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Arsenio Linares Pombo

Biografía

Linares Pombo, Arsenio. Valencia, 22.X.1848 – Madrid, 7.VIII.1914. Teniente general del Ejército, ministro de la Guerra, consejero de Estado, senador vitalicio.

Hijo del brigadier Carlos Linares Nieto y de Clotilde Pombo Bargés. Cuando cumplió seis años, el padre, entonces comandante de Infantería, le reservó plaza en el Colegio de Infantería de Toledo. Sin embargo, ocho años después aprobó el examen de ingreso en el Colegio de Artillería de Segovia, al que se incorporó el 12 de enero de 1863 y en el que causó baja por bajo rendimiento escolar el 8 de septiembre de 1864. Seguidamente, el general subsecretario de la Guerra, Joaquín Jovellar Soler, a instancias del padre, destinado a sus órdenes, le concedió el empleo de subteniente en el batallón de Cazadores Baza n.º 12, de guarnición en Sevilla, donde ya estaba colocado su hermano Augusto.

Sucesivos traslados de su unidad le llevaron a Granada, Aranjuez, Barcelona y Madrid, donde se sumó a la revolución de septiembre de 1868, circunstancia que le valió el grado de teniente. Trasladado su batallón a Pamplona, ambos hermanos solicitaron regresar a Madrid, al batallón de Cazadores Barcelona n.º 3, con el que, en julio de 1869, salió a combatir las facciones carlistas alzadas en La Mancha, siendo recompensado con el empleo de teniente. Al verano siguiente, marchó a Vizcaya con el mismo objeto, obteniendo el grado de capitán, y en octubre de 1871 fue nombrado ayudante de campo del brigadier Victoriano de Ameller, subsecretario de la Guerra.

En diciembre del mismo año solicitó el pase al ejército de Cuba, inmersa en la lucha por la independencia desde octubre de 1868, donde fue destinado al batallón de Cazadores Talavera n.º 5, con el que se incorporó a la campaña contra los insurrectos en la jurisdicción de Puerto Príncipe, operaciones por las que obtuvo el empleo de capitán el 10 de noviembre de 1872.

En mayo de 1873, aquejado de paludismo, hubo de regresar a Madrid, siendo destinado a la 2.ª Sección del Ministerio de la Guerra. En septiembre, el general Jovellar, recién nombrado capitán general de Cuba, le reclamó como ayudante de campo, permaneciendo en La Habana hasta que, al cesar Jovellar en abril de 1874, volvió a Madrid. Su tío, el brigadier Enrique Bargés Pombo, jefe de la Brigada de Vanguardia del II Cuerpo del Ejército del Norte, le colocó en el batallón de Cazadores Puerto Rico n.º 19, integrado en aquélla, con el que se incorporó a la Guerra Carlista e intervino en la batalla de Monte Muro, acción que le valió el grado de comandante.

En octubre, Jovellar se hizo cargo del ejército del Norte, le nombró su ayudante de campo, y le concedió una Cruz roja del Mérito Militar por la toma de La Guardia, y el empleo de comandante por las de Camarillas y Tomargal.

En enero de 1875, tras la restauración de Alfonso XII, regresó a Madrid con Jovellar, a quien Cánovas había nombrado ministro de la Guerra, y de nuevo a Navarra, cuando el Rey se puso al frente del ejército del Norte, siendo recompensado con el grado de teniente coronel por la batalla de Monte Esquinza y el levantamiento del sitio de Pamplona.

El incidente de Lácar, que estuvo a punto de costarle la vida al Monarca, provocó su vuelta a la capital, donde siguió como ayudante del ministro hasta que, en junio, éste se puso al frente del ejército del Centro en Valencia, donde obtuvo el grado de coronel por su participación en la acción de Monlleó y otra Cruz roja del Mérito Militar por la de Seo de Urgel.

En diciembre, Jovellar volvió a ser nombrado capitán general de Cuba, lo que le llevó a cruzar de nuevo el Atlántico. Durante los primeros meses de 1876, realizó numerosas gestiones reservadas para desactivar la insurrección, y en septiembre solicitó tomar parte activa en la campaña. Sin perder la condición de ayudante del capitán general, se incorporó al batallón de Cazadores de Sagua, con el que intervino en diversas operaciones realizadas en la jurisdicción de Sancti Spiritus, por las que Martínez Campos, en su condición de jefe del ejército de Operaciones, le ascendió a teniente coronel el 23 de marzo de 1877.

Puesto al mando del batallón de Cazadores de Pizarro, se trasladó a la provincia de Las Villas y fue nombrado jefe de la media brigada que operaba en la jurisdicción de Remedios. En marzo de 1878, tras serle concedida otra Cruz roja del Mérito Militar, embarcó con su unidad hacia Gíbara y comenzó a operar en la zona de Holguín. En junio, Jovellar cesó como capitán general y ambos regresaron a la Península. El 23 de julio, recién llegado a Madrid, ascendió a coronel por su actuación en el encuentro de Arroyo Gato y se le dio el mando del Regimiento de Infantería San Fernando n.º 11, en Lérida.

En diciembre, tras contraer matrimonio en Madrid con la hija de Jovellar, María Rosa Jovellar Cardona, su unidad fue trasladada a Cartagena, dos años después a Valencia y en 1882 a Alicante. En febrero de 1883, su suegro fue nombrado capitán general de Filipinas, llevándoselo consigo a Manila, donde le confió el mando del 1.er Tercio de la Guardia Civil, puesto que desempeñó hasta que, en abril de 1885, cesado Jovellar, regresó a Madrid y se volvió a hacer cargo del San Fernando, estacionado entonces en Aranjuez y, desde junio de 1887, en Leganés.

El 21 de marzo de 1889, a la edad de cuarenta años, ascendió a general de brigada. Destinado a la Sección de Reclutamiento del Ministerio de la Guerra, el ministro Marcelo Azcárraga le encargó redactar un proyecto de ley y de Reclutamiento y Reemplazo del Ejército, que recogiera las propuestas de Cassola para abolir la sustitución y la redención, proyecto que fue retirado del Parlamento cuando López Domínguez se hizo cargo de la cartera de Guerra en diciembre de 1892. En junio anterior, Azcárraga le había dado el mando de la II Brigada Orgánica de Infantería, estacionada en Leganés, con la que marchó a Melilla con ocasión de los incidentes de octubre de 1893, que costaron la vida al general Margallo y dieron lugar a la fugaz campaña que permitió ocupar la franja fronteriza obtenida en la Paz de Tetuán de 1860.

Tras la disolución del ejército de África, retomó el mando de la brigada de Leganés hasta que, al iniciarse la Guerra de Cuba en 1895, Martínez Campos le reclamó y le nombró jefe de la brigada de San Luis, en las inmediaciones de Santiago de Cuba. Diversos encuentros mantenidos con las partidas de José Maceo en las estribaciones de Sierra Maestra fueron recompensados con la Gran Cruz roja pensionada del Mérito Militar.

En enero de 1896, amenazada La Habana por el llamado Ejército de Invasión comandado por Antonio Maceo y Máximo Gómez, embarcó hacia la capital al frente de una columna de novecientos hombres, con la que emprendió operaciones contra las partidas que asolaban el oeste de la isla. La hazaña de recluir a Antonio Maceo en la provincia de Pinar del Río suscitó que Weyler le propusiera para el ascenso a general de división, concedido el 23 de marzo.

A instancias de su tío, el teniente general Bargés, jefe del cuerpo de ejército con cabecera en Santiago de Cuba, Weyler le dio el mando de su 1.ª División del mismo, con la que reemprendió las operaciones contra José Maceo en Sierra Maestra y Baracoa. En junio, disuelto el citado cuerpo de ejército, se hizo cargo de la División de Cuba y de la Comandancia General de Santiago, desde la que dirigió las acciones que costaron la vida a José Maceo en la Loma del Gato.

Durante el invierno de 1897, logró fortificar los pasos de la sierra, al objeto de mantener lejos de la población a las partidas de Calixto García, lo que le valió una segunda Gran Cruz roja pensionada del Mérito Militar; en la primavera dirigió una operación anfibia en las inmediaciones de Baracoa, recompensada con la Gran Cruz roja del Mérito Naval, y a lo largo del segundo semestre, sostuvo continuos encuentros con el enemigo, que le fueron reconocidos con la concesión de la Gran Cruz de María Cristina, antecedente de la Medalla Militar.

En marzo de 1898, ante la inminente declaración de guerra por parte de Estados Unidos, el capitán general Ramón Blanco Erenas le nombró jefe de Estado Mayor del Cuerpo de Ejército Oriental del Sur, nombramiento que consideró lesivo y que le movió a solicitar el regreso a la Península, alegando estar afectado de paludismo. Ante la difícil coyuntura y al objeto de disuadirle, Blanco propuso su ascenso a teniente general, que fue aprobado el 4 de mayo. A las dos semanas, la flota estadounidense bloqueó la bahía de Santiago, donde acababa de fondear la escuadra del almirante Cervera, y comenzó a bombardear los fuertes que protegían la bocana.

El 29 de mayo, el mismo día en que la mitad del ejército estadounidense se disponía a embarcar en Tampa, Linares porfiaba porque se le diera un destino adecuado a su nuevo empleo y Blanco se limitaba a confirmarle en el mando de la División de Cuba. Sin embargo, un mes más tarde, ante la gravedad de la situación, decidió segregar en dos el Cuerpo de Ejército Oriental y poner a Linares al frente de uno de ellos, el número IV, integrado por las Divisiones de Cuba y Manzanillo.

El 21 de junio, el general Shafter, al frente de 16.887 oficiales y soldados del V Cuerpo de Ejército, comenzó a desembarcar trabajosamente en la playa de Daiquirí, al este de Santiago, operación culminada con éxito al día siguiente en Siboney, gracias a la decisión de Linares de replegar las guarniciones costeras y abandonar las ventajosas posiciones que impedían penetrar hacia el interior. Un segundo error de Linares —concentrar en Santiago las tropas de la llamada zona minera— permitió que Shafter estableciera su campamento al oeste de Sevilla, a menos de diez kilómetros de la ciudad.

Blanco, con suaves maneras decimonónicas, criticó la operación, y Linares solicitó ser relevado. Sustituirle en aquellas circunstancias era imposible, por lo que le autorizó a obrar como creyera más conveniente, procediendo a distribuir sus escuetos efectivos alrededor de la ciudad. Una semana después, al amanecer del 1 de julio, cinco mil soldados estadounidenses, apoyados por cuatro piezas de artillería, atacaron la aldea de El Caney, posición avanzada defendida por cuatrocientos hombres mandados por el general Vara de Rey. Al escuchar el cañoneo, Linares estableció su puesto de mando en la posición de Canosa, setecientos metros a retaguardia de la de las Lomas de San Juan, que procedió a reforzar, y unos pasos por delante de la tapia que circundaba la ciudad de Santiago.

La enconada resistencia de El Caney pospuso hasta el mediodía el asalto por otros ocho mil soldados de la posición de San Juan, a menos de un kilómetro del linde urbano y defendida por menos de quinientos españoles. Tras dos horas de resistencia, cayó San Juan y una hora después lo hacía El Caney. Casi a la vez, Linares, que se había mantenido toda la mañana en Canosa, fue herido de bala en el antebrazo izquierdo, entregó el mando al general José Toral, gobernador militar de Santiago, y fue evacuado a su residencia.

Por la tarde, los atacantes no lograron avanzar, ni tampoco al día siguiente, pero sí consiguieron apoderarse del embalse que abastecía de aguas a la ciudad, situado cinco kilómetros al norte. En la madrugada del día 3, la flota española, bloqueada desde hacía mes y medio, se hizo a la mar y fue hundida. El mismo día, Shafter, al tiempo que solicitaba permiso de Washington para replegarse, conminó a Toral a rendirse, amenazándole con bombardear la ciudad con una artillería de la que carecía. Éste, desconocedor de dicha circunstancia, pero sin posibilidades de ser auxiliado, carente de agua y con víveres para diez días, aceptó el envite, suspendió las hostilidades y negoció la capitulación, incluyendo en la misma todas las tropas del IV Cuerpo de Ejército. Sin más enfrentamientos, España dio por perdida la guerra y se vio abocada a firmar un leonino tratado de paz.

El día 12, Blanco ordenó a Toral iniciar el preceptivo juicio contradictorio para la concesión de la Cruz laureada de San Fernando a Linares, y el 20 el gobierno le concedió una segunda Gran Cruz de María Cristina por la defensa de Santiago. El 23 de agosto embarcó hacia la Península, pasando a la situación de cuartel en Madrid, donde se reinició el juicio contradictorio por estimarse nulas las actuaciones incoadas en la plaza capitulada.

En octubre de 1899, al volver los conservadores al poder, con Azcárraga en el Ministerio de la Guerra, fue nombrado capitán general de Aragón. Al cesar aquél el 18 de octubre de 1900, Francisco Silvela le confió la cartera, en la que fue confirmado por el mismo Azcárraga cuando a los cinco días relevó al anterior.

En noviembre, la Regente le nombró senador vitalicio, y el 6 de marzo de 1901 cesó en el Ministerio, al formar Sagasta su último gobierno.

En julio, unos días antes de fallecer su esposa, los fiscales del Consejo Supremo de Guerra y Marina desestimaron la concesión de la laureada, al no observar conducta heroica en su comportamiento en Santiago, y propusieron que se le concediera la Cruz sencilla de San Fernando, dictamen que fue respaldado por el pleno en el mes de octubre.

El 27 de junio de 1902, Weyler, ministro de la Guerra de Sagasta, le nombró capitán general del Norte, con sede en Burgos, y el 16 de diciembre, al volver Silvela al poder, pasó por segunda vez al Ministerio de la Guerra, cargo que desempeñó durante siete meses hasta que, el 20 de julio de 1903, Raimundo Fernández Villaverde sustituyó a Silvela en la Presidencia del Consejo de Ministros.

El 23 de noviembre, éste le confió la Dirección General de la Guardia Civil, pero a los quince días Antonio Maura le nombró ministro de la Guerra por tercera vez, siendo lo más relevante de este mandato la creación del Estado Mayor Central. Cesado por Azcárraga al dimitir Maura en diciembre de 1904, quedó sin destino hasta que, en marzo de 1906, Agustín Luque, ministro de la Guerra del Gobierno liberal de Segismundo Moret, le puso al frente de la Capitanía General de Cataluña, cuya guarnición acababa de protagonizar el asalto al Cu-Cut, episodio que provocó la aprobación de la Ley de Jurisdicciones. Los gobiernos que se sucedieron en el poder durante el siguiente trienio le mantuvieron en aquel destino, que compatibilizó con la presidencia de la junta que perfiló la organización del Estado Mayor Central, labor recompensada con la Gran Cruz de Carlos III.

El 1 de marzo de 1909, al disentir el ministro Fernando Primo de Rivera de la política presupuestaria de Maura, éste recurrió a Linares por cuarta y última vez para desempeñar la cartera de Guerra, donde en junio incurrió en el error de completar con reservistas las unidades enviadas a sofocar la rebelión de las cabilas cercanas a Melilla. A finales de julio, su embarque en Barcelona provocó la llamada Semana Trágica, y su masacre en el Barranco del Lobo, la caída del Gobierno de Maura al reiniciarse las sesiones parlamentarias en el mes de octubre, circunstancia que puso término al turno pacífico de partidos característico de la Restauración.

En octubre de 1912, tras permanecer tres años alejado de la vida pública, fue nombrado presidente del Consejo Supremo de Guerra y Marina. Al año, el 26 de noviembre de 1913, contrajo matrimonio en segundas nupcias con Elisa Pozuzama López, falleciendo repentinamente con sesenta y cinco años, por las mismas fechas en que se iniciaba la Primera Guerra Mundial.

 

Obras de ~: Instrucciones para el régimen y despacho de los asuntos en la Secretaría del Consejo Supremo de Guerra y Marina, Madrid, Depósito de la Guerra, 1918.

 

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Fernando Puell de la Villa