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Pomponio Mela

Biografía

Mela, Pomponio. Tingentera (Cádiz), p. m. s. i – Roma (Italia), s. m. s. i. Geógrafo hispano.

Nació en Tingentera, en las proximidades de Algeciras. Escribió bajo el emperador Claudio (41-54). No se sabe nada de su vida. Compuso un tratado, cuyo título es De Chrorographia, en tres libros, que es el tratado latino más antiguo de todos los conservados. El libro es importante para conocer las concepciones geográficas que los romanos tenían en el siglo i. Sus conocimientos cosmográficos son una síntesis erudita extraída de autores griegos y romanos sobre ideas geográficas no basados en la observación directa.

Comienza Mela su obra exponiendo unas ideas generales sobre el mundo, siguiendo los conceptos de Posidonio sobre la posición de la tierra en el centro del universo, rodeada por el océano. Trata, al principio, de dos hemisferios, y de la posibilidad de la existencia de otra ecumene. La teoría griega de la esferidad de la tierra iba, poco a poco, abandonándose, mientras se generalizaba la opinión de que la tierra era plana.

La procedencia de sus ideas es griega. La descripción se basa en dos esquemas. Para las descripciones de las costas se sigue el procedimiento de los periplos, y para el interior de la costa la periégesis. Se describen, brevemente, la geografía de todos los países del Mediterráneo.

Comienza el libro I con una descripción breve de los países de África, de Asia y de Europa y pasa desde la Escitia a terminar en Galia e Hispania y las islas del interior (libro II). Se señala la extensión de los mares, que rodean las tierras de las costas, y otros varios detalles. La descripción de los países interiores se efectúa en sentido contrario al de las tierras interiores. Se parte de las costas atlánticas de Hispania y de Galia, para pasar a Germania, Sarmacia y Escitia; las tierras del mar Oriental, a continuación, el océano Atlántico, y, finalmente, las islas exteriores (libro III). Para Pomponio Mela las costas y las islas son la parte más importante. El estudio pormenorizado, comienza en las costas de África, Mauritania, Numidia, el África Central y la Cirenaica. Pomponio Mela se apoya en su descripción en un periplo. Se ha supuesto que sea el periplo del cartaginés Hannón, fechado a finales del siglo iv a. C., al que cita expresamente.

También menciona, igualmente, a Cornelio Nepote (c. 99 a. C.-24 a. C.), cuya obra geográfica debió de consultar, aunque no fue la única. Coloca la frontera de Europa en la Cirenaica. Egipto ya pertenecía a Asia. Recoge los tópicos que circulaban sobre el Nilo y sus crecidas. También reúne notas sobre la historia de Egipto, sobre los reyes, sobre las ciudades y sobre el reino de Meroe. Continúa con la descripción geográfica de Arabia, de Palestina, de Fenicia y de Siria.

La descripción de Anatolia comienza con Cilicia. Pasa a Panfilia, Lidia, la Eólide, fijándose en la historia y en la fundación de ciudades. En las costas del Ponto, Pomponio Mela se detuvo con especial interés.

La fuente fue un modelo inspirado en Heceteo de Mileto. Prosigue la narración desde Heraclea Póntica a Anisos. El libro II se consagra a Europa. Establece la frontera oriental con Asia en el Tanaís. Describe la costa desde el mar Negro hasta el Bósforo, enumerando los grandes ríos de Escitia, y las ciudades. A continuación, pasa la narración a Tracia, Macedonia, Grecia, Italia, Galia e Hispania. Presta especial interés a las islas del Mediterráneo, Chipre, Lesbos, Tenedos y Gades, ciudad que consideró una isla.

El libro III está dedicado a las costas del océano, que rodea la tierra: las costas atlánticas de Hispania; de Galia hasta la desembocadura del Rin, con una penetración en el interior del continente, basada en César.

El mar Báltico es para Pomponio Mela el océano que rodea la tierra por el norte. Las fuentes para el conocimiento de este mar son buenas. Describe a los hiperbóreos y considera el mar Caspio una continuación del mar Báltico. Otros errores de bulto se leen en la De Chrorografía, como que los ríos Oxus e Iaxartes desembocan en el mar Caspio, equivocaciones sacadas de Erastóstenes. Cree el geógrafo hispano que se puede ir desde la India al mar Caspio y pasar desde aquí a la Galia.

La obra de Pomponio Mela sigue los periplos griegos, que describen primero las costas y después el interior.

Los griegos fueron muy inclinados a escribir periplos. Eran famosos los de Eutimenes, del Ps. Escilas, de Polibio, de L. Coelio Antípater y de Eudoxo de Cícico. Estos periplos pudieran ser los modelos que utilizó probablemente Pomponio Mela al redactar su obra. Después de la descripción de las costas y del interior, el autor recoge datos sobre los pueblos del interior sin dar datos sobre distancias. Expone ideas generales sobre la geografía e historia de los pueblos.

Los errores graves que comete, pueden deberse a la erudición libresca del autor, sin tomarse la molestia de informarse de la realidad. Algunas noticias recogidas son muy antiguas. Omite, a veces, detalles de importancia, al tratar de Italia y de Grecia. Pomponio Mela se interesa por las noticias sobre la fundación de las ciudades y de su relación con el Estado romano. En este último aspecto, el autor se siente un romano.

No menciona las ciudades con las que Roma sufrió alguna derrota. La De Chrorografía de Pomponio Mela está plagada de equivocaciones, pero es obra fundamental para lograr el conocimiento que tenían los romanos de la primera mitad del siglo i.

Continúa la tradición griega. El problema de las fuentes que consultó Pomponio Mela no se encuentra suficientemente aclarado. Cita a Homero, a Hannón y a Cornelio Nepote. Entremezcla varias fuentes para un mismo tema. Se ha pensado que la fuente o fuentes sean de procedencia griega, al nombrar las ciudades con nombres griegos. También, se admite que esta fuente sería una sola, y remontaría a época de Augusto. Unos investigadores piensan que la fuente principal fue el epítome de Geografía de Cornelio Nepote, otros autores opinan que consultó una Chrorografía redactada por Varrón o por Salustio. No se puede dudar del influjo de Cornelio Nepote (100-24 a. C.), que escribió una Chronica en tres libros, en la que utilizó la Chronica de Apollodoro de Atenas, que fue la fuente para Valerio Máximo, para Plinio el Viejo y para Gellio. Igualmente debió leer a Apollodoro, que fue un gramático del siglo ii a. C., discípulo de Aristarjo, que escribió una Chronica desde la destrucción de Troya en el año 1184 hasta el año 144 a.

C. Por intermedio de Cornelio Nepote debió de conocer Pomponio Mela a Posidonio (135-51 a. C.) y a Menipo de Pérgamo. Este último redactó, poco antes del año 26 a. C., un periplo del Mediterráneo y del mar Negro, deteniéndose en las medidas de las costas.

Posidonio escribió obras de carácter geográfico.

En otros muchos autores espigó noticias Pomponio Mela, como en Herodoto, en Piteas, en Polibio, en Jenofonte de Lampsaco, entre los escritores griegos, y entre los latinos, en Varrón, en César, en Salustio, en Asinio Polión o en Tito Livio. También pudo servirse del Mapa de Agrippa, trazado por encargo de Augusto, que iba acompañado de un texto explicativo, de autor desconocido, titulado Chorografía, como la obra de Pomponio Mela. Plinio el Viejo cita a Pomponio Mela entre sus fuentes.

En la obra de Pomponio Mela, Hispania ocupa un lugar privilegiado. Destaca en el conjunto de la obra.

Comienza las noticias sobre Hispania situándola respecto al mar Mediterráneo. Sigue la descripción de Mauritania. Recoge la noticia de que en un promontorio hay una cueva consagrada a Hércules, y más allá se encuentra Tingis, ciudad antiquísima, fundada por Anteo. Conoció los dos montes del estrecho, uno llamado Abila y el otro Calpes, que son llamados columnas de Hércules. Menciona la leyenda de que fueron separados por el mismo Hércules. Pomponio Mela cita continuamente las diferentes leyendas sobre los lugares y los datos míticos de las fundaciones de las ciudades. Traza una visión panorámica de Hispania y de sus riquezas. Conoce que el límite entre los Pirineos e Hispania por el Oriente, se encuentran en el puerto de Venus, situado en una cala marítima y la playa de Cervaria, final de la Galia. Sabe que Hispania está rodeada por mar, menos por la parte que limita con Galia. Señala que la extensión de los Pirineos es más estrecha que el resto de anchura de Hispania. Alaba la abundancia de hombres; la riqueza de las minas de hierro, plomo, cobre, plata y oro, hasta tal punto fértil, que si en algunos productos es estéril y diferente, con todo, en otros lugares produce lino y esparto. Esta última frase parece tomada de Estrabón.

Señala bien las tres provincias en que Hispania se divide, su situación y sus límites.

Entre las ciudades importantes del interior de la provincia tarraconense, menciona a Palantia, a Numancia, sin duda recordada por la guerra; y Cesaraugusta, fundación de Augusto con veteranos procedentes de las guerras cántabras, lo que no puntualiza; en Lusitania a Augusta Emerita, creación de Augusto con los mismos veteranos, que no menciona, y en la Bética a Hispalis, Hastigi y Corduba. La selección de ciudades está bien hecha. En el extremo nororiental conoce bien los accidentes geográficos, la existencia de dos ríos, uno junto a Ampurias, y el monte consagrado a Júpiter, llamados Escaleras de Aníbal.

Recoge los nombres de todas las pequeñas localidades desde las Escaleras de Aníbal hasta Tarraco, que son: Blando, Iluro, Baetulo, Barcino, Subur y Toboli.

La información es completa y minuciosa. Menciona los ríos que corren entre las ciudades. Añade que el río Tulcis baña a Tarragona y que es mediano, y que el Ebro baña Dertosa. Recuerda a dos golfos en la costa levantina y a dos ciudades importantes Valentia y Saguntum, esta última famosa por su fidelidad a Roma y por su fin.

La descripción de la Bética es muy exacta y refleja magníficamente el modo de trabajar de Pomponio Mela, y los datos que le interesa destacar. Dice así: “Pero realmente desde esto que acaba de señalarse hasta la iniciación de la Bética nada hay que reseñar fuera de Cartago, fundada por Hasdrúbal el caudillo de los cartagineses. En las costas de la Bética las poblaciones son insignificantes y su mención se debe sólo al hilo de la narración: Urci, en el que llaman ‘Golfo Urcitano’ y, fuera de él, Abdera, Suel, Ex, Maenoba, Málaca, Salduba, Laccipio y Barbésula.

”A continuación el mar se hace muy estrecho y las costas de Europa y de África cercanísimas entre sí, forman unos montes, como al principio dijimos, las ‘Columnas de Hércules’, el Abila y el Calpes, los cuales destacándose entran en el mar, el uno y el otro ciertamente, pero más el Calpes, que casi por entero está rodeado por el agua. Este monte, maravillosamente cóncavo por la parte que mira al Ocaso, se abre poco más o menos en la mitad de su costado y para los que por aquí han entrado es una caverna que se puede recorrer en casi toda su extensión.

”Y más allá hay un golfo y en él está Carteya, la antigua Tarteso, como algunos creen, en la que habitan fenicios que llegaron por mar desde África, y Tingentera, de donde nosotros somos. A continuación Mellaria, Bello y Baesippo se asientan en la costa del Estrecho hasta el promontorio de Juno, que discurriendo en arco oblicuo hacia Occidente y el Océano y situado enfrente del que, en África, habíamos dicho que era el cabo Ampelusia, por donde están nuestros mares, pone fin a Europa.

”La isla de Gades, que sale al encuentro de los que atraviesan el estrecho, aconseja hablar de las restantes antes de que nuestra descripción pase, como prometimos al principio, a tratar de las costas del Océano y del contorno de las tierras continentales” (traducción de V. Bejarano).

A continuación, cita las diferentes Islas Baleares, y sus ciudades más importantes: Palma, Pollentia, ambas colonias, Iambo y Mago. Alude a las plagas de conejos y de serpientes por las que las Islas Baleares fueron famosas en la Antigüedad. Llaman mucho la atención al autor hispano las grandes mareas desconocidas en el Mediterráneo, y sólo conocidas de los griegos en el mar Índico. Describe bien las orillas del Betis.

Cita los pueblos que las habitan, los túrdulos y los bástulos. Menciona ciudades más importantes: Ebora, Hasta, el bosque sagrado y el monumento a Cepión.

Puntualiza que el Betis procede de la provincia tarraconense, que al llegar al mar se escinde en dos brazos, y que cambia de dirección formando un brazo curvo.

La descripción de Lusitania responde al esquema ya aplicado en las dos otras provincias. Nombra las principales ciudades, como Mirtilis, Balsa, Ossonoba, Laetobriga, y el puerto de Aníbal, Ebora, Olisippo y otras. No se olvida de mencionar el promontorio sagrado.

Recuerda a los túrdulos viejos, a los célticos y a los ríos del noroeste hispano. Sabe que al río Limia se le llama río del Olvido. Dedica un párrafo a la costa septentrional hispana, señalando, como siempre, los pueblos, las ciudades, los ríos, los golfos y los promontorios.

Menciona los tres altares consagrados a Augusto. Señala muy bien las configuraciones de las costas cántabras. Puntualiza que la orientación de la costa cántabra es diferente de la gálica. En las costas meridional occidental de Hispania y del Atlántico, se ocupa de las islas, a las que presta especial atención. A Cádiz la considera una isla. Fue fundación de los habitantes de Tiro. El Heracleion gaditano era famoso por sus fundadores, por su veneración, por su antigüedad y por su riqueza. En él estaban depositadas las cenizas de Hércules. El comienzo del Heracleion se remonta a los tiempos de la guerra de Troya. Sus riquezas las ha acumulado el tiempo. Todos estos datos se encuentran en Estrabón, al referirse en el libro III de su Geografía al Heracleion. Sabe que la isla llamada Eritia fue habitada por Gerión; que otras islas eran muy fértiles; que las Cassitérides eran ricas en plomo, y las sitúa entre los célticos. Parece llamar a los galaicos, célticos.

Pomponio Mela sintetizó los viajes de exploración de Hannón y de Eudoxo. El primero exploró la costa africana. Se tuvo que volver por falta de alimentos.

La exploración de Eudoxo la sitúa en tiempos de su abuelo. Le hace salir del golfo Arábigo para terminar en Cádiz, según afirmación de Cornelio Nepote. Caracteriza los pueblos, que visitó el navegante griego.

Unos pueblos eran mudos, posible alusión a los gorilas. Otros tenían la lengua sin sonido articulado; otros carecían de lengua y otros tenían los labios pegados. Bebían el zumo con una paja. El fuego les era desconocido.

Estos datos parecen tomados de Estrabón, que en el libro II de la Geografia describe, breve, pero detalladamente, la exploración por las costas africanas de Eudoxo en tiempos del rey egipcio Evergetes II (146-108 a. C.).

Menciona el geógrafo latino al Teide en las Canarias, del que escribe que arde un fuego perpetuo. Recoge la noticia de las Islas de la Gorgona. Termina la descripción de Hispania con la mención de las Islas Afortunadas, situadas enfrente del Monte Atlas, que son ricas. La fuente podría ser Diodoro, que se ocupó detenidamente de las Islas Afortunadas, completado con otras fuentes, pues algunos datos no se encuentran en Diodoro.

Pomponio Mela ha logrado hacer una buena síntesis de Hispania, de sus costas, ríos, montes, habitantes y tradiciones. Para el romano culto era lo mínimo que podía conocer de la patria del geógrafo.

Todos los manuscritos de la Chrorografia derivan de uno conservado en París, fechado en el siglo x. La primera edición se imprimió en Milán en 1471, a la que siguió la edición de Basilea de 1522. Después se hicieron otras varias. Pomponio Mela fue pronto conocido en España. En el siglo xvi Fernán Núñez, el Pinciano, corrigió y aclaró el texto, publicado en 1543 en Salamanca, reimpreso en 1582 por Plantino.

Pedro Juan Oliver comentó también el texto en el siglo xvi. José Antonio González de Sala (1588-1654) tradujo a Pomponio Mela, edición que se reeditó en 1780. Luis Tribaldos de Toledo publicó otra versión un año antes que lo anterior. En el siglo xix, Miguel Cortés incluyó el texto en latín y en castellano en su Diccionario geográfico-histórico de la España Antigua. I, Madrid, 1835. En el siglo xx han traducido a Pomponio Mela A. García y Bellido, en 1947, y V. Bejarano en 1987.

 

Bibl.: A. García y Bellido, La España del siglo i de nuestra era (según P. Mela y C. Plinio), Buenos Aires, Colección Austral, 1947; V. Bejarano, Fontes Hispaniae Antiquae. VII. Hispania Antigua según Pomponio Mela, Plinio, el Viejo y Claudio Ptolomeo, Barcelona, Instituto de Arqueología y Prehistoria, 1987.

 

José María Blázquez