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Juan Esteban Lozano de Torres

Biografía

Lozano de Torres, Juan Esteban. Marqués de Casa Lozano (I). Cádiz, 2.IX.1779 – Madrid, 27.XI.1831. Ministro.

Fueron sus padres Pedro Francisco Lozano Martínez e Inés de Torres Sánchez de Caso, ambos naturales de Berrio, Piloña.

Sus biógrafos señalan, al parecer sin mucho fundamento, que era de origen humilde y que en su juventud vendió chocolate por las calles de Cádiz.

Moreno Morrison dice que sus padres eran carpinteros y que en su juventud se dedicó al oficio de relojero.

En los primeros años de su vida, estuvo con un tío suyo en Londres y posteriormente en Suiza. Arias Teijeiro lo define así: “Le perjudica mucho, para mí, su adulación, y su amor a la gloria, y su mucho truhanismo: No es hombre de gran instrucción; pero sí de mundo y de tramoya”.

Figuraba en 1808 en el censo de hijosdalgo de Infiesto, siendo en ese momento “Comisario ordenador”.

En su testamento señala que estaba en posesión del título de doctor en Derecho Civil y Canónico. Algunos autores le consideran miembro de la masonería.

En 1810 era intendente del Ejército, y en una instancia de 1824 indica que durante el período de la guerra había “hecho los más distinguidos servicios”.

Carlos Marx critica su actuación como delegado de la Junta Central ante el general Wellington. Al finalizar el conflicto era comisario del Ejército en Badajoz.

El 29 de enero de 1817 se le nombró consejero de Estado al mismo tiempo que secretario de Estado de Gracia y Justicia, sustituyendo a José García de León y Pizarro, que lo ejercía interinamente. En ese momento era diputado en Cortes de la Junta General del Principado de Asturias.

Los ejes de actividad de su departamento durante dicho período consistieron en diversas disposiciones sobre los refugiados españoles que se acogían a la amnistía.

En el ramo de la enseñanza cabe destacar fundamentalmente el restablecimiento del plan de estudios de 1771, anulando el de 1807 (27 de octubre de 1818); y la subsistencia de las cátedras de Economía Política en las universidades “en razón de la utilidad y necesidad que hay de que sus conocimientos se propaguen” (1 de enero de 1818). En este mismo sentido es necesario señalar el establecimiento de “una escuela bajo el método de enseñanza de Lancaster” (30 de marzo de 1819).

Pero la actividad de la que se sentía más orgulloso era su labor como responsable de la Policía en la que había cuidado “especialmente de la conservación del orden y la tranquilidad pública, ya muy amenazada desde las conspiraciones de Mina y Lacy”. Entre otros méritos se adjudica el de haber abortado la sublevación, en 1819, del ejército expedicionario.

Fernando VII le encomendó la negociación de su enlace con María Amalia de Sajonia.

García de León señala que Lozano era quien más se oponía a los intentos por dulcificar la represión. Su peso político en el gabinete era importante, sin duda, por su amistad con el Monarca, hasta el punto de que se le atribuye la caída del marqués de Casa Irujo. Sin embargo, sus permanentes intrigas fueron las que motivaron su caída cuando intentó quitar de en medio al duque de San Fernando. García de León y Pizarro le sitúa, junto con Francisco Eguía, como una de las cabezas de los consejeros intrigantes.

Fue exonerado del cargo el 1 de noviembre de 1819, pero continuó como consejero de Estado.

Mientras desempeñaba su puesto ministerial se le encomendó la máxima responsabilidad de la restablecida superintendencia de pósitos del reino, que hasta ese momento era competencia del Consejo de Castilla (20 de mayo de 1818).

Iniciada la sublevación de Riego, Lozano se convirtió en uno de los objetivos principales de los liberales, a los que tanto había perseguido durante su ministerio.

Antes de que fuese aceptada por Fernando VII la Constitución, fue expulsado de la Corte el 3 de febrero de 1820 y obligado a dirigirse a La Coruña.

Ocho días más tarde estaba en Astorga, en donde fue retenido por su delicado estado de salud.

En junio de 1820 realizó un viaje por distintos pueblos del norte de León, y en todos ellos continuó sus actividades pro-absolutistas tal como él mismo señala: “Exhortar a los sencillos Castellanos a que no manchasen su antigua lealtad y adhesión a V.M. y a la Religión de nuestros padres, y a que defendiesen los sagrados derechos del Trono, sin dar oídos a las falacias de los revolucionarios, ni a los detestables preceptos del Código de anarquía a que llamaban Constitución”.

En su opinión, su actuación fue decisiva en los distintos procesos electorales que tuvieron lugar en esos meses. Su actividad le obligó a constantes cambios de domicilio, como consecuencia de la persecución a que le sometían las fuerzas liberales.

El 2 de septiembre de 1822 llegó a Nistoso, y en dicho lugar fue detenido dos meses más tarde (23 de noviembre de 1822), para ser trasladado a Astorga, en donde permaneció hasta la llegada de las tropas realistas.

A pesar de su largo historial de persecuciones por parte de los liberales, Fernando VII no le levantó el destierro; y continuó teniendo la residencia fuera de la Corte, en León, y permaneció privado de su sueldo como cesante del Ministerio de Gracia y Justicia. En diversas ocasiones solicitó permiso para abandonar dicha residencia, por motivos familiares o de salud, sin que obtuviese éxito en sus peticiones. El 14 de octubre de 1825 se le declaraba purificado por su conducta durante el Trienio.

Durante el año de 1826, solicitó diversos permisos para arreglar asuntos particulares y tomar en distintos balnearios (Mondragón, Bagnères, etc.), sin que en todos los casos recibiese respuestas positivas.

En noviembre de 1826, solicitó el puesto de ministro plenipotenciario en Roma, para lo cual argumentó diversos méritos, entre ellos el de “poder tener el Sacramento en su Casa, y conceder indulgencias”.

En 1828 se encontraba plenamente rehabilitado y tenía gran influencia política ante Calomarde. En ese momento era presidente de la Caja de Amortización.

En 1830 intentó ser ministro nuevamente. Falleció soltero en Madrid, el 27 de noviembre de 1831. El 7 de octubre de 1810 se le concedieron honores del Consejo de Guerra.

En su testamento de 1831 señala que estaba en posesión de los siguientes honores: “Regidor perpetuo de las Ciudades de Guadix, Santander, Badajoz y Zamora, de la villa de Infiesto y Concejo de Piloña, de la de Gijón, de la de Villaviciosa, de la de Avilés, y del Consejo de Caso en el Principado de Asturias, Regidor honorario de las muy nobles, muy leales y muy heroicas villa de Madrid y Ciudad de Cádiz [...] Maestrante de la Real de Granada [...] Socio de mérito de la Real Sociedad Económica de Madrid, y amigos del País, del número de la económica de León, y honorario de las de Cádiz y Valladolid [...]”.

Durante la Guerra de la Independencia se hizo acreedor de las Cruces de distinción de Talavera, y retirada del Ejército del mando del duque de Alburquerque a la Isla de León. Estaba en posesión de las siguientes condecoraciones: Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III (19 de junio de 1817); Real Corona verde de Sajonia; y de San Genaro de las Dos Sicilias.

Fue asimismo diputado en la Corte del Principado de Asturias y presidente de su Diputación.

El 7 de julio de 1827 se le concedió el título de marqués de Casa Lozano en atención “a sus distinguidos méritos y servicios” y “a sus padecimientos durante la época del gobierno revolucionario, y a la constante lealtad con que me ha servido”.

 

Obras de ~: El Ministro honorario del Consejo de S. M. en el Supremo de la Guerra e Intendente de los Reales Exércitos. A sus compatriotas, Badajoz, Imprenta de la Real Hacienda, 1814.

 

Fuentes y bibl.: Archivo General Militar (Segovia), Célebres, L-9; Archivo Histórico Nacional, Consejos, leg. 8980, a. 1827, exp. 396; Estado, legs. 247, 252, 878, exp. 83; Estado, Carlos III, exp. 1947; Fondos Contemporáneos Ministerio de Hacienda, Serie general, leg. 1249, exp. 102; Archivo Histórico de Protocolos, leg. 21911; Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores, Exps. personales, P 152, exp. 7869; Archivo Central del Ministerio de Justicia, leg. 589, n.º 1097; Servicio Histórico Militar, Exps. personales, rollo 30.

J. Presas, Pintura de los males que ha causado a la España el Gobierno absoluto de los dos últimos reynados, y de la necesidad del restablecimiento de las antiguas Cortes, o de una carta constitucional dada por el Rey Fernando, Burdeos, Imprenta de R. Laguillotière, 1827; R. Moreno Morrison, “Don Juan Esteban Lozano de Torres”, en Revista de Historia y Genealogía Española, I, 2.ª época (1927), págs. 72-76; J. F. Lasso Gaite, El Ministerio de Justicia: Su imagen histórica (1714-1981), Madrid, Imprenta Sáez, 1984; A. Gil Novales (dir.), Diccionario Biográfico del Trienio Liberal, Madrid, Ediciones El Museo Universal, 1991; V. Herrero Mediavilla (ed.), Archivo Biográfico de España, Portugal e Iberoamérica, München, K. G. Saur, 2002, edición I, ficha. 528, fotogramas 341-347.

 

José Ramón Urquijo Goitia