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Margarita de Valois

Biografía

Margarita de Valois. Reina Margot. Saint Germain-in-Laye (Francia), 14.V.1553 – París (Francia), 27.III.1615. Reina de Navarra, reina de Francia.

Era la hija menor del rey de Francia Enrique II y de Catalina de Médicis. Se educó en Saint Germain junto a sus hermanos y a la reina de Escocia María Estuardo, que estaba en la Corte francesa, ya que iba a contraer matrimonio, cuando ambos tuvieran edad, con el rey Francisco II, cuya regencia ejercía su madre Catalina de Médicis. Margarita fue una mujer bella e inteligente, preocupada por la religión y la cultura.

Tuvo una gran participación en la política y una activa vida amorosa.

Desde niña siguió a la Corte en sus múltiples traslados y vivió en los más importantes castillos del Loire, Chambord, Amboise, Chenonceaux, rodeada de damas que formaban su Casa. Uno de sus primeros recuerdos fue la boda por poderes de su hermana Isabel de Valois con el rey Felipe II de España, representado por el duque de Alba. No se sabe mucho de su instrucción, pero parece que desde 1562 comenzó su preocupación por los debates religiosos entre católicos y hugonotes, que eran muy frecuentes y tenían gran incidencia en la vida política. Ella desde niña sufrió y estuvo presente en todos los conflictos religiosos y, cuando tuvo edad suficiente, participó de forma activa en todos ellos.

Su primer amante fue Enrique de Guisa, uno de los más poderosos nobles de la Corte. Pero se decidió su matrimonio (1572) con Enrique de Borbón, rey de Navarra, aunque siempre vivieron en completa independencia conyugal. Enrique acabó accediendo al trono francés (1589), por ser el pariente masculino más próximo al morir sin descendencia Enrique III, hermano de Margarita, por lo que además de reina de Navarra, Margarita, fue reina de Francia. Aquí existía la ley sálica y las mujeres no podían reinar, aunque sí transmitir los derechos sucesorios, pero a Enrique de Borbón no le venían de su matrimonio, sino de su abuela Margarita de Angulema, casada con el rey de Navarra Enrique de Albret, y hermana del rey de Francia Francisco I. Al acceder Enrique y Margarita al trono de Francia, ante la necesidad de descendencia y a causa de la no cohabitación, se decidió el divorcio; no obstante, ella mantuvo el título de Reina, fue dotada con una gran pensión y siguió siendo una persona importante en la Corte francesa, como lo había sido en los reinados de sus hermanos.

En Francia en aquel momento había dos bandos irreconciliables: uno era el de los Borbones y el otro el de los Guisa. Margarita estaba casada con un Borbón y era amante de un Guisa. Enrique de Borbón, rey de Navarra, era protestante, llamados en Francia hugonotes, y jefe de un bando. Los reyes de Navarra, desde tiempos de Margarita de Angulema, eran especialmente tolerantes con los hugonotes y apoyaban este bando en la Corte francesa, sobre todo contra los católicos, al frente de los cuales estaban los Guisa.

En aquel momento, el jefe de este bando era Enrique de Guisa, con gran poder sobre los reyes Francisco II y Carlos IX, hermanos de Margarita y amante de ésta. La boda de Margarita con Enrique de Borbón se pactó para intentar un acercamiento entre los dos bandos y finalizar con las guerras de religión que asolaban Francia y lograr, de esta manera, la paz interior.

Pero la situación era tan tensa y la intolerancia de los Guisa tan extrema, que —además, eran contrarios al matrimonio de Margarita con su rival Enrique de Navarra— las fiestas de la boda de Margarita con Enrique (18 de agosto de 1572) fueron la preparación de la matanza de la Noche de San Bartolomé (24 de septiembre de 1572). Esa noche se inició una terrible represión contra los protestantes y se asesinó a los hugonotes que había en París, salvándose únicamente, por mediación de Margarita, su marido Enrique de Borbón y, por tanto, cuñado del Rey, y alguno de sus más allegados, a los que se protegió encarcelándolos en el Louvre. Aquí se presionó a Enrique para que abjurara de sus ideas.

Aunque el matrimonio había sido contrario a los deseos de Margarita, mucho más refinada y culta, ella apreciaba a Enrique, que, además, era su primo. No sólo por eso le salvó de la muerte, sino, sobre todo, porque sus intereses políticos eran muy semejantes, a pesar de las relaciones de Margarita con Enrique de Guisa, conocidas por Enrique de Borbón. Las relaciones amistosas del matrimonio se mantuvieron durante toda la vida. Además, Margarita entonces no era una estricta católica; por el contrario, era proclive a los hugonotes, y Enrique era consciente de la importancia política de Margarita para sus apetencias de poder, no sólo por ser la hermana del Rey, sino por su influencia en la Corte. Por ello, desde el principio conoció y toleró que ella siguiera unida a Enrique de Guisa, su amante. Fuera de París la resistencia de los hugonotes se organizó y propició la huida de Enrique de Borbón, que hizo nueva defensa de las ideas religiosas protestantes desde su reino de Navarra, al que Margarita no le acompañó entonces. Ella se mantuvo en París, donde los enfrentamientos por el poder se agudizaban y en los que ella, junto con su madre Catalina de Médicis, jugaba un papel muy importante en todas las intrigas.

El rey Carlos IX, hermano de Margarita, murió sin descendencia (1574) y le sucedió su hermano Enrique III, más proclive a los hugonotes. Frente a él, Enrique de Guisa cada vez era más fuerte y contaba con el apoyo de los católicos, pensando, incluso, hacerse con la Corona, ya que las inclinaciones del Rey, soltero y sin planes para contraer matrimonio, no hacían presagiar que tuviera hijos que le sucedieran.

Además, su comportamiento aceleraba el desprestigio del Monarca. Frente a él, Enrique de Borbón era un ejemplo de caballero esforzado, era consciente de sus posibilidades para hacerse con el trono francés y representaba un enemigo fuerte para las apetencias de Guisa. Enrique de Borbón tenía un fuerte apoyo en sus Estados patrimoniales, la Guyena y la Navarra francesa, y desde ellos preparaba su candidatura al trono francés, ya que era obvio que Enrique III, por sus inclinaciones sexuales, no iba a tener un heredero directo, el candidato era su hermano menor, el duque de Anjou.

La presión de los católicos, representada por Enrique de Guisa, obligó a que Margarita permaneciera en París (1576) como rehén para evitar mayores conflictos y quitar fuerza a Enrique de Borbón.

Ella luchó siempre denodadamente para mantener las buenas relaciones de su marido con sus hermanos, frente a las pretensiones de los Guisa, también teniendo en cuenta la debilidad de Enrique III en la Corte y el poco aprecio que por él sentían los Guisa.

Margarita logró una nueva reconciliación y, como consecuencia de ella, fue a Navarra con su marido y allí residió una larga temporada (1578-1582). En estos años convirtió la Corte en el castillo de Nérac en un importante foco de cultura y de debate religioso.

Regresó a París cuando lo creyó necesario, ya que la situación era cada vez más difícil para la Corona.

El duque de Anjou, último hijo varón de Enrique II y Catalina de Médicis, murió (1584), por lo que Margarita, aunque no pudiera recibir la herencia, era una pieza importante en la sucesión. Entonces Enrique III, no bien avenido con el bando de Guisa por sus costumbres deshonestas y debilidad política, inició un acercamiento hacia el marido de su hermana, Enrique de Borbón, rey de Navarra, incitándole a su abandono del protestantismo y conversión al catolicismo. Margarita, desde que había vuelto a París, estaba alejada de su marido, pero no veía mal esta solución y llegar a ser reina de Francia, aunque sus devaneos amorosos eran causa de escándalo, hasta el extremo de que su hermano Enrique III la amonestó ante toda la Corte.

Bien es cierto que esto se debía a que era una mujer, pues el comportamiento de los hombres que la rodeaban no era en absoluto más ejemplar que el de ella, desde sus hermanos, hasta su marido, incluyendo a su más dilecto amante el católico Enrique de Guisa. Los escándalos y las intrigas políticas continuas de Margarita no cesaban y Enrique III, de acuerdo con su cuñado Enrique de Navarra, optó por encerrarla en enero de 1587 en el castillo de Usson, confiando su custodia a un fiel suyo, el marqués de Canillac, con el que Margarita acabó conviviendo. Ella recuerda en sus memorias esta estancia como muy triste y desde entonces su salud quedó quebrantada. Su madre la reina Catalina, a partir de 1588, intervino para que se suavizara su castigo y Margarita pudo iniciar un acercamiento a la Corte. La muerte de su hermano el Rey le dio un nuevo protagonismo.

Enrique III murió asesinado el 1 de agosto de 1589 por un fiel católico por sus pecados públicos y desviaciones sexuales. Los acontecimientos se precipitaron y Enrique de Borbón optó por la conversión al catolicismo con la célebre frase: “París bien vale una misa”. Margarita pasó a ser reina de Francia, cosa que no la hizo cohabitar con su marido, que le solicitaba el divorcio, al cual ella no accedía. Margarita no toleraba que Enrique pusiera en el trono de su familia y ocupando su sitio de Reina a alguna de sus múltiples amantes. Su decisión no estaba motivada por celos, ya que ella seguía teniendo amantes y no se recataba de ello, sino por un cierto respeto hacia la Corona que había pertenecido a su familia y, también, porque no deseaba perder la influencia que gozaba. Al fin, Margarita accedió al divorcio (1599), para que Enrique se casara con María de Médicis, boda que ella misma había propiciado. Margarita siguió viviendo en la Corte sin abandonar los galanteos y mantuvo el tratamiento de Reina. En estos años tuvo muy buena relación con María y, sobre todo, con los hijos de Enrique, tanto los legítimos como los ilegítimos, habidos cuando era su marido.

A pesar de su intensa vida amorosa, Margarita no abandonó las devociones y prácticas piadosas, había dejado sus devaneos con los hugonotes y se había convertido en una ferviente católica, aunque mantenía malas relaciones con los jesuitas. Por ello, en los últimos años mantuvo como capellán de su casa al clérigo más famoso por su piedad y beneficencia, Vicente de Paúl, al que ayudó generosamente en sus obras pías.

Asimismo, ocupó sus ratos de ocios en la lectura y escritura, llegando a redactar unas Memoires, que son una excelente fuente para conocer los reinados de sus hermanos Carlos IX y Enrique III y parte del de su marido Enrique IV. También, como tantas mujeres de su rango en esa época, escribió poesía con buen estilo. Durante estos años se quejaba continuamente de apuros económicos, aunque gozaba de buenas rentas que dedicaba a mantener una pequeña Corte junto a ella y a obras piadosas que atendía generosamente. En su casa eran habituales la música, el ballet y las tertulias literarias.

Mantuvo su influencia en la Corte y ella fraguó la boda del rey Felipe IV de España con Isabel de Borbón, hija de Enrique IV. Mantenía muy buenas relaciones con la reina María de Médicis y con sus hijos, sobre todo después de la muerte de Enrique IV asesinado en 1610. Murió de vieja para aquellos tiempos, con más de sesenta años, dejando todos sus bienes a la reina María y al joven rey Luis XIII. Con Margarita acabó la Casa de Valois en Francia.

 

Obras de ~: Memoirs of Marguerite de Valois, queen of Navarre writen by Herself, London, Grolier Society, ¿1800? (J. Choisnin, Mémoires, Paris, Michaud et Poujoulat, 1838; Guessard, Mémoires et lettres de Marguerite de Valois, Paris, Société de l’histoire de France, 1842; Ch. Duplessis-Mornay, Mémoires, Paris, éd. Mme. de Witt, 1868-1869); P. de Lestoile, Lettres inédites de Marguerite de Valois tirées de la bibliothèque impériale de Saint-Pétersbourg (1579-1606), Paris, Auch, 1886; Y. Cazaux, Mémoires de Marguerite de Valois, la reine Margot, suivis d’autres lettres et autres écrits, Paris, Mercure de France, 1971.

 

Bibl.: A. Mongez, Histoire de la reine Marguerite de Valois, première femme du roi Henri IV, Paris, 1777; A. Dumas, La Reine Margot, Paris, 1845; Saint-Poncy, Histoire de Marguerite de Valois, Paris, 1887; Ph. Lauzun, Itinéraire raisonné de Marguerite de Valois, d’après ses livres de compte (1578-1586), Paris, 1902; Ch. Merki, La Reine Margot et la fin des Valois, Paris, 1905; A. Savine, La Vraie Reine Margot, Paris, 1908; J.-H. Mariéjol, “Marguerite de Valois, reine de Navarre, en Gascogne”, en Revue de Paris (1922), págs. 505-534 y 773- 800; S. Ratel, “La cour de la reine Marguerite”, en Revue du XVIe Siècle, XXI (1924), págs. 1-29 y 193-207, y XXII (1925), págs. 1-43; La Vie de Marguerite de Valois, reine de Navarre et de France, Paris, 1928; P. Rival, La Folle Vie de la Reine Margot, Paris, 1929; J. Galzy, Margot, reine sans royaume, Paris, 1939; M. Donnay, La Reine Margot, París, 1946; Ph. Erlanger, La Reine Margot, Paris, Presses-Pocket, 1972; J. Castelnau, La Reine Margot, Paris, Payot, 1981; E. Droz, “La Reine Marguerite de Navarre et la vie littèraire a la cour de Nérac (1579-1582)”, en Société des bibliophiles de Guyenne (Bordeaux), 80 (1984); F. Pedron, La Reine Margot: l’amour et la gloire, Paris, Laffont, 1985; Colloque Marguerite de France, reine de Navarre, et son temps, Agen, 1991; J. Casterède, La Triple Vie de la reine Margot, Paris, France-Empire, 1992; E. Viennot, Marguerite de Valois, histoire d’une femme, histoire d’un mythe, Paris, Payot, 1993; A. Castelot, La Reine Margot, Paris, Perrin, 1993; J. Garrisson, Marguerite de Valois, Paris, Fayard, 1994.

 

Cristina Segura Graíño