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Alonso de Idiáquez y de Yurramendi

Biografía

Idiáquez y de Yurramendi, Alonso de. Señor del Valle de Cuartango, señor de Valoria. Tolosa (Guipúzcoa), c. 1497 – Río Elba, Jorga (Alemania), 8.VI.1547. Secretario del Consejo de Estado y de Italia, presidente del Consejo de Órdenes, comendador de Alcolea y de Estremera, miembro de las Órdenes de Calatrava, Alcántara y Santiago.

Hijo de Juan de Idiáquez y de Catalina de Yurramendi, vecinos de la villa de Tolosa (Guipúzcoa), y nieto de Pedro Martínez de Idiacaiz, tesorero mayor de Vizcaya y capitán en la Guerra de Granada, y de María de Elordi. Fue padre de Juan de Idiáquez, secretario y consejero de los reyes Felipe II y Felipe III, presidente del Consejo de las Órdenes, embajador en Génova y Venecia, comendador mayor de León. Fueron sus hermanos Catalina y Lope de Idiáquez, apelado el Conquistador, por su participación destacada en varios episodios de la conquista de Guatemala y Perú, quien además ocupó la regiduría municipal de Santa Marta (Colombia), antes de volver enriquecido a su villa natal de Tolosa.

Desde 1523 figuraba como criado de Francisco de los Cobos, secretario de Carlos V y uno de los personajes más influyentes de la Corte carolina, siendo su función la de llevar la cuenta de cargos y descargos de este personaje en su relación con la Administración del Emperador. A resultas del buen desempeño en la oficina de Francisco de los Cobos, Alonso de Idiáquez obtuvo en 1527 su primer cargo público, tras ser nombrado regidor de la ciudad de Úbeda, por renuncia de Diego de los Cobos, a la sazón padre de Francisco de los Cobos.

Nuevamente, la satisfacción en el cometido de los trabajos encomendados por el secretario De los Cobos avaló su paso a la Administración real, en donde se documenta desde 1530, fecha en la que el emperador Carlos V le concedió como merced 101.000 maravedís por la labor de contaduría en el depósito de la gran cantidad de joyas y dinero que comenzaba a llegar desde América. Desde este momento, cuando Idiáquez comenzó a realizar de manera regular tareas en los órganos de la administración carolina, se iniciaron las primeras retribuciones y gracias por sus servicios, siendo significativa en este sentido la concesión en 1531 de los patronatos de las iglesias de Oiquina, Aizarna, Cestona y Aizarnazábal, todas ellas en Guipúzcoa, no sin la oposición del clero local, renuente a ceder el control de las rentas locales, que por este nuevo nombramiento, pasaba a ser controlado por manos ajenas. Estas mercedes, amén de la importancia del cobro de rentas derivadas de la posesión del patronato, suponían para Alonso de Idiáquez exteriorizar en una escala local la preferencia social derivada de su puesto en la Corte hispana.

De este modo, paulatinamente, Francisco de los Cobos fue delegando ciertas tareas que descansaban en su persona o en su ámbito directo de influencia de la gobernación de la Monarquía hispana en manos de sus colaboradores más cercanos y mejor preparados.

En el caso de Alonso de Idiáquez, esta cesión se explica como respuesta a los buenos oficios prestados en sus viajes a Italia, Alemania y Flandes en el período de tiempo que transcurrió entre 1529 y 1533.

En concreto, correspondió a Idiáquez, desde 1532, encargarse de los asuntos del reino de Nápoles, hasta entonces dependientes de la secretaría presidida por Alfonso Valdés, a pesar de no contar con una preparación específica en letras, tal y como fue acusado por alguno de sus competidores para este puesto (Juan Valdés, Cornelius Schepper). En este sentido, cabe decir que la dedicación y el compromiso personal mostrado por Alonso de Idiáquez fueron valorados por su mentor, Francisco de los Cobos, por encima de la formación letrada que reivindicaban los otros candidatos.

Dentro de este cursus honorum, el rey Carlos V firmó el 11 de mayo de 1534 la cédula de profesión de caballero de la Orden de Calatrava, ingresando de este modo en una de aquellas instituciones que reportaba un plus de prestigio social a sus integrantes. Además, fue nombrado secretario de las Órdenes de Calatrava y Alcántara en diciembre de ese mismo año, por renunciación en su persona del secretario Francisco de los Cobos. Alonso de Idiáquez completó su relación con las Órdenes Militares hispanas con el título de comendador de Alcolea, perteneciente a la citada Orden de Calatrava, el 5 de noviembre de 1538 con la obtención del hábito de la Orden de Santiago de la mano del capellán de esta Orden, Juan de la Cuadra, y finalmente en 1544 fue nombrado comendador de Estremera, perteneciente a la Orden de Santiago por merced real.

Desde 1535 permaneció al lado del emperador Carlos V como su fiel ayudante, en calidad de secretario real, aunque no se acreditase oficialmente este título hasta dos años más tarde, tanto en su estancia en la Corte madrileña como en la visita italiana del Emperador al papa Pablo III. En uno y en otro lugar, Idiáquez despachó y refrendó abundante correspondencia con diversos capitanes generales y virreyes, manteniendo informado a su patrón Francisco de los Cobos de los pormenores de los negocios tratados por el Monarca.

Esta cercanía al Emperador se puso nuevamente de manifiesto cuando el propio Alonso de Idiáquez fue encargado de informar a Carlos V en 1536 en Siena (Italia), y en 1537 y 1538, en Barcelona y Salses (Gerona), respectivamente, de los pormenores de las negociaciones entre sus consejeros y los del rey de Francia, Francisco I, acerca del estado de guerra que entonces se vivía entre las dos potencias. En especial, desde finales de 1537 y principios de 1538, Idiáquez fue comisionado por el Emperador para comunicar con sus principales consejeros en estas fechas (Nicolás de Granvela y Cobos) las diferentes posturas que éstos debían mantener en su negociación con los emisarios de Francisco I. Precisamente, en aras de facilitar su labor, había sido nombrado el 2 de junio de 1537 secretario real o personal de Carlos V, el primero del que se tiene constancia con esta función, disponiendo para estas fechas de un suelo de 100.000 maravedís como ayuda de costa, que seis años después vino a incrementarse en otros 100.000 maravedís.

Fue alabado por sus contemporáneos por su lealtad, honradez y capacidad de trabajo, atributos que le convertían en un colaborador eficiente dentro de la maquinaria administrativa imperial. Su competencia le valió la estima y confianza de Carlos V, quien le encomendó la resolución de asuntos de vital importancia, encomendados a personajes integrantes del reducido círculo de confianza del Emperador.

Junto con su labor civil, merece destacarse su actuación militar. Tomó parte en la campaña de Túnez en 1535 en calidad de ayudante personal de Francisco de los Cobos, y en la vanguardia de la conquista de Corbeil, en esta ocasión junto al duque de Parma.

En 1539 logró licencia del Cabildo eclesiástico de Tolosa (Guipúzcoa) para fundar una capilla en la iglesia de Santa María de la misma villa, y un año más tarde, lo obtuvo del Cabildo de San Sebastián para construir otra, en este caso junto a la capilla mayor de la iglesia homónima en esta ciudad. Tanto en uno como en otro caso, se mostraba el compromiso personal de Alonso de Idiáquez con su comunidad de origen, contribuyendo a realzar el interior de estos dos templos con estas construcciones, del mismo modo que se señalaba ante sus paisanos con personal principal de ambas villas.

Casó en este último lugar en 1539 con Gracia de Olazábal, vecina de San Sebastián, hija de Miguel Pérez de Erbeta y de Mari Gómez de Olazábal, una de las principales familias donostiarras que le garantizaban el control de los asuntos locales y provinciales a través de la amplia red de relaciones sociales que ambas familias encabezaban.

Por estas mismas fechas, debió recibir la Secretaría del Consejo de Estado, pues con esta titulación acompañó al Emperador en su larga expedición a Flandes, con el cometido de intentar solucionar los desórdenes que conocía esta región, formando parte en 1539 del servicio secretarial de Carlos V, junto a Nicolás de Granvela y Juan Vázquez de Molina. Es de reseñar la enemistad pública que mantenía con Juan Vázquez de Molina, sobrino de su patrón, Francisco de los Cobos, a causa de las competencias de cada uno, circunstancia que llevó al propio De los Cobos a interceder en 1543 a través de Juan de Figueroa para que procurara atajar este conflicto que enfrentaba a dos de los más destacados servidores de la Monarquía, derivando en su deservicio. Así dice una de las cartas enviadas a Juan Vázquez: “Ya sabeys lo que os dixe que Su Magestad sería muy servido que entre vos y el señor Diaquez oviese mucha conformidad, porque asy convenía al bien de los negoçios”.

Este mismo año había acompañado al Emperador a Francia, nuevamente junto a Juan Vázquez, repartiéndose entre ambos las funciones de secretario personal y de Estado, tras la renuncia de Francisco de los Cobos a emprender este viaje por motivos de salud.

Con ocasión de la positiva ocupación en este servicio, Alonso de Idiáquez recibió un regalo del rey francés Francisco I, consistente en una gratificación de 1.000 ducados. Dentro de esta comitiva y a causa de los problemas de salud que conoció en este viaje Juan Vázquez, Idiáquez y Granvela pretendieron aumentar sus respectivas cuotas de poder, a costa de las competencias del primero, pensando que no sobreviviría a su enfermedad. Hasta noviembre de 1544, fecha en la que Juan Vázquez se reincorporó al séquito real, Idiáquez permaneció junto al Emperador en los Países Bajos, siendo enviado en estas fechas a Castilla para tratar de poner orden en los asuntos domésticos y dar cuenta de la situación del reino.

Una buena muestra del renombre que alcanzó este personaje se pone de manifiesto en el hecho de que, tanto en los tránsitos por la provincia de Guipúzcoa del emperador Carlos V, como del rey de Francia, Francisco I, ambos se alojaron en las casas y palacios que Alonso de Idiáquez tenía en la villa de San Sebastián.

Del mismo modo, su cargo de secretario real y sus numerosos viajes a diversas partes de los territorios del Emperador, cumpliendo diferentes misiones, ofrecieron la posibilidad a Alonso de Idiáquez de entrar en contacto con los principales financieros europeos. Así, fruto de estas relaciones fue la compra en 1539 al alemán Antonio Fúcar de un juro de 2.100.000 maravedís, impuesto sobre las alcabalas de la villa de Arjona, que posteriormente permutó por las de la villa de Medina del Campo. Esta compra ilustra además sobre el destino del patrimonio familiar, sobre el que se constituyó mayorazgo ese año, que se iba formando con las rentas devengadas de la consecución de títulos como el de escribano notario de los reinos, obtenido también en 1539.

Un año después logró del papa Pablo III licencia para la permuta de la encomienda de Alcolea.

En 1542 llegó a un acuerdo con Atanasio de Ayala, conde de Salvatierra, no sin dificultades, para la compra del valle de Cuartango en Álava, con sus lugares, señorío y jurisdicción, rentas, etc., por un importe de 5.831.625 maravedís, nombrándose en adelante como señor del valle de Cuartango, que venía a añadirse al título de señor de Valoria (Valoria del Alcor, Palencia). La adquisición de estos señoríos muestra el deseo de Idiáquez de hacer visible la preeminencia social que había alcanzado en el servicio real.

Otra muestra de esta destacada posición fue su participación en 1543 en las negociaciones previas al matrimonio entre el futuro rey Felipe II y María de Portugal, celebradas en Lisboa, lugar al que se dirigió desde Alemania junto al embajador Luis Sarmiento, donde a la sazón se encontraba con Carlos V. Asimismo, estuvo presente en la boda por poderes, celebrada en esa ciudad lusa, entre la infanta María y el citado embajador Sarmiento.

Asimismo, dada su cercanía a la persona del Emperador y la reconocida confianza y experiencia que había mostrado en el manejo de los asuntos de Estado, tomó parte como negociador en el Tratado de Crepy (16 de septiembre de 1544), por el que se puso fin a la guerra entre el emperador Carlos V y el rey de Francia, Francisco I, informando personalmente Alonso de Idiáquez al príncipe Felipe de los pormenores del tratado, entre los que destacaba las posibilidades de sellar este pacto con el matrimonio entre Carlos, duque de Orleans, y la infanta doña María, o bien la infanta doña Ana, hija del rey Fernando, entrando en las negociaciones los Países Bajos y el Estado de Milán.

Ya desde 1543, a raíz de la enfermedad de su protector Francisco de los Cobos, era evidente el mayor peso de Alonso de Idiáquez en la Corte, despachando asuntos de gobernación que antes habían sido cometido exclusivo de su patrón, documentándose constantes partidas desde Madrid hacia Italia y Alemania a informar a Carlos V, quien se encontraba allí tratando de solventar la delicada situación de estos territorios, recogiendo despachos y comunicando con el Emperador la forma más apropiada de proceder en estos asuntos.

Amigo del humanista Luis Vives, y participante de esta corriente de pensamiento, Vives le llegó a dedicar primero un capítulo de la obra De anima et vita, recordando las conversaciones mantenidas entre ambos en Bruselas, y después, en 1536, la obra De conscribendis epistolis, ensalzando su conocimiento de la lengua latina. En este sentido, el historiador guipuzcoano Esteban de Garibay le calificó de “noble y sabio caballero”, alabando su refinamiento y gusto por las letras y el arte. Un magnífico ejemplo de esta actitud hacia el patrocinio de la cultura es la fundación, junto con su mujer, Gracia de Olazábal, del monasterio de San Telmo en San Sebastián, de la Orden de los Dominicos, terminado de construir en 1551, ya fallecido Idiáquez, por los maestros arquitectos Martín de Rubacova y Martín de Sagarola. Además, este matrimonio ordenó en 1546 refundar el convento de San Sebastián el Antiguo, de monjas dominicas.

Nombrado consejero real este mismo año, gozaba de la confianza personal de Carlos V, tal y como reconocen los coetáneos, pues junto a Nicolás Granvela y, en menor medida, el duque de Alba y el regente Juan de Figueroa, era frecuentemente llamado por el Emperador para escuchar su opinión en aquellos asuntos de Estado que requerían de opiniones cualificadas.

Murió asesinado en 1547 por un grupo de herejes protestantes en el río Elba, junto al castillo de Torgao, cercano a la ciudad sajona de Jorga, cuando volvía de una nueva misión encomendada por el emperador Carlos V, junto con otros ocho acompañantes. Su cadáver fue llevado hasta San Sebastián, donde fue enterrado en la sepultura que, junto a su mujer, Gracia de Olazábal, mandó construir en el monasterio de San Telmo, donde yacen ambos en la actualidad.

 

Bibl.: J. C. Guerra: “Ilustraciones genealógicas de linajes bascongados contenidos en las Grandezas de España”, en Revista Internacional de Estudios Vascos (RIEV), t. IV (1910), págs. 49-50; Ensayo de un padrón histórico de Guipúzcoa, San Sebastián, Imprenta Joaquín Muñoz Baroja, 1928, pág. 273; F. Pérez-Mínguez, “D. Juan de Idiáquez: embajador y consejero de Felipe II”, en RIEV, t. XXIII (1932), págs. 79-105; F. de Zavala, “El linaje Idiáquez en Tolosa y San Sebastián”, en Real Sociedad Bascongada de Amigos el País, t. III (1947), págs. 390-396; H. Keniston, Francisco de los Cobos: Secretario de Carlos V, Madrid, Castalia, 1980; F. Barrios, El Consejo de Estado de la Monarquía española. 1512-1812, Madrid, Consejo de Estado, 1984; C. J. de Carlos Morales, “El poder de los secretarios reales: Francisco de Eraso”, en J. Martínez Millán (dir.), La corte de Felipe II, Madrid, Alianza Editorial, 1994, págs. 107-148; S. Fernández Conti, “Idiáquez, Alonso”, en J. Martínez Millán (dir.), La corte de Carlos V (2.ª parte). Los Consejos y los Consejeros de Carlos V, vol. III, Madrid, Sociedad Estatal para la Conmemoración de los Centenarios de Felipe II y Carlos V, 2000, págs. 223-224.

 

Juan Carlos Mora Afán