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San Valerio del Bierzo

Biografía

Valerio del Bierzo, San. Astorga (León), m. s. VII – San Pedro de Montes (León), 25.IV.695. Ermitaño y escritor.

Valerio nació, según propia confesión, en la provincia de Astorga (León), sin que se pueda precisar más el lugar y aventurar la fecha de su nacimiento, aunque su nombre denota ascendencia hispanorromana. En su juventud se dedicó al estudio, adquiriendo, según se trasluce de sus obras, un notable conocimiento de los clásicos latinos. Pronto experimentó una radical conversión que le hizo abandonar el mundo y retirarse al Monasterio de Compludo (León), fundado por san Fructuoso poco antes. Animado por el deseo de una vida más rigurosa, abandonó el monasterio y se retiró a una cueva, donde llevó vida asperísima. Al poco empezaron a acudir gentes que le procuraron todo lo necesario, pero la enemistad de un sacerdote llamado Flaíno, que llegó a contratar a unos ladrones para que robaran y apalearan a Valerio, le obligó a abandonar aquellas soledades.

Se retiró entonces a un lugar llamado Ebronanto, cuyo dueño, llamado Ricimiro, al cabo de un año decidió destruir la iglesia y choza del anacoreta a fin de levantar un nuevo edificio mejor dotado y más hermoso. Su idea era hacer ordenar presbítero a Valerio para que cuidase de aquella iglesia propia, pero la muerte de Ricimiro dio al traste con aquellos planes. Valerio se vio así libre de un sacerdocio no deseado, pero en su lugar fue ordenado un músico ambulante, deforme de cuerpo, llamado Justo; éste, que conocía la oposición que Valerio había hecho a su ordenación, se dedicó a amargarle la vida, llegando incluso al intento de asesinato. El ermitaño, sin embargo, no cejó en sus propósitos y sólo abandonó aquel lugar cuando una orden del Rey (se ignora por qué razones) mandó confiscar todos los bienes del difunto Ricimiro y destruir la iglesia por él levantada.

Valerio decidió entonces acogerse al Monasterio de San Pedro de Montes (León) y ocupar allí la cueva que antaño habitara san Fructuoso. Desde su retiro se dedicó a la enseñanza de los jóvenes de los alrededores, que le pagaban con buenos productos su magisterio. Valerio pudo hacer así numerosas limosnas, pero su repentino enriquecimiento provocaba las envidias de los monjes, que no dejaron de hacerle la vida imposible. Llegaron incluso a arrrojarlo de la cueva durante tres años y continuamente le negaron hasta el alimento en las épocas de carestía. Uno de los discípulos de Valerio llegó a morir en sus brazos, aterido de frío; otro fue asesinado por un labrador instigado por los mismos monjes. Pero nada hacía desistir a Valerio de su propósito, hasta que logró finalmente el apoyo episcopal y real; en tiempos del rey Ervigio (680-687) consiguió verse confirmado por el Monarca en la posesión de su choza y los terrenos circundantes, e incluso parece que se le dio cierta autoridad sobre la comunidad de San Pedro de Montes.

Desde entonces el ermitaño alcanzó la paz que deseaba y pasó los últimos años de su vida en plena armonía con los monjes, a quienes adoctrinaba en la vida monástica. Un sobrino suyo, de nombre Juan, vino con su criado Evagrio a llevar su mismo modo de vida y juntos plantaron un jardín delicioso alrededor de las celdas, que constituyó el solaz de Valerio en sus últimos años.

Todo cuanto se sabe de la vida de san Valerio fue escrito por él mismo, en una especie de autobiografía, titulada Ordo querimoniae. Se han conservado otras obras suyas de edificación monástica, además de una famosa carta en la que ensalza la peregrinación de la virgen Egeria. Es también autor de una compilación hagiográfica en la que recoge la vida de muchos padres del monacato antiguo. Acerca de su muerte nada se sabe, e incluso la fecha tradicionalmente aceptada sólo es conocida por testimonios muy tardíos.

 

Obras de ~: San Valerio (Nuño Valerio). Obras, ed. de R. Fernández Pousa, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), 1942.

 

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Miguel C. Vivancos Gómez, OSB