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Domingo Antonio López de Andrade

Biografía

López de Andrade, Domingo Antonio. Cee (La Coruña), 1639 – Santiago de Compostela (La Coruña), 12.XI.1712. Arquitecto.

Oriundo de la villa marinera de Cee, situada en el Finisterre gallego, nació en el seno de una familia hidalga, propietaria de ganado, montes y arriendos de diversas tierras —huertos, montes, viñas, etc.—. Hijo de Alberta López y Domingo López de Andrade, éste ejerció de juez de las jurisdicciones de Vimianzo, Mens y Cee. En esta última villa fue mayordomo de fábrica de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Junquera en 1653 y cofrade durante varios años de la Cofradía del Glorioso San Sebastián y Ánimas del Purgatorio.

Entre sus hermanos figura Antonio de Andrade, el mayor de la familia, que aparece en los libros de matrícula de Artes de la Universidad de Santiago entre los años 1652 y 1653. También contó con dos hermanas: María García y Felipa Suárez de Andrade.

La formación de Domingo de Andrade se puede rastrear con seguridad a partir de 1654, momento en el que, siendo clérigo de órdenes menores, comenzó sus estudios en la Universidad de Santiago. Esta formación duró sólo un año, pues en 1655, con motivo de una grave enfermedad, abandonó los estudios.

En 1662 casó con Isabel Areas Canosa; de este matrimonio vieron la luz diez hijos, de los cuales cinco, aquellos que alcanzaron la edad adulta, siguieron los pasos vocacionales de su padre, quien a la muerte de su esposa, en 1700, se ordenó presbítero, al profesar en el convento de San Francisco de Santiago de Compostela y en los conventos de agustinas de Lugo y Betanzos.

Desde una fecha muy temprana, 1662, se puede rastrear la presencia de Andrade en el entorno de los talleres que estaban trabajando en la remodelación de la catedral de Santiago de Compostela, coincidiendo con la presencia en la misma del canónigo fabriquero José de Vega y Verdugo desde 1658. Durante estos años, que se pueden considerar como de formación, colaboró con maestros como F. Dantas, B. Cabrera o Lucas Serrano, adquiriendo no sólo una amplia formación en la arquitectura en madera sino también fortaleciendo un perfil intelectual y erudito que fue único entre los arquitectos gallegos hasta mediados del siglo xviii.

Su carácter emprendedor y decidido se refleja también en lo temprano de la fundación de su propio taller, tal como atestigua su ingreso en el gremio de canteros, entalladores, carpinteros y toneleros de la ciudad, su firma como testigo en una escritura notarial de dicha cofradía en 1663 y la firma de su primer contrato entre 1666 y 1667 para la realización del retablo mayor de la iglesia parroquial de su villa natal.

Fueron estos primeros años de su formación fundamentales, puesto que coincidió con muchas de las figuras y maestros de la segunda mitad del siglo xvii en la arquitectura gallega: Domingo de Romay, Pedro de Arén o Alonso González. También fue el momento de una progresión constante en su carrera y en las responsabilidades adquiridas dentro de la fábrica de la catedral compostelana, puesto que en 1669 fue nombrado aparejador menor del tabernáculo, dando por finalizada su relación como ensamblador con Lucas Serrano para hacer y edificar el mausoleo del altar mayor —iniciado en 1665—. Entre 1663 y 1665 figura como miembro de la compañía formada por el Cabildo para participar en la guerra con Portugal. Este nombramiento supuso, en primer lugar, una mayor responsabilidad en la ejecución y decoración del tabernáculo catedralicio y, por otra parte, un contacto más estrecho con José de la Peña, con quien completó su formación arquitectónica, avanzando considerablemente en los trabajos de estereotomía.

Estos años que median entre 1669 y 1672 fueron muy intensos a la hora de desarrollar su labor dentro de la catedral y de consolidar un cierto reconocimiento como arquitecto dentro de Santiago y sus alrededores. Fue el momento en que comenzó a realizar trazas para la capilla de Nuestra Señora de la parroquial de San Benito o para la ampliación del pazo de la familia Mondragón en Santa Cruz de Ribadulla.

Su relación con la catedral compostelana se reforzó a partir de 1672, momento en que alcanzó el rango de aparejador mayor. Finalmente, en 1676, coincidiendo con el fallecimiento de Peña de Toro asumió la responsabilidad de maestro mayor. Esta nueva etapa, la más fructífera de su producción, se extiende hasta 1700. Durante un cuarto de siglo Andrade fue el punto de referencia no sólo para las obras que se realizaron dentro del recinto catedralicio, sino también para todas aquellas que se comenzaron en la ciudad de Santiago y fuera de ella. Si la vinculación con el arzobispo dominico fray Antonio de Monroy, quien accedió a la cátedra arzobispal compostelana en 1686, le abrió las puertas a encargos procedentes de las más diversas órdenes religiosas —dominicos, benedictinos, clarisas, etc.—, su fama le permitió intensificar su labor con encargos procedentes del Cabildo catedralicio orensano, lucense o tudense.

Como ya se ha indicado, su condición inicial de clérigo impregnó toda su vida, hasta el punto de que, conforme avanzaba el tiempo, su espiritualidad iba en aumento; primero ingresando en cofradías, como la de San Antonio de Padua en 1686 o en la de Nuestra Señora de la Concepción en 1694, después realizando fundaciones, como la de la iglesia parroquial de Santa Susana en 1691 y la de la Santa Esclavitud de María en el convento de agustinas de Lugo en 1692, para, por último, ordenarse presbítero, para lo cual le solicitó al Cabildo compostelano que le fuera respetado el salario de maestro de obras de la catedral.

Sus compromisos sacerdotales no le impidieron seguir desarrollando una intensa labor arquitectónica en todos los ámbitos mencionados, tanto territoriales —catedral, ciudad de Santiago y reino de Galicia— como en las más diversas modalidades de la arquitectura —civil y religiosa, y en piedra y madera—. Se puede afirmar que entre 1676 y 1710 Domingo de Andrade fue el árbitro del gusto arquitectónico en Galicia, al supervisar muchas de las obras que eran contratadas por sus colegas y colaboradores más próximos.

Con su fallecimiento el 12 de noviembre de 1712 desapareció el último de los grandes arquitectos de la generación de 1640.

Desde un punto de vista estilístico, Domingo Antonio de Andrade se define como un arquitecto y ensamblador plenamente barroco. Su vocabulario formal arranca del aprendizaje de corte clasicista derivado de maestros como Cabrera, Antas o Peña de Toro. Se caracteriza por su vocación figurativa, abundando los motivos fitomorfos. Su concepción básica, sin embargo, no renuncia a esa percepción clasicista manteniendo la coherencia tectónica de sus conjuntos, potenciando el papel sustentante de la columna —toscana en la arquitectura en piedra y salomónica en la madera—. En este sentido introduce el orden gigante en los retablos barrocos gallegos y explora las posibilidades ópticas y visuales del hueco al impulsar verticalmente todas sus estructuras, como se puede observar en la torre del reloj de la catedral compostelana. Su gusto decorativo, la presencia de sartas de frutas y trofeos militares se ha convertido en una seña de identidad para la arquitectura barroca gallega.

La singularidad de Domingo Antonio de Andrade llega también a través de la publicación de un tratado teórico sobre arquitectura en 1695. De este tratado, Excelencias, Antigüedad y Nobleza de la Arquitectura, se conservan tres ejemplares. Su estructura comienza con un alegato en defensa de su profesión y del arte de la arquitectura como arte noble y liberal, frente a aquellos que la incluyen dentro de las artes mecánicas. Para ello organiza en tratado en cuatro capítulos en los que reflexiona sobre “la antigüedad de esta ciencia”, sobre la nobleza de la arquitectura, sobre las pruebas de que se trata de una ciencia y de cómo se debe entender la arquitectura militar y la civil como única. Con un discurso escolástico en su estructura y en el sistema argumental utilizado, este tratado pone en evidencia la sólida formación de Andrade, que maneja indistintamente pasajes de la Biblia, textos clásicos como los Flavio Josefo o tratadística como la de Daniele Barbaro, Vignola, Serlio, Labacco, etc.

 

Obras de ~: en madera: con B. Cabrera, F. de Antas, L. Serrano y P. de la Torre, Mausoleo del altar mayor y embellecimiento de los pilares del deambulatorio de la capilla mayor de la catedral, Santiago de Compostela, 1665-1671; Retablo mayor de la iglesia parroquial, Cee, 1666; con Romay, Retablo de la capilla del Rosario de la iglesia parroquial, Villagarcía de Arosa, 1667; Tabernáculo del altar mayor de la iglesia das Orfas, Santiago de Compostela, 1669; Retablo relicario de San Paio de Antealtares, Santiago de Compostela, 1675; con F. de Castro y Canseco, Baldaquino de la Capilla del Cristo de la catedral, Orense, 1676; con B. García de Seares, Retablo mayor del convento de dominicas de Santa María a Nova, Lugo, 1681; Retablo de la capilla del Rosario de Santo Domingo, La Coruña, 1685; Retablo mayor de Santo Domingo, Santiago de Compostela, 1687; Túmulo para las exequias de la reina María Luisa de Borbón en la catedral, Santiago de Compostela, 1689; Retablo mayor del santuario da Virxe da Barca, Muxía (La Coruña), 1694; con J. Patiño y A. Afosín, Retablos de San Ignacio y San Francisco Javier en la iglesia de la Compañía de Jesús, Santiago de Compostela, 1700; con J. Patiño y A. Afosín, Retablo para el convento de San Lorenzo de Trasouto, Santiago, 1700; con J. Domínguez Bugarín, Retablo mayor de Santa Clara de Santiago de Compostela, 1700; con B. García de Serares y M. Bermúdez de Figueroa, Retablo mayor de Nuestra Señora de Pastoriza, Arteixo (La Coruña), 1701.

En piedra: con D. de Monteagudo, Capilla del Rosario y San Ignacio de la iglesia de San Benito, Santiago de Compostela, 1670 (desapar.); Obra pría de San Antón, Melide (La Coruña), 1671-1672; con P. de Monteagudo, Traza general y templo de la capilla del Rosario del monasterio de Santa María, Sobrado de los Monjes (La Coruña), 1673-1700; Ampliación del Pazo de Ortigueira en Santa Cruz de Ribadulla, Vedra (La Coruña), 1674; con P. de Arén, Capilla del Santo Cristo de la catedral de Orense, 1674-1678; con D. de Romay, Casa de la Parra, Santiago de Compostela, 1675; Remodelación de la fachada del Pórtico Real de la catedral, Santiago de Compostela, 1676-1680; Torre del reloj de la catedral, Santiago de Compostela, 1676- 1680; Sacristía de la Catedral, Lugo, 1677-1682; Capilla de la Orden Tercera de San Francisco, Santiago de Compostela, 1682- 1694; Sala Capitular de la catedral, Lugo, 1683-1688; Concha de Platerías en la fachada del Tesoro de la catedral, Santiago de Compostela, 1685; Casa de Juan González Chavarría, Orense, 1686; Iglesia del convento de Santa Clara, Tuy, 1688-1693; Casas consistoriales, Santiago de Compostela, 1689-1690; Proyecto para el colegio de jesuitas, La Coruña, 1693 (desapar.); Reforma de la capilla del Sancti Spiritu de la catedral, Santiago de Compostela, 1693-1695; Claustro del convento de Santo Domingo de Bonaval, Santiago de Compostela, 1693-1705; Remate de la Puerta Santa de la catedral, Santiago de Compostela, 1694; Fachada de la iglesia del convento de Santo Domingo de Bonaval, Santiago de Compostela, 1695; con P. de Arén, Trazas de la iglesia de Santa Clara, Santiago de Compostela, 1695; con F. de Casas, Capilla de Nuestra Señora del Pilar en la catedral, Santiago de Compostela, 1696-1711; Crucero y cabecera de la iglesia del monasterio de Santa María, Sobrado de los Monjes (La Coruña), 1704-1707.

Escritos: Excelencias, antigüedad y nobleza de la arquitectura, Santiago de Compostela, 1695; Informes para el Cabildo de la Catedral de Santiago de Compostela, Archivo de la Catedral de Santiago de Compostela, 1655-1702; Informes para el Hospital Real, Archivo Histórico de la Universidad de Santiago de Compostela.

Sección Hospital Real, 1698; Informes para el Ayuntamiento de Santiago de Compostela, Archivo Histórico de la Universidad de Santiago de Compostela, Sección Ayuntamiento de Santiago, entre 1679 y 1697; Informes para la Universidad de Santiago de Compostela, Archivo Histórico de la Universidad de Santiago de Compostela, Sección Universidad, entre 1686 y 1704.

 

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Juan M. Monterroso Montero