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Pedro Gómez de Barroso

Biografía

Gómez de Barroso, Pedro. Maestre Pedro, Maestro de Toledo, Pedro Hispano. Toledo, c. 1296 – Aviñón (Francia), 14.VII.1348. Cardenal, legado pontificio, camerario papal, obispo de Cartagena y consejero de Alfonso XI.

Nació antes de 1296, pues fue elegido obispo en 1326 y el Concilio II de Letrán de 1139 exigía para ello la edad de treinta años, salvo dispensa. El apelativo el Viejo o Senior lo diferencia de su sobrino Pedro Barroso el Joven o Junior, el arzobispo de Sevilla y cardenal Pedro Gómez Álvarez de Albornoz Barroso (muerto en 1374), pero aún hoy se confunden sus biografías. Distíngase también de Pedro (Alonso) de Toledo o Gómez Barroso, obispo de Osma (desde 1368 según Eubel, o 1369), Cuenca y Évora; y del portugués Pedro Hispano, arzobispo de Braga y papa Juan XXI (1276-1277). Todo ello y la proximidad cronológica con otros Pedro tratadistas y obispos (otro de Cartagena y el sucesor de su sobrino en Sevilla) explica que su biografía sea problemática, pero debe ponderarse su tarea cardenalicia y diplomática foránea; la literaria es dudosa y la episcopal, menor. Era natural de Toledo y de familia noble (Baix), hijo de Fernando de Barroso y Mencía García de Sotomayor. Desarrolló su carrera eclesiástica en Sevilla, Toledo, Cartagena y Aviñón, y su actividad diplomática en Castilla, Francia, Inglaterra y Flandes, en un triple contexto: crisis socioeconómicas y guerras europeas, fortalecimiento de las monarquías a costa de la feudalidad y de los poderes universalistas, y estancia en Aviñón del papado (1309-1377) sujeto a Francia, con su poder temporal e imagen dañados pero reforzado en su centralismo y organización burocrática y fiscal. No se confirma la atribución del cargo de legado papal en Castilla.

Antes de 1325 fue prior y canónigo en la catedral sevillana. Canciller de Castilla por el arzobispo de Toledo, Alfonso XI lo incorporó al Consejo Real desde su mayoría (1325). Ortiz de Zúñiga rectifica la Crónica de Alfonso XI al integrarlo en la embajada real que pidió cruzada y rentas eclesiásticas contra el islam a Juan XXII, inclinado por ello a hacerlo cardenal, en 1328; pero este año Barroso es ya cardenal: la datación de la Crónica, 1326, es más probable. Siendo maestrescuela en la catedral de Toledo y subdiácono, con fama cultural y moral, Juan XXII lo nombró obispo de Cartagena a instancias del Rey (3 de septiembre de 1326), reflejo del centralismo aviñonés y de la intervención regia en las iglesias, mediatizando la elección canónica capitular. Diez días después el Papa le reservaba todas sus porciones prestimoniales en la Iglesia toledana.

Su episcopado es poco conocido y se confunde con el de su sucesor, pero hay motivos para defender su brevedad y no atribuirle los dos sínodos diocesanos de Cartagena-Murcia de 27 de noviembre de 1331 y 2 de mayo de 1332 que convocó un “obispo don Pedro”. Primero, en 1331 era camerario pontificio en Aviñón; segundo, debió de cesar en la sede al ser creado cardenal en 1327, año en que le sucedió como electo Pedro de Peñaranda (Torres Fontes); y por último, las cartas pontificias llaman a Pedro Barroso obispo de Cartagena en 1326, pero sólo “Pedro, cardenal de Santa Práxedes” en 1331 y 1334. Sanz Sancho identifica la confusión: la serie episcopal de Díaz Cassou (1895) retrasaba el relevo entre ambos prelados a 1337. También la serie de Gams confunde identidades y fechas: Barroso (mal datado su cardenalato) sucedería en 1329 a un Pedro de Toledo electo en 1328. En suma, ocupó la sede de Cartagena- Murcia durante un año y poco más de tres meses: desde el 3 de septiembre de 1326 hasta ser creado cardenal el 18 de diciembre de 1327 o hasta la elección de Pedro de Peñaranda el 23 de diciembre de 1327. No celebró sínodos (se deben a Peñaranda) y su labor episcopal sería mínima a pesar de su rápida incorporación: a los once días de la elección consagró con dispensa papal al deán de Talavera la Real (Badajoz) (14 de septiembre de 1326).

Desarrolló una amplia labor como cardenal bajo los pontífices aviñoneses Juan XXII (1316-1334) y Benedicto XII (1334-1342). Participó en dos cónclaves, para elegir a Benedicto XII del 13 al 20 de diciembre de 1334 y a Clemente VI del 5 al 7 de mayo de 1342. Su creación como cardenal por Juan XXII a petición de Alfonso XI en su cuarto consistorio el 18 de diciembre de 1327 es llamativa dado el absoluto predominio francés en la curia. Juan XXII nombró veintiocho cardenales, sólo cinco no franceses; Barroso fue el único español. Del total de los ciento treinta y cuatro cardenales de Aviñón, ciento once fueron franceses (Guillemain). Su título fue cardenal presbítero de Santa Práxedes (1327-1341), santa de la que fue muy devoto. Mollat lo identifica erróneamente con un Petrus cardenal-obispo de Porto y Santa Rufina (o Silva Cándida) el 18 de diciembre de 1327; es Pierre d’Arrablay o de Reblay, cardenal desde el 18 de diciembre de 1316. Sucediéndolo, Barroso ocupó uno de los cargos más importantes y de confianza en la curia, el de camerario (11 de marzo de 1331-7 de marzo de 1340), que regía la Cámara Apostólica, órgano fiscal nuclear, y recibía de los oficiales el juramento al Papa. Álvaro Pelagio le dedicó su De planctu Ecclesiae (1331-1332) a favor de la superioridad del poder papal sobre el temporal frente a Marsilio de Padua (Defensor Pacis) y Ockham. Con otro camerario, Gasbert de Laval, intervino jurisdiccionalmente en la Iglesia hispana al mandar al obispo de Tuy absolver al obispo de Lugo Juan (13 de diciembre de 1332). El Papa favoreció a parientes suyos: en Palencia hizo deán a Pedro Gómez (21 de octubre de 1331) y dio una prebenda a Diego Rodríguez (3 de diciembre de 1331) y una porción en Calahorra a Juan García de Viana (3 de agosto de 1334). Barroso escuchó a Juan XXII en la víspera de su muerte retractarse de su discutida tesis sobre la visión beatífica. Por orden de Benedicto XII participó en la redacción de los estatutos de los Hermanos Menores (bula Redemptor noster, 8 de noviembre de 1336), vistos por ellos como una injerencia aunque obedecían al Papa en contraste con los fratricelli. El 1 de junio de 1337 Benedicto XII lo nombró arcediano de Torrellas (Zaragoza).

Sus tareas diplomáticas transcurrieron entre el 28 de julio de 1337 y el 20 de abril de 1340 en los inicios de la Guerra de los Cien Años (1337-1453) como legado pontificio en Francia junto a Bertrand de Montfavés, que fue protonotario apostólico y, desde el 17/18 de diciembre de 1316, cardenal diácono de Santa María in Aquiro (muerto el 1 de diciembre de 1342). Fueron los hombres clave de las frustradas operaciones aviñonesas para evitar la guerra y desactivar la alianza anglo-alemana y la influencia inglesa en Castilla. El 23 de junio de 1337 Benedicto XII los acreditó como Apostolicae Sedis Nuncii (el término “nuncio” carece de su futuro sentido permanente) para mediar entre Felipe VI de Francia y Eduardo III de Inglaterra y defender la libertad de la Iglesia. Las cartas que el Papa les dirigió entre 1337 y 1340 (Daumet) muestran que se ha minimizado la importancia diplomática de Gómez de Barroso (así en Les papes d’Avignon de Mollat), pues fue equiparable o superior a la de Montfavés. Provistos de salvoconductos o corriendo riesgos mientras crecía la tensión, desplegaron una intensa actividad diplomática para negociar la paz entre París e Inglaterra (al tiempo que se aprovisionaban de vino bordelés, según Déprez): ante Felipe VI en agostoseptiembre de 1337 (el Papa los felicitó el 25 de septiembre de 1337) y ante Eduardo III, en Inglaterra, de octubre de 1337 a enero de 1338. Actuaban en estrecho contacto con Benedicto XII, pero eran dueños de tomar decisiones a veces discutibles: el Papa rechazó su consejo in extremis de excomulgar a todo el reino que invadiera al contrario (septiembre de 1338) y les reprochó divulgar secretos (23 de noviembre de 1338).

Pero Barroso gozó de la plena confianza de Benedicto XII, tan exigente con la profesionalización de la curia de Aviñón, e influyó en la elección de Gil Carrillo de Albornoz (o Álvarez Carrillo Albornoz) como arzobispo de Toledo (13 de mayo de 1338). Y fue muy estimado y favorecido por Felipe VI. El Papa les prohibió entrar en Flandes el 28 de marzo de 1339 a raíz de las revueltas urbanas antifrancesas, anticondales y proinglesas. En septiembre de 1339 comenzó la guerra. Aún antes los nuncios intentaron el acuerdo en terreno inglés (21 de septiembre) y en pleno estallido bélico recibieron orden de notificar al monarca Eduardo III la sentencia papal de excomunión (12 de octubre de 1339) por recibir el título de vicario imperial (13-24 de noviembre de 1338) del emperador alemán, también excomulgado, Luis de Baviera (1314-1346). En 1340 Eduardo fue proclamado rey de Francia en Gante y asedió Tournai; el Papa desistió de detener la guerra y los nuncios regresaron a Aviñón (20 de abril de 1340).

Barroso desempeñó labores judiciales en Aviñón; algunas problemáticas, por afectar al obispado de Lieja, vasallo del Emperador, como el pleito por la sucesión de un condado (13 de agosto de 1337) y las quejas de los monjes de Stavelot contra su abad (hasta el 6 de noviembre de 1337). Con Montfavés aprobó una transacción entre obispo y Cabildo de Thérouanne (26 de noviembre de 1337). Desde agosto de 1341 cambió el título de Santa Práxedes por el de cardenal- obispo de la “diócesis” de Sabina (no se confunda con el de cardenal-presbítero de la “iglesia” de Santa Sabina). Perfeccionó su administración con un Registrum juridictionis episcopatus Sabinensis (1343) e instruyó una canonización. En 1341 intervino en el juicio a un partidario de Luis de Baviera y del general de los franciscanos Miguel de Cesena, muestra aún de la alianza entre las dos rebeliones antipapales. Afianzó lazos con el clero de los Países Bajos: entre los “familiares” de su casa hubo canónigos y rectores de las diócesis de Lieja y Thérouanne, como Pierre de Caminata de Solomio y Jean Voghelare, chantre de su capilla (1348).

Es problemática su tarea literaria. Su exaltación intelectual (Baquero Almansa) parece producto de la confusión con su sobrino el arzobispo de Sevilla (1369-1371) o el posterior arzobispo hispalense Pedro. Se le atribuye un tratado de juventud (I. Rodríguez): el Libro del consejo e de los consejeros o Del consejo y consejeros de los príncipes para su buen gobierno, manuscrito sapiencial de un “maestre Pedro”, integrado en los Castigos del rey don Sancho IV. Otros lo adjudican a su sobrino prelado hispalense (Goñi Gaztambide). Sánchez Herrero admite que lo escribiera Pedro Barroso el Viejo (“Los obispos castellanos: su actividad académica y cultural...”), pero en su actualizado estudio de la iglesia de Sevilla tiende a desplazar la autoría al otro Pedro arzobispo de la sede (1378-1390), artífice de un problemático Confesionario atribuido también a Pedro Barroso el Joven o a veces a su tío. El 8 de abril de 1340 fundó en la catedral de Sevilla la fiesta de Santa Práxedes con aniversario y procesión anual; a través del chantre Pedro Fernández mandó 3.000 maravedís para labrar las casas que la debían sostener. Murió en Aviñón el 14 de julio de 1348 y fue enterrado en la cercana iglesia de dominicas de Santa Práxedes o de España fundada por él.

 

Obras de ~: Libro del consejo e de los consejeros o Del consejo y consejeros de los principes (atrib.). Biblioteca Nacional, ms. 6559; Biblioteca de El Escorial, Z-III-4; (ed. incluida en otros mss.); A. Rey (ed.), Libro de los Cien Capítulos, Indiana University Humanities Series, 44, Bloomington, Indiana University Press, 1960; H. Ó. Bizarri (ed.), Castigos del rey don Sancho IV, vol. VI, Frankfurt am Main-Madrid, Vervuert- Ibero-americana, Medievalia Hispania, 2001.

 

Bibl.: D. Ortiz de Zúñiga, Anales eclesiásticos y seculares de la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla, Madrid, Imprenta Real, 1667 (ed. facs. e índices de la 2.ª ed. [de A. M.ª Espinosa y Cárcel, Madrid, Imprenta Real, 1795-1796, 5 vols.], por J. Sánchez Herrero, M.ª del R. López Bahamonde, J. M.ª Miura Andrades y F. García Fitz, vol. II, Sevilla, Ediciones Guadalquivir, 1998, págs. 75-76, 105 y 174); Vv. aa ., “Pedro Barroso Gómez (o Pedro Gómez Barroso”), en Biografía eclesiástica completa. Vida de los personajes del antiguo y nuevo testamento; de todos los santos que venera la Iglesia, papas y eclesiásticos célebres por sus virtudes y talentos, en orden alfabético (1848-1868, 30 vols.), vol. II, Barcelona, Eusebio Aguado, 1849, pág. 181; P. B. Gams, Series Episcoporum Ecclesiae Catholicae quotquot innotuerunt a beato Petro Apostolo, Ratisbona, Georgius Josephus Man, 1873-1886, 2 vols. (reed. Leipzig, Karl W. Hiersemann, 1931, pág. 24); P. Díaz Cassou, Serie de los obispos de Cartagena: sus hechos y su tiempo, Madrid, Est. Tipográfico de Fortanet, 1895 (ed. facs., Murcia, Instituto Municipal de Cultura, 1977; ed. digital, Madrid, Fundación Histórica Tavera, Digibis, 2002, CD-Rom); E. Déprez, Les préliminaires de la Guerre des Cents Ans. La Papauté, la France et l’Angleterre (1328-1342), Paris, Albert Fontemoing Éditeur, 1902, págs. 148, 164, 170, 182, 203, 209, 211, 216, 255, 274, 289, 315 y 336; C. Eubel, Hierarchia catholica Medii Aevi, vol. I, Monasterii, Libraria Regensbergiana, 1910-1914, pág. 16, 3 vols. (reed. Padua, 1960); G. Mollat, Jean XXII (1316-1334). Lettres communs analysées d’après les registres dits d’Avignon et du Vatican, t. VI, Paris, E. de Broccard Ed., Bibliothèque des Écoles Françaises d’Athènes et de Rome, 1912, págs. 315-316; t. VII, 1914, pág. 110; t. XI, 1929; G. Daumet, Benoît XII (1334-1342). Lettres closes, patentes et curiales se raportant à la France, Paris, É. de Boccard, Librairie des Écoles Françaises d’Athènes et de Rome, 1920, págs. 195-206, 225-232 y 237; F. Baix, “Barroso (Pedro-Gómez de)”, en A. Baudrillart (dir.), Dictionnaire d’Histoire et de Géographie Écclesiastiques, VI, Paris, Letouzey et Ané, 1932, cols. 934-936; G. Mollat, Les papes d’Avignon. 1305-1378, Paris, Letouzey et Ané, 1949 (9.ª ed. rev. y aum.); A. Baquero Almansa, “Estudios sobre la historia de la literatura en Murcia, de Alfonso X hasta los Reyes Católicos”, en Murgetana, 2 (1950), pág. 106; F. Cerdá y Rico (ed.), “Crónica de don Alfonso el Onceno”, en C. Rosell (ed.), Crónicas de los Reyes de Castilla, I, vol. LXVI, Madrid, Atlas, BAE, 1953, cap. XXXIX, pág. 199; I. Rodríguez, “Autores espirituales españoles en la Edad Media”, en Repertorio de las ciencias eclesiásticas en España, Salamanca, Instituto de Historia de la Teología Española, 6 vols., 1. Siglos xiii-xvi, 1967, pág. 245; A. Orive, “Gómez Barroso, Pedro”, en Q. Aldea Vaquero, T. Marín Martínez y J. Vives Gatell (dirs.), Diccionario de Historia Eclesiástica de España, vol. II, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), 1972, págs. 1026-1027; D. Catalán (ed.), Primer tomo de la edición crítica de la Gran Crónica de Alfonso XI, t. I, Madrid, Gredos, Cátedra del Seminario Menéndez Pidal, 1976, cap. LI, pág. 376; I. Sanz Sancho, “Sínodos de la iglesia de Cartagena-Murcia en el siglo xiv”, en Hispania Sacra, XXXVIII (1986), págs. 53-126; I. Sanz Sancho, “La religiosidad del clero y del pueblo en los sínodos murcianos del siglo xiv”, en Carthaginensia, V (1989), págs. 37-38 y 45; Vv. aa ., “Pedro Gómez Barroso”, en G. Fatás Cabeza (dir.), Gran Enciclopedia de España, t. X, Zaragoza, Enciclopedia de España, 1994, pág. 4649; J. Sánchez Herrero, “Los obispos castellanos, su actividad académica y cultural durante el siglo xiv, 1316-1377”, en J. M.ª Soto Rábanos (coord.), Pensamiento Medieval Hispano. Homenaje a Horacio Santiago Otero, Madrid, CSIC, Consejería de Educación y Cultura de la Junta de Castilla y León, Diputación de Zamora, 1998, págs. 253- 271; S. Miranda, The Cardinals of the Holy Roman Church, Miami, Florida International University Library, 1998-2005 (recurso digital en la red); J. Torres Fontes, “Cronología de los obispos de Cartagena en la Edad Media”, en Anuario de Estudios Medievales, 28B (1998), págs. 661-677; J. Sánchez Herrero, “La Iglesia de Sevilla”, en Historia de las diócesis españolas, X: Iglesias de Sevilla, Huelva, Jerez y Cádiz y Ceuta (coord. J. Sánchez Herrero), Madrid-Córdoba, Cajasur-BAC, 2002, pág. 72.

 

Raquel Torres Jiménez