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Ramón Castroviejo Briones

Biografía

Castroviejo Briones, Ramón. Logroño (La Rioja), 24.VIII.1904 – Madrid, 1.I.1987. Médico oftalmólogo (introductor de los trasplantes corneales).

Fue el hijo primogénito de un reconocido oftalmólogo de La Rioja. Hizo el bachillerato en el colegio de los Hermanos Maristas, de Logroño. Durante su pubertad observó y ayudó en algunas operaciones quirúrgicas de su padre, y desde entonces nunca concibió otra cosa que seguir su profesión. Estudió la carrera de medicina en la Universidad Central de Madrid, entre 1920 y 1927. Durante sus años de estudiante fue un gran aficionado a los deportes —ciclismo, natación, balompié— descollando en lanzamiento de jabalina, llegando a ser en 1927 subcampeón de España y campeón universitario.

Al término de la carrera, permaneció en Madrid para especializarse en oftalmología, asistiendo al Hospital de San Carlos (con el doctor Márquez), Hospital de la Cruz Roja (con el doctor Poyales) y Hospital de San Carlos (con el doctor Leoz Ortín, que hacía estudios histológicos de córneas de conejo trasplantadas en el laboratorio de Ramón y Cajal). Allí inició su interés por los trasplantes corneales. ¿Qué se sabía entonces sobre ellos? En el siglo xix se pensó en la posibilidad de hacer trasplantes de córnea en casos de córneas opacas por infecciones, traumatismos o pénfigos, y en 1888 von Hippel, en Giessen, publicó trasplantes con córneas de conejo o de cerdo al humano, que incluían sólo las capas anterior y media de la córnea, pero que sistemáticamente se opacificaban en el postoperatorio. El primer trasplante perforante con un éxito relativo lo publicó Zirm en Viena en 1906.

En el primer tercio del siglo xx se trató de mejorar la técnica por Filatov en Odesa, y Elschnig en Praga, haciendo trasplantes corneales de espesor total, que no se suturaban, sino que se trataba de evitar su extrusión pasando sobre ellos un hilo sujeto a la conjuntiva.

Elschnig hizo a lo largo de su vida unos ciento ochenta trasplantes en animales y humanos, y en su última técnica tenía un 80 por ciento de opacificaciones, y un 20 por ciento de mejora de la transparencia corneal.

En 1929 Castroviejo se trasladó con una beca al Ear, Nose and Throat Hospital and College de Chicago.

Allí, comenzó a hacer queratotrasplantes experimentales en animales, lo que resultó muy novedoso, pues en aquel tiempo, el trasplante corneal era algo desconocido fuera de Europa. En 1930 se presentó y supeeró el American Board Exam. Ese mismo año volvió a Europa para recorrer hospitales donde había alguna experiencia clínica en queratotrasplantes, pasando por Madrid, París, Viena, Berlín y Praga.

Cuando volvió a Estados Unidos, obtuvo una beca en la Clínica Mayo, de Rochester. Allí reunió toda la literatura existente, y operó cientos de conejos y algunos perros, reproduciendo todas las técnicas existentes y haciendo variantes en cuanto a profundidad (lamelares, con preservación de Descemet, grosor total, lamelo-penetrantes en escalón), diámetro (de tres milímetros a córnea total, o con conjuntiva y esclera añadidas), forma (circular, triangular, cuadrada, rectangular, trapezoidal, estrellada), bordes (perpendiculares, escalonados, biselados), sujeción (libres sobrecubiertos por suturas conjuntiva-conjuntiva o córnea-córnea receptoras, libres cubiertos por conjuntiva deslizada o invertida)... Sus mejores resultados los obtuvo con trasplantes corneales perforantes cuadrados de cuatro milímetros de lado o rectangulares, iniciados con un bisturí de doble hoja de su creación, completados a bisel con tijera, y sujetos con dos colgajos conjuntivales deslizados y suturados entre síen el centro de la córnea, o con sutura directa de córnea a córnea. Sus primeros resultados los publicó en el American Journal of Ophthalmology de 1932 y la curiosidad que despertaron hizo que el mismo año se le diera una beca de investigación en el Eye Institute del College of Physicians and Surgeons de la Universidad de Columbia, en Nueva York. Allí, en el Eye Institute del Columbia Presbyterian Medical Center, Castroviejo continuó investigando en animales y comenzó a aplicar sus experiencias en pacientes. En 1933 viajó a Europa para presentar sus observaciones en el XIV Concilium Ophthalmologicum Universale, provocando gran sorpresa que desde América, hasta entonces ajena al problema de los trasplantes, un joven de veintinueve años marcaba el rumbo a seguir con criterios objetivos basados en la evidencia.

Entre 1936 y 1939 se desarrolló la guerra civil española y entre 1939 y 1945 la segunda guerra mundial.

Y esta época, que fue relativamente estéril para la producción científica de Occidente, fue, sin embargo, muy fértil para Castroviejo, que desarrolló en Nueva York una gran actividad en investigación básica en histopatología y biomicroscopía, y en investigación aplicada en cirugía ocular de catarata, glaucoma y sobre todo de trasplante corneal. Durante este tiempo Castroviejo, combinando la conservación de córneas, la antisepsia (aún no había antibióticos), el respeto al endotelio, el corte corneal penetrante biselado, la forma cuadrangular hecha con su cuchillete de dos hojas o la forma circular hecha con su trépano de fijación por succión a la superficie ocular, y la fijación del queratotrasplantes por colgajos conjuntivales deslizados obtenía en sus queratoplastias un 50 por ciento de transparencias. En 1934 hizo la primera película sobre un trasplante corneal, y en 1937 publicó el primer trasplante en queratocono. En 1941, publicó los resultados de su experiencia en queratotrasplantes obtenida en casi cuatrocientos animales y más de doscientos pacientes, cantidad insólita en aquellos tiempos, y que llevó el trasplante corneal de ser un tema anecdótico y ocasional de la oftalmología, a transformarse en un tema crucial.

En la década de los cuarenta siguió mejorando la técnica y los resultados. La primera sutura directa borde de injerto y receptor había sido hecha experimentalmente por Eveling en 1921, usando agujas rectas n.º 16 y seda. En los años cuarenta comenzó a extenderse lentamente en pacientes humanos (Arruga 1945, Castroviejo 1948, Barraquer 1948). No existían suturas atraumáticas y el hilo de gálibo de 5 a 8 ceros, debía enhebrarse en agujas con “ojo”, siendo, por tanto, el hilo doble en su primera porción, y su paso muy traumatizante. Los resultados mejoraron y nueva York se transformó en la Meca de los pacientes necesitados de trasplante corneal. En 1945 el Estado de Nueva York aprobó el primer Banco de ojos del mundo para obtención, conservación y suministro de córneas humanas, que ya fue operacional hacia 1950.

En 1946, se casó con una distinguida joven norteamericana, Cynthia Warren Smith, con quien tuvo dos hijos, Alix y Christopher, a los que adoró, y con los que convivió todo el tiempo que le permitía su intensa vida profesional.

En 1948, Castroviejo abrió un hospital privado de ojos en el barrio neoyorkino de Manhattan, en el número 9 de la calle East 91, que atendía toda clase de cirugía ocular, y que pronto se transformó en el centro de referencia mundial para queratoplastias.

La incredulidad en la eficacia de esta cirugía quedó definitivamente borrada cuando en el congreso de la American Academy of Ophthalmology celebrado en Chicago en 1950 Castroviejo llevó al congreso a cerca de cincuenta de sus pacientes trasplantados, los cuales pudieron ser revisados directamente por los asistentes.

Durante las dos décadas siguientes Castroviejo pasó a ser el más conocido oftalmólogo estadounidense.

Fue nombrado profesor de Oftalmología de la Post- Graduate School of Medicine de la New York University (1952-1963), director del Departamento de Oftalmología del Saint Vincent Hospital, Nueva York (1952-1969), y consultor y cirujano de diversas instituciones neoyorkinas como el Bellevue Hospital, St. Clair and Lincoln Hospital, Manhattan Eye, Ear and Throat Hospital, Mount Sinai Hospital, Flower and Fifth Avenue Hospital, etc. Continuamente invitado a exponer sus técnicas y conocimientos quirúrgicos por todo el mundo, tenía un trabajo agobiador a su retorno a Nueva York, donde alternaba una gran actividad clínica y quirúrgica en su Hospital privado, con un intenso trabajo de investigación y publicación, y la atención de los numerosos oftalmólogos visitantes que le llegaban de todo el mundo, entre los que cabe destacar los más de cien becarios españoles que sucesivamente asistieron a su Hospital durante varios meses Al principio de los años setenta Castroviejo comenzó a tener algunos problemas de salud, afectando al corazón y a las articulaciones coxo-femorales, loque requirió implantarle dos prótesis de cadera... y empezó a pensar en regresar a España, a la que comenzó a viajar más frecuentemente, alternando estos viajes con su práctica médico-quirúrgica en Nueva York. En 1972 fundó en Madrid el Instituto Ramón Castroviejo, adscrito a la Universidad Complutense de Madrid, que comenzó a funcionar varios años más tarde, y donde hoy se conservan su biblioteca médica, sus fotografías, diapositivas y películas cinematográficas científicas. En 1973 cerró su Hospital privado en Nueva York, y en 1974, a la edad de setenta años, se jubiló de su puesto de profesor clínico de la Universidad de Nueva York. En 1975, fundó y organizó en Madrid el Banco Español de Ojos, adscrito a la Universidad Autónoma de Madrid.

En 1976 se trasladó definitivamente a Madrid, donde continuó de forma gratuita su actividad médica en el Instituto Ramón Castroviejo, y su actividad quirúrgica en la clínica La Paloma.

Castroviejo falleció en Madrid el 1 de enero de 1987 a la edad de ochenta y dos años, a causa de un cáncer de laringe. Había expresado su deseo de donar sus ojos cuando falleciese, y el 2 de enero su córnea fue trasplantada en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid a un paciente, que recuperó así la visión.

El 3 de enero recibió sepultura en el cementerio de Logroño.

Como resultado de su incesante actividad y creatividad, Castroviejo recibió muchos honores y reconocimientos a lo largo de su vida. Así, fue nombrado miembro honorario de las Sociedades Oftalmológicas nacionales de Alemania, Argentina, Australia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Cuba, Egipto, España, Filipinas, Grecia, India, Israel, México, Panamá, Perú, Reino Unido, Santo Domingo, Sudáfrica... y doctor honoris causa de las universidades de San Juan de Puerto Rico, San Marcos de Lima (1940), Santo Domingo (1945), Salamanca (1965), Granada (1966), Santa Maria de Rio Grande do Sul (1969), Santo Tomás de Manila (1972), East University de Manila (1972), Autónoma de Madrid (1974) y Complutense de Madrid (1980). En 1984, cuando cumplió ochenta años, recibió el Senior Honor Award de la Universidad de Nueva York.

En 1975, numerosos oftalmólogos estadounidenses deuteroespecializados en córnea crearon la Castroviejo Cornea Society, que varios decenios después se mantiene como la más importante del mundo en patología corneal. En España, la Sociedad Española de Oftalmología creó en 1987 el Premio Castroviejo, anual, para el oftalmólogo de más de cuarenta años que más haya contribuido a la investigación, clínica y cirugía ocular, el cual es el máximo reconocimiento oftalmológico de esta Sociedad. La contribución de Castroviejo a la cirugía ocular ha sido tan importante que en el congreso anual del 2000 de la American Society of Cataract and Refractive Surgery (ASCRS) fue eligido como uno de los diez oftalmólogos de todo el mundo que más han contribuido al desarrollo de la Oftalmología en el siglo xx. En cuanto a España, Castroviejo completa el ABC de los tres oftalmólogos españoles más influyentes del siglo xx (Arruga, Barraquer, Castroviejo).

A lo largo de sus aproximadamente cincuenta y cinco años de vida profesional activa Castroviejo hizo unas doscientas mil consultas médicas y cuarenta mil intervenciones quirúrgicas, de las cuales últimas unas tres mil fueron queratoplastias. Aproximadamente el 15 por ciento de estas queratoplastias las hizo en animales, especialmente en conejos. Publicó doscientos cuarenta y siete artículos oftalmológicos, entre ellos, su famoso libro Atlas de Queratectomías y Queratoplastias, escrito en español y traducido al inglés, al francés y al alemán.

El trasplante corneal fue el mayor campo de atención de Castroviejo, contribuyendo con sus aportaciones a su evolución desde su estado incipiente en el primer tercio del siglo xx hasta su estado en el último tercio del siglo. En los años veinte se calcula que el número total de queratotrasplantes que se hacían eran de diez anuales. En los años treinta fue de unos cien anuales y en los años cincuenta, de unos mil anuales.

Al principio del siglo xxi, el número es de cien mil anuales (treinta y cinco mil en Estados Unidos, quince mil en Europa, quince mil en India, y treinta y cinco mil en el resto del mundo). De estos queratotrasplantes, sesenta mil se hacen en queratoconos, indicación ésta introducida y difundida por Castroviejo, y que hoy constituye el 60 por ciento de todos los queratotrasplantes.

Pero aunque Castroviejo dedicó su mayor atención al trasplante corneal, fue también un innovador en muchos otros campos de la oftalmología. En odo-dacriología aportó un trépano a motor para las osteotomías de la dacriocistorrinostomía. En xero-dacriología ensayó y modificó las queratoprótesis de Cardona, inventó un queratomo para tomar lamelas superficiales de córnea y de mucosa, que muchos años después sirvió además para la técnica LASIK para operar defectos refractivos. Ideó un pequeño aparato con estroncio radioactivo Sr90 para aplicar radioterapia a dosis de 1000-3000 rads sobre los pterygiones operados, obteniendo su curación casi en el 100 por ciento de los casos. En cirugía de la catarata aportó un método de extracción del cristalino por succión, y un crioextractor.

En desprendimientos de retina introdujo el acortamiento del ojo por pliegue hacia fuera de la esclera mantenido con clips de titanio. En glaucoma hizo numerosas aportaciones histopatológicas, y contribuyó con diversas variantes quirúrgicas personales.

Una de las facetas más prácticas de Castroviejo fue su ingenio instrumental, por lo que ha sido comparado con Talos —inventor según la mitología griega del compás, la sierra, el torno de alfarería y otros muchos instrumentos— pues a lo largo de su vida profesional diseñó unos doscientos prototipos de instrumentos.

Destacan los blefarostatos mosquito de tornillo, marcadores corneales, marcadores para suturas, disectores corneales, espátulas corneales, espátula de ciclodiálisis, calibradores, cuchilletes corneales de doble hoja, trépanos corneales para corte circunferencial biselado, trépanos corneales para corte cilíndrico de penetración graduable, pinzas de sutura, pinzas de sujeción corneal, pinzas de sujeción de injerto corneal, portaagujas varios, tijeras corneales de queratoplastia, tijeras limbales para catarata, lazos de enucleación, dilatadores de canalículo lacrimal, erisífaco, crioextractor de cristalino, clips de acortamiento escleral, aguja de aspiración vítrea, compresor y aspirador orbitario, electromicrotomo, sacabocados corneoescleral, sinequiotomos... Su método de fijar el electroqueratomo a la superficie ocular mediante un anillo o un trípode de succión fue predecesor de las modificaciones treinta años después para la cirugía LASIK para miopía y para los trépanos de Hessburg-Barron para queratotrasplantes. El microscopio quirúrgico fue una innovación que se introdujo en los quirófanos oftalmológicos al principio de los años sesenta, al que innovó el poder desplazarlo sobre el campo quirúrgico movido con su cabeza. Tan importante fue su creatividad instrumental que, en los catálogos de instrumentos quirúrgicos oftalmológicos del decenio de su fallecimiento, el utillaje basado en las ideas de Castroviejo y denominado con su epónimo superaba en más del doble al de cualquier otro cirujano.

Aparte de sus aportaciones oftalmológicas, cabe destacar otras facetas de su personalidad humana. Era estricto y severo en el quirófano, y por el contrario sumamente alegre, cómodo y coloquial en la vida personal.

Tenía una especial sensibilidad para las artes plásticas y visuales. Se paraba a observar paisajes, arquitecturas, esculturas, personas y animales, y tal vez en relación con esto, la fotografía fue una de sus grandes aficiones, no sólo en el ámbito científico, sino en la toma de escenas de animales, personas jugando o descansando capturados en momentos y ángulos de estética peculiar... Esto le hizo tener una colección de miles de fotografías, así como un museo personal de cámaras fotográficas y aparatos ópticos. Otra característica de su personalidad fue su interés por los animales. Disfrutaba viéndolos y tratándolos. Siempre convivió con perros en su casa a los que trataba con gran cariño; tuvo especialmente perros de lana (poodles); su último perro fue un Yorkshire terrier llamado “Ratita”.

Obras de ~: “Histología y patología de la zónula. Su significación clínica en la operación de la catarata”, en Medicina Ibera, 654 (1930), págs. 693-697; “Contribution to the importance of biomicroscopy in ophthalmologic diagnosis”, en Archives of Physical Therapy, X-Ray, Radium, 11 (1930), págs. 1-5; “The pathology of chronic simple glaucoma”, en Archives of Ophthalmology (AO), 5 (1931), págs. 189-208; “Preliminary report of a new method of corneal transplantation”, en Proceedings of the Staff Meetings of the Mayo Clinic, 6 (1931), págs. 417-418; “Modifications of differential stains with special reference to the trichromic stain of Cajal”, en American Journal of Clinical Pathology, 2 (1932), págs. 135- 140; “Theoretical and practical study of the intracapsular cataract extraction”, en American Journal of Ophthalmology (AJO), 15 (1932), págs. 406-416; “New method of corneal transplantation. Final report”, en Proceedings of the Staff Meetings of the Mayo Clinic, 6 (1932), pág. 669; “Keratoplasty. An historical and experimental study, including a new method”. Part I, en AJO, 15 (1932), págs. 825-837; “Keratoplasty. An historical and experimental study, including a new method”, Part II, en AJO, 15 (1932), págs. 905-916; “A new knife for ophthalmic surgery”, en AJO, 16 (1933), págs. 336-367; “Transplantation of the cornea with presentation of a case and a moving picture of the operative technique”, en AO, 12 (1934), págs. 287-288; “Keratoplasty. III. Report of seven cases”, en AJO, 17 (1934), págs. 932-943; “Queratoplastia: Estudio clínico de catorce casos. La córnea de feto como material de trasplante”, en Archivos de la Sociedad de Oftalmología Hispano-Americana, 35 (1935), págs. 404-434; “Goniophotography”, en AJO, 18 (1935), págs. 524-527; “Keratoplasty. Report of cases with special reference to complicated ones”, en Journal of the Medical Society of New Jersey, 32 (1935), págs. 80-81; “An illuminating device to be used as an attachment to the binocular corneal microscope for gonioscopy and goniophotography”, en AJO, 19 (1936), págs. 786-789; con M. Uribe Troncoso, “Microanatomy of the eye with the slitlamp microscope. I. Comparative anatomy of the angle of the anterior chamber in living and sectioned eyes of mammalian”, en AJO, 19 (1936), págs. 371-384; “Surgery of the cornea”, en International Abstract of Surgery, 65 (1937), págs. 489-505; “Keratoplasty – Microscopic study of the corneal grafts”, enTransactions of the American Ophthalmology Society, 35 (1937), págs. 355-385; “Results of corneal transplantation”, en AO, 19 (1938), págs. 834-835; “Present status of keratoplasty”, en Archives of Ophthalmology, 22 (1939), págs. 114-126; “Keratoplasty. Comments on the technique of corneal transplantation. Source and preservation of donor’s material. Reports of new instruments”, en AJO, 24 (1941), págs. 1-20 y 139- 155; “Dacriocistorinostomía en los casos que previamente se extirpó el saco lacrimal (DCR in cases previously treated with lacrimal sac excision)”, en América Clínica, 3 (1942), págs. 74- 79; “Resección del recto externo. Retro-inserción del recto interno. Miectomía del oblicuo inferior”, en América Clínica, 3 (1942), págs. 98-104; “Keratoplasty for the treatment of keratoconus”, en Transaction of the American Ophthalmology Society, 46 (1948), págs. 127-153;“Trephines for keratoplasty with micrometric regulation”, en Transactions of the American Academy of Ophthalmology & Otolaryngology (TAAOO), 54 (1950), págs. 373-374; “A new needle holder”, en TAAOO, 48 (1950), págs. 331-332; “New double-bladed knife for keratoplasty and other surgical procedures”, en TAAOO, 56 (1952), págs. 932-933; “Trephines for keratoplasty with micrometric regulation”, en TAAOO, 56 (1952), págs. 373-374; “Motorized instrument for dacryocystorhinostomy and cataract extraction by suction”, en TAAOO, 56 (1952), págs. 931-932; “La bêtathérapie dans la vascularisation cornéene”, en L’Année Thérapeutique et Clinique en Ophtalmologie, 4 (1953), págs. 289- 320; “Electro-keratotome for the dissection of lamellar grafts”, en AJO, 47 (1959), págs. 226-230; “Plastic and reconstructive surgery of the conjunctiva”, en Plastic and Reconstructive Surgery, 24 (1959), págs. 1-12; “Retinal detachment surgery: scleral shortehing by outfolding with titanium clips”, en TAAOO, 64 (1960), págs. 472-485; “Four spatulated dissectors for intralamellar surgery of the cornea”, en AJO, 56 (1963), págs. 999; “Cataract surgery: the handling of complications”, en AJO, 58 (1964), págs. 68-73; Atlas de queratectomías y queratoplastias, Barcelona, Salvat, 1964; “Comments on cataract surgery. Usual and unusual procedures including an evaluation of cryoextraction”, en AJO, 61 (1966), págs. 1063-1077; Atlas of Keratectomy and Keratoplasty, Philadelphia, W. B. Saunders Co., 1966; Keratektomie und Keratoplastik (trad. del al. y ed. por F. Holwich), Stuttgart, G. Thieme Verlag, 1968.

 

Bibl.: J. Murube, “D. Ramón Castroviejo”, en Revista Venezolana de Oftalmología, 45 (1987), págs. 5-6; F. Polack, “Ramon Castroviejo 1904-1987”, en M. J. Mannis et al.

(eds.), Corneal Transplantation: A History in Profiles, Ostende, Wayenborgh, 1999, págs. 205-226; J. Murube, “Dr. Ramón Castroviejo (1904-1987)”, en Archivos de la Sociedad Española de Oftalmología (ASEO), 74 (1999), págs. 285-286; F. J. Gutiérrez Carmona, “Al maestro, Prof. Ramón Castroviejo (1904-1987)”, en ASEO, 75 (2000), págs. 129-130; L. Fernández- Vega Diego, Dr. Ramón Castroviejo. Oftalmólogo y maestro de maestros, Oviedo, Clínica Fernández-Vega, 2001; J. P. Wayenborgh, International Biography and Bibliography of Ophthalmologists, Ostende, Ed Wayenborgh, 2001, págs 117-118; J. Murube, F. Muñoz Negrete y F. Gutiérrez Carmona, Ramón Castroviejo. Centenario (parte I), Madrid, Studium Ophthalmologicum, 2004; J. Murube, F. Muñoz Negrete y F. Gutiérrez Carmona, Ramón Castroviejo. Su herencia científica (parte II), Madrid, Studium Ophthalmologicum, 2004; J. Murube, “Ramon Castroviejo Centenary: A life dedicated to corneal transplantation”, en Survey of Ophthalmology, 50 (2005), págs. 215-225.

 

Juan Murube del Castillo