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Vespasiano

Biografía

Vespasiano. Flavius Vespasianus, Titus. Imperator Caesar Vespasianus Augustus. Falacrinas (Reate, Rieti, Italia), 17.XI.9 – Aquae Cutiliae (Sabina, Italia), 24.VI.79. Emperador.

La crisis de los años 68-69, conocida también como “de los cuatro emperadores” es sobre todo un conflicto de ejércitos. La situación amenaza constantemente la unidad romana. Las soluciones tendrán que ver con la estabilidad total de los militares. En otro orden de cosas, se exigirá tenacidad y regulación en la nueva planificación socioeconómica. El fundamental interés unificador hace que prevalezca la necesidad de un auténtico orden económico. La nobleza de sangre pasa a un plano secundario en la realidad política del momento. En el juego político están en relación, a veces enfrentada, el senado, los pretorianos y los ejércitos provinciales. El senado está en franca decadencia como consecuencia sobre todo del anterior régimen terrorista. El futuro emperador, Vespasiano, tendrá que apoyarse necesariamente en el primer momento en los ejércitos provinciales y en los pretorianos. Las primeras grandes líneas de actuación política de Vespasiano se centrarán en restaurar el Imperio. Con ello restablecerá la auténtica autoridad imperial, al inaugurar la dinastía de los Flavios. Los elementos concretos de la restauración serán los siguientes: disciplina y unidad en el ejército, reactivación económica basada en presupuestos, impuestos y rigurosa administración.

El orden político se restablecerá gracias al acertado y sabio programa del nuevo emperador Vespasiano.

La realidad política es terca. La praxis exige unir lo viejo y lo nuevo como camino para las posibles soluciones.

En el ámbito familiar el nuevo emperador pertenece a la burguesía municipal en auge en estos momentos en Italia y que va progresivamente desplazando a la aristocracia senatorial. Su padre, Flavio Sabino, desempeña cargos propios de la clase ecuestre, mientras su madre, Vespasia Polla, pertenece a una familia de arraigo nobiliario. De sus padres heredó un carácter duro, tenaz y disciplinado. Casó con Flavia Domitila, con la que tuvo dos hijos, Tito y Domiciano, futuros emperadores y una hija llamada Domitila.

Vespasiano queda viudo en el año 69, unos meses antes de acceder al Imperio. Su carrera se inicia desempeñando el puesto de tribuno militar en Tracia ya en el año 33, cuando sólo tenía veinticuatro años. En el año 35 obtuvo por sorteo la provincia de Creta, y Cirenaica fue declarada provincia senatorial en época de Augusto y gobernada por él en calidad de pretor y asistido por un cuestor que se ocupaba de la administración financiera. En época del emperador Claudio fue legado de la Legio II Augusta destinada en Germania y Britannia (año 43). Ya en el año 51 alcanza el grado de cónsul suffectus y más tarde, año 62, fue enviado por Nerón a África como procónsul, gobierno en el que reemplaza a Vitelio, emperador y adversario suyo en la lucha por el Imperio. En estas tierras ya se da a conocer como excelente militar, buen administrador, logrando la estima de todos por su ecuanimidad, justicia e integridad. Para el año 67 fue nombrado legado imperial con tres legiones a su cargo para acabar con la revuelta de los judíos, mientras en breve tiempo cae en desgracia por no aplaudir los recitales del emperador Nerón: a pesar de todo en dos años logró dominar la sublevación de Judea, aunque no consiguió el control de Jerusalén y la plaza fuerte de Masada, tarea que le fue encomendada a su hijo Tito. Cayó Jerusalén: la ciudad fue destruida y el gran templo quemado, mientras en Roma poco antes había muerto Nerón. A partir de ahí, en poco más de un año (junio del año 68 a julio del 69) Roma tendrá tres emperadores: Galba, Otón y Vitelio. El mal entendimiento y la hostilidad entre los militares, el senado y el emperador dan al traste con la estabilidad, la paz y el progreso. Una de las claves está inicialmente en el ejército de donde sale el sucesor.

El pueblo está cansado de guerras civiles. Las legiones orientales (Egipto, Judea, Siria, etc.) proclaman a Vespasiano; se cree entre los militares que este gran hombre es el único que puede salvarlos y solucionar los problemas existentes. Enseguida se unen otras fuerzas militares en el verano y otoño del año 69. En diciembre de ese año el senado le confiere todos los poderes imperiales con el título de Augusto. La realidad demuestra la firme convicción de poder estable, ya que Vespasiano se permite continuar en Oriente un año más.

Será en octubre del año 70 cuando llegue a Roma para tomar oficialmente posesión del Imperio. El nuevo emperador aparece como triunfador sobre los judíos, junto con su hijo Tito. En Capadocia sofoca con rapidez algunas sublevaciones. En el Danubio Sur aparecen grupos de sármatas (provincias de Mesia) que serán reducidos enseguida y lo mismo ocurre con la sublevación de Germanos y Galos a quienes de nuevo integrarán en la disciplina de paz romana.

Vespasiano entra en Roma precedido de un gran prestigio militar y una buena reputación personal, consecuencia de sus propias cualidades y diversas actuaciones siempre realizadas en función de los intereses romanos. En la capital imperial será aceptado como Princeps para tratar de armonizar los poderes políticos y las necesidades administrativas. En la administración central asienta sus actuaciones en las administraciones provinciales. Bien es verdad que en parte ya su hijo Domiciano le había preparado el terreno, puesto que actuaba como un auténtico colega imperial. El Emperador dedicaba sus principales esfuerzos a recuperar un nuevo tiempo de paz y así poder dedicar su tiempo a la política, a la administración central y provincial y, por supuesto, al saneamiento económico. El cierre del templo de Jano simboliza la paz y lo mismo pretende la erección del Templo de la Paz cerca del Foro y, además la representación de la Pax Romana aparece en la numismática. Todo indica un camino de restauración y vuelta a los albores del Principado. Con las ideas claras y la capacidad de mando logra poner orden en el Ejército, tanto en Roma (pretorianos) como entre las legiones provinciales. El saneamiento en las filas del ejército le lleva a suprimir algunas legiones y crear algunas otras nuevas. El Ejército hasta estos momentos estaba integrado por itálicos y fundamentalmente y precisamente a partir de una nueva realidad asistimos a una provincialización generalizada, en cuyo reclutamiento destacan las provincias occidentales del Imperio. Se nutrirán las legiones de soldados procedentes de las clases medias y lo mismo ocurrirá con las tropas auxiliares.

De interés para Hispania es el cambio de nombre de la Legio VII Galbiana, usada el año 68, por el de Legio VII Gemina. Primero estuvo en el limes del Rin y en el año 74 instaló su campamento en el lugar que hoy ocupa la ciudad de León. Constituirá la única fuerza militar en Hispania, cuyos miembros serán además excelentes técnicos de construcciones, vías y minería.

En otro orden de cosas, bien se sabe que el Senado había perdido autoridad y vio reducido considerablemente el número de sus componentes. La aristocracia senatorial había sufrido las consecuencias de la crisis del año conocido como “de los cuatro emperadores” (68-69), desde la muerte de Nerón hasta el advenimiento de Vespasiano. Además también se vio afectado el orden ecuestre. El nuevo emperador consigue devolver al Senado su papel preponderante en la vida política. Para ello se integra como miembros senatoriales a individuos de Italia, pero, sobre todo, originarios de las provincias occidentales del Imperio. Con todo ello se logran buenos resultados de la revisión y reestructuración de los órdenes senatorial y ecuestre.

Se llega a un funcionamiento armónico entre Emperador, Senado y Ejército. Por un lado la numismática y la epigrafía recogen testimonios de esa citada armonía y además de los distintos cursus honorum de funcionarios de la administración y de mandos militares.

El saneamiento económico, fruto de nuevos impuestos y recaudación adecuada, permite dedicar cantidades considerables de dinero a infraestructuras viarias y construcciones monumentales. Quizá en este sentido conviene señalar el Coliseo de Roma y la reconstrucción del Capitolio. Y todo ello a pesar de la idea que algunas fuentes transmiten de avaricia y tacañería achacadas al emperador. La vida personal era sencilla y clemente su actitud general. Vespasiano se significa también en el campo de la justicia, al retomar e instruir viejas causas aparcadas por la crisis de la guerra civil. Dentro de la política de normalización se permite asociar al trono a sus dos hijos, Tito y Domiciano, con el fin de crear una auténtica dinastía. Por ese planteamiento llegará a ser acusado de pretender la realeza.

La larga lista de municipios flavios en Hispania pone de relieve la preocupación general por la administración y el desarrollo provinciales; como se sabe por Plinio, Vespasiano concedió a todas las ciudades de Hispania el derecho latino (Ius latii), algo que debió de ocurrir hacia 73/74 d. C. y que daría pie a la formación de un gran número de municipios latinos. La política del Emperador tiene que ver con la promoción jurídica y social y a su vez con el desarrollo en Roma de un fuerte y numeroso clan senatorial de origen hispano: homines novi que ocupan niveles de responsabilidad en la administración general. La concesión del Ius latii a los hispanos libres supone la adaptación a las normas romanas y la unificación tributaria.

Se generalizan los derechos propios económicos (Ius commercii) y de matrimonios (Ius connubii). La realidad jurídica se recoge en algunas leyes hispanas bien conocidas. La vida municipal tendrá como marco la Lex Flavia Municipalis, clave para entender el desarrollo y la promoción de muchas ciudades.

En la administración juega un papel primordial la realidad económica, que en Hispania conecta con la minería aurífera sobre todo en las regiones del Noroeste, conventos jurídicos de Astorga, Braga y Lugo.

No hay que olvidar el mundo agropecuario, en el que hay que destacar la producción de cereal, aceite y vino, tríada mediterránea bien significativa. En el orden industrial destacan las salazones junto con la fabricación de tejidos (lana y lino) y el gran auge de las industrias del esparto. En relación con la producción en general hay que considerar la comercialización como sector económico de relevancia. Además eso supone la existencia de una industria de fabricación de recipientes (ánforas de diversos tipos) cuya dispersión y abundancia dejan claro una realidad económica de gran éxito en el Imperio.

Conviene aquí que se haga eco de la realidad ideológica en época de Vespasiano. El hecho que se conoce como admitido por los historiadores es la expulsión de los filósofos del movimiento cínico y en parte también algunos estoicos. En este último caso quizá se debiera fundamentalmente a malentendidos y odios personales. El intento de conseguir popularidad fácil llevaba a algunos filósofos a utilizar la demagogia como arma arrojadiza en función de predicar la revuelta. Ahí, sin duda, están las claves.

Desde el punto de vista religioso se vislumbra un gran auge de las religiones mistéricas, religiones de salvación y otros grupos religiosos relacionados con la magia y las supersticiones. El estado de una realidad de alto nivel social genera ahora la aparición de muchas sectas. El choque entre creencias e ideologías rompe con el cosmopolitismo, con los intentos de abierta tolerancia y con la idea de unidad. La promoción de una posible alianza de civilizaciones parece poco viable. La riqueza genera tiempo de ocio y a veces no se acierta a sacarle el partido posible; de ahí que se genere cierto desequilibrio y falta de interés sobre todo por la política.

Vespasiano con otros apoyos consiguió promover una política educativa de largo alcance. El alto nivel de bienestar produce un ambiente intelectual bien fundamentado.

La situación facilita el crecimiento de la preocupación por proporcionar a los ciudadanos una formación adecuada. Lo que siempre se había considerado una cuestión privada ahora se hace oficial y en buena medida con cargo al Estado. Los maestros de enseñanza infantil y primaria (litteratores), de enseñanza secundaria (grammatici) y de enseñanza superior (rhetores) tendrán exenciones fiscales e incluso asignaciones económicas estatales. Se da además un paso sin precedentes en la historia de la educación: se crean dos cátedras, una de retórica griega y otra de retórica latina; el titular de esta última fue nada menos que Quintiliano, hispano de la ciudad de Calahorra (Calagurris) con un sueldo anual de en torno a medio millón de sestercios.

Como se ve, la educación ocupó un lugar relevante y la cultura en general gozó de un sincero reconocimiento oficial. De todas formas no hay que olvidar que educación y cultura son con frecuencia armas que trata de esgrimir y controlar la política. En este sentido, Vespasiano no es una excepción ya que consigue fomentar y promover la cultura y la educación pero siempre desde el poder. Por otro lado se permitió dejar constancia de su sensibilidad religiosa con la ampliación del recinto sagrado del pomoerium y cuando con ello la caja imperial salía beneficiada.

La sensibilidad y buen hacer en los campos de la educación y de la cultura están en relación directa con el alto desarrollo de las letras. La literatura que se produce alcanza cotas insospechadas poco tiempo atrás.

La enseñanza y sus métodos, la historia y la poesía gozan de grandes cultivadores. Asimismo la ciencia referida al campo o a la ciudad obtuvo la aceptación general. Paralelo al desarrollo literario camina la dedicación de muchos a la labor jurídica. Se conseguirá un elevado nivel profesional. Se forman y actúan grandes jurisconsultos en la Roma imperial.

La clave de Vespasiano en política exterior tiene que ver con la fijación y consolidación de las fronteras.

Cambios legionarios y reorganización del Ejército fueron los primeros pasos para fijar su posición de mando supremo. Salvo dos legiones, la VII Gemina en León y la X Fretensis en Judea, las demás se asientan en las distintas fronteras, estableciendo defensas en los límites entre los “bárbaros” y los romanos. Se trata de campamentos estables y guarniciones móviles que se establecen para cuidar la estabilidad. Britania, más al norte y el limes de las Germanias (Bajo y Alto Rin) al Nordeste se fortifican. Lo mismo ocurrirá con las provincias europeas de Retia, Nórico, Panonias y Mesias (Alto y Bajo Danubio). Partia y Armenia marcan la frontera más oriental. En la zona sur del Imperio, que es a la vez el seno del Mediterráneo, entre Egipto y la Mauritania Tingitana, se establecen asentamientos campamentales con legiones de defensa amén de las correspondientes tropas auxiliares.

Tampoco hay que dejar de lado el importante papel de distintas flotas, sobre todo en el Mediterráneo. En general se puede comprobar que, salvo pequeños problemas fronterizos, el imperio de Vespasiano transcurrió en paz.

Vespasiano murió el 23 de junio del año 79, sin haber cumplido los setenta años.

Sin lugar a dudas y sin obviar ninguna de las múltiples interpretaciones y minuciosos estudios, la valoración de su reinado debe de ser altamente positiva.

Vespasiano recibió una economía dolida y en crisis y la saneó, la revitalizó y la puso en activo. Recibió un ejército enfrentado, indisciplinado y desmoralizado y en un corto espacio de tiempo lo pacificó, le infundió disciplina y moral; para evitar otros males lo reorganizó.

Recibió un Senado deshecho y lo rehizo con italianos y provinciales no sólo de la nobleza tradicional sino con homines novi a quienes integra en los puestos de mayor relevancia y también como miembros del Senado.

Fue un emperador que marcó el comienzo de uno de los períodos más brillantes y lustrosos del Imperio romano.

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Manuel A. Rabanal Alonso