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Mateo Pérez de Alesio

Biografía

Pérez de Alesio, Mateo. Roma o Alesio (Italia), 1547 – Lima (Perú), c. 1616. Pintor.

No se ha resuelto aún con precisión el dilema que plantea el lugar de nacimiento de este artista, puesto que, según sus propias declaraciones, era natural de Roma. Sin embargo, existen referencias fidedignas de que podría ser oriundo de Alesio, en el sur de Italia como indica el segundo apellido que siempre utilizó.

El primero, Pérez, viene dado porque en dicha área geográfica del sur de Italia, adonde su padre había emigrado, abundaban en aquella época apellidos españoles, ya que era dependiente de la Corona española.

La formación de Pérez de Alesio debió de realizarse fundamentalmente en Roma, donde estuvo desde 1567 aprendiendo el oficio de pintor dentro del ámbito artístico manierista imperante en la Ciudad Eterna en la segunda mitad del siglo xvi. Sus primeros trabajos documentados se encuentran en la Villa d’Este en Tívoli, mansión perteneciente a Hipólito II de Este, cardenal de Ferrara. Pérez de Alesio trabajó allí entre 1568 y 1572, participando en un amplio equipo de pintores y decoradores.

En 1573 fue admitido como miembro de la Academia de San Lucas de Roma y al mismo tiempo comenzó a trabajar en la Capilla Sixtina del Vaticano, donde se le atribuye el episodio pictórico que representa La lucha entre ángeles y demonios por el cuerpo de Moisés. Posteriormente, hacia 1575, trabajó en la Villa Mondragone, próxima a Roma, al servicio del cardenal Marco Sittico, participando en la decoración pictórica de varias estancias.

También en 1575 intervino en la ejecución del oratorio Gonfalone, en Roma, junto con otros artistas; allí pintó dos recuadros apaisados con profetas y sibilas, otro del rey David y un Ecce Homo.

Problemas laborales surgidos en la ejecución de estas pinturas, que le llevaron a destruir una de ellas, obligaron a Pérez de Alesio a huir de Roma y a refugiarse en Malta, donde en 1576 se encontraba trabajando en la decoración de la Sala de Embajadores del palacio de la Valleta. Allí realizó doce recuadros con el tema del sitio de Malta por la Armada turca en 1565, enmarcados por representaciones de virtudes. También en la Valleta realizó una pintura del Bautismo de Cristo para la iglesia de San Juan Bautista de dicha localidad.

Los trabajos pictóricos realizados en Malta permiten advertir que Pérez de Alesio poseyó una notable calidad artística y un talento creativo que le sitúa con preeminencia entre los numerosos artistas italianos de segundo orden activos en dicho país en la segunda mitad del siglo XVI.

En 1581, olvidados ya los incidentes laborales que tuvo en el oratorio Gonzalone, Pérez de Alesio volvió a Roma, donde se dedicó fundamentalmente al grabado, publicando al año siguiente un libro que reproduce los episodios históricos que había pintado en la Valleta. Al mismo tiempo continuó con su dedicación a la pintura decorativa, realizando frescos en la iglesia de San Eligio degli Oreficci, donde en los muros del presbiterio realizó, hacia 1582-1583, representaciones de San Lorenzo, San Esteban, San Eligio, Santa Bárbara y Santa María Magdalena. En 1583, aún joven puesto que contaba con treinta y seis años de edad, Pérez de Alesio tomó la decisión de viajar a tierras americanas con el deseo lógico de alcanzar en ellas la fortuna económica que no había logrado obtener en Italia; parece ser que la idea de este viaje se la aconsejó un miembro de la Orden jesuítica ante la carencia de pintores importantes en el virreinato de Perú; también parece que le impulsó al viaje la legendaria creencia de que en tierras americanas podría intervenir en la explotación de importantes minas de oro y de plata. En aquella época viajar hacia América tenía como imprescindible condición previa el paso por Sevilla, ciudad a la que llegó en el año antes citado.

La ciudad del Guadalquivir vivía en estos momentos imbuida en un intenso esplendor comercial, al tiempo que protagonizaba una época de grandeza cultural.

La experiencia profesional que Pérez de Alesio traía de Italia debió de proporcionarle el apoyo de algunos intelectuales sevillanos y también de parte del clero erudito. Por ello, en el mismo año de su llegada, el Cabildo de la Catedral de Sevilla le encargó la ejecución de un monumental San Cristóbal que pintó al fresco en el brazo del crucero orientado al sur y situado frente a la lonja. Esta pintura de San Cristóbal se realizó por parte del Cabildo catedralicio con la intención evidente de que sirviera como imagen de amparo y de protección a todos los transeúntes que entraban en la Catedral y especialmente a los numerosos viajeros que pasaban por Sevilla. Para la concepción compositiva de esta obra, Pérez de Alesio se inspiró en una escena similar que había sido realizada por Tiziano; su dibujo es firme y seguro, destacando en ella especialmente el efecto psicológico que emana de la cara del santo, el cual no acierta a comprender el peso descomunal del Niño Dios sobre sus hombros que no se corresponde con el de una figura tan pequeña y aparentemente liviana.

La pintura, que Pérez de Alesio firmó orgullosamente en 1584, fue muy encomiada y alabada por el Cabildo y al mismo tiempo se hizo muy popular entre los sevillanos, significando un éxito profesional que propició el que Pérez de Alesio decidiese prolongar casi en cinco años su estancia sevillana.

Una segunda obra importante realizó Pérez de Alesio en Sevilla; se trata de la representación de Santiago en la batalla de Clavijo, ejecutada para el altar mayor de la parroquia dedicada a este santo en la ciudad, en cuyo encargo debió de tener cierta influencia el poeta Argote de Molina, patrono de la capilla mayor de dicho templo. Es obra también de considerables dimensiones y se trata del primer gran cuadro de altar que se realizó en la historia de la pintura sevillana.

Parcialmente restaurado en la actualidad y por desgracia desplazado de su lugar de origen, es un cuadro de composición movida y aparatosa en el que el santo sobre su caballo blanco arremete beligerante contra un tropel de musulmanes, que aparecen derribados a sus pies, en actitudes agitadas y convulsas, mientras que otros, al fondo, huyen precipitadamente.

En 1588, Pérez de Alesio embarcó en Sevilla y se trasladó a Lima, donde fue recibido con ciertos honores, debido a su relevante pasado artístico en Italia y en España, por el virrey Diego Hurtado de Mendoza, a cuyo servicio entró de inmediato; esta circunstancia aseguró desde sus inicios su situación económica en su estancia americana. Uno de los primeros trabajos que realizó fue el retrato del virrey, cuyo original se ha perdido, aunque existe una copia en el Museo Nacional de Historia de Lima. Tampoco se han conservado otros retratos que Alesio hubo de realizar para importantes clientes limeños.

En 1598, Pérez de Alesio contrajo matrimonio en Lima con María de Fuentes, perteneciente a una importante familia de la ciudad. Por estas fechas, aparece incorporado a la compañía de arcabuceros limeña, cargo militar honorífico y remunerado. Al mismo tiempo, se preocupó de intervenir en actividades vinculadas a la explotación minera, sin que se sepa la rentabilidad económica que obtuvo de ella.

De sus actividades pictóricas en Lima, se ha señalado que Pérez de Alesio fue autor de la vida de Santo Domingo realizada para el Convento de este santo en Lima; sin embargo, se ha podido demostrar posteriormente que tal encargo fue realizado en 1608 por Miguel Güelles, quien envió los cuadros desde Sevilla.

En 1592 contrató una pintura de San Jerónimo para la capilla de Juana de Aliaga, quien mandó pintar a dicho santo en memoria de su padre el conquistador Jerónimo de Aliaga, que aparecía retratado en la pintura.

Parece que el original de esta pintura se perdió, conservándose en su lugar una copia del siglo xix.

Pese a que este pintor vivió muchos años más en Lima, ninguna obra de su mano aparece documentada, ni tampoco puede admitirse con seguridad ninguna de las numerosas obras que a su nombre se han atribuido.

 

Obras de ~: La lucha entre ángeles y demonios por el cuerpo de Moisés, Capilla Sixtina, Vaticano, 1573 (atrib.); Decoración de estancias en Villa Mondragone, Roma, 1575; Oratorio Gonfalone, Roma, 1575 (con colaboración); Decoración de la Sala de Embajadores, Palacio de la Valleta, Malta, 1576; Bautismo de Cristo, 1576; San Lorenzo, San Esteban, San Eligio, Santa Bárbara y Santa María Magdalena, iglesia de San Eligio degli Oreficci, Roma, 1582-1583; San Cristóbal, Catedral, Sevilla, 1583; Santiago en la batalla de Clavijo, altar de la parroquia de Santiago, Sevilla, 1585; San Jerónimo, capilla de Juana de Aliaga, Lima, 1592 (desapar.).

 

Bibl.: D. Angulo, Pintura del Renacimiento, en M. Almagro Basch et al., Ars Hispaniae: historia universal del arte hispánico, t. XII, Madrid, Plus Ultra, 1954; T. Mesa-Gisbert, “El pintor Mateo Pérez de Alesio”, en Cuadernos de Arte y Arqueología (La Paz) (1971); J. Bernales Ballesteros, “Mateo Pérez de Alesio, Pintor romano en Sevilla y en Lima”, en Archivo Hispalense, n.º 174 (1973); E. Valdivieso, Historia de la pintura sevillana: siglos XIII al XX, pról. de A. E. Pérez Sánchez, Sevilla, Guadalquivir, 1986; Pintura Barroca sevillana, Sevilla, Guadalquivir, 2003.

 

Enrique Valdivieso González