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Mosé ben Sem Tob

Biografía

Mosé ben Sem Tob. Moisés de León. León, c. 1250 – Arévalo (Ávila), 1305. Místico, cabalista, filósofo y escritor.

Moshe Sem Tob, Moisés de León, nació en esta ciudad hacia 1250 aunque hay quien lo adelanta a 1240, en el seno de una ilustre familia de sabios y rabinos, los Sem Tob, asentados en el Castro Iudeorum, el barrio judío, al menos desde mediados del siglo XI, según un documento del Archivo de la catedral fechado el 22 de marzo de 1049. Existe otra cita posterior que expone el padre Fita, sin fecha, y que probablemente corresponda a la época del nacimiento de Moisés.

Rara era la comunidad judía de importancia que en algún momento de su historia no tuviera un rabino, sabio o juez que no fuese un Sem Tob. Pues bien, en tan renombrada saga brilló con luz propia Moisés de León, místico y escritor, autor del Zohar o Libro del Esplendor, comparable, según Unamuno “a Santa Teresa, San Juan de la Cruz, Lulio y los místicos musulmanes”, siendo capaz “de unir poesía, filosofía y religión”.

Se sabe que vivió muy modestamente en la pequeña aljama de Guadalajara de 1280 a 1290. En 1295 se le cita como una de las aproximadamente cincuenta familias de la aljama de Ávila, teniendo como vecino a Don Yosef de Ávila, arrendador de impuestos con Sancho IV. Se sabe también de su amistad con Rabí Don Todros Abufalia, rico e influyente hombre de estado en la Corte de Alfonso X, al que le dedicaba sus obras: “A mi protector, el príncipe Todros”.

Más tarde se trasladó a vivir a Arévalo, donde falleció en 1305. Se sabe que tuvo una hija y que su mujer, tras fallecer Moisés, vivía junto a ella en Ávila.

El antedicho Don Yosef ofreció casar a su hijo con la hija de Moisés a cambio de que su viuda le entregara el manuscrito del Zohar.

El Libro del Esplendor Sefer ha Zohar— es la obra cumbre de la Cábala judía y uno de los grandes Libros Sagrados de la Humanidad. Escrito en arameo c. 1280, Moisés de León lo atribuye a Simeón Bar Yohai, legendario rabino tanaíta del siglo II. Su título viene del versículo del Libro de Daniel “y los sabios resplandecerán como el esplendor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud como las estrellas a perpetua eternidad” (Daniel, 12, 3). Es una obra compleja, con un sentido panteísta, “todas las almas forman una unidad con el Alma Divina” y la idea de la Sustancia Universal que continuamente piensa y obra: “crear significa pensar”. Al pensar se crea y se es parte del propio pensamiento de Dios. El hombre se ve así engrandecido como ser humano y dignificado en su libertad y en su capacidad de pensamiento y raciocinio.

El Libro del Esplendor sigue siendo objeto de estudio y tesis doctorales en todo el mundo. Contiene un intenso hálito místico de “religiosidad hondamente hispánica”, creadora de conceptos filosóficos nuevos y “de la fantasía de los que soñaron la vida del alma en nuestra España eterna, la de los tres pueblos”, al decir de Unamuno.

Moisés de León fue en su época, finales del siglo XIII y principios del siglo XIV, respetado en España, Francia, Italia, el Norte de África y Palestina, reputado como hombre santo para las gentes de las tres religiones y conocido como “el hombre del Nombre”, ya que se decía que podía hacer milagros con el nombre de Dios.

Sus amistades iban desde el místico italiano Ricanetti a los místicos palestinos Moisés Cordobero e Isaac de Acco, siendo digno de estudio el nexo de unión, al menos místico, con los fratres minores de la Orden de Francisco de Asís. Aun contando entre sus amigos y protectores con príncipes y gentes de gran fortuna, siempre vivió en la pobreza, asumiendo, como el santo de Asís y Joaquín de Fiore, “la mística de la pobreza, del amor a la naturaleza y a las criaturas de Dios”.

Del Sefer ha Zohar se dijo que había sido traído al mundo por los ángeles para que los hombres recuperasen la nobleza y el esplendor perdidos. Según Ariel Bension, el Zohar fue capaz de convocar a todos los estratos del judaísmo, ya que es el destilado final de muchos siglos de misticismo. “Los intelectuales fueron atraídos por los altos problemas —místicos y crípticos— y por la filosofía poético-religiosa que contiene. Las clases no ilustradas acudían a él por los conceptos legendarios y éticos, la esperanza que infundía hacia el futuro y el espíritu de valor que emana de todas sus páginas, que ayudaba a las gentes a sobrellevar las tribulaciones y el exilio, así como su suerte en este mundo. Las masas también se sintieron llamadas por su atmósfera festiva y santa, que permanecía como un halo alrededor del libro”.

A principios del siglo xiii y al amparo de las nuevas potencias cristianas, se abrió para la aristocracia judía una época de esplendor. Su sofisticado y liberal modo de vida chocaba con los grupos más ortodoxos y racionalistas y ambos con la sencilla fe de las masas. Mientras tanto, en los reinos cristianos se desarrollaba una incipiente vida democrática en las ciudades. El pueblo llano, las clases medias comenzaban a ser conscientes de ser en verdad las depositarias del concepto tanto nacional como religioso, llegando este cambio hasta las aljamas más aisladas, pobres y dispersas.

En este contexto, Moisés de León se incardina en una corriente de filosofía humanística, muy ligada con el misticismo y arraigada en muchas de las juderías hispanas, especialmente en Cataluña, que buscaba los hilos de unión entre todos los hombres y el Universo. En ella destacan el rabino místico castellano Yosef Chicotilla, Azriel de Gerona, Isaac ben Sheshet y Nahmánides, que desarrollaron el saber cabalístico que alcanzó su cima en el Zohar.

La atmósfera de la época se enrareció por la desastrosa política económica de Alfonso X y el consiguiente malestar social, las constantes sublevaciones de los nobles, las luchas entre las grandes familias y sus enfrentamientos con el Monarca, que no cesaba de intrigar para coronarse Emperador. Al morir su heredero, Fernando, estalló la guerra civil entre los partidarios de los hijos de éste y los de su hermano, el futuro Sancho IV. Alfonso X, necesitado de dinero, arrasó las aljamas. La situación se calmó durante el reinado de Sancho IV y se desquició tras su muerte, en 1295, cuando los judíos, temiendo la suya, se fueron a las aljamas de León y Castilla a hacer penitencia y prepararse para la Redención. Surgieron entonces los movimientos místicos y de pureza, la Cábala, y se replegaron en su religión, en el estudio y misterio de sus Libros Sagrados.

 

Obras de ~: Shuzban ha Edovoth, 1285; Sefer ha Rimmon, 1287; Nefech ha Hosma, 1290; Sefer ha Codesh, 1292; Sefer ha Shem, s. f.

La primera edición impresa del Zohar se publicó en Mantua en 1559. Principales traducciones completas: L. Dujovne (ed.), El Zohar, versión castellana e introducción, Buenos Aires, Sigal, 1978, 5 vols.; J. Abelson (ed.), The Zohar, traducción al inglés por H. Sperlin y M. Simon, London, The Soncino Press, 1949, 5 vols.; J. de Pauly, Le Zohar, versión francesa (1911); G. Scholem, Zohar. The book of Splendour, versión inglesa (1949-1961). Traducciones parciales: E. Levi (ed.), El libro de los esplendores, Buenos Aires, Kier, 1961; A. Bension (ed.), Zohar. Revelaciones del “Libro del Esplendor” seleccionadas por A. Bension, prólogo de Miguel de Unamuno, Barcelona, José de Olañeta Editor, 1981; E. Cohen (ed.), Zohar. Libro del esplendor, México, CNCA (Cien del Mundo), 2002.

 

Bibl.: G. Scholem, Did Moses de Leon write The Zohar?, Jerusalén, 1926; A. Bension, El Zohar en la España musulmana y cristiana, prólogo de M. de Unamuno, Madrid, Nuestra Raza, 1934; A. Safran, La Cabale, Paris, Payot, 1960 (trad. castellana ed. Martínez Roca); G. Scholem, Les grands courants de la mystique juive, Paris, Payot, 1969; M. Ricardo Barnatán, La Cábala. Una mística del lenguaje, Barcelona, Barral Editores, 1974; D. Fortune, La Cábala mística, Buenos Aires, Kier, 1975; G. Scholem, La Cábala y su simbolismo, Madrid, Editorial Siglo XXI, 1979; Y. Baer, Historia de los judíos en la España cristiana, Madrid, Altalena, 1981; M. Ricardo Barnatán, El Zohar. Lecturas básicas de la Cábala, Buenos Aires, Biblioteca del Dragón, 1986.

 

Agustín-Vicente Suárez Alonso