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Eleuterio Delgado Martín

Biografía

Delgado Martín, Eleuterio, Sangarcía (Segovia), 18.IV.1852 – Madrid, 13.IV.1908. Economista.

Nació en el seno de una familia humilde —su padre era zapatero—; sin embargo, logró cursar los estudios de Derecho y acceder a uno de los cuerpos más prestigiosos del funcionariado español, el de abogados del Estado, desempeñando este cargo en diversas provincias y en la Dirección General de lo contencioso. Colaboró con el ministro Juan Francisco Camacho en sus intentos de reforma de la Hacienda española en la década de 1880, que se vieron frustrados por los conflictos dentro del Partido Liberal. En 1891 ingresó, como letrado, en la Compañía Adjudicataria del Monopolio de Tabacos, de la que llegó a ser director, abriendo una etapa de gran prosperidad para la misma. Fue un teórico de la economía y la hacienda que contaba con un amplio conocimiento de las principales escuelas y de la realidad económica de España.

Sobre esta base, realizó diversas propuestas de reforma de la hacienda pública, algunas de ellas tomadas de proyectos anteriores de ministros como Gamazo o Urzaiz, con las cuales se evitarían conflictos entre el Estado y los contribuyentes, en un momento en que había un rechazo generalizado a la creciente presión impositiva. Su objetivo principal era recuperar la confianza en el Estado como garante del bien común frente a las arbitrariedades características de su tiempo que no sólo vulneraban la legalidad, sino también la función redistributiva de los impuestos. Partía de la necesidad de racionalizar la Administración, desligándola de las luchas partidistas. En cuanto al Ministerio de Hacienda, propuso separar las funciones gubernativas de las administrativas, creando una escuela especial para la preparación de los funcionarios del ramo, mejorando su cualificación técnica y exigiendo la entrada al servicio por oposición pública y la estabilidad en los puestos, así como la unificación de los servicios de investigación y liquidación. Estas propuestas no eran meramente económicas, sino que se enmarcaban dentro de los planteamientos regeneracionistas surgidos a raíz de la pérdida de las colonias ultramarinas en 1898. Delgado temía que las críticas lanzadas contra el sistema político creado por Cánovas se extendieran al parlamentarismo en general y fueran aprovechadas para promover una involución política. A comienzos del siglo xx volvió a la política activa, dentro del Partido Liberal y fue uno de los primeros dirigentes del mismo que se mostró partidario de replantear las funciones del Estado de tal manera que ampliase sus obligaciones en materia social, conforme a los principios del nuevo liberalismo desarrollado en Europa desde finales del siglo xix, siendo consciente, sin embargo, de las dificultades que su aplicación tenía en España por la corrupción y la arbitrariedad dominantes en la Administración pública. Contaba también con un fuerte respaldo entre la opinión pública de su provincia natal, por encima de matices ideológicos, gracias al prestigio que le habían granjeado sus estudios económicos.

Sin embargo, sólo en una ocasión (1905), fue elegido diputado por un distrito segoviano, el resto de su carrera la desarrolló en Vivero (Lugo), adonde le envió la dirección nacional de su partido para poner fin a una serie de enfrentamientos internos que habían desembocado en conflictos de orden público.

En el Parlamento fue el encargado de defender los postulados del Partido Liberal en materia económica.

A finales de 1906 pareció llegada la hora de llevar a la práctica sus proyectos reformistas al ser nombrado ministro de Hacienda en un Gobierno presidido por Segismundo Moret; sin embargo, la vida de este gabinete duró apenas dos semanas entre noviembre y diciembre. Por otra parte, también cayó en las contradicciones propias de los políticos de su tiempo, de tal manera que, mientras condenaba el caciquismo como la principal amenaza contra el liberalismo, utilizaba su cargo en la Compañía de Tabacos al servicio de su propia carrera política. Fue presidente del Sindicato Nacional de Maquinaria Agrícola, consejero del Crédito Iberoamericano, de Construcciones Metálicas, del Hogar Español y de la Electra Popular Vallisoletana, una de las empresas más importantes de Castilla en el ramo de la producción de energía eléctrica, creada por empresarios y políticos vinculados al Partido Liberal. Fundó la revista La Hacienda y el comercio y colaboró en otras publicaciones como Irurac Bat, El Globo, La Lectura, El Mercurio y la Revista General de Jurisprudencia y Legislación.

 

Obras de ~: Organización de la Hacienda, Contratos administrativos o de obras y servicios públicos, Madrid, Manuel Ginés Hernández, 1883; Apuntes de Derecho económico del Estado, Madrid, Manuel G. Hernández, 1886; La Renta de Tabacos, Madrid, Ginés Hernández, 1892; Problemas financieros, Madrid, Hijos de M. G. Hernández, 1903; Los cambios, Madrid, Hijos de M. G. Hernández, 1904; Un diputado y sus electores; Problemas de Vizcaya en el siglo xvi.

 

Bibl.: J. F. Dodero Vázquez, Las últimas Cortes de la Regencia, Madrid, J. Corrales, 1902, M. Sánchez de los Santos, Las Cortes españolas, las de 1907, Madrid, Antonio Marzo, 1908; P. Carasa (dir.), Elites castellanas de la Restauración, Valladolid, Junta de Castilla y León, 1997; J. M. Cuenca y S. Miranda, El poder y sus hombres. ¿Por quiénes hemos sido gobernados los españoles? (1705-1998), Madrid, Actas, 1998; X. R. Barreiro Fernández, Parlamentarios de Galicia. Biografías de deputados e senadores (1810-2003), Santiago de Compostela, Parlamento de Galicia-Real Academia Galega, 2003.

 

Juan Antonio Cano García