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María de Austria

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Biografía

María de Austria. Madrid, 21.VI.1528 – 26.II.1603. Emperatriz y Reina de Bohemia.

Hija mayor de Carlos I y de Isabel de Portugal, María nació el 21 de junio de 1528 en el palacio que ocupaba el Emperador en Madrid, el cual se acondicionó posteriormente para convento y se entregó en 1564 a las monjas franciscanas, convirtiéndose en el célebre monasterio de las Descalzas Reales, fundado por su hermana Juana en 1557.

Como tal, además de ser hermana de Felipe II y abuela de Felipe III, fue la esposa del emperador Maximiliano II de Austria, y, por ende, madre del emperador Rodolfo II de Alemania y de su hermano el emperador Matías de Alemania, de la reina Isabel de Francia, de Ana de Austria —reina de España— y del archiduque Alberto, gobernador de los Países Bajos.

La renuncia al trono de Carlos V supuso una división de la casa de Habsburgo en dos facciones, abanderadas por el Emperador y Felipe II, respectivamente.

Tanto Carlos V como su hijo fueron conscientes desde un primer momento del papel que debía ejercer España en la Corte austríaca. Una de las primeras iniciativas adoptadas con dicho fin concluyó con el enlace matrimonial de María en 1548 con su primo, el futuro emperador Maximiliano II de Austria.

De su matrimonio nacieron quince hijos, entre ellos Ana de Austria, la cuarta esposa de su hermano Felipe II en 1570.

Mientras Felipe se encontraba con su padre en Flandes, María y Maximiliano se encargaron del gobierno de España entre los años 1548 y 1551. El carácter abierto y desenfadado de Maximiliano chocó fuertemente con la pusilánime María, dada al misticismo, quien fijó su residencia en Viena desde finales de mayo de 1552. Eso sí, hubo que esperar hasta la primavera de 1549 para que se concediese a Maximiliano y a su esposa la dignidad de “reyes de Bohemia”, bien de manera honorífica, ya que hasta el 20 de septiembre de 1562 no fueron coronados.

Del mismo modo, Maximiliano fue distinguido en Frankfurt, el 22 de noviembre posterior, con el título de “rey de Romanos”, ceremonia que se repitió en Pressburg, el 8 de septiembre de 1563, donde fue proclamado “rey de Hungría”. No sería hasta el año siguiente cuando, a la muerte de su padre, fuese nombrado Emperador.

La condición de esposa de Maximiliano II y, en consecuencia, Emperatriz consorte, junto a la relación de profunda amistad y complicidad que sostuvo siempre con su hermano Felipe II, la convirtieron en el instrumento catalizador de las relaciones entre los dos partidos de la casa de Austria. Este hecho le permitió estar al día sobre los asuntos políticos e internacionales más candentes del momento, aunque su actuación fuera desde un segundo plano.

Durante toda su vida María profesó un profundo amor y respeto a su hermano, el Rey Prudente, reforzado, más si cabe, por una lealtad y fidelidad inquebrantable.

De ahí que se convirtiera en la principal valedora de los intereses de la Monarquía española en la Corte austríaca, sobre todo en los temas de fe, máxime si se tiene en cuenta la inclinación de Maximiliano al protestantismo. Para ello, la Emperatriz se rodeó de un grupo cohesionado de sirvientes, personas de toda confianza que trabajaron desde un primer momento en la misma dirección y en pro de la Corona hispánica.

María, mujer de profundas convicciones religiosas, eligió a la mayoría de sus confesores de entre los miembros de la Orden Franciscana, en honor al santo del que era devota; así, Fernando Cano, Melchor Cano, Pedro de Maldonado, Francisco de Córdoba, Juan de Espinosa, Francisco de Guzmán, Antonio de Aguilar, Juan de Portocarrero y Jerónimo de Lisboa, fueron algunos de sus directores espirituales. Incluso llevaba debajo de las vestiduras reales su hábito y cordón.

El 12 de octubre de 1576 murió el emperador Maximiliano II, y nueve días después su hija Ana. Ya viuda, y junto a la menor y más piadosa de sus hijos, la princesa Margarita, salió de Praga hacia España el 1 de agosto de 1580. Llegaron a Madrid el 6 de marzo del año siguiente, e ingresó en el convento de las Descalzas Reales un día después.

Se dedicó a labores culturales y al mecenazgo artístico y, aun así, en el inventario de bienes de María, llama la atención el escaso número de obras que poseía en el momento de su fallecimiento, por ejemplo, sólo dos retratos: el de su hijo el archiduque Alberto y el de la archiduquesa Isabel. A lo largo de su vida, con la finalidad de granjearse la amistad y confianza de una serie de correligionarios, tanto laicos como eclesiásticos, no dudó en obsequiarles con diferentes presentes como tapices, pinturas, animales de compañía o reliquias. Todo ello le ocasionaría la falta permanente de pecuniario, por lo que no dudó en demandar capital a su hermano Felipe II, a Fernando Álvarez de Toledo o a Catalina Lasso, entre otros personajes célebres de la época.

Entre las actividades seguidas por María hay que destacar la relacionada con el Colegio Imperial. De esta manera, la Compañía de Jesús mantuvo desde 1566 un pequeño colegio en Madrid, el cual visitó en 1583. La Emperatriz, convencida de que la obra docente de los jesuitas era elemento fundamental en la lucha contra la Reforma Protestante, legó, a su muerte (1603), prácticamente rodas sus propiedades al Colegio. Las desavenencias entre herederos retrasaron la ejecución del testamento hasta 1609, cuando se acordó la definitiva distribución de los bienes y las obligaciones de los legatarios. La Compañía de Jesús quedaba obligada, por la recepción de las rentas y pertenencias de la Emperatriz, a erigir un edificio de nueva planta y a darle el nombre de Colegio Imperial.

Asimismo, el ingreso de María de Austria en la casa profesa no supuso una retirada definitiva del mundo para dedicarse a la contemplación, más bien al contrario, dado que vivió intensamente la evolución política de la Monarquía y las pugnas de las facciones en la Corte. Su óbito se produjo en el convento madrileño de las Descalzas Reales el día 26 de febrero de 1603. Para su funeral Tomás Luis de Victoria compuso el Officium Defunctorum, a quien servía como capellán desde 1587. Las exequias reales se celebraron el 21 de abril siguiente.

De su colección documental, sin duda, destaca la atesorada en el Archivo Ducal de Alba, compuesta por más de setenta misivas, tanto heterógrafas como autógrafas —estas últimas trazadas en modelos humanísticos cursivos con fuerte influencia procesal—, dirigidas a personalidades de la talla de Felipe II, Felipe III, el duque de Alba, Fernando de Toledo, la princesa Juana de Portugal, sor Juana de la Cruz, Luis Venegas, etc. La temática de esta correspondencia es muy variada, no sólo trata sobre intercesiones y recomendaciones para conocidos, preocupación por la educación de sus hijos, la salud de sus familiares y las inclinaciones protestantes de su marido, sino que también refiere noticias sobre conflictos e intereses políticos internacionales, como la liga de Landsberg, el marquesado del Final, Países Bajos, Hungría, Toscana, Baviera, Lepanto, los desposorios de su hermano Felipe con Ana o la abdicación de Carlos V.

 

Fuentes y bibl.: Archivo Ducal de Alba, cajas 1/97-105 y 20; Archivo General de Simancas, Estado, legajos 659- 674; Biblioteca de la Real Academia de la Historia, Jesuitas (ts.), sign. 9/3661 y 9/3669; Biblioteca Nacional, ms. R/11828, ms. R/22747, ms. P/696, ms. 2/63104, ms. 2/64187, ms. 2/68724, ms. 3/19632.

Libro de las honras que hizo el Colegio de la Compañía de Jesús de Madrid a la M. C. De la emperatriz doña María de Austria, fundadora del dicho colegio, que se celebraron a 21 de abril de 1603, Madrid, Luis Sánchez, 1603; J. Carrillo, Relación histórica de la real fundación del Monasterio de las Descalças de Santa Clara de Madrid, de las idas de la princesa de Portugal Juan de Austria fundadora y de la emperatriz María, con un breve tratado de ciento y quinze santos de la Casa de Austria, Madrid, Luis Sánchez, 1616; R. Méndez Silva, Admirable vida y heroicas virtudes de la emperatriz María, hija del emperador Carlos V, Madrid, Diego Díaz de la Carrera, 1655; R. Rodríguez Raso, Cartas de Maximiliano y María de Austria al emperador, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), 1963; Colección de documentos inéditos para la historia de España, vols. CI-CX, Vaduz, Kraus Reprint, 1966; R. Ceñal Lorente, “Viaje de la emperatriz María de Austria. Con estancia prolongada en las Descalzas Reales”, en Reales Sitios, n.º 75 (1983), págs. 45-56; M. Castro y Castro, “Confesores franciscano de la emperatriz doña María de Austria”, en Archivo Ibero-Americano, n.os 177-178 (1985), págs. 113-152; R. Ceñal Lorente, La emperatriz María de Austria. Su personalidad política y religiosa, Madrid, Universidad Complutense, 1990, 2 vols.; A. García Sanz y K. Friedrich Rudolf, “Mujeres coleccionistas de la casa de Austria en el siglo XVI”, en VV. AA., Actas de las VIII Jornadas de Arte. La mujer en el arte español, Madrid, CSIC, 1997, págs. 143-154; J. Martínez Millán, “La emperatriz María y las pugnas cortesanas en tiempos de Felipe II”, en VV. AA., Felipe II y el Mediterráneo. La monarquía y los reinos, vol. III, Madrid, Sociedad Estatal para la Conmemoración de los Centenarios de Felipe II y Carlos V, 1999, págs. 143-162; J. C. Galende Díaz y M. Salamanca López, Epistolario de la Emperatriz María de Austria. Textos inéditos del Archivo de la Casa de Alba, Madrid, Nuevos Escritores, 2004; “Las misivas reales durante la segunda mitad del siglo XVI: Historia, diplomática y cultura escrita a través de la correspondencia de la emperatriz María de Austria”, en VV. AA., IV Jornadas científicas sobre Documentación de Castilla e Indias en el siglo XVI, Madrid, CEMA, 2005, págs. 163-213.

 

Juan Carlos Galende Díaz