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Basilio Paraíso Lasús

Biografía

Paraíso Lasús, Basilio. Laluenga (Huesca), 14.VI.1849 – Madrid, 29.IV.1930. Empresario y político.

Hijo de un maestro de primeras letras, inició sus estudios en el Instituto de Huesca con la intención de continuarlos en Zaragoza, de lo que tuvo que desistir por necesidades económicas. Después de diversos empleos, obtuvo plaza como escribano de actuaciones en el Juzgado del Pilar de la capital del Ebro. Pudo obtener una licenciatura en Medicina gracias a la libertad de enseñanza promovida tras la Revolución de 1868, pero su verdadera vocación fue la empresarial. Fundó con Tomás Colandrea un taller de fabricación de vidrios, La Veneciana, desde el que adquirió una notable proyección nacional sustentada en una política de expansión que le condujo a abrir nuevos establecimientos en Madrid y Sevilla. Su prestigio fue en aumento, gracias a su capacidad de gestión y organización, lo que le permitió el acceso a las más importantes instituciones económicas de Zaragoza, como el Centro Mercantil o la Cámara Oficial de Comercio e Industria, en la que accedió al cargo de presidente en 1893. Desde esta plataforma —a la que pronto se uniría su intervención como accionista fundador del diario Heraldo de Aragón en 1895—, desarrolló una eficaz labor de promoción y estímulo de la economía local.

Afín al ideario republicano, perteneció al partido de Ruiz Zorrilla, si bien tras la muerte de éste, acaecida en 1895, se alejó de la política activa, aunque sin abandonar sus concepciones ideológicas. La crisis general que supuso la pérdida de las colonias provocó la irrupción del regeneracionismo como reacción ante el estado de anquilosamiento que impedía la modernización de España. A este movimiento plural y heterogéneo se adhirió Paraíso. Desde que presidiera la Asamblea de las Cámaras de Comercio de Zaragoza en 1898, casi simultáneamente al Mensaje-Programa de Joaquín Costa elaborado en el seno de la Cámara Agrícola del Alto Aragón, la colaboración entre ambos, buscando coordinar los esfuerzos reformistas, no cesó hasta que se constituyó la Liga Nacional de Productores en 1899, integrada un año más tarde en Valladolid con las Cámaras de Comercio para constituir una lista electoral bajo la denominación de Unión Nacional, dirigida por ambos y Santiago Alba. Ello posibilitó que Paraíso fuera elegido diputado en 1901. Sin embargo, las desavenencias internas y la indiferencia de los votantes provocaron la rápida disolución de la coalición, hasta el punto de que no concurrió a las elecciones de 1903 como tal.

Desde su posición en la Cámara de Comercio de Zaragoza impulsó decididamente la constitución de una Escuela Superior de Comercio —hecho que no aconteció hasta el año 1907—, como medio de conformar el tejido empresarial aragonés y asentar las bases del desarrollo económico regional. Con anterioridad había sido, en buena medida, el alma y promotor de la primigenia Escuela de Comercio de Zaragoza, fundada en 1887 como medio de canalizar las inquietudes de la emergente burguesía zaragozana.

La organización en Zaragoza de la Exposición Internacional Hispano-Francesa, conmemorativa del I Centenario de los Sitios del año 1908, contó con la destacada participación del empresario aragonés en calidad de presidente del Comité ejecutivo del certamen. Sus esfuerzos fueron recompensados con el nombramiento de hijo adoptivo de la ciudad y la designación de senador vitalicio a escala nacional. Un año más tarde concurrió a la renovación bienal del municipio zaragozano, pero sus expectativas de alcanzar la alcaldía no se cumplieron, lo que motivó su traslado a Madrid, quizá desengañado ante el fracaso. Preocupado por mejorar el comercio exterior, realizó un viaje a Marruecos en 1910 para conocer las expectativas que abrían las ciudades de Tánger y Tetuán como vías de penetración para los productos españoles en la zona del Magreb, en un contexto de cierta contracción comercial y avance de los intercambios de la zona con Francia. Su ideario se fundamentaba en dos ideas motrices: una visión proteccionista de la industria nacional y la necesidad de impulsar el conocimiento de las mejoras científicas y técnicas experimentadas por los países más adelantados del mundo.

En 1916, en pleno desarrollo de la Primera Guerra Mundial, el conde de Romanones le designó presidente del Comité ejecutivo de la Junta Central de Subsistencias, organismo encargado de controlar los precios y regular la actividad comercial del país, pero la imposibilidad de frenar la inflación y la crisis ministerial de 1917 precipitaron su renuncia al cargo. En la década de 1920 continuó su incesante actividad a través de instituciones como la dirección del Consejo Superior de Cámaras de Comercio, Industria y Navegación, su vocalía en el Consejo Superior Ferroviario, desde la que intentó infructuosamente mejorar el servicio de transporte y rebajar las tarifas vigentes, o sus numerosos artículos en la prensa madrileña. Su pragmatismo le impidió condenar la dictadura de Primo de Rivera, manteniendo la presidencia de las Cámaras de Comercio de España, aunque su imagen distaba bastante de la del colaboracionista. A pesar de su quebradiza salud, mantuvo su ritmo de actividad casi hasta el final de sus días.

 

Obras de ~: Memoria de Basilio Paraíso sobre el viaje a Marruecos, Zaragoza, Cámara de Comercio e Industria de Zaragoza, 1910; “Análisis sobre la crisis económica española”, en El Imparcial, 20 de septiembre de 1925.

 

Bibl.: M. Baselga, “Basilio Paraíso por dentro” y A. Pérez Carrasco, “Basilio Paraíso desde fuera”, en Revista Aragonesa (1908); J. Valenzuela La Rosa, Basilio Paraíso. Discurso leído en la sesión celebrada por la Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, Zaragoza, La Académica, 1935; J. Moneva y Puyol, Comerciantes de altura, Zaragoza, Librería General, 1949; E. Fernández Clemente, “Treinta empresarios aragoneses del primer tercio del siglo xx”, en Cuadernos Aragoneses de Economía (1977-1978); J. García Lasaosa, Basilio Paraíso, industrial y político aragonés de la Restauración, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 1984.

 

Luis Blanco Domingo