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Gil González Dávila

Biografía

González Dávila, Gil. Segovia, 1532 – Madrid, 15.I.1596. Jesuita (SI), escritor.

Pertenecía a la generación de jóvenes que fueron admitidos en la Compañía de Jesús por el rector de Alcalá de Henares, Francisco Villanueva, y no debe confundirse con el historiador homónimo, abulense de nacimiento, Gil González Dávila. Su padre era un médico de Salamanca. Gil González fue un hombre de estudios, de grandes dotes intelectuales, que había permanecido en el colegio trilingüe de Alcalá de Henares, donde estudió Retórica y Lengua Griega, además de Dialéctica y Física. Inició la Teología, aunque estos estudios los concluyó ya dentro de la Compañía en 1556. El grado de Artes lo había recibido por la que fue la primera Universidad jesuita en el mundo, por iniciativa del que era todavía su duque Francisco de Borja, la Universidad de Gandía. En el primer año de enseñanza, leyó Filosofía en el colegio de Cuenca, contando con la confianza del doctor Alonso Ramírez de Vergara. Pasó, después, a Toledo y Alcalá. Participó en la defensa que fue necesaria hacer por la inclusión errónea de una obra de Francisco de Borja en el Índice de Libros Prohibidos de Fernando de Valdés. Colaboró desde la provincia de Toledo en la accidentada visita que realizó en 1561 Jerónimo Nadal, pidiendo éste que le acompañase.

Pronto Gil González Dávila se convirtió en un hombre de gobierno de la Compañía como rector de Alcalá (1564-1567), siendo aquello plataforma para futuros oficios: viceprovincial de la de Toledo al año siguiente durante la reunión de la Congregación General; visitador de Aragón y Castilla en 1567- 1568 por deseo del nuevo general Francisco de Borja; provincial de la de Castilla hasta 1573 y entre 1581 y 1585. “Le he dado a VR —escribía Francisco de Borja al padre Carrillo al relevarle como superior de los jesuitas castellanos— un tan buen sucesor, que creo le será particular consolación, porque me lo ha pedido a una mano toda esa provincia y aun otras de España, que es el maestro Gil González”. Estudió el Sumario de las Constituciones de la Compañía, que había promulgado en España el citado padre Nadal, documento que hasta 1560 no fue traducido al latín y publicado en Roma. Fue de los jesuitas españoles que participó como asistente de España en el gobierno de la Compañía con el primer sucesor de san Ignacio no español, el flamenco Everardo Mercuriano. Precisamente, se encaminaba a la Congregación General III de 1573 cuando, acompañado por los padres Martín Gutiérrez y Juan Suárez, fue apresado por los hugonotes, muriendo el segundo de ellos. Durante los años que permaneció en la Ciudad Eterna se distinguió como confesor muy prestigiado entre los españoles que allí residían, además de acudir a él muchos italianos.

Tras su regreso de Roma en 1581 y del gobierno sobre los jesuitas castellanos, en la de Andalucía, también como provincial —entre 1585 y 1588—, realizó las conocidas y publicadas Pláticas sobre las Reglas de la Compañía, que tanta influencia tuvieron en la obra posterior del padre Alonso Rodríguez. Debían eliminarse en la vida de los jesuitas algunos síntomas de relajación, además de superar las divisiones y causas de enfrentamiento que existían entre los religiosos. Se ocupó del progreso de las letras, restableciendo el seminario de humanidades en Baeza. Impulsó, además, el estudio de éstas en Córdoba y Sevilla. De nuevo visitó las provincias de Castilla (1589-1590) y Toledo (1590-1592), siendo elegido por la provincia para participar en la Congregación General V (1593-1594), convocada en pleno gobierno del general italiano Claudio Aquaviva. Fue un período clave en la elaboración de la legislación de los otros textos de la Compañía y González Dávila presidió la comisión constituida para la edición del Directorio de los Ejercicios, la obra que indicaba cómo dirigir y realizar este importante texto ignaciano, participando a través de las llamadas “Anotaciones pro Directorio”. De nuevo, hombre de gobierno en lo más alto de la Compañía, informó a Felipe II sobre las decisiones tomadas por este órgano supremo del gobierno de los jesuitas, tras los incidentes que habían protagonizado los descontentos, los memorialistas españoles y portugueses dentro de la Compañía, es decir, aquellos jesuitas que no deseaban un general no español. Aquaviva le terminó destinando al colegio de Madrid, donde permaneció entre 1594 y 1596, enviando consejos sobre aspectos internacionales que se decidían en el centro de la Monarquía hispánica. Testigo, pues, de la vida de la Compañía, analizó algunas de las disputas más importantes, como la famosa controversia de Valladolid, entre jesuitas y dominicos: “Ahora la guerra es sangrienta —escribía al general Aquaviva— y los Nuestros de Castilla, a capa y espada, han vuelto por el P. Molina con fervor juvenil, y como dicen, por la honra de la Orden”.

Fue, por tanto, un hombre clave en aquella primera Compañía del siglo xvi, tan vinculada a las cosas de España, aunque en el tránsito hacia su “universalidad”. Hombre prudente de gobierno, realista en sus decisiones, pero también religioso de doctrina y de conocimientos teológicos. En este sentido, no fue ajeno a los caminos que los métodos de oración de los padres Antonio de Cordeses y Baltasar Álvarez podían abrir y cómo afrontarlos desde dentro de la Compañía, por lo que intentó evitar generalidades sobre algo que no era tal. Anota Nieremberg que escribió un Compendio de los Concilios celebrados en la Iglesia, siendo de gran éxito su obra sobre las Reglas e instituciones de todas las religiones. Camilo Abad habla también de un Tratado sobre el Instituto de la Compañía, cuyo texto se desconoce. Nieremberg indica también que su vida la escribió Pedro de Ribadeneira en la Historia de la Asistencia de España.

 

Obras de ~: “Annotationes pro Directorio ex prov. Baetica missae”, en Directoria, págs. 483-529; Pláticas sobre las Reglas de la Compañía de Jesús, ed. por C. M. Abad, Barcelona, 1964.

 

Bibl.: J. E. Nieremberg, Vidas ejemplares y venerables memorias de algunos Claros Varones de la Compañía de Iesvs de los quales es este tomo qvarto, Madrid, por Alonso de Paredes, 1647, págs. 765-768; A. Astrain, Historia de la Compañía de Jesús en su Asistencia de España, t. IV, Madrid, 1902-1925, págs. 738-742; C. M. Abad, “Gil González Dávila. Sus pláticas sobre las Reglas de la Compañía de Jesús”, en Corrientes espirituales en la España del siglo xvi, Barcelona, Juan Flors, 1963, págs. 363-391; M. Ruiz Jurado, “Gónzalez Dávila, Gil”, en Ch. E. O’Neill y J. M.ª Domínguez (dirs.), Diccionario Histórico de la Compañía de Jesús. Biográfico-Temático, vol. II, Roma- Madrid, Institutum Historicum, S.I., Universidad Pontificia Comillas, 2001, págs. 1783-1784.

 

Javier Burrieza Sánchez