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Hasday ben Abraham Crescas

Biografía

Crescas, Ḥasday ben Abraham. Barcelona, 1340 – Zaragoza, c. 1412. Filósofo, talmudista, teólogo, poeta.

El apellido Crescas es una traducción romance del hebreo Şemaḥ. Nació en Barcelona en el seno de una noble e ilustre familia de rabinos. Fue hijo y nieto de talmudistas, cuya tradición él mismo siguió. Su abuelo fue un gran talmudista que murió cuando Ḥasday tenía dieciséis años. Hizo sus primeros estudios en Barcelona, recibiendo una cuidada educación tanto en las sagradas letras como en las disciplinas profanas.

Estudió allí con el célebre talmudista, médico, astrónomo y filósofo político Nissim ben Rě’uben Girondi (c. 1376), dirigente de las comunidades del reino de Aragón y rabino de Barcelona, quien en 1354 promovió un intento de unificar a todas las comunidades judías a través de un consejo ejecutivo permanente.

Su espíritu religioso y su actitud filosófica fueron seguidos por Ḥasday. Fue compañero de estudios de YişḤaq ben Šešet Perfect (m. 1408), rabino en Zaragoza y Valencia y dayyan en Argel, a donde se exilió después de los disturbios anti-judíos de 1391.

En 1367 Ḥasday era ya un personaje notable en la comunidad de Barcelona, como lo prueba el hecho de que fue encarcelado, junto con su maestro y su condiscípulo, por una falsa imputación: se dijo que habían profanado las sagradas formas. Sin embargo, es más probable que la delación tuviera carácter político, pues fueron acusados de conspiración ante Pedro IV el Ceremonioso de Aragón, rey amante de las letras y protector de sabios y artistas, que fomentó el renacer cultural entre los judíos de Zaragoza y Barcelona, actuando como un notable mecenas. Fueron puestos en libertad poco después, tras probarse la falsedad de la acusación. Su prestigio intelectual fue creciendo.

Parece que en 1370 participó en unas justas poéticas celebradas entre poetas judíos de Barcelona y de Gerona. Llegó a ser rabino en Barcelona, y en 1373 el mismo Rey llamó al maestro y al discípulo para solicitarles una respuesta jurídica, según un testimonio de la época. Las tensiones existentes en la aljama de Zaragoza estallaron hacia 1380. Pedro IV intervino efectuando reformas en ella en 1382. Fue en esta ocasión cuando Ḥasday apareció como uno los representantes de la comunidad judía que negociaron, en 1383, la renovación de los privilegios de los judíos de Aragón.

En 1387, a la muerte de Pedro IV, fue nombrado consultor de los nuevos reyes de Aragón, Juan I y Violante, en cuya Corte gozó de gran predicamento y simpatía, como “familiar de la casa del senyor rei”.

Continuaba así la larga tradición de cortesanos judíos en las Cortes hispanas, desde donde siempre actuaron como maestros a favor de sus comunidades para evitar su decadencia espiritual. Tal vez por la firmeza de sus principios, los reyes de Aragón le confirmaron las facultades que en materia jurídico-religiosa competían a un maestro talmudista de su rango. En ese mismo año, 1387, fue nombrado rabino de la floreciente comunidad judía de Zaragoza, donde hasta entonces había sido rabino su condiscípulo Yişḥaq ben Šešet, quien se había ganado muchos enemigos por su celo reformador, por su intransigencia y su rigor en asuntos de moral pública. Los notables de la comunidad ofrecieron el cargo a Ḥasday Crescas, buscando un refuerzo de la autoridad. Con este nombramiento, llegó a ejercer las funciones de gran rabino de todas las comunidades de la Corona de Aragón. Como tal, ejerció una gran influencia en sus correligionarios y en las normas de vida pública y de moral de esas comunidades.

Quiso impulsar y dar vida a la aljama de Zaragoza, desde su personalidad de hombre de letras y culto que sabía moverse perfectamente en los ambientes aristocráticos y de la alta administración. Su labor fue más ilustrada que la de su antecesor en el cargo. En 1390, Juan I le permitió imponer castigos a los judíos de su comunidad, de acuerdo con los privilegios que esta comunidad tenía.

También tuvo notable fama en la Corte de Navarra, que visitó en varias ocasiones. Quizá resida aquí la explicación de su conocimiento de algunas doctrinas filosóficas de autores latinos que estuvieron vinculados al Colegio de Navarra en la Universidad de París. Entre ellos hay que señalar al maestro Nicolás Oresme (m. 1382), rector de dicho colegio, que desarrolló, junto con Alberto de Sajonia y Marsilio de Inghen, la teoría del impetus, que sirvió para cambiar definitivamente la física de Aristóteles. No es de extrañar, por tanto, que ésta fuera precisamente la tarea a la que en filosofía se entregó Ḥasday Crescas: rechazar la física aristotélica.

Además de su ascendiente en la Corte de Aragón y en la de Navarra, mantuvo muy buenas relaciones con nobles como Enrique, marqués de Villena, a quien se debe la noticia de que Ḥasday ejercía la medicina, dando mucha importancia a encantamientos y amuletos.

Enrique de Villena en su Tratado de aojamiento, sostiene lo siguiente: “El maestro Asday Crescas, que fue en este tiempo, me contó viera colgado al cuello el psalmo que comiença aser ays, que entre nosotros dice Beatus vir (ps. 1), que luego el paçiente sudava si era de ojo, e si non sudava, paresçia su complexión estar mal conçertada por el daño de fascinación reçebida [...]”.

Desde las primeras décadas del siglo XIV se había ido gestando en la Península Ibérica una mentalidad antijudía que, tras pasar por varias fases, desencadenó la gran persecución antijudía de 1391. Ésta se inició en Sevilla y poco después se había extendido a otras ciudades castellanas. En julio de ese mismo año, los disturbios llegaban al reino de Aragón. A instancias de Juan I y de la reina Violante, Ḥasday Crescas contrató un ejército para hacer frente a los agitadores.

Sólo a finales de año logró sofocarse el levantamiento.

Desaparecieron las comunidades de Valencia, Barcelona y Mallorca. Se salvaron, en cambio, las de Zaragoza y Perpiñán. La de Gerona pudo recuperarse después. Murió la tercera parte de los judíos que vivían en España. Durante este levantamiento murió en Barcelona el único hijo varón de Ḥasday Crescas. Él mismo se hallaba en Zaragoza y, por la diligencia del Rey, pudo salvarse. Existen documentos que prueban la intranquilidad de los Reyes por la suerte de Ḥasday y su familia, quien supo sobrellevar con resignación el infortunio que se cebó en su corazón de padre. En 1393, el Rey le encargó restaurar las aljamas de Barcelona y de Valencia. Sin embargo, esta misión no pudo concluirse con éxito. De esta época data su Carta a las comunidades de Avignon, fechada el 19 de octubre de 1391, en la que les daba cuenta de la muerte de su hijo y de los luctuosos acontecimientos de la persecución en que aquél perdió la vida. Un documento de 1396 muestra a Crescas comprometido en la rehabilitación general de las comunidades judías hispanas.

Al pensar que la restauración y la reconstrucción de esas comunidades debía tener lugar no sólo en lo material, sino también en lo espiritual, compuso dos obras de carácter apologético; una, escrita hacia el año 1398 en lengua castellana según señala Millás Vallicrosa, aunque otras fuentes indican que fue escrita en catalán, fue la Refutación de los dogmas cristianos, aunque sólo se conserva en su versión hebrea, Biţţul ’iqqare ha-noşrim, realizada por Yosef ben Šem ţob en Alcalá de Henares en el año 1451. El objetivo de esta obra era hacer frente a la apostasía de muchos judíos, provocada por los aciagos días que habían padecido, y combatir el proselitismo cristiano que provocaba conversiones masivas. Es una obra basada en el libro de Profiat Durán Kělimat ha-goyyim (“Ignominia de los gentiles”). Consiste en una crítica lógica de los principios fundamentales del cristianismo: el pecado original, la Trinidad, la Encarnación, el nacimiento virginal, la transubstanciación, el bautismo, el carácter mesiánico de Jesús y el Nuevo Testamento como escritura revelada.

La otra fue su libro más notable e importante, Or Adonai (“La luz del Señor”), donde expone, basándose en la Torah, los fundamentos de su sistema de pensamiento. El propósito inmediato de este texto fue corroborar en la fe judaica a sus correligionarios.

Parece que se trataba de la primera parte de una obra más amplia consagrada a los principios y a la moral del judaísmo, cuya segunda parte nunca llegó a escribir.

Compuesta a lo largo de varios años, en ella se aprecian diversas redacciones de un mismo texto, así como respuestas distintas a un mismo planteamiento.

La acabó de escribir en 1410, poco antes de morir, y fue editada en Ferrara en 1555.

La luz del Señor es una obra en la que, partiendo de las posiciones intelectualistas de Maimónides y de Gersónides, contrarias a la tradición judaica por seguir las doctrinas de Aristóteles y de los filósofos árabes, realiza una crítica radical del aristotelismo judío, a la vez que trata de mostrar las incongruencias doctrinales de esta filosofía y la incompatibilidad de algunas tesis racionales con dicha tradición. Ḥasday Crescas formó parte de un amplio movimiento filosófico que causó la desintegración del aristotelismo medieval y preparó el camino para la nueva filosofía y física.

La obra está dividida en cuatro libros. El primero está consagrado a la crítica de las veinticinco proposiciones en las que Maimónides había resumido la doctrina sobre la existencia, unidad e incorporeidad de Dios, basada en argumentos tomados de la Metafísica y de la Física de Aristóteles; en este libro Crescas intenta mostrar la insuficiencia de todo el sistema en que aquella doctrina se basa. El libro segundo es una exposición de la doctrina de Dios, sus atributos y su relación con el mundo según la Ley judaica. En el libro tercero explica diversas verdades que acompañan a la Ley. El libro cuarto es una discusión de algunas ideas que pueden ser aceptadas o rechazadas. Su estructura se asemeja a la de una obra colectiva, fruto de las enseñanzas y discusiones de clase, con la colaboración de sus discípulos, que fueron varios, algunos de ellos muy notables, como Yosef Albo, que participaron en la célebre Disputa de Tortosa celebrada entre 1413 y 1414.

Su síntesis teológico-filosófica fue la más poderosa y original en el mundo judío medieval después de la intentada por Maimónides. Sus nociones de Dios y del hombre, así como la manera de entender las relaciones entre ellos basadas en el amor, dieron al voluntarismo una extensión que antes no había alcanzado, llevándole a situar los valores religiosos fuera del ámbito de la inteligencia y dejando en la sombra la libertad y la responsabilidad humanas. A pesar de todo, su pensamiento apenas tuvo éxito posterior. Su rechazo de lo que de manera razonable había establecido Maimónides suscitó asombro y en muchos casos este asombro se transformó en fuerte indignación, lo que provocó una recuperación del pensamiento del filósofo cordobés, frente a las ideas del barcelonés.

Puntos de vista suyos se encuentran en autores posteriores, como en León Hebreo, Giordano Bruno o Spinoza. Fue conocido en el Renacimiento latino por la traducción o paráfrasis de abundantes pasajes de su Luz del Señor, realizada por Juan Francisco Pico della Mirandola, en su Examen Vanitatis Doctrinae Gentium (1520) y se puede suponer que su crítica a Aristóteles contribuyó en notable medida a la demolición de la visión del filósofo griego como “autoridad” indiscutible, factor crucial en el nacimiento de la ciencia moderna.

Recientemente se ha señalado la existencia de otra obra suya, desconocida hasta ahora, el Děraš at ha- PesaḤ (“Sermón sobre la Pascua”), un escrito en el que expone su pensamiento sobre la fe, el determinismo y el libre albedrío, los milagros y la codificación halákica.

De su vida se conoce muy poco más. Se sabe que hacia el año 1401 viajó de nuevo a la Corte de Navarra, a solicitud de Yosef Orabuena, rabino jefe de la comunidad de Navarra, para intervenir en un pleito mantenido con Yěhudah Levi de Estella. Permaneció varias semanas en Pamplona, discutiendo, quizá con el rey Carlos III, problemas sobre la población judía del reino navarro. En un documento de Olite, sede de la Corte real, que lleva la firma de Crescas, se reconoce la entrega de cuarenta florines por parte del Rey. Sus últimos años debió pasarlos entregado a la composición de su obra y a otras actividades literarias.

Murió en Zaragoza hacia el año 1412.

Fue un notable pensador, gran conocedor de la filosofía judía y también de la árabe, representante de la interpenetración de ambas tradiciones filosóficas.

Expuso un pensamiento de un marcado carácter antirracionalista cuya influencia perduró hasta después de la expulsión de los judíos de la Península Ibérica.

 

Obras de ~: Carta a las comunidades de Avignon, s. l., 1391; Refutación de los dogmas cristianos, s. l., c. 1398; Luz del Señor, 1410 (ed. princeps, Ferrara, 1555; ed. moderna de Shlomo Fisher, Jerusalén, 1990); Sermón sobre la Pascua (ed. de A. Ravitzky, Jerusalén, The Israel Academy of Sciencies and Humanities, 1988).

 

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Rafael Ramón Guerrero