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Manuel Lorenzo Pardo

Biografía

Lorenzo Pardo, Manuel. Madrid, 5.III.1881 – Fuenterrabía (Guipúzcoa), 26.VIII.1953. Ingeniero hidráulico.

Hijo de un médico natural de Toledo, su madre procedía de Gelsa (Zaragoza), localidad en que su abuelo materno había ejercido como farmacéutico. Cursó el bachillerato sucesivamente en el colegio Savater, en el colegio Romano y en el instituto de San Isidro de Madrid, obteniendo el título a los catorce años, en julio de 1895. A pesar de sus inclinaciones artísticas y contrariando cierta presión familiar a favor de la Medicina, su buena disposición hacia las Matemáticas le empujó hacia la Ingeniería. Después de tres años preparándose en la Academia de José Ramón Aguilar, en 1898 aprobó el examen de ingreso en la Escuela Especial de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos.

En esta Escuela permaneció cinco años, dentro de una promoción de tan sólo siete alumnos, al frente de los cuales terminó la carrera en 1903. El propio Lorenzo describiría muchos años más tarde el severo régimen de aquel centro, al trazar la biografía de su mejor amigo, Juan Bautista Uriarte, un compañero de estudios prematuramente fallecido.

Entre 1903 y 1906, en que entró a formar parte del escalafón estatal, trabajó en varios empleos temporales entre los que destacan los que tuvo en Madrid, en el Centro de Ensayos de Aeronáutica de Leonardo Torres Quevedo, y en Monzón, en las obras del Canal de Aragón y Cataluña.

En febrero de 1906 se incorporó como ingeniero numerario a la División Hidráulica de Ebro. Este organismo estaba entonces especialmente dedicado al desarrollo de las obras previstas en el Plan de Pantanos y Canales de 1902, más generalmente conocido como Plan Gasset. A Lorenzo le correspondió trabajar en varios de estos proyectos, como el estudio de viabilidad del pantano de Garinoaín, en Navarra, para mejorar los riegos de Tafalla, las defensas de Tudela frente a las avenidas del Ebro y las de Lérida frente a las crecidas del Segre. Más importancia tuvieron las obras de recrecimiento del pantano de la Grajera, la reparación de la presa de Calahorra, la construcción de la presa de Valbornedo, que emprendió a partir de 1916, y el proyecto de recrecimiento de la presa de Arguis, cuyas obras serían ejecutadas, ya a finales de la década de 1920, por la Confederación del Ebro. Realizó, además, una decena de abastecimientos urbanos.

Todas estas obras las emprendió, a decir de Cristóbal Mateos, “con la minuciosidad, ingenio, planificación integradora sistemática, tesón y sensibilidad artística y paisajística que le son característicos”.

Las inquietudes de Manuel Lorenzo durante este período no quedaron circunscritas al ámbito meramente profesional. Además de participar de forma activa en el Primer Congreso Nacional de Riegos, que se celebró en Zaragoza en 1913, colaboró en la creación de la Academia de Ciencias Exactas, Físico-Químicas y Naturales de Zaragoza. Se constituyó ésta en marzo de 1916, bajo la presidencia de Zoel García de Galdeano y Lorenzo fue uno de los siete miembros fundadores de la sección de Exactas. Entre 1919 y 1927 desempeñó la secretaría de la Academia e intervino activamente en conferencias y actos, dando siempre a sus actuaciones un enfoque de aplicación práctica. Realizó también algunos trabajos particulares, como la asesoría a la construcción del salto hidroeléctrico de Villalba, en la provincia de Cuenca.

Comprendió pronto que, para asegurar los riegos estivales en la cuenca media del Ebro, era necesario regular las aportaciones de la cabecera. Empezó así la lenta gestación de lo que sería el pantano del Ebro, un gran embalse situado cerca de Reinosa, a caballo entre las provincias de Santander y Burgos, que habría de suponer su mayor aportación conceptual a la ingeniería hidráulica. Para regular un volumen medio anual de 350 millones de metros cúbicos, proyectó un embalse con capacidad para 550 millones. Esta idea era difícil de entender en una época en que el mayor embalse existente en España no almacenaba más de 23 millones. Habrían de pasar muchos años para que se aceptase el concepto de ‘hiperembalse’, depósito que recoge las aguas de los años húmedos para usarlas a lo largo de varios años secos. Presentó su proyecto en 1916, pero no se aprobó hasta 1920, no se empezó a construir hasta 1927 y sólo se terminaría después de la Guerra Civil.

Las obras de riego previstas en 1902 avanzaban muy lentamente, a pesar de las ayudas ofrecidas por la Ley de Auxilios de 1911 y pese a los distintos planes que, en 1909, 1916 y 1919, trataron de impulsarlas. Lorenzo Pardo, comprendió que, frente a la política de obras aisladas que venía practicándose, era necesario integrar todas las de la cuenca en una planificación que las articulase; para que esas obras fueran rentables era necesario, además, realizarlas lo más rápidamente posible, aportando los fondos precisos y simplificando las trabas burocráticas que las paralizaban.

Entendió también que, en comarcas en que el regadío no estaba desarrollado, era necesaria una labor de difusión que extendiese los conocimientos y aunase las voluntades de todos los sectores interesados. Apoyado por otros prohombres, como el cosechero riojano Martínez Lacuesta o el político zaragozano Manuel Marraco, emprendió una campaña de conferencias y mítines que se celebraron en diversas poblaciones de la cuenca del Ebro.

A finales de 1925, cuando, en el Directorio civil de Primo de Rivera, asumió la cartera de Fomento Rafael Benjumea, vio Lorenzo Pardo la ocasión de poner en práctica sus planes. Era Benjumea un ingeniero, algo mayor que Lorenzo, con quien había coincidido durante los estudios y con quien compartía las mismas preocupaciones. Llamado a Madrid por el ministro, aportó el borrador de un decreto por el que se creaba en la cuenca del Ebro un organismo autónomo, encargado de planificar y desarrollar todas las obras hidráulicas de la cuenca. Tanto gustó la idea a Benjumea que decidió llevar al Consejo de Ministros dos decretos: uno, de carácter general, sentaba las bases para la creación de las Confederaciones Sindicales Hidrográficas en todas las cuencas en que las fuerzas vivas lo solicitasen, en el otro se creaba ya la del Ebro, que tendría un carácter pionero. Se aprobaron el 5 de marzo de 1926 y se publicaron en la Gaceta del día 6.

Lorenzo Pardo, nombrado director técnico del nuevo organismo, lo puso en marcha mediante un conjunto de actuaciones espectaculares que limaron resistencias, convencieron a los escépticos y acabaron movilizando a toda la cuenca. Se incorporaron a la Confederación personalidades prestigiosas, como el doctor Rocasolano, nombrado delegado regio, el ingeniero Antonio Lasierra, el periodista Valenzuela La Rosa, etc. En el plano técnico, aparte de formar cinco divisiones encargadas de impulsar las obras, creó servicios encargados de los estudios de aforos, geológicos, forestales y agronómicos, dando a la política hidráulica una componente científica y social de que hasta entonces había carecido. Recabó también la colaboración de especialistas ilustres, como Gustavo Pittaluga, que informó sobre las condiciones sanitarias de los embalses, o el arquitecto Borobio, autor del edificio en que se instaló el nuevo organismo.

Tanto las obras como los estudios y proyectos cobraron auge a lo largo y lo ancho de toda la cuenca. Se remataron muchas construcciones y se dio fuerte impulso a las que estaban en marcha, como las presas de La Sotonera, Peña, Gallipuén, Moneva y Santa María de Belsué, el recrecimiento de la de Arguis o diversos trabajos en las zonas regables de los Canales de Urgel, Aragón y Cataluña o Victoria-Alfonso. La Confederación empezó también obras que esperaban su turno, como el pantano del Ebro y los de Yesa, Barasona o Santolea.

Para dirigir el del Ebro, pieza clave en su planificación hidrológica, llamó a Clemente Sáenz, ingeniero joven al que había conocido en el salto de Villalba y al que encargó, además, el Servicio de Estudios Geológicos.

Fue preocupación principal de Lorenzo la difusión de las ideas y de los planes de la Confederación. Creó para ello una revista de gran formato y emprendió la publicación de una colección de libros en que quedaron plasmados desde los programas y presupuestos hasta los estudios teóricos de mayor interés. Esta colección, entre 1926 y 1931, publicó más de veinte tomos, muchos de ellos debidos a la pluma del propio Lorenzo. Aportó también comunicaciones a los Congresos de riegos celebrados en esos años. A la Conferencia Mundial de la Energía que tuvo lugar en Barcelona en 1929, contribuyó con seis ponencias propias y muchas otras de sus colaboradores. Continuó, además, con su política de mítines y reuniones, intentando captar a quienes, como los regantes del Canal de Urgel, recelaban del nuevo organismo.

La crisis económica, primero, y la caída de la Dictadura después, crearon dificultades a la expansión de las Confederaciones, que vieron restringida su autonomía.

El Gobierno Berenguer prohibió la emisión de deuda y retiró el aval del Estado. Tras la llegada de la República, el nuevo ministro de Fomento, Álvaro de Albornoz, las reconvirtió en las llamadas Mancomunidades, suprimiendo la Asamblea y prescindiendo de los servicios técnicos de recogida de datos y experimentación. Lorenzo Pardo, en agosto de 1931, fue depuesto y expedientado, acusado de malversación de fondos. La ciudad de Zaragoza reaccionó con un paro general, el día 28, en defensa de Lorenzo y de la Confederación.

En la remodelación ministerial de diciembre de 1931 se creó el ministerio de Obras Públicas, al frente del cual quedó el anterior ministro de Hacienda, Indalecio Prieto. A principios de 1932 llamó Prieto a Lorenzo Pardo, le nombró jefe de la Sección de Planes Hidráulicos y le encargó de la confección de un Plan Nacional, dándole plena autonomía para la selección de sus colaboradores.

Para dar mayor agilidad a los estudios del Plan se creó un ente autónomo, el Centro de Estudios Hidrográficos, cuyas oficinas se situaron en la calle Marqués del Riscal, n.º 10, de Madrid. Aunque el Centro no tuvo existencia oficial hasta el 22 de febrero de 1933, Lorenzo y sus colaboradores empezaron a trabajar desde el primer momento. Así, pudo enviar unas bases del Plan para su presentación en el Congreso de la Sociedad Hispano-Lusa para el Progreso de las Ciencias, celebrado en Lisboa en mayo de 1932. Entre tanto, a consecuencia del expediente abierto por el ministro Albornoz, Lorenzo Pardo fue procesado y la causa no se sobreseyó hasta finales de este último año. Durante la redacción del Plan ocurrió una gran sequía en el sureste peninsular, lo que provocó una visita de Lorenzo en octubre de 1932, junto con Clemente Sáenz, a la provincia de Almería. Como solución a tales situaciones arbitraron una actuación novedosa que quedó incorporada al Plan: el trasvase de aguas del Tajo a la cuenca del Segura.

La Ley de Presupuesto establecía que el Plan estuviera terminado en marzo de 1933, pero lo exiguo del plazo, las dificultades de adscripción de personal subalterno, el proceso judicial y una enfermedad del propio Lorenzo demoraron su finalización de forma que hasta el 31 de mayo no pudo ser enviado a las Cortes. El Plan, que había sido criticado por el Consejo de Obras Públicas, despertó los recelos de las cuencas menos favorecidas, por lo que Indalecio Prieto, comprendiendo las dificultades para su aprobación, quiso divulgar la idea del trasvase, para lo que organizó un mitin en Alicante, con participación de Lorenzo. Prieto cesó en septiembre, siendo sustituido por Rafael Guerra del Río, que mantuvo en su puesto a Lorenzo Pardo, lo nombró director general de Obras Hidráulicas y editó lujosamente los tres tomos del Plan.

En los inmediatos comicios electorales fue elegido diputado a Cortes por el Partido Radical, en representación de Las Palmas, provincia a la que estaba vinculado por su matrimonio con Soledad Blanc; pero sólo ostentó dicha representación durante una legislatura.

Continuó al frente del Centro de Estudios Hidrográficos hasta la supresión del organismo en marzo de 1936. Durante ese tiempo trató de promocionar su Plan con artículos y conferencias y con una gran exposición organizada en un local de la Gran Vía madrileña.

Tanto en los Congresos de Riegos como en la prensa técnica, tuvo que entablar numerosos debates con los detractores de su Plan. Curiosamente, los mayores ataques le llegaron desde la cuenca del Ebro, el director de cuya Mancomunidad, Félix de los Ríos, promovió un trasvase del Ebro a Levante como alternativa al trasvase Tajo-Segura.

Al inicio de la Guerra Civil, dos de sus hijos fueron encarcelados, por lo que Lorenzo Pardo, ante la persecución de que fue objeto en Madrid, se refugió con el resto de su familia en la Embajada de Chile. Permanecieron allí año y medio hasta que pudieron pasar clandestinamente a Francia.

Tras la contienda, se volvieron a reorganizar las Confederaciones y se aprobó un Plan General de Obras Públicas cuya parte hidráulica aprovechaba casi todos los elementos de su Plan de 1933; pero a Lorenzo se le asignó la jefatura de Sondeos y Cimentaciones, cargo que no estaba en consonancia con sus anteriores servicios. Al ascender a inspector, en 1942 pasó al Consejo de Obras Públicas. En 1948 fue nombrado presidente de este organismo. El cargo le hubiera correspondido antes por antigüedad, pero cedió su puesto para que lo ocupara otro viejo ingeniero hidráulico, Fausto Elío. Durante los tres años de su presidencia, hasta su jubilación en 1951, revitalizó el Consejo y emitió dictámenes ejemplares, sobre todo en los asuntos relacionados con su especialidad hidráulica, en los que estableció pautas claras para el mejor uso de las aguas públicas. Sobresale entre ellos el relativo al “Plan conjunto para el aprovechamiento integral de los ríos Tajo, Tiétar y Alagón”, que mereció el reconocimiento oficial en octubre de 1949.

En 1950 tuvo ocasión de exponer esta labor y también la de toda una vida de luchas y persecuciones, en el acto del nombramiento de presidente honorario del Consejo a favor del conde de Guadalhorce. La petición formulada por el conde de que se retrasara la jubilación de Lorenzo no fue atendida por el ministro de Obras Públicas, presente en el acto. Al retirarse, se dedicó a ordenar un cuidado archivo documental y fotográfico en que queda constancia de sus batallas técnicas y que quedó depositado en el Servicio Geológico de Obras Públicas, en que trabajaba su hijo homónimo. Sus dolencias crónicas se acrecentaron al poco tiempo y falleció de enfisema pulmonar dos años después.

Años después empezó a reconocerse su obra; en Zaragoza se le dedicó un busto cerca del Pilar, a la orilla del Ebro, y en Madrid se reabrió el Centro de Estudios Hidrográficos. La puesta en marcha de las obras del acueducto Tajo-Segura dio pie a la recuperación de su recuerdo en 1971. En el renacido Centro de Estudios Hidrográficos, se le hizo un acto de homenaje, con asistencia del príncipe de España, y se colocó un monumento en su honor en la provincia de Albacete, junto al trazado de la conducción.

 

Obras de ~: El taquímetro autorreductor M-F: Su descripción, método operatorio, resultados obtenidos y resumen, Madrid, Prudencio Pérez de Velasco, 1912; El pantano del Ebro – Información, juicios, comentarios, Zaragoza, Imprenta Heraldo de Aragón, 1918; El pantano del Ebro – Estudio técnico de sus obras hidráulicas, Madrid, Imprenta de Ramona Velasco Viuda de P. Perez, 1919; Uriarte: recuerdos de la vida de un gran ingeniero, Zaragoza, Tipografía y Fototipia del Heraldo, 1919; La regularización estival del Ebro – Régimen de funcionamiento del pantano del Ebro en Reinosa, Zaragoza, 1919; El Ebro y Zaragoza. Horizonte de las posibilidades de Aragón, Zaragoza, Publicaciones de la Academia de Ciencias Exactas, Físico-Químicas y Naturales de Zaragoza, 1921; Nueva política hidráulica – La Confederación del Ebro, Zaragoza, Compañía Iberoamericana de Publicaciones, 1930; “El deber de vivir bien”, en Curso de la UGT, Zaragoza, 1930; La conquista del Ebro, Zaragoza, Heraldo de Aragón, 1931; Plan Nacional de Obras Hidráulicas. Tomo I: Exposición general, Madrid, 1933 (reed. Madrid, Centro de Publicaciones MOPT para la Secretaría de Estado para las Políticas del Agua y el Medio Ambiente y el Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas, 1993, 2 vols.); “El Consejo de Obras Públicas en 1950”, Reseña de las solemnes sesiones plenarias celebradas los días 7 y 8 de Julio de 1950, Madrid, 1950; “Nuestro arbitrismo”, en Revista de Obras Públicas (ROP) (mayo de 1953).

 

Bibl.: J. M. Alonso Zavala, Proyecto del pantano de Ebro en Reinosa, informe del Ingeniero Jefe de la División Hidráulica del Ebro, Zaragoza, 1920; D. Pérez, Figuras de España, Madrid, Compañías Ibero-Americana de Publicaciones, 1930, págs. 59- 72; VV. AA., Las directrices de una nueva política hidráulica y los riegos de Levante (Asamblea celebrada en Alicante el 26 de febrero de 1933, bajo la presidencia del [...] Ministro de Obras Públicas, D. Indalecio Prieto), Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1933; P. González Blanco, Ordenación y prosperidad de España (El Plan Nacional de Obras Hidráulicas del ingeniero Lorenzo Pardo), pról. de Azorín, Madrid, Imprenta Sáez Hermanos, 1934; “Manuel Lorenzo Pardo, ingeniero de Caminos, 1881-1953”, en ROP (octubre de 1953); C. Sáenz García, “Evocación del ingeniero de Caminos don Manuel Lorenzo Pardo, fundador del Centro de Estudios Hidrográficos”, en ROP (1971), págs. 239-247; F. Sáenz Ridruejo, “Don Manuel Lorenzo Pardo”, en Conferencias 1983, Madrid, Asociación de Ingenieros de Caminos [1984]; J. R. Marcuello, Manuel Lorenzo Pardo, Zaragoza, 1990; M. del M. Merino, “Manuel Lorenzo Pardo (1881-1953)”, en Ambienta (julioagosto de 2001), págs. 63-64; C. Mateos Iguacel, “Lorenzo Pardo y la creación del CEH”, en El Centro de Estudios Hidrográficos del CEDEX. La casa del agua, Madrid, 2003.

 

Fernando Sáenz Ridruejo