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Servando Ruiz-Gómez y González-Llanos

Biografía

Ruiz-Gómez y González-Llanos, Servando. Avilés (Asturias), 27.II.1821 – Vigo (Pontevedra), 19.VIII.1888. Ministro de Hacienda y de Estado, diputado.

Nació en el seno de una familia de la burguesía asturiana.

Su padre, Antonio, destacó como uno de los entusiastas luchadores contra la invasión napoleónica, durante la Guerra de la Independencia, entregando su fortuna personal para esta empresa. Fue más tarde alcalde de Avilés y comandante de la Milicia Nacional.

Su madre era Juliana González Llanos. A los dos años de edad de Servando, cuando el Trienio Liberal tocaba a su fin, la familia se trasladó a La Coruña donde, de nuevo, Antonio destacó por su lucha contra los franceses hasta que, rendida la ciudad, embarcó con su familia para América, instalándose en La Habana, tras realizar alguna escala en Jamaica. En la capital cubana, el joven Servando recibió su primera enseñanza. A los trece años fue a Alemania, donde estudió Filosofía, Derecho y Ciencias Morales y Políticas. Ruiz-Gómez continuó su preparación en Francia e Inglaterra y visitó Gijón, donde residió por algún tiempo, antes de instalarse en La Habana, donde trabajó en la Junta de Fomento. Regresó a España (1842) para ponerse al frente de la herencia familiar que aún le quedaba a su padre (en La Habana había emprendido, de nuevo, los negocios financieros en los que era un experto, llegando a abrir con gran éxito una casa de banca). Regresó a La Habana (1845), después de visitar París y Londres, y algunos otros puntos del continente americano. Se instaló en La Coruña (1849), donde se casó dos años más tarde con la asturiana María Teresa Arias Carvajal.

Obtuvo su primer acta de diputado en la legislatura de 1854-1856, en las Constituyentes nacidas de la Revolución de julio (1854) que dio comienzo al Bienio Progresista. Aquel movimiento que devolvió a Espartero al poder y a punto estuvo de costarle el Trono a Isabel II, sorprendió a Ruiz-Gómez en Oviedo, donde participó con gran entusiasmo del derrocamiento moderado junto al marqués de Campo Sagrado. Afiliado al Partido Progresista, desde su escaño, Ruiz-Gómez se sintió contrario al proyecto de ley presentado por el gobierno, que fijaba las fuerzas para el Ejército para 1855, en su primer discurso e intervención en la Cámara, y mostró su anticlericalismo, interpelando al gobierno (1855), sobre si contaba con los medios necesarios para reprimir a cualquier individuo que se manifestase por el contenido religioso de la Constitución. Pero, aún candentes algunos de los hechos que avalaron la revolución de julio, Ruiz-Gómez interpeló al gobierno sobre un rumor que aseguraba que la reina madre, María Cristina de Borbón, había cobrado, a través de la caja de La Habana, la pensión que las mismas Cortes le habían retirado por los sucesos de octubre de 1841, y sus atrasos correspondientes, que él había estimado en una cantidad cercana a los 60 millones de reales, la pensión, y unos 14 millones los atrasos. En sus debates sobre el nuevo modelo de Constitución, Ruiz-Gómez se manifestó contrario al sistema bicameral, en parte, por simpatía hacia los viejos liberales de 1812, en parte, al considerar que el Senado únicamente servía para ratificar los proyectos del gobierno de turno.

Tras causar baja como diputado (septiembre de 1856), trabajó, junto a Calvo Asensio, Fernández de los Ríos, Sagasta, Montemar y otros, en contra de la Monarquía de Isabel II. Cedió la presidencia del partido al propio Olózaga, al tiempo que él mismo se erigía en paradigma ideológico del progresismo más radical. Trabajó con gran empeño en desprestigiar a la Monarquía utilizando para ello los medios de comunicación.

Fundador de El Eco de Gijón (1863), que apenas duró un año, impulsó en nacimiento de La Crónica, de la misma ciudad, y fue colaborador de La Iberia y Las Novedades, y destacado redactor de La Soberanía Nacional, junto a Ángel Fernández de los Ríos y Guillermo Crespo.

En la primavera de 1867 visitó Italia y fijó su residencia temporal en Francia, en cuyo país mantuvo estrechos contactos con los hombres que preparaban la Revolución de 1868 que acabó con el Trono de Isabel II. A principios de este año, escribió en El Universal, y en junio se encontraba en Asturias, donde encabezó el movimiento que pondría en marcha la Gloriosa, o revolución septembrina, siendo elegido gobernador civil de Asturias por unos días, pues en octubre ya se encontraba en Madrid. Amigo personal de Laureano Figuerola, Ruiz-Gómez fue nombrado director general de Rentas Estancadas y Loterías, cuando aquel fue titular de la cartera (1868-1869), en el gabinete presidido por el general Serrano, que fijó a la peseta como unidad monetaria nacional. En julio de 1869, y por breve período de meses, Figuerola dejó el cargo a Constantino Ardanaz, que convenció a Ruiz-Gómez para que siguiera en Hacienda al frente de la Subsecretaría del Ministerio, y en la segunda etapa de Figuerola como ministro (1869-1870), un problema sobre desestanco del tabaco y de la sal enfrentó a Ruiz-Gómez con su ministro y amigo personal. Electo, por el distrito de Avilés, para las Constituyentes de 1869, en la legislatura 1869-1871, Ruiz-Gómez alcanzó gran protagonismo en aquel período de sesiones con intervenciones a favor de varios proyectos, pero especialmente destacables fueron sus intervenciones sobre los temas de Hacienda. Uno de ellos, el proyecto sobre el desestanco del tabaco y de la sal, originó grandes debates y encontró, en Ruiz-Gómez, un voto desfavorable, advirtiendo del peligro que representaba la libre circulación y cultivo del tabaco, puesto que el Tesoro Público se vería privado de los importantes ingresos que generaba este producto, y argumentó su postura, tachada de extraña por venir de un alto cargo de Hacienda y contraria a la filosofía revolucionaria de septiembre de 1868, al avisar del daño que supondría para el sistema de rentas, matizando, además, que su postura contraria obedecía únicamente a una cuestión de recursos, aconsejando posponer, hasta conseguir la nivelación sólida de los presupuestos, la discutida proposición de ley de desestanco del tabaco. Su voto no fue tenido en cuenta. No obstante, a modo de revancha, él mismo lo recordó cuando se debatió el tema de los presupuestos (diciembre de 1870), explicando a la Cámara, a través de una comparativa entre España y otros países, las favorables condiciones de éstos frente al nuestro para resolver el problema de la deuda flotante, que él estimaba en 35.000 millones de reales.

Se mostró favorable a un régimen especial para Cuba, Filipinas y Puerto Rico, asuntos estos de Ultramar que él conocía muy bien, y explicó que la condición de ultramarinos les impedía regirse por las mismas leyes que la Península. Dimitió de su escaño el 22 de julio de 1870, por lo que no participó en la votación para elegir a Amadeo de Saboya, y regresó a las Cortes en la legislatura de 1871-1872, representando en esta ocasión a la localidad leonesa de Vecilla. Los debates sobre los temas hacendísticos tuvieron siempre, en Ruiz-Gómez, a un orador entendido y dispuesto a dar a conocer su opinión sobre cualquier cuestión.

Fue nombrado ministro de Hacienda, en el gobierno presidido por Ruiz Zorrilla (1871), bajo la monarquía de Amadeo de Saboya, permaneciendo en el cargo desde el mes de julio hasta octubre del mismo año. Volvería a ocupar la cartera, en la segunda etapa al frente del ministerio, también con Ruiz Zorrilla como presidente, desde junio de 1872 hasta diciembre de mismo año. De su gestión como ministro, cabe destacar la emisión de la Deuda, de evidente éxito, la creación de Bonos del Tesoro, y el proyecto de crear un Banco Hipotecario que, aunque fuertemente combatido en las Cortes, logró su aprobación finalmente.

Tras la marcha de Amadeo I de Saboya del Trono de España, y el advenimiento de la Primera República, Ruiz-Gómez se apartó de la política y desde Marsella rechazó la cartera de Hacienda que le ofreció el general Serrano. Su última presencia en las Cortes fue en la legislatura de 1872-1873, representando al distrito de Llanes. Nombrado miembro del Consejo de Estado (1875), fue senador por Cuenca (1876), y un año más tarde, vitalicio, cuando ya había abandonado, prácticamente, la militancia partidista. En 1879 dimitió del Consejo de Estado al que volvería en 1881 para presidir la sección de Hacienda y, cuando el gabinete presidido por Sagasta fue sustituido por el de Posada Herrera, volvería a ocupar una poltrona ministerial, la cartera de Estado, desde octubre de 1883 hasta enero de 1884. La pérdida de su esposa (1887), y de una hija (1889), fueron postrando a Ruiz Gómez que, alejado de la política, mantuvo hasta su muerte en Vigo alguna actividad escribiendo sobre temas de hacendísticos. Fue miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas en la que ingresó el 21 de noviembre de 1886.

 

Obras de ~: Discursos pronunciados en Las Cortes Constituyentes de 1869 por el Diputado D. ~ en apoyo de su voto particular sobre el desestanco del tabaco, Madrid, La América, 1869; “De la marina mercante y del derecho diferencial de bandera”, en Revista España, 13 de junio de 1878; La protección arancelaria de los Estados Unidos de Norte-América, Madrid, Tipografía de M. P. Montoya y Cía., 13 de abril de 1879; Examen crítico de los presupuestos generales de ingresos y gastos de la isla de Cuba para el año 1879-1879, París, Imprenta Hispano-Americana, 1880; Situación económica de Francia, Madrid, Manuel G. Hernández, 1883; La cuestión monetaria, Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1886; Influencia de las costas y fronteras en la política de engrandecimiento de los estados (discursos leídos ante la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, en la recepción pública del Sr. D. ~. Contestación del [...] Sr, Conde de Toreno), Madrid, Tipografía de los Huérfanos, 1886.

 

Fuentes y bibl.: Archivo del Congreso de los Diputados, Serie documentación electoral, 38 n.º 40, 61 n.º 15, 64 n.º 2, 69 n.º 2, 72 n.º 13; Archivo del Senado, Expedientes personales, HIS-0397-02.

Diario de Sesiones de las Cortes, legislaturas de 1854-1856; 1869-1871; 1872; 1872-1873 y 1873; F. Cañamaque y Jiménez, Los oradores de 1869. Perfiles parlamentarios, Madrid, M. G. Hernández, 1879; Conde de Toreno y Vizconde de Campo Grande, “Necrológica del Excmo. Sr. D. Servando Ruiz Gómez”, leída ante la Academia de Ciencias Morales y Políticas en los meses de junio de 1889 y abril de 1890, en Boletín de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas (Madrid), t. I (1890); F. Canella y Secades, Representación asturiana administrativa y política desde 1808 a 1915, Oviedo, Imprenta de Flórez, Gusano y Cía., 1915; C. Suárez, Escritores y artistas asturianos, Madrid, 1936-1957; L. G. San Miguel, De la Sociedad aristocrática a la sociedad industrial en la España del siglo xix, Madrid, Editorial Cuadernos para el Diálogo, 1973; L. G. San Miguel, De la Sociedad aristocrática a la sociedad industrial en la España del siglo XIX, Madrid, Editorial Cuadernos para el Diálogo, 1973; M. González Muñiz, Los asturianos y la política (De las Cortes de Cádiz a nuestros días), Gijón, Ayalga, 1976; A. Rull Sabater, Diccionario sucinto de Ministros de Hacienda (s. XIX-XX), Madrid, Instituto de Estudios Fiscales, 1991; P. Ramírez Jerez, “Dos políticos avilesinos en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas”, en Boletín de Letras del Real Instituto de Estudios Asturianos, n.os 181-182 (enero-diciembre 2013), págs. 211-229; P. Ramírez Jerez, “Dos políticos avilesinos en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas: Servando Ruiz Gómez y Julián García San Miguel, marqués de Teverga”, en Vida y Academia. Quince semblanzas biográficas, Madrid, Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, 2016, págs. 99-123.

 

Honorio Feito Rodríguez