Ayuda

Eduardo Chillida Juantegui

Biografía

Chillida Juantegui, Eduardo. San Sebastián (Guipúzcoa), 10.I.1924 – 19.VIII.2002. Escultor.

Es el escultor español de la segunda mitad del siglo xx que alcanzó mayor proyección internacional.

Nació y residió durante su infancia y gran parte de su juventud en la ciudad de San Sebastián. Su atracción por el dibujo le impulsó a iniciar en 1943 la carrera de Arquitectura en Madrid, que abandonó cuatro años más tarde para asistir a clases de Dibujo en el Círculo de Bellas Artes. En 1948 viajó a París, se alojó en el Colegio Español de la Ciudad Universitaria, en el que coincidió y trabó amistad con Pablo Palazuelo y Eusebio Sempere, e inició su actividad escultórica con el barro y el yeso como materiales. En París participó en acontecimientos expositivos de importancia, como el Salón de Mayo (1949 y 1950) y la IV Exposition Les Mains Eblouies de la galería Maeght, que unos años más tarde se hizo cargo de su producción artística. En 1951 estableció su residencia y su taller en Hernani (Guipúzcoa); allí comenzó a trabajar el hierro como material escultórico y definió los presupuestos conceptuales y estilísticos de su producción artística posterior. De aquel momento datan las puertas de la basílica de Aránzazu y las iniciales series de hierro que dio a conocer en sus primeras exposiciones individuales de Madrid y París.

En 1959 trasladó su domicilio a San Sebastián, ciudad en la que residió hasta su muerte. En ese mismo año inició su experiencia plástica con la madera, que dio origen a cuatro grandes esculturas de la serie Abesti Gogora (canto rudo) que realizó entre esa fecha y 1965. La realización de un viaje a Grecia en 1963 generó en el artista un interés por la luz, que dos años más tarde se plasmó en la serie escultórica Elogio de la luz. Su experiencia plástica se fue enriqueciendo al abordar sucesivamente el trabajo del hormigón (1972) y del barro, materia que comenzó a utilizar en 1977 en los talleres de cerámica de la Fundación Maeght.

Paralelamente, Chillida desarrolló una importante actividad en los campos del dibujo y del grabado, que se dio a conocer en muestras de carácter monográfico, en certámenes internacionales que reconocieron su aportación gráfica con importantes premios, y en ilustraciones de obras filosóficas y literarias, como las litografías realizadas en 1968 para el libro Meditation in Kastilien, de Max Hölzer, los litocollages para Die Kust und der Raum, de Martin Heidegger (1969) o las ilustraciones para La escritura o la vida, de Jorge Semprún (1997).

En 2000, dos años antes de su fallecimiento y afectado ya por una grave enfermedad, Chillida asistió a la inauguración del Chillida Leku, museo que acoge en Hernani, en el entorno natural de un viejo caserío del siglo xvi, una muestra de su trayectoria artística y sus últimas piezas de acero, granito y hormigón de carácter monumental. La muerte del artista tuvo lugar en 2002, sin que hubiera conseguido ejecutar su proyecto escultórico más polémico y ambicioso: la creación de un inmenso cubo vacío en el seno de la montaña de Tindaya, en Fuerteventura, que fue rechazado con dureza por las asociaciones culturales y ecologistas del Archipiélago.

Las primeras creaciones realizadas por Chillida entre 1948 y 1950 son de carácter figurativo y, como los ídolos cicládicos y las estatuas arcaicas griegas que conoció en el Museo del Louvre, se caracterizan por la compacidad, la frontalidad y la fragmentación. Representativas de aquella primera fase son las esculturas Forma (1948), Maternidad (1948) y Concreción (1950). Con Ilarik (1951), que realiza en el taller de Hernani, se produce un cambio de orientación en los planteamientos artísticos de Chillida. Abandona la figuración y con el aprendizaje extraído de la tradición artesanal de los herreros, fuertemente arraigada en su entorno, define un nuevo y personal lenguaje escultórico que le convierte en artista universal. Su investigación plástica se centra desde entonces en la exploración de la materia, a través de la que intenta desvelar los enigmas de la existencia y del funcionamiento de la naturaleza, aspectos en los que se le ve influido por la poesía alemana del romanticismo. Las primeras esculturas de los años cincuenta son de hierro, materia que se convierte en aliada imprescindible del artista a lo largo de toda su trayectoria plástica. En ellas pone de relieve las leyes internas que rigen esa materia, su resistencia, densidad, elasticidad y texturas, aplicando las técnicas tradicionales de la fragua.

En las series instrumentales de 1951-1956 (Consejo al espacio, Música de las esferas, Del horizonte, Elogio del aire, Música callada) evoca a través de la forma, de la materia y de la técnica los aperos agrícolas, y, en las series gestuales realizadas entre 1955-1966 (Hierros del temblor, Rumor de límites, Yunque de sueños, Modulación del espacio) configura unos volúmenes más complejos, impulsivos y sígnicos, que ocupan el espacio, establecen un diálogo con él y lo convierten en un lugar artístico cargado de referencias culturales.

En las series de acero de carácter arquitectónico (Estelas, Alrededor del vacío, Elogio a la arquitectura), que inicia en 1964, recurre a técnicas industriales que le permiten conseguir volúmenes de grandes proporciones.

La escala monumental había sido abordada anteriormente con la madera (Abesti Gogora), materia que por su menor peso facilitaba el aumento de tamaño y por su contextura blanda y escasa ductilidad abría una nueva experiencia en su indagación plástica, evocadora como las primeras obras de hierro de la impronta marcada en el artista por su entorno cultural más próximo, tanto en el aspecto técnico como en las referencias formales. Posteriormente, a partir de Lugar de encuentros III (1972), es el hormigón el soporte de sus creaciones monumentales, que culminan en 1990 con la colocación del Elogio del Horizonte en el cerro de Santa Catalina, en Gijón. Con el hormigón, a través de contundentes volúmenes abiertos, envolventes y receptivos, define mejor que con cualquier otra materia el concepto de recinto, de lugar creado para el hombre, de espacio abierto al encuentro, pensado para ser ocupado antes que para ser contemplado. Así pues, el proceso de creación y el resultado plástico dependen en la obra de Chillida de la elección y el enfrentamiento respetuoso a la materia.

Con el hierro planteó una indagación espacial a partir de la continuidad formal; con la madera investigó sobre la rotundidad volumétrica y la noción de límite, investigación que profundiza con el hormigón para definir espacios concebidos como lugares de encuentro.

Las investigaciones lumínicas emprendidas con el alabastro (Elogio de la luz, Elogio de la arquitectura, Modulación heterodoxa, etc.), la exploración de la ductilidad y ligereza del barro como materia primera y elemental (Lurra) y la experimentación con el papel como soporte de sus dibujos y grabados, pero también como materia liviana dotada de sus propias cualidades morfo-espaciales (Gravitaciones), resumen lo más significativo de la aportación realizada por Chillida al arte del siglo xx en sus más de cincuenta años de actividad creativa.

Esa aportación tuvo un temprano y rápido reconocimiento internacional, en especial desde que, en 1954, Chillida obtuvo el Diploma de Honor de la X Trienal de Milán. En ese mismo año celebró en la galería Clan de Madrid su primera exposición individual, seguida dos años más tarde de la que mostró sus primeras piezas de hierro forjado en la galería Maeght de París, que Gastón Bachelard denominó Le cosmos du fer. Tras participar en la muestra Sculptures and Drawings from Seven Sculptors (1958) del Salomon R. Guggenheim Museum de Nueva York, consolidó su proyección mundial al conseguir el Primer Gran Premio Internacional de Escultura en la XXIX Bienal de Venecia. Le siguieron en 1959 varias muestras internacionales en Estados Unidos y Canadá y la exposición de tres esculturas en la II Dokumenta de Kassel. Enumerar la actividad expositiva de Chillida desbordaría la extensión de esta breve reseña biográfica, ya que su obra escultórica y gráfica ha recorrido las principales galerías, museos y centros de arte del mundo. Destacan las muestras personales celebradas a lo largo de toda su trayectoria en la galería Maeght de París y en el Kunsthalle de Basilea, donde en 1962 expuso junto a Rothko, a las que siguieron las de la Tate Gallery de Londres (1964), Wilhelm-Lehmbruck Museum de Duisbourg (1966) y Museum of Fine Arts de Houston (1966), en el que tuvo lugar su primera exposición antológica en Estados Unidos, que recorrió varios museos americanos en 1967. Tras una muestra en el Konstsalongen Samlaren de Estocolmo, en 1968, expuso en la sala Em Erker de Saint Gallen, donde conoció al filósofo Martin Heidegger y preparó las muestras de obra gráfica que se celebraron al año siguiente en el Kunstmuseum de Basilea (1969), Kunsthaus de Zúrich (1969) y Stedelikj Museum de Ámsterdam (1969). Otras exposiciones importantes de su trayectoria tuvieron lugar en la Hastings Gallery-Spanish Institute de Nueva York (1974), Carnegie Institute de Pittsburg (1979), Guggenheim Museum de Nueva York (1980), Palacio de Cristal del Retiro de Madrid (1980), Kestner Gesellschaft de Hanover (1981), Fundación Miró de Barcelona (1986), Kunstmuseum de Bonn (1989), Bienal de Venecia (1990), Matin-Gropius-Bau de Berlín (1991), Palacio de Miramar de San Sebastián (1992), Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid (1998) y Museo Guggenheim de Bilbao (1999).

Representada en los principales museos del mundo, su obra ocupa también destacados espacios urbanos.

Desde el Monumento a Fleming (1955), que realizó para el jardín de Ategorrieta en San Sebastián, y que actualmente se encuentra en el Paseo de la Concha de esa ciudad, Chillida creó numerosas esculturas públicas, de las que destacan El Peine del Viento IV (1969), ubicado en París ante la fachada del edificio de la UNESCO; Peines del viento (1972-1977), que se abre al mar al pie del monte Igueldo en San Sebastián; Lugar de Encuentros III (1972), colgada en 1978 del puente del Paseo de la Castellana, en Madrid, y el Monumento a los Fueros de Vitoria (1980), ejecutado en colaboración con el arquitecto Peña Ganchegui.

Junto a ellas, La casa de Goethe de Frankfurt (1986), Gure Aitaren Etxea de Gernika (1988) y Elogio del Horizonte de Gijón (1990) son algunas muestras relevantes de las piezas creadas para espacios abiertos.

Eduardo Chillida, que también tuvo una experiencia docente como visiting professor en el Carpenter Center de la Universidad de Harvard (1971), obtuvo la práctica totalidad de los premios de arte existentes en su época. Además de los ya señalados de la Trienal de Milán y la Bienal de Venecia, consiguió, entre otros, los premios Kandinsky (París, 1960), Providence Arts Club (Rode Island, 1962), Carnegie (Pittsburg, 1964), Wilhelm-Lehmbruck (Duisburg, 1966), Art Institute (Providence, 1966), Grosser Kunstpreis des Landes (Nordrhein-Westfalen, 1966), Wellington de escultura (Madrid, 1970), Rembrandt (Basilea, 1975), Tenth Internacional Bienal Exhibition of Prints (Tokio, 1976), Andrew W. Melon (Pittsburg, 1978), Europa de Bellas Artes (Estrasburgo, 1983), Pendo Verlag (Zúrich, 1983), Prix National des Beaux-Arts pour la Sculpture (París, 1984), Wolf Foundation Prize (Israel, 1985), Príncipe de Asturias de las Artes (Oviedo, 1987), Lorenzo el Magnífico (Florencia, 1987), Praemium Imperiale de la Japan Art Association (1991), Jack Goldhill Price for Sculpture (Londres, 1996).

 

Obras de ~: Desde dentro, 1953; Música de las constelaciones, 1954; Música callada, 1955; Elogio del aire, 1956; Ikaraundi, 1957; “Yunque de sueños III”, 1954-1958; Abesti Gogora I, 1959; Rumor de límites IV, 1959; Estela I, 1960; Modulación del espacio II, 1963; Alrededor del vacío I, 1964; Homenaje a Kandinsky, 1965; Elogio a la arquitectura I, 1968; Estela a Millares, 1973; Lurra, 1978; Arquitectura heterodoxa I, 1978; Mesa de Omar Khayyam IV, 1983; Iru Burni, 1986; La casa del poeta-Estela IV, 1988; Consejo al espacio VII, 1996.

Escultura pública: Abesti Gogora V, Houston, 1966; Peine del viento IV, París, 1969; Monumento Dusseldorf, Dusseldorf, 1971; Campo Espacio de Paz, Lund, 1972; Estela a Pablo Neruda, Teherán, 1974; Homenaje a Jorge Guillén, Valladolid, 1982; La casa de Goethe, Frankfurt, 1986; Elogio del Agua, Barcelona, 1987; Gure Aitaren Etxea, Guernika, 1988; De Música, Dallas XV, Dallas, 1989; Elogio del Horizonte, Gijón, 1990; Monumento a la Tolerancia, Sevilla, 1992; Helsinki, Helsinki, 1992; Homenaje a Rodríguez Sahagún, Madrid, 1993; Diálogo- Tolerancia, Münster,1993; Puerta de Música, Santiago de Compostela, 1994; Berlin, Berlín, 1999; De Música IV, Bonn, 1999.

 

Bibl.: P. Volboudt, Chillida, Paris, Aime Maeght, 1967; J. D. Fullaondo, Chillida 1947-1968, Madrid, 1968; C. Esteban, Chillida, Paris, 1971; L. Figuerola-Ferretti, Eduardo Chillida, Madrid, Dirección General de Bellas Artes, 1971; G. Celaya, Los espacios de Chillida, Barcelona, Polígrafa, 1974; R. Hohl, L’ôeuvre graphique d’Eduardo Chillida, Munich, 1975; G. Bachelar, “El cosmos de hierro”, en Revista de Occidente, 3 (1976), pág. 27; W. Schmalenbach, Eduardo Chillida. Akte-Hände-Formen, Berlin, 1977; J. Clay, Chillida, L’oeuvre graphique, Paris, Maeght editeur, 1979; O. Paz, Chillida, New York-Paris, Maeght editeur, 1979; M. S. Álvarez Martínez, Escultores contemporáneos de Guipúzcoa 1930- 1980. Medio siglo de una Escuela Vasca de Escultura, 3 vols., San Sebastián, 1983, 3 vols.; P. Selz, Chillida, Nueva York, Harry N. Abrams, 1986; K. de Barañano, La obra plástica de Eduardo Chillida, Bilbao, Caja de Ahorros Bilbaína, 1988; G. Carandente, Omaggio a Eduardo Chillida, Venezia, Polígrafo, 1990; E. Chillida y F. Huici, Elogio del Horizonte, Gijón, Caja de Ahorros de Asturias, 1991; K. de Barañano, Chillida Íntimo, Madrid, 1991; Chillida: Escala Humana, Gijón, 1992; Chillida en San Sebastián, San Sebastián, 1992; P. Manterola, El jardín de un caballero. La escultura vasca de la posguerra en la obra y el pensamiento de Mendiburu, Oteiza y Chillida, San Sebastián, 1993; M. S. Álvarez Martínez, “Oteiza y Chillida: la escultura vasca entre el proyecto moderno y la impronta del pasado”, en Revista Internacional de los Estudios Vascos (RIEV), 42-1 (1997), págs. 13-26; K. de Barañano et al., Chillida 1948-1998, Madrid, El Museo, 1998; J. Maderuelo Raso, Chillida, elogio de la mano, Madrid, Fundación March, 2003; VV. AA., Chillida, Barcelona, Fundación Joan Miró, 2003; Kortadi, Edorta: Una mirada sobre Eduardo Chillida: vida y obra de un artista universal, Madrid, Síntesis, 2003; M. Ezquiaga, Museo Chillida-Leku: una utopía convertida en realidad, San Sebastián, ACC Comunicación Creativa, 2003; J. A. García Marcos, Eduardo Chillida, l’homme et son oeuvre: un carrefour dans l’espace Chillida-Leku, San Sebastián, Elkar, 2008; G. Calzada, Eduardo Chillida, el escultor del espacio, Madrid, El Rompecabezas, 2009; I. Chillida, A. Cobo, Eduardo Chillida. Catálogo razonado de escultura I (1948-1973), San Sebastián, Nerea, 2014; Eduardo Chillida. Catálogo razonado de escultura II (1974-1982), San Sebastián, Nerea, 2017.

 

María Soledad Álvarez Martínez