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Eugenio de Llaguno y Amírola

Biografía

Llaguno y Amírola, Eugenio de. Elpino, Patricio de España. Menagaray (Álava), 15.X.1724 – Madrid, 10.II.1799. Político y escritor ilustrado.

Nació en la aldea alavesa de Menagaray, valle de Ayala, en 1724. Fue el primogénito de los siete hijos (Joaquina, José María, Andrés, Josefa, Ignacia y Estanislao) del matrimonio formado por el constructor y arquitecto Juan Andrés de Llaguno y Fernández de Jáuregui y Francisca de Amírola Ugalde. A pesar de que la familia tenía una economía saneada, quizá no tenía medios suficientes para enviarle a algún colegio francés, como era costumbre en el País Vasco entre las clases elevadas, por lo que estudió Lengua Española y Latina con un profesor particular. Luego amplió su formación en el colegio de los jesuitas de Orduña.

Siendo ya un joven bien instruido, en 1751 fue reclamado desde Madrid por Agustín de Montiano y Luyando, nacido en Valladolid pero oriundo del mismo valle de Ayala y con quien guardaba alguna relación de parentesco, que era secretario de Gracia y Justicia y después director de la Real Academia de la Historia. Éste le puso bajo su tutela, orientó su educación, y después su carrera profesional en la Administración de la Corte. En la capital tomó contacto con la realidad social y cultural, participó en las tertulias literarias y políticas, como las que se reunían en las casas de Blas Nasarre y Juan de Iriarte. Esta última se trasladó a su domicilio bajo la protección de su mecenas Montiano, quien falleció en 1764, por lo que redactó su protegido, agradecido, unas Noticias para el Elogio y Oración fúnebre del señor Montiano (Biblioteca Nacional, ms. 11260-11).

En 1754 inició su quehacer político como alcalde ordinario del valle de Ayala, aunque siguió residiendo en Madrid, puesto que en la capital desempeñaba ya el cargo de oficial de la Secretaría de la Cámara de Gracia (1758), de la que pasaría a oficial de la Secretaría de Justicia y de la Cámara de Estado de Castilla (1765).

Volvió a ejercer la alcaldía en su tierra natal en 1764, y en 1777 fue procurador síndico general del valle. En lo que se refiere a su carrera en la Corte, su vida fue un avance progresivo en el enmarañado mundo de los escalafones oficiales. Hombre sin títulos nobiliarios, aunque instruido y eficaz, fue conquistando poco a poco honores, privilegios y títulos: caballero de la Orden de Santiago (1758), ministro Rey de Armas de la Insigne Orden del Toisón de Oro (1781), secretario del Consejo de Estado y de la Suprema Junta de Estado (1787), ministro de Gracia y Justicia (1794- 1797), miembro de la Orden de Carlos III (1795), consejero del Supremo Consejo de Estado (1797).

Desarrolló también una gran actividad a favor de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País.

Consiguió su aprobación y la protección real en 1765.

Llaguno fue su representante en la Corte, junto a su paisano y compañero en la Secretaría de Estado Miguel de Otamendi. De 1770 a 1773 abunda su correspondencia con el conde de Peñaflorida, fundador y primer director de la sociedad, sobre asuntos relativos a ésta. Hizo gestiones para la aprobación del Real Seminario Patriótico de Vergara (1776), y de un colegio para señoritas que se iba a organizar en Vitoria, sin éxito a pesar de que había pasado los primeros trámites.

El tema de la educación le interesaba sobremanera y ya en 1765, tres años después de que el ginebrino J. Ballexerd editara su Dissertation sur l’education physique des enfants, trasladó Llaguno al castellano este libro, que tuvo destacado éxito en el campo educativo.

Firmada con el seudónimo Patricio de España, hizo una versión libre y selectiva recogiendo aquellos materiales que tuvieran mayor utilidad y aplicación a la España del momento. “De estatura regular y buen talle, su rostro de color claro y sonrosado, con ojos azules y nariz un tanto aguileña”, lo describía su amigo Jovellanos por estas fechas.

Por su entrega a la causa ilustrada y por su bondad se ganó el ánimo y la amistad de un nutrido grupo de políticos (Montiano, Grimaldi, Otamendi, Porlier, Floridablanca, Azara) y literatos (Jovellanos, Trigueros, Meléndez Valdés, Samaniego, Fernández de Moratín), entre los que ejerció un auténtico mecenazgo.

Muestra de ello es el extenso epistolario, editado parcialmente, que se conserva. Murió de pulmonía en Madrid el 10 de febrero de 1799.

Persona inquieta y de hondos conocimientos, tenía una vocación multidisciplinar y enciclopédica, ya que se interesó, con gran entrega, por asuntos históricos, artísticos y literarios que le llevarían a colaborar con las tres academias. El 14 de febrero de 1755 fue admitido como miembro honorario de la Real Academia de la Historia con el discurso Glorias del hombre español, pasando después a académico supernumerario (1757). En fechas posteriores debió de colaborar en un texto colectivo titulado Historia de la Academia de la Historia, 1763-64 (Ministerio de Asuntos Exteriores, ms. 26). Este interés por la Historia alentó una de las empresas más importantes de Llaguno: la edición de varias crónicas medievales dentro de un magno proyecto de la Academia de la Historia para dar a conocer las crónicas antiguas con el título de Colección de Crónicas y Memorias de los Reyes de Castilla en la que se editaron siete volúmenes y en la que colaboraron los eruditos marqués de Mondéjar, Francisco Cerdá y Rico y José Miguel Flores. Su trabajo no fue una simple transcripción de manuscritos, sino que, con verdadera erudición, compiló datos para desvelar a sus autores y conocer el contexto y situaciones de la escritura de las mismas. Realizó un importante trabajo, con un espíritu hipercrítico, y dio a las prensas: Crónica de los Reyes de Castilla Don Pedro, Don Enrique II, Don Juan I y Don Enrique III de Don Pedro López de Ayala (1779-1780); Sumario de los Reyes de España por el Despensero Mayor de la Reina Doña Leonor y adiciones anónimas (1781); y Crónica de Don Pedro Niño o Victorial por Gutierre Díez de Games (1782). Quedó en proceso de elaboración otro manuscrito sobre la Crónica de los Reyes Católicos Don Fernando y Doña Isabel de Andrés Bernáldez. Mientras tuvo tiempo de sacar en 1779 el manuscrito del Cantar de Mío Cid del convento de monjas donde se conservaba en Vivar para que lo editara Tomás Antonio Sánchez. En premio a este ejemplar trabajo en la academia sería nombrado secretario y, más tarde, en 1794, presidente.

La labor literaria de Llaguno se inició en las tertulias que frecuentó en Madrid. Las discusiones, la lectura continua y su observación crítica hicieron de él figura pionera en la defensa de las letras ilustradas que apoyó siempre desde sus importantes puestos oficiales. En este campo su obra no es fundamentalmente de creación sino de investigación, aunque parece que escribió algunos poemas que no se conservan y era conocido en el mundo literario con el sobrenombre poético de Elpino.

Su primer trabajo fue la traducción de la Atalía de Racine en 1754, siguiendo las indicaciones de su protector Montiano, que había publicado dos tomos de su Discurso sobre las tragedias españolas (1750 y 1753). Colaboraba de este modo en los primeros intentos serios de la reforma neoclásica, que en el teatro intentaba desacreditar la tradición barroca española, mientras prefería la tragedia neoclásica por su valor didáctico. La aceptación general de esta traslación y las críticas favorables de los entendidos dieron cierto renombre en las letras del momento. Tradujo también La joven isleña, comedia en un acto y en prosa, representada en el coliseo de El Escorial en 1774 por la cómica Pepa Carrera y que se conserva inédita en la Academia de la Historia (ms. 9-1912). De 1789 es la segunda edición que hizo Llaguno de la Poética de Luzán. Se trata de un texto corregido y ampliado de la primera versión (1737), en el que enjuicia con más rigor a los poetas dramáticos barrocos, en particular a Lope y Calderón, pero que en realidad respeta el espíritu del autor aragonés de quien fue testaferro intelectual. Esto ha dado mala prensa a Llaguno entre los críticos casticistas. Con todo, el escritor alavés también estaba bien informado en asuntos teóricos, como se puede observar en un extenso manuscrito que ha quedado inédito en la Biblioteca Nacional que lleva por título Apuntes autógrafos para la historia de la poesía (ms. 17.905).

Tuvo también un particular entusiasmo por el arte, y en 1794 fue nombrado académico de honor de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Redactó con excelente documentación los cuatro tomos de la Noticia de los arquitectos y arquitectura de España desde su restauración, primer trabajo de síntesis sobre la literatura artística en el que muestra su interés por la recuperación de la estética clasicista, obra que fue editada póstuma con añadidos por Juan Agustín Ceán Bermúdez.

Hay que recordar también su colaboración en el acarreo de datos y corrección de la edición hecha por Azara, embajador en Roma, del titulado Libro de Mengs.

No cabe duda de que Eugenio de Llaguno y Amírola fue un destacado político del reinado de Carlos III y un hombre de letras que se interesó por saberes varios con gran erudición y entrega.

 

Obras de ~: J. Racine, Atalía, trad. de ~, Madrid, G. Ramírez, 1754; J. Ballexserd, Crianza física de los niños desde su nacimiento hasta la pubertad, trad. de Patricio de España (seud.), Madrid, D. Gabriel Ramírez, 1769; P. López de Ayala, Crónicas de los Reyes de Castilla don Pedro, D. Enrique II, D. Juan I, D. Enrique III, corr. y notas de ~, Madrid, A. Sancha, 1779- 1780, 2 vols.; J. Rodríguez de Cuenca, Sumario de los Reyes de España por el Despensero Mayor de la Reina doña Leonor, ed. de ~, Madrid, A. Sancha, 1781; G. Díez de Games, Crónica de D. Pedro Niño, conde de Buelna, ed. de ~, Madrid, A. Sancha, 1782; R. González de Clavijo, Historia del Gran Tamorlán, e itinerario y enarración del viage y relación de la embajada que Ruy González de Clavijo le hizo por mandato del muy poderoso señor don Enrique el III de Castilla, ed. de ~, Madrid, A. Sancha, 1782; F. Manuel de Melo, Historia de los movimientos, separación y guerra de Cataluña en tiempo de Felipe IV, ed. con biogr. de ~, Madrid, Sancha, 1808; Noticia de los arquitectos y arquitectura de España desde su restauración, por ~, ilustrada y acrecentada, con notas, adiciones y documentos de J. A. Ceán Bermúdez, Madrid, Imprenta Real, 1829, 4 vols. (reed., Madrid, Turner, 1977).

 

Bibl.: R. de Apráiz, “El ilustre alavés D. Eugenio de Llaguno y Amírola. Su vida, su obra, sus relaciones con la Real Academia de la Historia y con la Real Sociedad Vascongada de los Amigos del País”, en Boletín de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País (BRSVAP), IV (1948), págs. 53- 95; J. I. Tellechea Idígoras, “Azara y la edición de las obras de A. R. Mengs. Interpolaciones de Llaguno y Amírola”, en Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 35 (1972), págs. 45-68; E. Palacios Fernández, “Llaguno y Amírola, o la Ilustración como labor de estado”, en BRSVAP, XL (1984), págs. 203-224; “Eugenio de Llaguno y Amírola: Apuntes para la historia de la poesía”, en Cuadernos de Cultura, 7 (1984), págs. 113-124; A. Angulo Morales, Eugenio de Llaguno y Amírola (1724-1799), una figura emblemática en la difusión y patrocinio de lo vasco y la cultura ilustrada, Vitoria, Diputación Foral, 1994; J. Clisson Aldama, Aniversario de dos ilustrados: Eugenio de Llaguno y Amírola y Juan Agustín Ceán-Bermúdez, Vitoria, Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, 2000.

 

Emilio Palacios Fernández