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Ignacio María Castillo Gil de la Torre

Biografía

Castillo Gil de la Torre, Ignacio María. Conde de Bilbao (I). Jalapa (México), 9.II.1817 – Madrid, 8.I.1893. Militar, general, ministro.

Su padre, Joaquín Castillo Bustamante, natural del valle de Carriedo (Cantabria), era brigadier de los Reales Ejércitos y comandante militar y político de Jalapa. Estaba casado con Manuela Gil de la Torre, natural de Veracruz. Ignacio María Castillo se casó el 29 de agosto de 1853 con María de la Torre y Ortiz, hija de su primo hermano Francisco Gil de la Torre y de Estefanía Ortiz y Gordón.

Ignacio María Castillo ingresó como soldado alumno en la Academia Especial de Ingenieros del Ejército el 4 de agosto de 1835. Su aprovechamiento en el estudio fue bueno, a juzgar por la opinión de sus profesores. En esta época de escolar participó en la guerra civil, en la defensa de Guadalajara en 1836, encuadrado en la compañía de alumnos que fue enviada a esta ciudad, y en la defensa de Madrid en septiembre de 1837. En 1838 recibió su despacho de teniente y fue destinado a la Compañía de pontoneros del primer batallón del Regimiento de Ingenieros, formando parte del Ejército del Norte. Participó en la fortificación de diversas posiciones y en los combates de Ramales y Guardamino, por los que obtuvo el grado de capitán (1839). Continuó la guerra, hasta su conclusión, en el Ejército de Aragón.

En 1840 fue nombrado ayudante profesor de la Academia Especial del Cuerpo y promovido a capitán.

Su destino como enseñante finalizó en junio de 1841, cuando fue destinado al primer batallón del Regimiento de Ingenieros, en el Ejército de Operaciones del Norte, acantonado en Pamplona y después en Lérida. En septiembre de 1843 ascendió a comandante por los servicios que prestó en el alzamiento nacional y fue destinado al ejército que sitiaba Zaragoza, ocupada por los defensores de la Junta Central. Una vez disuelto éste regresó con su compañía a Madrid, donde quedó de guarnición, hasta abril de 1847, en que fue enviado a Extremadura, a formar parte del ejército expedicionario de Portugal al mando del teniente general Manuel de la Concha. En él permaneció hasta agosto de ese año, en que fue destinado a fortificar la plaza de Santoña. Los méritos contraídos en la campaña de Portugal le valieron la concesión de la Cruz de 1.ª clase de la Orden militar de San Fernando (1847) y la Cruz de caballero de la Orden de Cristo por el monarca portugués (1848).

En 1848 obtuvo el grado de teniente coronel, con destino en Madrid, y por antigüedad le fue concedida la Cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo.

En noviembre de 1850 fue destinado a Guadalajara encargándose de la instrucción de quintos. Al año siguiente, en recompensa a sus servicios “en paz y en guerra”, fue agraciado con el empleo efectivo de segundo comandante del Ejército. En 1852 volvió a Madrid retomando el mando de su batallón y a fines de año recibió el grado de coronel del Ejército, con destino en la Dirección General del Cuerpo, donde recibió el empleo de teniente coronel (1855), y el de coronel (1862). En este destino fue vocal interino de la Junta Superior Facultativa, redactó el Memorial del Cuerpo y se encargó del Depósito General de Topografía y del Negociado de Correspondencia. En este período se hizo acreedor de la Cruz de Comendador de la Real y Distinguida Orden de Carlos III (1860).

En octubre de 1863 tomó el mando del primer Regimiento del Arma acantonado en el Real Sitio de Aranjuez, con el que participó en las jornadas del 22 de junio de 1866 a las órdenes del duque de Tetuán.

Por los “distinguidos servicios" que prestó fue promovido a brigadier de Infantería y recibió el título de Caballero Gran Cruz de la Orden Americana de Isabel la Católica y la Cruz de 3.ª clase blanca del mérito militar (1867).

En julio, y mientras duró dicho estado de sitio, pasó a ser jefe militar del Distrito del Congreso de Madrid, cargo que también desempeñó en el estado de sitio de 1867. En el período comprendido entre diciembre de 1866 y agosto de 1867, en que volvió a su destino como jefe militar, se encargó del mando de la brigada de la I división del Ejército de Castilla la Nueva.

En 1868 volvió a su regimiento, de guarnición en Madrid y Reales Sitios, hasta el verano, en que fue enviado junto con el primer batallón de su regimiento al País Vasco para custodiar a la Familia Real en sus vacaciones.

El 30 de septiembre acompañó a la comitiva real hasta Hendaya, regresando en octubre a Madrid.

Por decreto de 28 de octubre fue promovido a brigadier director subinspector del cuerpo con destino a la Dirección Subinspección de Aragón. En este destino se encontró combatiendo la insurrección republicana de Zaragoza en octubre de 1869, lo que le valió la concesión de la cruz de 3.ª clase del mérito militar roja (1869); posteriormente ejerció de gobernador militar interino de Zaragoza durante el mes de octubre de 1871. De abril a octubre abandonó la subinspección para ser destinado al Ejército de Operaciones del Norte como comandante general de Ingenieros.

Volvió a Aragón, hasta enero de 1873, en que fue nuevamente enviado como comandante general de Ingenieros al Ejército del Norte. En este destino se le encargó la protección de la línea férrea desde Vitoria hasta Irún, tomó parte en las operaciones en Guipúzcoa y reprimió la sublevación en las filas republicanas que se produjo el 27 de marzo de 1873 en Zumárraga.

En recompensa a sus méritos y servicios fue ascendido a mariscal de campo (1873), siendo baja en el Cuerpo de Ingenieros, por su pase al Estado Mayor General del Ejército.

En octubre de 1873 fue nombrado comandante general de Vizcaya y gobernador militar de Bilbao, organizando la defensa de Bilbao contra el asedio carlista en el sitio de 1874, lo que le valió el ascenso a teniente general y diversas distinciones locales. Fue nombrado capitán general de Granada (1874), de donde pasó a la Capitanía de Valencia (1874), cargo que abandonó tras el pronunciamiento de Martínez Campos al no estar de acuerdo con las sublevaciones a pesar de sus sentimientos alfonsinos.

El 24 de noviembre de 1876, fue nombrado vocal del Consejo de Administración de Inútiles y Huérfanos.

El Gobierno de la Restauración recurrió a sus servicios, y le nombró capitán general de Aragón, cargo que ocupó desde el 23 de abril de 1877 hasta el 21 de enero de 1882. Este año pasó al mismo puesto en Madrid, durante año y medio, de donde fue con este cargo a Cuba en la primavera de 1883, para retornar en 1884 por motivos de salud. En 1885 estaba nuevamente en servicio como presidente de la Sección Segunda de la Junta Superior Consultiva de Guerra, de donde pasó a la Capitanía General de Navarra (1885), y el 28 de abril de 1887 fue nombrado comandante general del Cuerpo de Guardias Alabarderos.

El 11 de julio de 1887 fue nombrado presidente de la sección de Guerra y Marina del Consejo de Estado, cargo que desempeñó hasta el 3 de diciembre de 1891.

A partir de 1876 compatibilizó su carrera militar con la representación de la provincia de Vizcaya en el Senado en 1876 y 1886. Su participación en laslabores de la Cámara se centró en las comisiones relativas al ejército y en la defensa de los fueros vascos en 1876. En esta labor argumentó que los liberales vascos habían combatido a los carlistas junto al Ejército y no debían pagar por la sublevación carlista. Por su defensa de los fueros, las Juntas Generales de Guipúzcoa y las de Vizcaya le concedieron el título de Padre de Provincia. En 1887 renunció a su escaño para pasar a ser senador vitalicio, cargo al que renunció sin llegar a tomar posesión, posiblemente por su estado de salud. El 10 de octubre de 1886 fue nombrado ministro de la Guerra en el gabinete de Sagasta, cartera en la que adoptó medidas de reforma del Ejército y de la que dimitió el 8 de marzo de 1887 por su estado de salud.

Ignacio María Castillo recibió por su labor el título de conde de Bilbao con grandeza de España el 17 de septiembre de 1887, y el de gentilhombre con ejercicio y servidumbre, el 14 de diciembre siguiente.

Falleció en Madrid el 8 de enero de 1893, víctima de la influenza que por aquella época asolaba la Corte.

Su entierro, siguiendo su voluntad, fue humilde y sin honores. El año 1895, y por petición del ayuntamiento bilbaíno, sus restos fueron trasladados a Bilbao, siendo enterrado en el cementerio de Mallona, junto con los caídos en la defensa de Bilbao.

 

Fuentes y bibl.: Archivo General Militar (Segovia), secc. 1.ª, leg. C-2131, exp. personal; Archivo del Senado, leg. 108, exp. personal.

A. Carrasco y Saynz del Campo, Icono-biografía del generalato español, Madrid, Imprenta del Cuerpo de Artillería, 1893, págs. 127, 299 y 347; I. Echevarría, El general Castillo (Apuntes biográficos), Bilbao, Imprenta de El Noticiero Bilbaíno, 1895; M. Basas, Economía y sociedad bilbaínas en torno al sitio de 1874, Bilbao, Publicaciones de la Junta de Cultura de Vizcaya, 1974, págs. 185-187; J. Agirreazkuenaga et al., Diccionario biográfico de los parlamentarios de Vasconia (1808- 1876), Vitoria-Gasteiz, Parlamento Vasco-Eusko Legebiltzarra, 1993, págs. 261-265.

 

Mikel Urquijo Goitia