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José González Hontoria

Biografía

González Hontoria, José. Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), 21.VII.1840 – Madrid, 14.VI.1889. Marino e inventor artillero.

Hijo primogénito de Antonio González Ángel y de María de la Paz Hontoria Tezanos, matrimonio perteneciente a una familia muy arraigada en Sanlúcar. Su padre era médico de profesión y uno de los hermanos de su madre fue alcalde de la ciudad (1851).

Ingresó como aspirante en el Colegio Naval Militar de San Fernando a la edad de once años (1851), y comenzó con brillantez sus estudios, pero más tarde decidió abandonarlos y cesó en el Colegio Naval (1854). Su padre lo puso entonces a realizar trabajos manuales, y José González Hontoria volvió a cambiar de idea, aunque esta vez decidió prepararse para ingresar en la Academia de Estado Mayor de Artillería de la Armada, en San Fernando, donde consiguió plaza con las máximas calificaciones y fue nombrado subteniente alumno (1858). Tras dos años de estudios, ascendió a teniente con el número uno de su promoción, y fue nombrado ayudante profesor de la Academia (1860). Al poco tiempo fue comisionado por tres meses para recorrer las fábricas estatales y estudiar los procedimientos de fabricación de armas blancas, armas portátiles de fuego, pólvoras, y fundiciones de hierro para cañones. Finalizada su comisión, se reintegró a su puesto de ayudante profesor, ocupó diversos puestos administrativos y de mando en centros del departamento de Cádiz relacionados con la enseñanza y la artillería, se encargó de la Comandancia de la Escuela y Sección de Condestables, y fue nombrado profesor de Mecánica Racional y Aplicada de la Academia (1861). Tras desempeñar otros cargos administrativos y de mando en el campo de la Artillería, ascendió a capitán y fue nombrado profesor de Cálculo Diferencial e Integral en la Academia (1862), y de nuevo se hizo cargo de la Comandancia de la Escuela y Sección de Condestables (1863), esta vez como profesor más antiguo.

Comisionado a los Estados Unidos para estudiar los avances de dicho país en armamento y procedimientos de fabricación de cañones (1864-1865), realizó una gran labor de recopilación de información que plasmó en una extensa y detallada memoria a su regreso, que le valió el reconocimiento internacional y una recompensa concedida mucho más tarde. A continuación volvió a ocupar su puesto de profesor de la Academia (1865), que de nuevo tuvo que compaginar con otros cargos administrativos y de mando, hasta que pasó destinado a la fábrica de artillería de Trubia (Asturias), donde se fundían los cañones navales (1866), para integrarse en la comisión que allí tenía la Marina, de la que terminó siendo jefe en 1869.

En este período se distinguió por sus conocimientos y por sus claros conceptos en todo lo referente a la fundición de cañones, y sus observaciones siempre fueron tenidas en cuenta.

A la edad de veintinueve años ascendió a teniente coronel (1869) (en aquel momento no existía el empleo de comandante, que se instituyó en 1870). En 1870 fue nombrado comandante del parque del Arsenal de Ferrol, cargo que compaginó con otros destinos administrativos. Fue entonces cuando puso en práctica su primer proyecto de cañón de avancarga (carga por la boca) de 254 milímetros de rayado parabólico, fundido en hueco siguiendo el método que había visto en Estados Unidos. Más adelante, agregado a la Junta Especial de Artillería de la Armada (1872), se trasladó a Trubia para estar presente en las pruebas de su cañón de 254 milímetros, y volvió a ser designado jefe de la comisión de la Marina en la fábrica. Las pruebas del cañón fueron un gran éxito, pero el proyecto no pudo seguir adelante por problemas presupuestarios derivados de la Tercera Guerra Carlista, y fue abandonado. El éxito logrado con este cañón le valió el empleo honorífico de coronel de Infantería de Marina, sin antigüedad ni sueldo (1876).

Al finalizar la guerra (1876), su cañón había sido superado por los nuevos sistemas de retrocarga (carga por la culata), pero González Hontoria no se desanimó, continuó como jefe de la comisión de la Marina en Trubia y siguió adelante con nuevos proyectos de cañones mucho más avanzados. En enero de 1878, ascendió por sus méritos a coronel supernumerario de Artillería sin número. En dicho año presentó su segundo proyecto de cañones, consistente en un sistema de piezas de acero, de retrocarga y ánima rayada, de 70, 90, 120, 160, 180 y 200 milímetros, por el que recibió muchas felicitaciones y una condecoración.

Fue comisionado para visitar fábricas de cañones en diversos países europeos (Francia, Inglaterra, Bélgica, Alemania, Rusia, Austria e Italia), y durante esta comisión ascendió a coronel de número del Cuerpo de Artillería (agosto de 1878). Al finalizar, se incorporó a su destino como jefe de la comisión de la Marina en Trubia (septiembre de 1878). La Armada estudió sus propuestas de cañones de retrocarga, y por una Real Orden de 24 de septiembre de 1879, aceptó en principio las piezas de 200, 180 y 160 milímetros de hierro entubado y las de 120, 90 y 70 milímetros de acero, que constituyeron el “Sistema González Hontoria”, denominado “Modelo 1879” por el año de su aceptación. De Trubia pasó destinado al departamento de Cádiz como vocal de la Comisión de Experiencias (1879), fue nombrado subdirector de las Escuelas de Artillería ubicadas en Cádiz, y asistió a muchas de las experiencias llevadas a cabo con sus cañones en la batería de experiencias de Torregorda (Cádiz). En noviembre de 1879, fue nombrado vocal de la Junta Mixta de Guerra y Marina para proponer los sistemas de fabricación de cañones que debían de seguirse en la fábrica de Trubia, y para conseguir la mayor unificación posible entre la Armada y el Ejército de tierra en calibres, diseños de cañones y tipos de proyectiles. Realizó una nueva comisión a varias fábricas de artillería de Francia, Inglaterra y Alemania (1880) para contratar veinte cañones de su sistema y transformar otros veinte, que, como de costumbre, fue un nuevo éxito. Al finalizar, regresó a su destino de vocal en la Comisión de Experiencias, y continuó con las pruebas de sus cañones.

Su sistema artillero fue definitivamente aprobado para ser utilizado por la Armada por Real Decreto de 4 de febrero de 1881, y González Hontoria fue autorizado a seguir adelante con la fabricación de sus cañones, introduciéndoles las reformas que juzgara necesarias.

Como recompensa, ascendió a brigadier de Infantería de Marina y, como muestra de admiración y aprecio, sus compañeros y superiores le regalaron la faja del nuevo cargo con una sentida carta, que fue difundida por Real Orden a todas las dependencias de la Armada. El resultado fue una serie de nuevos cañones construidos según las normas y técnicas más modernas, de los que destacó el de 160 milímetros.

Reanudó su participación en la Junta Mixta de la Armada y el Ejército de tierra, y más adelante participó en una comisión para visitar diversos lugares de los departamentos de Cádiz y Cartagena, con el fin de localizar un lugar idóneo donde levantar un taller de fabricación de torpedos “Whitehead”. El resultado fue el establecimiento del taller en el barrio de Bonanza del Ayuntamiento de Sanlúcar (1881), que quedó listo en 1882, pero fue clausurado poco después por quiebra de la compañía. Al finalizar esta comisión se reintegró a su destino y más adelante efectuó nuevos viajes a Francia para realizar estudios de fabricación de pólvoras. En 1883 presentó un nuevo proyecto de cañones de acero de mayor potencia, con calibres comprendidos entre 120 y 320 milímetros, de los que se autorizó la construcción de dos, de 120 y 160 milímetros, en los talleres de la sociedad francesa Forges et Chantiers de la Mediterranée, en Le Havre, y González Hontoria permaneció en Francia durante 1883, como jefe de la comisión inspectora de la construcción de los prototipos. El éxito obtenido con sus nuevos cañones fue muy grande, y fueron adoptados como reglamentarios en los barcos en construcción en la Armada (1885); este éxito destacó en la pieza de 160 milímetros, que supuso un adelanto sobre los montajes de artillería de los países más avanzados, y en su época estuvo considerado como el mejor y más potente cañón de su calibre en Europa.

En abril de 1884 fue nombrado oficial 1.º del Ministerio, por lo que dejó su destino al frente de la comisión en Francia y se trasladó a Madrid. Tuvo que realizar varios viajes a Cádiz para seguir de cerca las pruebas de los cañones proyectados por él, y fue miembro de diversas comisiones, como programas de estudios, ordenanzas de arsenales, y reglamentos de contabilidad de material. Entre unas actividades y otras casi no tuvo tiempo de atender su destino en el Ministerio, del que fue relevado (1885) para presidir la Junta Inspectora de la fabricación de sus cañones.

En aquella época estaba en construcción en Tolón (Francia) el acorazado Pelayo, que iba a ser el mejor buque de la Armada durante muchos años, al que se iba a dotar de cañones “González Hontoria” tanto en su artillería principal como en la secundaria.

La artillería principal la compondrían cuatro montajes, dos de 320 milímetros, uno a proa y otro a popa, y dos de 280 milímetros, uno por cada banda. La artillería secundaria iba a estar formada por doce cañones de 120 milímetros, seis por banda. Esta circunstancia obligó a José González Hontoria a realizar muchos viajes a los astilleros y a diferentes fábricas nacionales y extranjeras en Francia, Inglaterra y Alemania (1885- 1886), que compaginó con otras actividades, ya que fue nombrado consejero técnico de la Sociedad Anónima Santa Bárbara para fabricar pólvoras para sus cañones (1885). Tuvo que asistir a nuevas pruebas de dichos cañones en Torregorda, y fue comisionado al departamento de Cádiz para estudiar el emplazamiento del futuro taller de proyectiles (1886).

De nuevo, y en atención a los méritos contraídos, por Real Decreto de 2 de marzo de 1887, ascendió al empleo de mariscal de campo de Infantería de Marina, lo que resultaba paradójico, ya que al mismo tiempo era coronel de su cuerpo de Artillería de la Armada. Poco después fue nombrado inspector general de cañones y montajes de su sistema, y continuó con el desempeño de numerosas comisiones y viajes por España y el extranjero, relacionados con la fabricación de sus cañones (1887-1888).

Posiblemente, el gran ritmo de su actividad, los continuos estudios, los constantes desvelos y el intenso trabajo desarrollado, sobre todo durante los últimos años, minaron su salud y afectaron a su equilibrio psíquico (1889). Mientras seguían con éxito las pruebas de sus montajes, su salud empeoró, y en marzo de 1889 se trasladó desde Sanlúcar, donde se encontraba de reposo, hasta el manicomio de Carabanchel, donde falleció repentinamente a las cuatro de la mañana del 14 de junio, cuando aún no había cumplido los cuarenta y nueve años de edad. Posiblemente murió sin haberse enterado que dos días antes había ascendido por vacante a brigadier del Cuerpo de Artillería. Tampoco pudo presenciar las pruebas de artillería del acorazado Pelayo, su gran obra, que quedó listo al año siguiente de su muerte. González Hontoria fue enterrado en el cementerio sacramental de San Justo. Más adelante, una Real Orden de 1891 dispuso que sus restos fueran trasladados al Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando cuando las prescripciones sanitarias lo permitieran, lo que tuvo cumplimiento en 1907.

José González Hontoria sobresalió por sus amplios conocimientos científicos y por su capacidad para llevarlos a la práctica. Fue tenaz, tuvo una gran capacidad de trabajo, y destacó por sus dotes como negociador, gracias a las que consiguió contratos muy ventajosos para España. Todas estas cualidades, que le dieron un buen ganado prestigio y le granjearon el respeto de todos, no pasaron inadvertidas en las industrias y fábricas nacionales y extranjeras, que le ofrecieron puestos de trabajo excelentemente remunerados, a los que siempre renunció en aras de su trabajo en el seno de la Armada. También hay que resaltar sus memorias y otros trabajos escritos, en los que destacaron a la vez la objetividad, minuciosidad, y precisión de sus observaciones y comentarios. Como legado, además del espíritu que sembró en el campo de la Artillería Naval, seguido por contemporáneos y sucesores, dejó una profunda huella en los campos del estudio, la enseñanza técnica, y los procedimientos experimentales, en los que se fundamentaron en gran medida sus éxitos. Sus trabajos impulsaron un desarrollo industrial que se ha prolongado hasta nuestros días, con la fabricación en España de los más variados cañones. El éxito alcanzado por sus montajes se refleja en el hecho de que en 1898 estaban en servicio sesenta y cuatro buques de la Armada con un total de trescientos veintiséis cañones “González Hontoria”.

Había contraído matrimonio con María de la Concepción Fernández-Ladreda y Miranda en 1867, con la que tuvo siete hijos: Diego, Paz, Julio, Manuel, Antonio, José y Luis. A su muerte en Carabanchel (hoy Madrid), la situación en que quedó su familia se vio aliviada por una pensión extraordinaria y vitalicia, concedida por el Gobierno a modo de recompensa nacional por los servicios prestados, a la que se unieron las plazas pensionadas concedidas a los hijos varones en la Escuela Naval, donde ingresaron tres de ellos: Diego, Julio y José, que alcanzaron los grados de contralmirante, teniente de navío y capitán de fragata respectivamente. Antonio ingresó en la Academia de Segovia y alcanzó el grado de comandante de artillería del Ejército de tierra. Manuel se hizo abogado, fue diplomático y llegó a ministro de Estado. En cuanto a Luis, el benjamín, murió muy joven.

A lo largo de su carrera y en premio a las labores desarrolladas, además de los ascensos honoríficos citados anteriormente, González Hontoria recibió diversas felicitaciones, y se hizo acreedor a muchas condecoraciones.

Por la memoria presentada a su regreso de Estados Unidos, fue nombrado caballero de la Real y Distinguida Orden de Carlos III (1870). Por los cuatro años de profesor en la Academia de Artillería recibió la Cruz sencilla de Isabel la Católica (1870).

Por los servicios prestados durante su estancia en Ferrol recibió una Cruz de 2.ª Clase de la Orden del Mérito Naval con distintivo blanco (1877). Por sus proyectos de cañones de retrocarga recibió una Cruz de 3.ª Clase del Mérito Naval con distintivo blanco (1878). A raíz de su segunda comisión por Europa recibió otra Cruz de 3.ª Clase del Mérito Naval con distintivo blanco (1880).

 

Obras de ~: Sistemas de Artillería de los Estados Unidos, Madrid, 1866; Breve reseña del sistema de artillería, aceptado en principio para el servicio de la marina por Real Orden de 2 de septiembre de 1879, y su fabricación, Madrid, 1880; con J. Lasso de la Vega y Jiménez-Placer, Memorias, intr. de P. Díez de Rivera y Casares, Madrid, 1945.

 

Bibl.: J. Cervera y Jácome, El Panteón de Marinos Ilustres. Historia y Biografías, Madrid, Imprenta Ministerio de Marina, 1926, págs. 49-51; J. Vigón, Historia de la Artillería Española, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1947; M. Acedo Cerdá, Real Cuerpo de Artillería de la Armada (Síntesis Histórica) 1717-1967, Madrid, Editorial Naval, 1968; J. M.ª Martínez-Hidalgo y Terán (dir.), Enciclopedia General del Mar, vol. IV, Barcelona, Ediciones Garriga, 1982, pág. 889; “El brigadier González Hontoria”, en Cuadernos Monográficos del Instituto de Historia y Cultura Naval, n.º 16, Madrid, 1992; J. I. González-Aller Hierro, Catálogo-Guía del Museo Naval de Madrid, t. II, Madrid, Ministerio de Defensa, Armada Española, 2000, págs. 131-132; F. González de Canales y López-Obrero, Catálogo de Pinturas del Museo Naval, t. III, Madrid, Ministerio de Defensa, Armada Española, 2000, págs. 158-159; M. Fernández Martínez, El Panteón de Marinos Ilustres, Madrid, Armada Española, 2002, págs. 36-37.

 

Marcelino González Fernández