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Baltasar Moscoso y Sandoval

Biografía

Moscoso y Sandoval, Baltasar. Altamira (La Coruña), 9.III.1589 – Madrid, 18.IX.1665. Canónigo, capellán mayor, obispo de Jaén, consejero de Estado, arzobispo de Toledo y cardenal, presidente del Consejo de Castilla.

Era hijo de Lope Moscoso Acuña, VI conde de Altamira, y de Leonor de Sandoval y Rojas, hermana del duque de Lerma. Trasladada la familia a Valladolid en 1605, inició los estudios de Cánones en la Universidad de Salamanca. Ingresó en el Colegio de San Salvador de Oviedo de dicha Universidad, donde fue rector con diecinueve años, en 1609, graduándose como bachiller en 1610. Se licenció en Sigüenza y allí obtuvo, en 1615, el grado de doctor. La razón de terminar sus estudios en esta Universidad fue debido a los sucesivos nombramientos eclesiásticos que recibió en la Catedral de Toledo, propiciados por sus familiares el duque de Lerma y el arzobispo de Toledo, Sandoval y Rojas, y que le obligaban a permanecer en la diócesis: canónigo en 1613, arcediano de Guadalajara, capellán mayor y deán en 1614. El 2 de diciembre de 1615 el papa Pablo V lo nombró cardenal con el título de la Santa Cruz de Jerusalén. Al año siguiente recibió la ordenación sacerdotal y celebró su primera misa en la que sería su primera fundación, el Convento de franciscanas descalzas de la Encarnación en Valdemoro (Madrid), donde era priora y cofundadora su hermana, sor Ana de San Víctor. Por entonces una enfermedad le dejó paralizado para siempre el brazo derecho. Vivió durante algún tiempo en la ciudad de Roma dando ejemplo de austeridad. Fue miembro del Consejo de Estado y de la Junta de Gobierno Universal de la Monarquía, además de presidente del Consejo de Castilla.

El 29 de abril de 1619 fue nombrado obispo de Jaén. Fue consagrado en Madrid, en el Convento del Santísimo Sacramento, Bernardas, el 25 de julio de 1619, por Fernando Acevedo, arzobispo de Burgos y presidente del Consejo de Castilla, asistido por Juan Avellaneda Manrique, obispo titular de Sidonia y auxiliar de Toledo, y por el obispo de Nueva España (sic). Celebró sínodo diocesano, en 1624, y mandó construir un convento de nueva planta para los padres capuchinos, a los que profesó una gran estima. El sínodo diocesano se celebró del 9 al 19 de noviembre. En el edicto de convocatoria, Baltasar indicaba las razones que le habían movido a convocarlo: el mandato de la Iglesia de celebrar sínodo todos los años para tratar asuntos importantes de la vida de la diócesis, disponer las cosas de gobierno adaptando las constituciones a los nuevos tiempos, y enmendar los abusos existentes en la administración de las iglesias, juntamente con otras materias importantes.

El sínodo resultó problemático especialmente en las relaciones con el poder civil. Las actas recogen los problemas surgidos con la ciudad que exigió unos asientos especiales en el lugar de la celebración de las sesiones. Acabados los trabajos, las constituciones no se pudieron imprimir, pues el poder civil consideró lesionados sus derechos en algunas de las nuevas normativas aprobadas y hubo que esperar casi dos años hasta que, con fecha 21 de febrero de 1626, Felipe IV dio autorización para la impresión de las constituciones sinodales, que vieron la luz en Baeza, con las correcciones que impuso el Rey. Estas nuevas normas sinodales mantuvieron durante muchos años su vigencia y validez pastoral, pues fueron reimpresas en 1787 por orden del entonces obispo Agustín Rubín de Ceballos. Una importante contribución del cardenal Moscoso fue la reanudación de las obras de la nueva catedral. Para ello, y ante la falta de recursos económicos, obtuvo de Urbano VIII en 1635 un breve por el que el Papa autorizaba la aplicación de determinadas rentas a la fábrica del templo catedralicio.

El nombre del cardenal Moscoso está muy unido también a un amplio proceso de investigación de las raíces históricas de la diócesis. Alentó personalmente las excavaciones arqueológicas que a partir de 1628- 1629 sacaron a la luz los restos de los santuarios de Arjona y Baeza, con las reliquias de los santos Bonoso, Maximiliano y otros mártires.

De 1629 a 1633 participó en una delicada misión diplomática en Roma, ante Urbano VIII, con el fin de que la Santa Sede interviniese contra los protestantes en la Guerra de los Treinta Años.

El 28 de mayo de 1646 fue nombrado arzobispo de Toledo, entrando discretamente en la ciudad el 18 de octubre del mismo año. Residió con cierta asiduidad en la diócesis y entre sus logros pastorales se pueden citar los siguientes: celebró sínodo diocesano en 1658, cuyas Constituciones se publicaron el año siguiente, mandó dar misiones populares, visitó personalmente algunos arciprestazgos, se retiraba con frecuencia en algunos conventos donde practicaba el retiro espiritual y los ejercicios espirituales, insistió en la dignificación moral del clero, llevó a cabo una política de contención de nuevas fundaciones religiosas en la diócesis, a excepción del Convento de padres capuchinos, en 1661, y del Convento de la Concepción de las benedictinas de Toledo sobre el antiguo beaterío de San Pedro, defendió celosamente la inmunidad eclesiástica manteniendo repetidos pleitos con las Órdenes Militares, ejerció la caridad con los menesterosos dejando como heredero de sus bienes al Hospital de Niños Expósitos de Santa Cruz, mejoró económicamente el estado del Colegio de San Bernardino, impulsó hasta casi su terminación la construcción y embellecimiento del Ochavo o Capilla de las Reliquias de la catedral, mandó labrar al artista Virgilio Fanelli el maravilloso trono de la Virgen del Sagrario, y protegió al dramaturgo Agustín Moreto, que fue su capellán.

El cardenal Baltasar Moscoso y Sandoval presentó en Roma durante su pontificado toledano dos informes sobre el estado de la archidiócesis con motivo de los actos de la visita ad limina. El primero de los informes está fechado en Toledo el día 8 de abril de 1650 y consta de 19 páginas escritas en español. Una vez entregado el informe, realizaron una copia del mismo en latín, resultando un cuaderno de 18 páginas.

Actuó como procurador del arzobispo Antonio Munera y Espinosa, familiar suyo, el cual hubo de solicitar dispensa, que le fue concedida, para poder realizar esta función en Roma, pues no formaba parte del Cabildo de Toledo. A su vez, aprovechó el escrito de súplica para solicitar de Su Santidad un beneficio en el arzobispado de Toledo. Visitó las Basílicas de San Pedro y San Pablo el 14 de julio de 1650. El segundo informe presentado en Roma está fechado en Toledo, en octubre de 1659. Consta de 39 páginas escritas en español. Lo mismo que en el informe anterior, en Roma realizaron una copia en latín, formándose un cuaderno de 35 páginas. Actuó en esta ocasión como procurador del arzobispo Sebastián de Mongelos, arcediano de Valpuerta, canónigo dignidad en la Catedral de Burgos y anteriormente cura en la archidiócesis de Toledo. Visitó las Basílicas de San Pedro y San Pablo el 29 y 30 de enero de 1660.

Su fama de obispo caritativo se ha transmitido a lo largo de los siglos. Se cuenta que compartía su mesa con numerosos necesitados a los que daba diariamente de comer, que gastó numerosas rentas en ellos y que recorría las calles buscándoles y alojándoles en su palacio.

Murió en Madrid el 18 de septiembre de 1665, a los setenta y siete años de edad, siendo enterrado en el interior de la capilla de la Descensión de la Virgen María en la Catedral de Toledo.

De la clave de la bóveda de esta capilla pende el capelo del cardenal, señalando que se encuentra enterrado allí en el suelo, debajo de la grada de mármol que sirve de peana a la mesa del altar. En el frente de esta mesa se puede contemplar un medallón de bronce coronado por el capelo cardenalicio, cuyos cordones sustentan dos angelitos, y en el que aparece, en un bajorrelieve de medio cuerpo, el retrato del cardenal. La lápida sepulcral lleva gravada, a modo de cartela, esta inscripción: “D.M.O. / D. Baltasar Moscoso et Sandoval / stirpe regia, Altamirae comitum inclita / proles, beati Francisci de Borja pronepos / S.R.E.P.C. toleti praesul / hoc munus ter reunit, pontificis decreto cessit. /Virtutum exemplar: / adversis et prosperis semper idem / justitiae cultor, inmunitatis ecclesiae propugnator / extinta lite residentiam in choro firmavit. / Sibi pauper, egenis dives / infantes espositos testamento ditavit. / Hic iacet corpus, spiritus beatus in coelo. / Obiit die XVIII septembris, anno MDCLXV, / aetatis suae LXXVII”.

 

Bibl.: A. de Andrade, La idea del perfecto prelado en la vida de D. Baltasar de Moscoso, Toledo, José Fernández Buendía, 1668; A. de Jesús María, Don Baltasar de Moscoso y Sandoval, Madrid, Imprenta de Bernardo de Villadiego, 1680; F. A. de Lorenzana, Patrum Toletanorum opera, t. III, Madrid, Joaquín Ibarra, 1793; R. Gonzálvez Ruiz, “Moscoso y Sandoval, Baltasar”, en Q. Aldea Vaquero, T. Marín Martínez y J. Vives Gatell (dirs.), Diccionario de la Historia Eclesiástica de España, vol. III, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto Enrique Flórez, 1973, pág. 1746; J. Montijano Chica, Historia de la diócesis de Jaén y sus obispos, Jaén, Diputación Provincial, 1986, pág. 152; F. J. Aranda Pérez, “Don Baltasar de Moscoso y Saldoval (1646-1665)”, en Los Primados de Toledo, Toledo, Diputación Provincial, 1993; F. J. Martínez Rojas, Aproximación a la historia de la Iglesia en Jaén, Jaén, Departamento de Publicaciones del obispado de Jaén, 1999; A. Fernández Collado, Los informes de visita ad limina de los arzobispos de Toledo, Cuenca, Universidad de Castilla-La Mancha, 2002.

 

Ángel Fernández Collado