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Fadrique IV de Sicilia

Biografía

Fadrique IV de Sicilia. Federico IV de Sicilia. ?, 1341 – 27.VII.1377. Rey de Sicilia (1355-1377).

Hijo de Pedro II de Sicilia y de Isabel de Tirol y hermano de Luis de Sicilia (1342-1355). Al fallecer este último sin descendencia, a los diecisiete años de edad, la Corona siciliana recayó en Federico IV, un adolescente que apenas contaba con catorce años y de naturaleza enfermiza.

Su reinado puede dividirse en dos etapas: la primera, que corresponde a la minoría de edad, y que se prolonga hasta 1363; la segunda, de mayoría de edad, hasta 1377. La gestión política, durante el primer período, fue confiada, por una asamblea de barones y representantes de ciudades, a su hermana Eufemia, en calidad de vicaria. Su gestión ejecutiva quedó supervisada por un consejo integrado por algunos nobles, siempre en presencia del Rey, segregándose la administración de justicia, confiada al gran justiciero y a la Magna Curia. Por su parte, Federico IV, en espera de poder ser coronado en Palermo, tomó el título de dominus, es decir, señor de Sicilia y de duque de Atenas y Neopatria. Todo ello configuraba un cuadro político perfectamente adecuado a los intereses nobiliarios.

La herencia legada por Luis de Sicilia era la de la división del reino en zonas bajo control del clan nobiliario de Chiaramonte (Val de Noto) y zonas de obediencia real (costa occidental), aunque las fuerzas realistas lograron reconquistar posiciones tanto en el Val de Noto como en el centro de la isla (Siracusa, Noto, Licata, en el Val de Noto, Enna, Caltanissetta, Troina, Polizzi, Corleone, Nicosia, Cefalú y Términi, en el centro de la isla).

Pero las fuerzas de apoyo a Federico IV no eran homogéneas, la nobleza catalana, dirigida por Artal de Alagón y Orlando de Aragón, tenía como centro de operaciones a Catania, mientras que el sector de la nobleza latina realista tenía como centro a Messina y estaba dirigido por Francesco Ventimiglia y Enrico Rosso.

El delicado equilibrio en el que se sustentaba la coalición de apoyo realista se rompió momentáneamente cuando Federico IV decidió cesar como vicaria a su hermana Eufemia, sugestionada por la facción latina leal al Rey, y confiar el cargo a la facción catalana, representada por Artal de Alagón y Orlando de Aragón.

La crisis fue pasajera y las dos facciones determinaron reemprender sus operaciones contra los partidarios de los angevinos. En las operaciones subsiguientes se consiguieron progresos, la ocupación de muchas localidades, y fracasos, como el pase de Messina a posiciones filoangevinas; el cambio de actitud de esta ciudad cabe relacionarlo con los intereses de su burguesía descontenta con los réditos conseguidos con su apoyo a la monarquía.

Esta circunstancia fue aprovechada por los angevinos y la facción siciliana aliada para programar un desembarco en la mencionada ciudad. En mayo de 1357, tropas angevinas desembarcaron en Messina y se dirigieron rumbo a Catania, bajo control catalanoaragonés.

Pero el ejército invasor fue sorprendido y batido en la batalla de Aci. La operación angevina había fracasado.

Este hecho tuvo un efecto desmoralizador de la facción filoangevina y permitió la rápida conquista de los enclaves bajo su control. En 1361, el dirigente filoangevino Federico Chiaramonte, formuló proposiciones de paz y de sumisión al Rey. Las negociaciones entre las facciones nobiliarias fructificaron en el acuerdo de Castrogiovanni y de Piazza (1362); un cronista del siglo xviii, Gregorio, al comentar los pormenores de los acuerdos firmados señalaba, con crudeza “que parecía más un acuerdo de bandoleros que, después de despojar a un viajero, se dividían el botín”.

En este contexto se produce el matrimonio de Federico IV con Constanza, hija de Pedro el Ceremonioso de Aragón. El matrimonio llevaba implícito, por parte aragonesa, el deseo de obtener réditos políticos, como eran reivindicar futuros derechos a la sucesión del reino, y por parte de Federico IV el deseo de neutralizar la presión angevina y premiar una de las facciones que, durante la guerra, mayor fidelidad le habían mostrado, guardando al mismo tiempo la independencia del reino.

La guerra civil de 1355-1361 había dejado la economía insular en situación de postración y las propiedades y derechos reales en precario, bien por las usurpaciones de los barones o por ventas. En este contexto se inicia la mayoría de edad de Federico IV presidido por un programa de reforma y reconstrucción con más voluntad que medios; el espacio político cedido momentáneamente por la nobleza fue ocupado por el Rey para poner en marcha un programa en el que se reservaba una cierta autonomía política, el del gobierno personal asistido por un consejo limitado a doce miembros no integrados en ninguna facción.

Inició entonces un programa destinado a recuperar los derechos usurpados en el pasado conflicto.

Sin embargo, las dificultades para lograr este objetivo eran grandes, el mismo Rey se lamentaba en 1363, diciendo: “¿Quién nos asegura la paz de los barones, si padecemos dolorosas faltas a nuestra justicia y dignidad reales, ya que están ocupadas nuestras notables ciudades y tierras, y no se nos nombra por el título y otros tienen su uso y vivimos en la necesidad y en la vergüenza de nuestra majestad?”.

Su agenda política exterior, predominantemente en clave italiana, tuvo dos grandes epígrafes, en primer lugar buscó la solución definitiva del contencioso con su vecino Nápoles anjevino. El objetivo finalmente pudo conseguirse en 1372, cuando obtuvo el reconocimiento, tanto de Nápoles como del Papa, de la posesión del reino de Sicilia para él y sus descendientes; el acuerdo era importante ya que aseguraba la continuidad de la dinastía, en la persona de su hija María; un segundo epígrafe fue el de la regularización de sus relaciones, de base mercantil, con Venecia y Génova.

A lo largo de su reinado, Federico mostró un interés por la conservación de los ducados de Atenas y Neopatria, frente a las pretensiones de Pedro el Ceremonioso de Aragón, y de los turcos, quienes en 1363 habían ocupado Tebas.

Con el tratado de 1372 terminaban noventa años de conflictos iniciados por la pugna entre los Capetos y los reyes aragoneses, que continuaron con la lucha por la supervivencia del reino independiente de Sicilia y que desembocaron en la consolidación de una gran nobleza, con pretensiones de reyezuelos según expresión del cronista siciliano contemporáneo Michele da Piazza.

De su matrimonio con Constanza de Aragón sólo tuvo una hija, María, declarada heredera del reino.

 

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Pau Cateura Bennàsser