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Pedro Gómez Álvarez de Albornoz Barroso

Biografía

Gómez Álvarez de Albornoz Barroso, Pedro. Pedro Gómez Barroso junior o el joven, Pedro Gómez de Barroso Albornoz. Toledo, 1321 o 1322 – Aviñón (Francia), 2 o 16.VII.1374. Cardenal, arzobispo de Sevilla, obispo de Sigüenza, de Coimbra y de Lisboa y legista, doctor en Derecho Civil por la Universidad de Bolonia.

Hay que advertir que, a tenor de las últimas y definitivas investigaciones, parece incorrecta la cita de este personaje tal como aparece en su epígrafe, pues no está demostrada su relación con los Albornoz. Son muy conflictivas su identidad, cronología y atribución de escritos. Gracias al profesor Sánchez Herrero se han podido desbrozar las conclusiones. Sobrino del obispo de Cartagena y cardenal homónimo (Pedro Gómez de Barroso el Viejo, muerto en 1348), que impulsó su carrera, se mezclan sus vidas; pero los problemas se multiplican como arzobispo de Sevilla (1369-1371), porque hubo dos de igual nombre en veinte años, y Gómez Barroso es confundido con el segundo Pedro (1378-1390). Detectamos dos equívocos: a) Para Ortiz de Zúñiga (1795), Pedro Gómez Barroso el Joven es el segundo, no cardenal y quizás el propio obispo segoviano Pedro Gómez Gudiel Barroso, lo que Gams suscribe; el primer Pedro sería Pedro Gómez (Álvarez) de Albornoz (muerto en 1374), cardenal, decretista y sobrino del arzobispo toledano y cardenal Gil de Albornoz. b) Otros funden en uno solo a los dos (Gams, Eubel, Alonso Morgado): Pedro Gómez Barroso el Joven renunció a la sede al ser nombrado cardenal en 1371, retornó en 1380 y murió en 1390. Esta cronología es errónea: los registros vaticanos documentan que Pedro Gómez Barroso, sobrino del cardenal, fue arzobispo de Sevilla hasta 1371 y luego cardenal de Santa Práxedes hasta 1374 “en que murió”. También lo identifica así Pedro López de Ayala (1332-1407) en su Crónica de Pedro I. Hay dudas sobre el día de su muerte: el 16 de julio (Sánchez Herrero), el 2 (Goñi Gaztambide, Baluze) o, menos seguro, en junio: el 2 (Orive) o el 3 (Miranda). Sánchez Herrero fija en el año 2002 la aún controvertida identidad de los tres prelados sevillanos de 1369 a 1390, pero resulta imprescindible recurrir a su definitivo y documentado estudio En torno al arzobispo de Sevilla don Pedro [...] (2006).

1) 1369-1371: Pedro Gómez Barroso el Joven, sobrino del cardenal homónimo, creado cardenal en 1371 y fallecido en 1374; no le señala relación con los Albornoz.

2) 1371-1377: Fernando Álvarez de Albornoz (1371-1377), decretista por Bolonia y profesor allí, sobrino del cardenal Gil de Albornoz.

3) 1378-1390: Pedro Alonso de Toledo (o Pedro de Toledo), doctor en Cánones por Bolonia, antes obispo de Osma y Cuenca, muerto en Umbrete en 1390 y probable autor de obras atribuidas a Barroso, cercano al cardenal Gil de Albornoz, pero no pariente suyo; no habría que llamarle Pedro Gómez Álvarez de Albornoz, como quiere Muñoz y Torrado (Sánchez Herrero, 2006).

De otro lado, el parentesco del personaje biografiado con los Albornoz es problemático. Lo niega implícitamente Sánchez Herrero, y M.ª C. Álvarez Márquez (1999) sigue al padre Sarmiento (1762) al diferenciar dos prelados, un Albornoz de Cuenca y un Barroso de Toledo. Son a) Pedro Gomez Álvarez de Albornoz o Gómez de Albornoz, arzobispo en 1369- 1371, cardenal, y b) Pedro Gómez Barroso (1379- 1390), no cardenal. Sin parentesco entre sí, cada uno tuvo un tío cardenal: Gil de Albornoz y Pedro Gómez Barroso el Viejo. Poco aclara Moxó al estudiar el linaje Albornoz: cita a un Pedro Gómez arzobispo sevillano, pero no lo sitúa en la genealogía. Y omite su mención el manuscrito Papeles genealógicos (siglo xvii), que sí habla profusamente de Gil. En suma, el apellido Albornoz o Álvarez de Albornoz para Barroso el Joven, que admiten Gams, Goñi o Miranda, podría deberse a la confusión con el arzobispo Fernando sobrino de Gil o con otro supuesto Pedro. Pero se le podría suponer un parentesco lejano con el linaje.

Don Pedro Gómez Barroso (¿Gómez Álvarez de Albornoz Barroso? ¿Gómez de Barroso Albornoz?), hijo de García de Sotomayor y Gómez, de origen portugués, nació en Toledo en 1321 o antes del 14 de agosto de 1322, ya que fue nombrado obispo de Sigüenza el 14 de agosto de 1348 con dispensa de Clemente VI por sus veintiséis años. No debe de tratarse del Pedro Gómez nombrado deán de Palencia en 1331 por Juan XXII como favor a su pariente el cardenal Gómez Barroso (registros vaticanos, Mollat), pues tendría sólo diez años. Obtuvo canonjía en Palencia en 1335 y en Toledo en 1337; aquí fue arcediano en 1341 y hecho deán por Clemente VI a petición de su tío el 23 de diciembre de 1343, capaz ya de oír causas civiles aunque aún no doctor y, seguramente, más bien afincado en Italia.

Obispo en cuatro sedes (la sevillana, la más importante) y cardenal, López de Ayala lo califica de “grand doctor en Leyes e ome de buena consciencia e de buena vida”. Gracias a su tío y a su mérito intelectual y moral siempre estuvo próximo a los Pontífices. Clemente VI, Inocencio VI, Urbano V y Gregorio IX lo promovieron a obispo, lo acogieron en su exilio aviñonés, intercedieron por él frente a la arbitrariedad regia, le facilitaron rentas episcopales cuando estaba despojado de las suyas y lo llamaron al cardenalato. Con su formación jurídica y experiencia en centros neurálgicos de la Iglesia, tuvo influencia en la Corte de Castilla y en otras europeas, pero no actuó como cortesano, sino como un hombre de Iglesia que pagó cara su fidelidad a las directrices papales. Su vida la enmarcaron crisis económicas graves; guerras peninsulares y europeas; las luchas entre el autoritarismo de Pedro I el Cruel (1350-1369) apoyado en Inglaterra y Portugal frente a la nobleza aliada con Aragón y Francia; la reestructuración nobiliaria trastamarista; vivió la fase final del papado aviñonés (1309-1377) y cooperó en su política profrancesa, partícipe del plan de Inocencio VI de casar a Blanca de Borbón con Pedro I (1350) e identificado de lleno con la censura a la inmoralidad del Rey.

Fue nombrado obispo de Sigüenza en 1348 siendo doctor en Derecho Civil por la Universidad de Bolonia y deán de Toledo. En 1353 y 1354 Inocencio VI le encomendó tareas fiscales y diplomáticas. Pero los sucesos de 1353-1355 condujeron a su prisión y exilio: encierro en Sigüenza de la reina Blanca, forzada nulidad matrimonial, nuevo casamiento ilícito del Rey, su excomunión..., hasta la victoria de Pedro I sobre Toledo, donde apresó al obispo. Estuvo en prisión en Aguilar de Campoo durante casi todo 1355, y el secuestro de sus bienes se prolongó toda su vida. Inocencio VI multiplicó las gestiones en su favor y, finalmente, Pedro I excarceló al obispo a petición del legado Guillermo de la Jugie (24 de noviembre de 1355). Pero el Rey fue excomulgado de nuevo en 1357 y los bienes de Barroso siguieron confiscados. Inseguro, se trasladó a Aviñón. Ante el rey francés abogó por doña Blanca. Fue nombrado obispo de Coimbra por Inocencio VI el 25 de agosto de 1358, y de Lisboa por Urbano V el 23 de julio de 1364 a pesar de la reapertura de relaciones del papado con Castilla. Parece que por entonces residía en Aviñón, donde realizó misiones diplomáticas.

Su tarea pastoral no es conocida o relevante, frente a la de otros obispos castellanos reformadores coetáneos. Los conflictos políticos, la peste, la diplomacia y su cardenalato lo alejaron de sus dos sedes hispanas, y el paso por Lisboa y Coimbra fue más bien formal. En Sigüenza (1348-1358) no se le conocen sínodos. Sufragáneo de Toledo, estaba preso cuando el primado Blas Fernández convocó Concilio Provincial (1 de octubre de 1355). Urbano V lo nombró arzobispo de Sevilla el 4 de junio de 1369, fecha segura con Sánchez Herrero (2006) y los registros de Aviñón (el 20 de octubre según Gams; en 1368 para Zúñiga). Su corto gobierno dejó alguna huella en 1370: Urbano V lo instó a trabajar por la paz lusocastellana (24 de febrero); el obispo de Marruecos se le declaraba sufragáneo (23 de mazo); ayudó económicamente al obispado de Cádiz (junio) y confirmó muchos privilegios reales. Actuó a favor de la aljama de Sevilla en la época previa al pogrom de 1391: privó de la licencia de predicar al arcediano de Écija Hernán Martínez, fanático antisemita, declarándolo “rebelde y sospechoso de herejía” (Menéndez Pelayo). Ya el 14 de mayo de 1371 no residía en Sevilla sino quizá en Aviñón.

Gregorio XI (30 de diciembre de1370-27 de marzo de 1378) lo creó cardenal, relevándolo del arzobispado, en su primer consistorio de 30 de mayo de 1371, con título de Santa Práxedes, el que tuviera su tío antes de pasar al de obispo de Sabina. Se instaló en Aviñón en octubre. Fue el primer cardenal arzobispo de Sevilla e integró la minoría de los no franceses en el período papal de Aviñón (ciento once cardenales franceses del total de ciento treinta y cuatro). Vivió una situación pontificia turbulenta, pero colaboró en la reorganización de la Orden Militar de San Juan dirigida por el influyente fray Juan Fernández de Heredia, aragonés, futuro maestre de Rodas (1377-1396) y entonces prior de Cataluña, Castellán de Amposta y lugarteniente del maestre. Con Corsini, Barroso medió en disputas entre los caballeros de las lenguas francesa e italiana. Gregorio XI abogó por él ante el rey Enrique II (afirmaba así su autoridad respecto a la economía eclesiástica), que mantenía el expolio de bienes del cardenal y sus familiares, algo ya censurado por Urbano V (1369). El Papa le hizo vicario de Puebla de Alcocer en el arcedianato de Calatrava, del arzobispado de Toledo (31 de marzo de 1372: Mollat, Lettres secrètes, I); y a lo largo de 1372 exigió al Rey la devolución de las rentas de Barroso, incluidas las de la vicaría, valiéndose a veces de intermediarios como la reina Juana (13 de octubre), Gómez García (13 de noviembre) y el obispo Pedro de Coimbra (19 de noviembre). El cardenal fue testigo de los intentos frustrados de Gregorio XI de restablecer en Roma la Sede Apostólica, lo que culminó en 1377 pero no presenció Barroso. Murió en 1374 en Aviñón. Según López de Ayala (Crónica Abreviada) fue enterrado en el cercano monasterio de dominicas de Santa Práxedes o de España donde yacía su tío, que lo fundó; y según Goñi, en el de los canónigos regulares de Montfavet. Aún tras su muerte, Gregorio XI (que confió en él como su ejecutor testamentario, aunque Barroso murió antes que el Papa) defendió sus derechos, ordenando al Rey facilitar a los albaceas el recuperar los bienes (6 de febrero de 1375) y recomendándole a parientes del cardenal como García Fernández de Barroso, scutifer del Papa (gentilhombre, familiar), para el cual dispuso una renta anual de 300 florines de oro (7 de agosto de 1374) que el prior castellano del Hospital y el maestre le debían dar en prestimonio sobre Frexenal (Fregenal de la Sierra), villa sanjuanista del reino de Sevilla.

La labor intelectual de Pedro Gómez Barroso es problemática. Queda en entredicho porque, como otros prelados del Trescientos, pudo impulsar la vida cultural sevillana desde la vitalidad científico-literaria hebrea; pero hay tres facetas que no deben atribuirse a él, sino al segundo arzobispo Pedro de Sevilla (1378-1390), padre Alfonso de Toledo: a) El patrocinio a médicos conversos como Juan de Aviñón (Sevillana Medicina, 1380) y Estéfano (Libro de visitaçione e conssiliaçione medicorum); b) La fundación de la Biblioteca Capitular, que enriqueció con un buen patrimonio librario en 1387 y 1389 (el nombre de Pedro Gómez Barroso encabeza una manda, pero en validación notarial de los siglos xvii-xviii). Y c) la autoría, parece, del célebre Confesionario o Catecismo o De la justicia de la vida espiritual de los hombres. El autor, debatido desde el siglo xviii, es, según el texto, el segundo arçobispo Pedro de Sevilla. El padre Rubio atribuye el Catecismo a Gómez Barroso, igual que lo hace Luis Resines; y Amador de los Ríos (1864), Paz y Meliá (1897) y el padre Zarco (1924), a Pedro Gómez de Albornoz. Un debate similar es aplicable a De la vida de las almas o Vita animarum, y a la Tabula. Se le ha adjudicado el Libro del consejo e de los consejeros, pero trabajos recientes desplazan la autoría a su tío cardenal o de nuevo al segundo prelado sevillano Pedro (muerto en 1390).

 

Obras de ~: Vita animarum o De la vida de las almas (atrib.), en Biblioteca del conde-duque de Olivares, letra P; Libro del consejo e de los consejeros o Del consejo y consejeros de los principes ¿atrib.? “Pedro Gómez de Barroso, Pedro Gómez Barroso “el viejo”; Confesionario o Catecismo o De la justicia de la vida espiritual de los hombres e de la perfección de la Iglesia militante e de la honestidad de la vida corporal (¿atrib.?), Biblioteca del Escorial, a-IV-11; Tabula (atrib.), en Biblioteca Nacional de Madrid, ms. 13018, fols. 66-74.

 

Bibl.: P. J. de Aponte, F. Fernández de Córdoba y F. de Rades y Andrada, Papeles genealógicos, siglo xvii (inéd.), Biblioteca Nacional, ms./ 11596; D. Ortiz de Zúñiga, Anales eclesiásticos y seculares de la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla, Madrid, Imprenta Real, 1667 (ed. facs. e índices de la 2.ª ed. [de A. M.ª Espinosa y Cárcel, Madrid, Imprenta Real, 1795-1796, 5 vols.] por J. Sánchez Herrero, M.ª del R. L ópez Bahamonde, J. M.ª Miura Andrades y F. García Fitz, Sevilla, Ediciones Guadalquivir, 1998, 5 vols.), vol. II: para Pedro Gómez Álvarez de Albornoz (tenido por 1.º arzob. Pedro), págs. 173-174, 176, 185, 188-191 y 193; para Pedro Gómez Barroso (tenido por 2.º arzob. Pedro), págs. 106, 211, 216-217, 222, 224-226, 231-232 y 273; para Pedro Gómez Gudiel Barroso (tenido por el mismo Gómez Barroso), págs. 137-138 y 211; Ch. Berton, Dictionnaire des cardinaux, contenant des notions générales sur le cardinalat, la nomenclature complète [...], Paris, ed. J.-P. Migne, 1857, col. 1730 (reimpr. Gregg International Publishers Limited, Westmead, Franborough, Hants, England, 1969); P. B. Gams, Series Episcoporum Ecclesiae Catholicae quotquot innotuerunt a beato Petro Apostolo, Ratisbona, Georgius Josephus Man, 1873-1886, 2 vols. (reed. Leipzig, Karl W. Hiersemann, 1931, págs. 70, 74 y 104); J. Alonso Morgado, Prelados sevillanos o Episcopologio de la Santa Iglesia Metropolitana y patriarcal de Sevilla con noticias biográficas de los señores Obispos auxiliares y otros relacionados con esta Santa Iglesia, Sevilla, Tipografía de Agapito López, 1899-1904, págs. 308-313; C. Eubel, Hierarchia catholica Medii Aevi, vol. I, Monasterii, Libraria Regensbergiana, 1910-1914, 3 vols. (reed. Padua, 1960), pág. 21; G. Mollat, Jean XXII (1316-1334). Lettres communs analysées d’après les registres dits d’Avignon et du Vatican, t. XI, ed. de E. de Broccard, Paris, Bibliothèque des Écoles Françaises d’Athènes et de Rome, 1929; M. Menéndez Pelayo, Historia de los heterodoxos españoles, I, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), 1986 (4.ª ed.; 1.ª ed. 1948), pág. 636; G. Mollat, Les papes d’Avignon. 1305-1378, Paris, Letouzey et Ané, 1949 (9.ª ed. rev. y aum.); E. de Llaguno y Amirola (ed.), con enmiendas de J. Zurita, “Don Pedro López de Ayala, Canciller Mayor de Castilla: Crónica del rey Don Pedro [I]”, en C. Rosell (ed.), Crónicas de los Reyes de Castilla, I, Madrid, Atlas, BAE, vol. LXVI, 1953, caps. IX, X y XIX, págs. 464 y 468; P. F. Rubio Álvarez (OSA), “Don Pedro Gómez Barroso, arzobispo de Sevilla, y su ‘Catecismo’ en romance castellano”, en Archivo Hispalense, t. XXVII, n.º 86 (1957), págs. 129-146; G. Mollat, Lettres secrètes et curiales du pape Grégoire XI (1370-1378), Paris, E. de Boccard, Bibliothèque des Écoles Françaises d’Athènes et de Rome, 1962-1965, 3 vols., vol. I (1962), pág. 86; vol. II (1963), págs. 103 y 120; A. Orive, “Gómez-Álvarez de Albornoz Barroso, Pedro”, en Q. Aldea Vaquero, T. Marín Martínez y J. Vives Gatell (dirs.), Diccionario de Historia Eclesiástica de España, vol. II, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), 1972, pág. 1026; J. Goñi Gaztambide, “Gómez Barroso (Pedro) junior”, en A. Baudrillart (dir.), Dictionnaire d’Histoire et de Géographie Écclesiastiques, XXI, Paris, Letouzey et Ané, 1986, cols. 546-549; L. Resines, La Catequesis en España. Historia y textos, Madrid, BAC, 1997, págs. 124-125; J. Sánchez Herrero, “Los obispos castellanos, su actividad académica y cultural durante el siglo xiv, 1316-1377”, en J. M.ª Soto Rábanos (coord.), Pensamiento Medieval Hispano. Homenaje a Horacio Santiago Otero, Madrid, CSIC, Consejería de Educación y Cultura de la Junta de Castilla y León, Diputación de Zamora, 1998, págs. 253- 271; G. Sicari, Araldica Vaticana (recurso digital en la red); S. Miranda, The Cardinals of the Holy Roman Church, Miami, Florida International University Library, 1998- 2005 (recurso digital en la red); J. de Castro, Ibercronox, 1998-2006 (recurso digital en la red); M.ª del C. Álvarez Márquez, Manuscritos localizados de Pedro Gómez Barroso y Juan de Cervantes, arzobispos de Sevilla, Anexos de “Signo”, 3, Alcalá de Henares, Universidad, Diputación de Sevilla, 1999; J. Sánchez Herrero, “La Iglesia de Sevilla durante los siglos bajomedievales (1248-1474)”, en J. Sánchez Herrero (coord.), Historia de las diócesis españolas, 10: Iglesias de Sevilla, Huelva, Jerez, Cádiz y Ceuta, Madrid-Córdoba, Biblioteca de Autores Cristianos-Servicio de Publicaciones de Cajasur, 2002; J. Sánchez Herrero, “En torno al arzobispo de Sevilla don Pedro (1378-1390)”, en M. González Jiménez e I. Montes Camacho (eds.), La Península Ibérica entre el Mediterráneo y el Atlántico. Siglos xiii-xv, Sevilla-Cádiz, Diputación de Cádiz-Sociedad Española de Estudios Medievales, 2006, págs. 635-650.

 

Raquel Torres Jiménez