano, natural de Alejandría, que vivió hacia el 400, y de Isidoro en las Etimologías en el siglo VII.

La creencia entre los lusitanos de que las yeguas quedaban preñadas por el viento y parían unos potros veloces que sólo vivían tres años, se encuentra antes que en Pompeyo Trogo en Varrón (r.r., 2., 1, 19) que pasó muchos años en Hispania durante la Guerra Sertoriana, y durante la guerra civil entre César y Pompeyo; en Virgilio (Georg., III, 271), contemporáneo de Pompeyo Trogo, y en el hispano Columela, nacido a comienzos del siglo I.

El origen griego de Galicia es una invención de la época helenística, cuando se hizo llegar a gran número de héroes troyanos al Occidente (Str., III, 2, 13). Estrabón (III, 4, 3) también trae, terminada la guerra de Troya, a héroes griegos a Galicia. El padre de Teucros, Telamón, rey de Salamina de Chipre, no permitió la vuelta de su hijo a su patria, por no traer consigo los restos de su hermano Ayax, que se suicidó al no conseguir las armas que habían pertenecido a Aquiles. La fundación de Cartago Nova por Teucros carece de fundamento.

Pompeyo Trogo hizo llegar a Galicia a Anfíloco, hijo de Anfirao y de Erófila. Terminada la guerra de Troya vino a Galicia y dio su nombre el pueblo de los anfílocos, que habitaban el norte de Argos y el sudeste de Ambracia, en Grecia. Puntualiza el historiador galo que Galicia era muy rica en oro, en plomo y en minio, afirmación que era verdad, salvo en el minio.

Recoge la leyenda de la existencia de un monte sagrado en el que estaba prohibido arar en él. Si la tierra era abierta por un rayo se podía recoger el oro, que se tenía por un don de Dios.

La noticia de que las mujeres se ocupaban de las tareas domésticas y de la labranza, y los hombres se dedicaban a las armas y al pillaje, tiene su confirmación en la causa de las Guerras Cántabras, que eran las razzias de los cántabros sobre los vacceos, turmódigos y autrigones. La excelencia de las armas de hierro debida al agua tiene una confirmación en Marcial (I, 49, 3; IV, 55, 12; XII, 18, 9). Las espadas celtíberas fueron muy alabadas e imitadas por los romanos, ya por Polibio (Suida, voz machaira) y antes por Filón de Bizancio en la segunda mitad del siglo III a. C. (Mechaniké syntasis, 46); después por Diodoro Sículo (V, 33, 3, 4) y finalmente por Tito Livio (XXXI, 34, 4).

El último gran párrafo de Pompeyo (XLIV, 1-16) dedicado a Hispania recoge la leyenda de Habis, que es el único mito transmitido por las fuentes de la Hispania Antigua. Este mito debió leerlo el historiador galo en Asclepíades de Mirlea, que enseñó Gramática en Turdetania y escribió sobre sus pueblos. El mito es el siguiente: “Por otra parte, los bosques de los tartesios, en los que los Titanes, se dice, hicieron la guerra contra los dioses, los habitaron los curetes, cuyo antiquísimo rey Gárgoris fue el primero que descubrió la utilidad de recoger la miel. Éste, habiendo tenido un nieto tras la violación de su hija, por vergüenza de su infamia intentó hacer desaparecer al niño por medios diversos, pero, salvado de todos los peligros por una especie de fortuna, finalmente llegó a reinar por la compasión que despertaron tantas penalidades. Ante todo, ordenó abandonarlo y, pocos días después, al enviar a buscar su cuerpo abandonado, se encontró que distintas fieras lo habían alimentado con su leche. Después de llevarlo a casa, manda arrojarlo en un camino muy estrecho, por el que acostumbraba a pasar el ganado; hombre verdaderamente cruel, ya que prefería que su nieto fuera pisoteado en vez de darle muerte simplemente. Como también entonces había salido ileso y no estuvo falto de alimentos, lo arrojó primero a unos perros hambrientos y torturados por la privación de muchos días y después también a los cerdos.

Así pues, puesto que no sólo no recibía daño, sino que además era alimentado por las ubres de algunas hembras, mandó por último arrojarlo al Océano. Entonces claramente por una manifiesta voluntad divina, en medio de las enfurecidas aguas y el flujo y reflujo de las olas, como si fuera transportado en una nave y no por el oleaje, es depositado en la playa por unas aguas tranquilas, y no mucho después se presentó una cierva, que ofrecía al niño sus ubres. Más tarde, por la convivencia con su nodriza el niño tuvo una agilidad extraordinaria y durante mucho tiempo recorrió montañas y valles en medio de los rebaños de ciervos, no menos veloz que ellos. Finalmente, apresado con un lazo, es ofrecido al rey como regalo. Entonces, por el parecido de las facciones y por las señales que se habían marcado a fuego en su cuerpo cuando pequeño, reconoce al nieto. Después, admirando tantas penalidades y peligros, él mismo lo designa su sucesor al trono. Se le puso el nombre de Habis, y después de haber recibido la dignidad real, fue de tal grandeza, que parecía no en vano arrancado a tantos peligros por la majestad de los dioses. De hecho, sometió a leyes a un pueblo bárbaro y fue el primero que enseñó a poner a los bueyes bajo el yugo del arado y a procurarse el trigo con labranza y obligó a los hombres, por odio a lo que él mismo había soportado, a dejar la comida silvestre y tomar alimentos más suaves. Sus vicisitudes parecerían fabulosas, si no se contara que los fundadores de los romanos fueron alimentados por una loba y que Ciro, rey de los persas, fue criado por una perra. Prohibió al pueblo los trabajos de esclavo y distribuyó la población en siete ciudades. Muerto Habis, sus sucesores retuvieron el trono durante muchos siglos. En otra parte de Hispania, que está formada por las islas, reinó Gerión. En ellas son tan abundantes los pastos, que los rebaños reventarían, si no se interrumpiera el engorde con el ayuno. En fin, después, los rebaños de Gerión, al ser éstos lo único que en aquel entonces se consideraba riqueza, fueron de tan gran renombre, que atrajeron a Hércules desde Asia por la importancia del botín. Cuentan además que el mismo Gerión no tuvo una triple naturaleza, como dicen las fábulas, sino que fueron tres hermanos con tan gran unión, que todos parecían ser animados por un solo espíritu, y que no hicieron la guerra contra Hércules por propia iniciativa, sino que, cuando vieron que les quitaban los rebaños, trataron de recuperar con la guerra lo que habían perdido” (traducción de J. Castro).

El desplazamiento al Tartesso del mito de la lucha de los Titanes contra los dioses olímpicos, Gigantomaquia, está representado en el altar de Pérgamo, comenzado a construir hacia el 180 a. C. Esta leyenda de la salvación de Habis recuerda otras semejantes, como la de Moisés, Semíramis, Zaratustra, Ciro, Rómulo, etc. El mito representa un estado matriarcal.

Habis es semejante a Saturno. Como éste, es un rey que enseñó la agricultura, que legisló y que al fin se convirtió en dios. Las gentes ignoraban todas las formas de vida civil y las técnicas más rudimentarias de la agricultura. Desconocían la vida de tipo urbano.

La forma política evolucionó hacia una Monarquía de tipo hereditario. Habis dividió el pueblo en siete estamentos.

La localización de la leyenda del robo de los toros de Gerión por Hércules, en la isla de Cádiz, es una invención de Estesícoro de Himera (640-555 a. C.), que vivió en la ciudad griega más occidental. Con anterioridad se había localizado en otros límites del mundo griego conocido, como el Epiro.

Es exacta la afirmación de Pompeyo Trogo de que antes de los romanos fueron los cartagineses los que se adueñaron de Hispania, y que Cádiz fue fundada por los habitantes de Tiro, en lo que coincide con Estrabón (III, 5, 7).

La historia de Justino alcanzó prestigio en la Antigüedad.

Es citada por Jerónimo y por Agustín. Su influjo se acusa en Valerio Máximo, en Frontino, en Polieno, en Curcio Rufo y en Orosio. Con posterioridad se leyó mucho a Justino, como se deduce del gran número de manuscritos hallados en Europa, más de doscientos. En la Edad Media fue leído, al igual que durante el Renacimiento. Se hicieron muchas ediciones, más de trescientas, y traducciones a diferentes lenguas. En el siglo XIX el interés por la obra de Pompeyo Trogo decayó. En el siglo XX el interés por su obra ha aumentado.

En España, Pompeyo Trogo fue leído en la Edad Media, al igual que durante el Renacimiento, como se deduce del gran número de manuscritos y ediciones de Justino. Son numerosas las ediciones impresas en Europa que circularon por España durante los siglos XV y XVI. La única traducción conocida es la de José de Bustamante, de la que se conservan varios ejemplares en las bibliotecas españolas.

 

Bibl.: R. Grosse, Fontes Hispaniae Antiquae, VII. Las fuentes desde César hasta el siglo v d. C., Barcelona, Bosch, 1959, págs. 344-354; J. Castro, Justino. Epítome de las Historias Filípicas de Pompeyo Trogo. Fragmentos, Madrid, Gredos, 1995; J. Mangas y D. Plácido, La Península Ibérica prerromana de Eforo a Eustacio, Madrid, Fundación de Estudios Romanos, 1999, págs. 861-869.

 

José María Blázquez