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José María Hinojosa Cobacho

Biografía

Hinojosa Cobacho, José Pelagio. José María el Tempranillo. Jauja, Lucena (Córdoba), 24.VI.1805 ant. – Alameda (Málaga), 23.IX.1833. Bandolero.

Se incluyen con cierta reserva los datos biográficos indicados (nombre y fecha en que es bautizado José Pelagio, 24 de junio de 1805), habitualmente considerados auténticos en la historiografía sobre El Tempranillo, aunque investigaciones recientes (Rodríguez Martín, 2002), basadas en pruebas documentales, indican que José [¿Pelagio?] Hinojosa falleció en 1870 y que estaba casado en segundas nupcias con Ana Fuillarat, en tanto que El Tempranillo, fallecido en 1833, estaba casado con María Jerónima Francés, su única esposa. Entre otros aspectos, hay que considerar además la partida de defunción de un niño, llamado Roque, en 1826, en Jauja, en la que se incluyen como padres a José María Expósito y a María Jerónima Francés, por lo que se postula que el futuro bandolero no se llamaría José Pelagio, sino que pudo haber nacido en Lucena y ser entregado en la casa de expósitos de esta ciudad (de ahí el apellido), donde figura efectivamente, entre otros candidatos, un José María, nacido o expuesto el 19 de enero de 1800; el niño sería dado luego en adopción a la familia Hinojosa Cobacho, de Jauja, y de ella tomaría los apellidos. En consecuencia, la fecha y nombre del personaje real, según estos documentos, pudieron ser: José María Expósito (luego Hinojosa Cobacho), nacido en Lucena, hacia el 19 de enero de 1800. Estos datos concuerdan con otras referencias posteriores, como la orden de búsqueda y captura o bando de Vicente de Quesada, de la Capitanía General de Andalucía, fechado el 25 de enero de 1830, en el que, además de describir al bandolero, dice que tiene treinta y un años, y, por otra parte, la noticia del viajero inglés Richard Ford, que lo conoció en Sevilla, en 1833, y que afirma que en esa fecha José María tenía treinta y tres años.

La probable verdad histórica que incluye estas afirmaciones no modifica para nada la trayectoria vital y delictiva del conocido bandolero andaluz; sólo lo hace un poco más viejo de lo que habitualmente se creía, puesto que, en lugar de fallecer con veintiocho años, moriría con treinta y tres cumplidos.

De su infancia y adolescencia quedan pocos datos; la familia con la que se crió es muy pobre y estaba dedicada a la agricultura de mantenimiento, con una pequeña parcela de huerta al lado del río Genil y una casa de tercera categoría, como otras muchas de la aldea de Jauja. Su iniciación en el mundo del delito parece haber sido temprana, de ahí el apodo con el que se le conoce habitualmente, aunque, en estos aspectos, la tradición oral y la literatura popular suelen ofrecer episodios que no se encuentran en los documentos históricos y que parecen con frecuencia meras invenciones. De esta forma, en una de las más divulgadas novelas de bandoleros de Manuel Fernández y González, José María El Tempranillo (1886), el personaje, que en los capítulos iniciales tiene unos diecinueve años, tras haber asesinado a un hombre para vengar a su padre, se presentó ensangrentado ante la cortijera Fuensanta, la cual al verlo tan joven le dijo: “Pues Tempranillo es el mozo”. Se suele aceptar que mató a un mozo en una reyerta, quizás por asuntos amorosos, en una romería popular (en la ermita de San Miguel de los Montes, entre 1820 y 1823 aproximadamente), por lo que tuvo que echarse al monte y empezar su vida de delincuente; en otras ocasiones se apunta que su padre adoptivo se dedicaba a realizar ciertas actividades delictivas (caza furtiva, quizás contrabando en el cercano Gibraltar, robo de animales, etc.), por lo que tenía una conducta sospechosa ante las autoridades de la zona; en este ambiente, las inclinaciones de José María encontrarían abono suficiente para iniciar su carrera de bandolero.

La etapa de apogeo del caballista andaluz se sitúa cronológicamente entre 1823 y 1832 y el campo inmediato de su acción fue la serranía de Ronda y el campo de Gibraltar, ampliándose progresivamente a la zona en la que confluyen las actuales provincias de Córdoba, Málaga y Sevilla, enclave marcado por lugares importantes del bandolerismo (los santos lugares), como Lucena, Estepa y Écija. Las actuaciones del bandolero aparecen rodeadas por un tono romántico y heroico, claramente mitificado, especialmente en boca del pueblo, para el cual José María es el prototipo del bandido generoso, el que roba a los ricos y reparte el botín entre los pobres (“el que a los ricos robaba y a los pobres socorría”, como se decía de otros bandidos). No parece haber sido especialmente sangrienta la trayectoria de este bandolero, de tal manera que adquirió fama de valiente y cortés, sobre todo con las mujeres, entre los viajeros extranjeros por España, difusión europea que se llevó a cabo en algunos textos de Próspero Merimée (1803-1870), como sucede en su novela Carmen (1845), y en los artículos que componen sus Cartas de España, que aparecieron en la Revue de Paris, entre 1831 y 1833, cuando aún vivía José María. Sin embargo, su cabeza está pregonada; en bando fechado en Sevilla, el 10 de mayo de 1831, Vicente Girón Villamandos, alcalde del Crimen de la Chancillería de Granada, ofrecía 15.000 reales de vellón a cualquier persona que entregara vivo o muerto al bandido José María Hinojosa (12.000 por Frasquito el de la Torre y 4.000 por cualquier otro acompañante de estos bandoleros).

Y es que el bandido no actuaba solo, sino que iba acompañado de su partida, en la que figuraban, entre otros, Frasquito el de la Torre; José Ruiz Germán y Juan Caballero El Lero; este último escribiría o dictaría unas memorias ya en su vejez en las que resaltaba su propio papel en el mundo del bandolerismo, en detrimento del protagonismo del Tempranillo. Con el paso del tiempo, los integrantes de la partida aumentaban o disminuían, y de la misma manera se creaban otras a partir de individuos pertenecientes originariamente a la de José María. En 1830, en el bando de Vicente Quesada, se decía que los integrantes de la cuadrilla son (además de José María Hinojosa, El Tempranillo, natural de Jauja, casado en Torre Alháquime, de treinta y un años), José Ruiz, alias Germán, natural de Badolatosa, avencidado en Jimena, de treinta y cinco años; Francisco Salas, conocido por el de la Torre, natural de Jabugo, casado en Torre Alháquime y vecino de Grazalema, de cuarenta y cuatro años, Francisco Pons, conocido por El Catalán, casado en Badolatosa, de cuarenta años, y otro compañero, cuyo nombre ignoraba, pero del que se afirmaba que era gitano, de poca edad y sin barba. En el mismo texto se daban algunas noticias del bandolero y de su forma de actuación; se decía que andaba errante, agobiado por el peso de sus crímenes, que se escondía en los campos más despoblados para evitar la persecución de la justicia; por lo común estos bandidos residían en los confines de Málaga y la serranía de Ronda, invadiendo de improviso los caminos y cometiendo cuantos delitos, robos y atrocidades podían. También aquí se describía al personaje: tenía una estatura de cinco pies escasos (1,50 cm aproximadamente), grueso, rubio, el labio superior un poco levantado, alegre de cara. Por su parte, Richard Ford dijo de él, algún tiempo después, en 1833, que estaba entonces en la plena madurez de los treinta y tres años, de constitución vigorosa, abnegado y capaz de sufrimiento, bajo de estatura, de complexión cuadrada y compacta, de piernas arqueadas, con la mano izquierda destrozada de un disparo, de labios finos y apretados, ojos grises, de carácter afable que podía cambiar fácilmente a la inquietud y al recelo. El dibujante John F. Lewis lo retrató en la misma fecha: un dibujo de la cabeza, en blanco y negro, y un retrato a caballo, en color.

Con todo, de una manera un tanto inopinada (se decía que el malhechor tenía importantes valedores en la Corte, quizás relacionados con su origen como expósito), José María El Tempranillo y otros bandoleros fueron indultados a raíz de la Real Orden de 23 de junio de 1832, una fecha que ha sido muy buscada y discutida por los historiadores que se ocupan del tema, y, a partir de entonces, el bandido perseguido se convirtió en perseguidor de otros malhechores, puesto que obtuvo un mandato o cargo estatal para llevar a cabo esa misión; en el testamento de José María se dice que era “comandante de la partida de a caballo en persecución de malhechores”.

Sin embargo, el famoso bandolero no pudo disfrutar durante mucho tiempo su nueva situación legal y murió pronto a manos de uno de sus antiguos compañeros de oficio, apodado El Barberillo, hecho que tuvo lugar en una casería cercana al pueblo de Alameda (Málaga), el 22 de septiembre de 1833; iba al mando de su escuadrón en persecución de unos presos que se habían fugado, “y al acercarse José María, le disparó uno joven que llamaban el Barberillo pasándole el pecho”, se dice en las Memorias de Juan Caballero. Ese mismo día pudo hacer testamento, “enfermo en cama de resultas de unas heridas que había sufrido en este día de manos de unos ladrones”, señala el documento; se declaró católico y hizo descripción de sus escasas propiedades (dos caballos, unas casas en Torre Alháquime, con sus equipamientos) y de algunas cantidades que le adeudaban; todo será para su único heredero, su hijo José María, que vivía en Ronda, al que asignó como tutor a Rafael del Pozo, de Badolatosa. El día 23 falleció y el 24 de septiembre de 1833 recibió cristiana sepultura en Alameda; en el acta de defunción se dice que era viudo de María Jerónima Francés, natural de la Torre Alháquime.

El hijo del Tempranillo, José María Hinojosa Francés, había nacido en 1832 (quizás en coincidencia con la muerte de su madre, Jerónima, puesto que para el año 1833, el acta de defunción del Tempranillo indica que éste era viudo de la citada), en el Gastor, término de Grazalema, era carpintero, y fallecería en 1899, tras haber casado en 1853 con Araceli Reyes Ramírez, de la que tuvo seis hijos; algunos de sus descendientes viven todavía.

 

Bibl.: J. Zugasti, El bandolerismo: estudio social y memorias históricas, Madrid, Fortanet, 1876-1880, 10 vols. (Córdoba, Diputación Provincial, 1983, 3 vols.); N. Rivas Santiago, José María “el Tempranillo” (Historia documental de un bandido célebre), Madrid, Mediterráneo, c. 1947; C. Bernaldo de Quirós y J. Ardila, El bandolerismo andaluz [1934], Madrid, Turner, 1973; F. Hernández Girbal, Bandidos célebres españoles (en la historia y en la leyenda) [1968], Madrid, Ediciones Lira, 1986, 2 vols.; J. Santos Torres, El bandolerismo en Andalucía. I. Sevilla y su Antiguo Reino, Muñoz Moya y Montraveta ed., Sevilla, 1991; El bandolerismo en Andalucía. 2. José María el Tempranillo y el Marqués de las Amarillas, Muñoz Moya y Montraveta ed., Sevilla, 1992; A. Cruz Casado, “De nobles y bandoleros: La Duquesa de Benamejí (1932), de Manuel y Antonio Machado”, en Actas de las primeras jornadas de la Real Academia de Córdoba en Benamejí, Córdoba, Diputación Provincial, 1998, págs. 315-331; “Un bandolero lucentino en los albores del siglo xviii: Francisco Esteban de Castro”, en Actas de las Segundas Jornadas sobre el bandolerismo en Andalucía (Jauja, octubre de 1998), Lucena, Ayuntamiento, 1999, págs. 67-102; “El mito romántico del bandolero andaluz (Los viajeros románticos y José María El Tempranillo)”, en I Jornadas sobre el bandolerismo en Andalucía, Córdoba, Diputación Provincial, 2000, págs. 115-126; “La leyenda de José María El Tempranillo (Raíces literarias)”, en R. Merinero Rodríguez (ed.), El bandolerismo en Andalucía. Actas de las III Jornadas, Lucena, Ayuntamiento, 2000, págs. 195-240; “Bandoleros en escena: de la tragedia a la parodia (El teatro de bandoleros: Enrique Zumel y otros dramaturgos)”, en VV. AA., Actas de las V Jornadas sobre el bandolerismo en Andalucía (Jauja, 20-21 de octubre de 2001), Lucena, Ayuntamiento, 2002, págs. 189- 233; J. A. Rodríguez Martín, José María “El Tempranillo”, Lucena, Castillo Anzur, 2002; A. Cruz Casado, “Del trabuco a la pluma: autobiografías de bandoleros andaluces”, en C. Fernández y M.ª Á. Hermosilla (eds.), Autobiografía en España: un balance (Actas del Congreso Internacional celebrado en la Facultad de Filosofía y Letras de Córdoba del 25 al 27 de octubre de 2001), Madrid, Visor Libros, 2004, págs. 373-380; “El amor, la aventura y la muerte: la novela de bandoleros decimonónica (Manuel Fernández y González y otros narradores)”, en VV. AA., Actas de las VII Jornadas sobre el bandolerismo en Andalucía (Jauja, 25-26 de octubre de 2003), Lucena, Ayuntamiento, 2004, págs. 77-139.

 

Antonio Cruz Casado