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Andrés García Camba y de las Heras

Biografía

García Camba y de las Heras, Andrés. Monforte de Lemos (Lugo), 20.X.1790 – Madrid, 7.X.1861. Militar de la Guerra de Independencia de Hispanoamérica y político.

Hijo de Francisco García Camba y Soria y de Francisca de las Heras y Taboada, en febrero de 1810 ingresó como cadete en el escuadrón de Húsares de Galicia, siendo habilitado como alférez tres meses después. Destinado su escuadrón a reforzar la División Auxiliar de Asturias, se enfrentó a los invasores franceses. Durante el referido año se halló en la retirada de Cangas de Tineo, en la acción de la Espina y en los ataques del Fresno.

Regresó a Galicia en 1811, siendo trasladado al Regimiento de Granaderos a Caballo del 4.º ejército. Al año siguiente obtuvo el empleo efectivo de alférez, y, tras intervenir en el sitio de Astorga (León), fue hecho prisionero en el mes de septiembre, aunque consiguió fugarse; seguidamente luchó en la acción de Rioseras (Burgos), encomendándosele, durante la retirada a Salamanca, la misión de cubrir la retaguardia, en unión de la caballería inglesa. En el mes de noviembre fue nombrado ayudante de campo del comandante general de La Rioja, y luchó en aquella región en numerosas acciones.

Incorporado a su unidad en El Puerto de Santa María (Cádiz), en 1813 fue nombrado profesor de táctica de la Academia de Oficiales allí abierta, al tiempo que desempeñaba el cargo de ayudante del general Miguel de Ibarrola y González, marqués de Zambrano.

Al año siguiente fue destinado como instructor al Depósito de Ultramar, establecido en la Isla de León.

En enero de 1815 recibió los ascensos a teniente y a ayudante del 4.º escuadrón del Regimiento de Húsares de Fernando VII, con el que se incorporó al Ejército Expedicionario a América del general Morillo.

En el mes de abril intervino en el bloqueo de Pampatar (isla Margarita) y seguidamente en el desembarco y reconquista de dicha isla. Al llegar el mes de junio, fue destinado con su escuadrón al reino de Perú, incorporándose al Ejército de Operaciones.

En noviembre de 1816 fue ascendido a capitán y en ese mismo mes persiguió a la facción del cabecilla Cardoso, al que alcanzó, derrotó e hizo prisionero.

Seguidamente se halló en varios encuentros que tuvieron lugar con ocasión de la expedición a los valles de Santa Elena. Durante el siguiente año participó en numerosos combates, en los que destacó por su valor, y cuya meritoria actuación le valió el grado de teniente coronel.

En enero de 1818 fue trasladado a Dragones de Perú con el fin de completar la instrucción de este cuerpo, siendo su extraordinaria labor recompensada al año siguiente con el empleo de comandante de escuadrón.

Continuó combatiendo a los independentistas, y en noviembre de 1819 fue nombrado comandante general de la costa del sur, al tiempo que se le encomendaba la misión de organizar e instruir a las milicias de Infantería y Caballería acuarteladas en Pisco.

En 1820 fue llamado a Lima para ponerse al frente de una división de Caballería, con la que persiguió a la expedición llegada de Chile al mando del general San Martín, a cuyas tropas se enfrentó en diversos combates. En ese mismo año dirigió al virrey Pezuela un escrito en el que criticaba su conducta, contribuyendo a su descrédito y formando parte de la conspiración que le destituyó en enero de 1821, siendo, junto con el coronel Antonio Seoane, quien redactó el documento en que se le pedía la renuncia, que él mismo firmó junto con Canterac, Valdés, Rodil, Ferraz y otros altos mandos. Perteneció a la logia masónica dirigida por los generales José de la Serna, sucesor de Pezuela, y Jerónimo Valdés.

Acompañó al virrey La Serna en 1821 a la entrevista que tuvo con San Martín en Punchanca, y no habiendo aceptado las propuestas de éste, fue encargado de acompañar al coronel Valdés para llevarle la respuesta del virrey. La falta de un acuerdo hizo que continuasen las hostilidades, por lo que a las órdenes del general Canterac se dirigió a tratar de contener la marcha de Arenales, jefe de una división de San Martín, por el interior del país.

Evacuada Lima, en el mes de agosto de 1821 participó en la expedición al Callao al mando de Dragones de Perú, sufriendo todas las privaciones y penalidades que hicieron célebre esta expedición. En el mes de noviembre siguiente fue ascendido a teniente coronel y a 2.º ayudante general de Estado Mayor, interviniendo el 7 de abril de 1822 en la batalla de Ica, en la que fue derrotado San Martín. En el mes de noviembre fue nombrado jefe de Estado Mayor de la brigada de Arequipa, mandada por el brigadier Valdés.

El 19 de enero de 1823 se batió valerosamente en la batalla de Torata, en la que fue derrotado el llamado Ejército Libertador del Sur, y dos días después combatió en la de Moquehua, desempeñando en ambas el cargo de jefe de Estado Mayor. Al ser ascendido en mayo a coronel y a ayudante general de Estado Mayor, pasó a servir en el Ejército del Norte, interviniendo en la ocupación de Lima y en el reconocimiento y bloqueo de Callao. En el mes de julio regresó al Ejército del Sur para oponerse a la invasión del general Santa Cruz, siendo promovido a brigadier en octubre. Por su actuación en Perú, especialmente en las batallas de Torata y Moquehua, sería premiado en 1833 con la Cruz de San Fernando de 1.ª Clase.

En el mes de diciembre de 1824 fue nombrado jefe de la 1.ª brigada de Caballería, al frente de la cual luchó en la batalla de Ayacucho. Acordada la capitulación, embarcó en la escuadra española rumbo a Filipinas, y acompañó al virrey La Serna, que se encontraba herido. Una vez trasladado éste a una fragata francesa, siguió hasta las islas Marianas, donde debían aprovisionarse de agua, pero al emprender el viaje tuvo lugar el 11 de marzo de 1825 una sublevación de la tripulación, que le obligó a desembarcar en la isla de Guam, desde donde un buque ballenero le llevó a Manila.

Una vez desembarcado, el capitán general le nombró mayor general del Ejército, llegando a mandar la plaza de Manila en los meses de enero a marzo de 1827 por su ausencia.

A principios de 1828 solicitó regresar a la Península, pero la superioridad consideró oportuno que permaneciese en aquellas islas para que el Gobierno pudiese hacer uso de sus conocimientos militares.

Vuelto al cargo de subinspector de tropas, en enero de 1829 redactó un proyecto de organización del Ejército de Filipinas compuesto de treinta y ocho artículos, que el capitán general elevó al Gobierno de Su Majestad y que, con pequeños cambios, sería aprobado al año siguiente. La Sociedad Económica de Filipinas le hizo socio de número, y muy pronto le confió el cargo de vicedirector y más tarde de director.

Los años siguientes permaneció a las inmediatas órdenes del capitán general, siendo en marzo de 1835 uno de los dos españoles elegido procurador en Cortes por Filipinas, embarcando seguidamente hacia la Península, donde juró y tomó posesión del cargo.

Cuando el 14 de agosto de 1836 el progresista Calatrava nombró nuevo gobierno, sustituyó al general Rodil como ministro interino de la Guerra, al tener que marchar éste a enfrentarse a los carlistas, haciéndose cargo posteriormente del de Marina. El 29 de agosto siguiente fue ascendido a mariscal de campo y nombrado capitán general de Filipinas, retardando su toma de posesión por haber recibido la orden de continuar desempeñando los anteriores cargos, cesando en el Despacho de Marina en septiembre y presentando su dimisión en el de Guerra en noviembre, como consecuencia de las presiones de miembros del Gobierno, por lo que pudo comenzar a realizar preparativos para trasladarse a Filipinas.

A su llegada a Manila, en agosto de 1837, encontró aquellas tierras inquietas por los cambios políticos producidos en la Península en agosto del año anterior, contribuyendo su buen nombre a que se recuperase la tranquilidad.

A finales de 1838 fue relevado de forma inesperada, regresando a la Península, donde a su llegada se quejó a la Reina de lo repentino del relevo, opuesto a las leyes de Indias, lo cual había supuesto una grave ofensa a su reputación, y le remitió un prolijo informe de ciento cinco folios que justificaba su actuación en las islas, informe que sería remitido al Ministerio de Gracia y Justicia, encargado de todo lo relativo a la formación del preceptivo juicio de residencia. Al año siguiente recibió el nombramiento de senador por Valencia —que repetiría en las legislaturas de 1841 y 1843—, fijando en Sevilla su residencia de cuartel, situación en la que permanecería por espacio de quince meses.

En noviembre de 1840 fue nombrado capitán general de Vascongadas y 2.º jefe del 4.º Ejército, desempeñando este cargo hasta ser nombrado en mayo de 1841 ministro de Marina, Comercio y Gobernación de Ultramar, cargo que a partir de octubre, y durante un mes, compatibilizó con el de ministro interino de la Guerra, en sustitución del general Evaristo San Miguel.

En mayo de 1842, al año de su nombramiento, dimitió del anterior cargo de ministro y pasó de cuartel a Madrid, hasta que en el mismo mes del siguiente año fue nombrado capitán general de Galicia, siendo cesado a los pocos días como consecuencia del pronunciamiento de La Coruña; dos días antes de su cese, había sido ascendido por el regente a teniente general, pero este empleo no le sería reconocido.

La caída de Espartero provocó que los siguientes once años los pasase sin desempeñar destino activo alguno, permaneciendo de cuartel en Madrid desde el mes de noviembre de 1843. Al producirse en el mismo mes del año siguiente el levantamiento esparterista de Zurbano, fue obligado a abandonar Madrid en el plazo de tres días y a presentarse al capitán general de Navarra, quien le fijó su residencia en Puente la Reina.

En marzo de 1845 solicitó a la Reina que se le permitiese regresar a Madrid con objeto de reunirse con sus dos hijas de corta edad, a lo que se accedió. Los años siguientes llevó una existencia tranquila, recibiendo en mayo de 1847 el ascenso a teniente general, pero negándosele la antigüedad de 1843, que había solicitado.

En el mes de mayo de 1848 se le ordenó de nuevo abandonar Madrid, esta vez en un plazo de veinticuatro horas, y trasladarse de cuartel a Burgos, donde permanecería hasta que en marzo del año siguiente se le autorizó a regresar a Madrid, donde en ese mismo año fue elegido consejero interino de gobierno del Banco Español de San Fernando, dos años después su consejero propietario y en 1853 senador con carácter vitalicio.

Tras producirse el levantamiento progresista de julio de 1854 cambió su suerte, siendo nombrado al mes siguiente capitán general de las Islas Baleares, cargo al que renunció a los pocos días aduciendo el mal estado de su salud; en el mes de agosto se le encargó acompañar a la Reina Madre desde Buitrago hasta la frontera francesa. El regreso de Espartero permitió que se le reconociese la antigüedad de 1843 en el empleo de teniente general.

En el mes de octubre siguiente fue puesto al frente de la Capitanía General de Puerto Rico, de la que tomó posesión en enero de 1855. Tres meses después se vio sorprendido con la insurrección de la Brigada de Artillería acuartelada en el castillo de San Cristóbal, cuyos soldados llegaron a utilizar sus armas para solicitar los dos años de rebaja en el servicio concedidos, como gracia por el alzamiento del año anterior, a los que servían en la Península. García Camba se vio obligado a intervenir y consiguió reprimir el levantamiento recurriendo exclusivamente a medios pacíficos, actitud que fue mal interpretada en la Península, por lo que fue relevado en el mes de junio siguiente, contemplándose incluso la posibilidad de someterle a juicio, sin que de nada valiese la defensa que por escrito hizo de su conducta. Si bien no se consideró procedente el enjuiciarle, sí se creyó oportuno reprenderle por haber pedido al ministro de la Guerra que se concediese a la tropa de Puerto Rico los dos años de rebaja que solicitaba.

No contento con las medidas adoptadas, en febrero de 1856, ya en situación de cuartel en Madrid, solicitó que se aprobase su conducta durante el referido motín o que se le sometiese a juicio por el tribunal competente, peticiones que serían rechazadas.

No volvió a desempeñar ningún otro cargo militar, hasta julio de 1858, cuando fue nombrado vocal de la Junta Consultiva de Guerra y Marina, al tiempo que Consejero de Estado con destino en la sección de Ultramar, en los que se mantuvo hasta la fecha de su muerte.

Poseía la Gran Cruz de San Hermenegildo (1836) y era caballero de la Orden Militar de Santiago (1836).

Había contraído matrimonio en 1833 en Manila con María de los Dolores Enríquez Sequera —nacida en Granada en 1813 e hija de Francisco Enríquez Girón y García, intendente del Ejército—, de la cual tuvo dos hijas y enviudó a los pocos años.

 

Obras de ~: Los diez y seis meses de mando superior de Filipinas, Cádiz, Imprenta de Domingo Feros, 1839; Memorias para la historia de las armas españolas en Perú, Madrid, Est. Tipográfico de Benito Hortelano, 1846, 2 vols.; Levantamiento de los artilleros en la isla de Puerto-Rico, siendo gobernador y capitán general Don ~, Madrid, Higinio Reneses, 1856.

 

Fuentes y bibl.: Instituto de Historia y Cultura Militar (Madrid), Célebres, caja 61, exp. 1.

P. Chamorro, Estado Mayor General del Ejército español, Madrid, 1850-1858; J. M. Cuenca Toribio y S. Miranda García, El poder y sus hombres. ¿Por quiénes hemos sido gobernados los españoles? (1705-1998), Madrid, Actas, 1998.

 

José Luis Isabel Sánchez